jueves, 24 de noviembre de 2011

Origen del mundo en la tradición de la Taiga y la Tundra

Lo que estos pueblos cercanos a los polos de nuestra Tierra creen, piensan y mantienen de su cultura ancestral, y merece conservarse como tesoro de la humanidad.

Autor. Anónimo.
Fuente: Recursos Educativos de Sistema de Educación Boliviana.

INTRODUCCIÓN: LA VIDA EN LAS REGIONES DE LA TAIGA Y DE LA TUNDRA.
Es preciso, antes de iniciar nuestra exposición sobre las representaciones cosmogónicas de estas poblaciones, realizar una breve presentación sobre el poblamiento humano en las regiones de la taiga y de la tundra. Para comprender mejor la vida de estos pueblos, es necesario conocer su medio y establecer los principales grupos que habitan en estos dos biomas.
Si bien la tundra y la taiga son medios fríos, las condiciones climáticas han mejorado respecto de las que se dan en el Círculo Polar Ártico, habitado por los inuit. En esos biomas podemos distinguir varios pueblos atendiendo principalmente a aspectos etnográficos. En cuanto a los inuit, se puede realizar una división inicial atendiendo a rasgos de tipo etnográfico y a partir de esta primera clasificación étnica, se pueden realizar nuevas subdivisiones atendiendo a elementos geográficos, lingüísticos... Empezando por América del Norte, encontramos tres grupos étnicos; por un lado, el aleutino, formado por los habitantes de las Islas Aleutianas; por otro lado, los inuit (“esquimales”), que ocupan las zonas más gélidas, y, finalmente, los indios americanos que pueblan la taiga y la tundra norteamericana. Al otro lado del Estrecho de Bering, también encontramos poblaciones que habitan las regiones de la taiga y de la tundra; así en Eurasia podemos distinguir un buen número de grupos étnicos: los yakutos (cuenca del río Lena), los tungus (ubicados al este del río Yeniséi), los chukchi (habitantes del extremo nordeste de Siberia), los saami, más conocidos como lapones, etc...

EL POBLAMIENTO HUMANO DE LA TUNDRA.
La tundra, se extiende entre los 50 y 60 grados latitud sur, y 60 y 70 grados de latitud norte del planeta. Sin embargo, mientras que en el Hemisferio Norte ocupa superficies enormes, y puede considerarse como el medio de transición entre las zonas polares y la taiga, en el sur se reduce a unas pocas islas.
En climatología, este bioma está marcado por las bajas temperaturas y las precipitaciones escasas que suelen caer en forma de nieve. Las condiciones para el desarrollo de la vida en la tundra son especialmente difíciles en invierno, ya que se dan períodos de noche continua durante semanas y se asemeja bastante al medio polar. En el verano, época de deshielo, con días continuos que se alargan durante semanas, las temperaturas pueden llegar a superar los 0C, sin rebasar los 10C, lo que nos da una idea de la dureza de este clima.
A pesar de la pobreza florística, el tapiz vegetal existente ha permitido el desarrollo de la rica vida animal, diferenciándose los animales que permanecen en la tundra todo el año, de los migratorios que llegan en verano, para regresar en invierno a la taiga o bosque boreal. Esta cubierta vegetal, que da nombre a este medio, presenta una importante discontinuidad y un grado de recubrimiento que varía desde la “tundra desnuda”, formada por musgos y líquenes, pasando por la “tundra arbustiva” y finalmente la “tundra boscosa”, que da paso al bosque boreal o taiga. Los pueblos aborígenes de la tundra se establecieron hace ya muchísimos siglos en los límites septentrionales de las tierras habitables, a pesar de que hoy en día estos límites han sido superados por los exploradores árticos, los navegantes que frecuentan las gélidas aguas próximas a la banquisa polar y el personal de estaciones científicas de las islas árticas.
Actualmente, casi todos los pueblos autóctonos de esta zona constituyen una minoría en sus territorios originarios y no superan el 5% del total de la población, que es de origen diverso: canadienses y norteamericanos, en América del Norte, escandinavos en Groenlandia, Islandia y el norte de la península escandinava; eslavos, tártaros y otras nacionalidades de la Federación Rusa, en toda Eurasia.
Las poblaciones consideradas autóctonas de la tundra, presentan una serie de rasgos comunes tanto las de la tundra euroasiática, como las de la groenlandesa o la americana. En este medio, donde los humanos han de vivir en unas condiciones que requieren la adaptación al entorno más allá del límite biológico, la adaptación cultural es la que ha hecho posible la supervivencia. Estas poblaciones aborígenes de las regiones más septentrionales del planeta, parecen tener un origen común, tal y como indican recientes estudios de genética.
Los rasgos morfológicos mongoloides que comparten los diferentes pueblos de la tundra sugieren un origen asiático. En el caso de los pueblos uralianos, a medida que nos desplazamos hacia el oeste las características mongoloides se van atenuando, de manera que los pueblos más orientales (nganasans, samoyedos, ensi) son claramente asiáticos, mientras que los más occidentales (saami, komis) se asemejan más a los europeos. De todo esto, deriva la gran diversidad actual de los pueblos de la tundra su euroasiática.
Por otra parte, en el extremo septentrional del continente americano distinguimos tres pueblos: los inuits (que ocupan también las costes occidentales de Groenlandia y la península de los chukchis), los aleutianos (en Alaska, las Islas Aleutianas y Komandorski), y las tribus indias norteamericanas. Estos pueblos aborígenes de la tundra tienen como principal actividad la caza de caribú, la ganadería de reno y la pesca, llevando algunos una vida seminómada.
En la zona de la tundra euroasiática occidental, que abarca aproximadamente la Siberia occidental y parte de la Fenoscandia, región fisiográfica del norte de Europa que comprende el escudo báltico (Suecia, Finlandia, Noruega, Carelia y la península de Kola) destacan principalmente dos pueblos: los saami y los samoyedos. Los saami, same en singular, son más conocidos con el nombre de “lapones”, término poco aconsejable, ya que tiene connotaciones despectivas, al igual que sucedía con el término “esquimal” empleado para designar a los inuit.
Los saami viven en poblaciones fragmentadas en grupos pequeños y son los descendientes de los habitantes más antiguos de Escandinavia, si bien su territorio llega también a la Rusia pre-urálica. Fueron los primeros habitantes de la península escandinava, pero la posterior llegada de fineses, germanos y eslavos, le hizo desplazarse hacia la zona septentrional de Fenoscandia: Laponia, la “tierra de la frontera”. La relación de los saami con los europeos se ha prolongado durante siglos y siempre ha sido desigual, ya que desde el siglo VIII los saami pagaban tributos a los escandinavos.
En la actualidad, los saami son ciudadanos de cuatro estados: unos 20.000 de Noruega, unos 8.000 de Suecia, unos 2.500 de Finlandia y unos 1.900 de Rusia. En el espacio de la tundra euroasiática occidental que se extiende desde el mar Blanco hasta el bajo Yeniséi, encontramos las poblaciones samoyedas. Este grupo comprende un buen número de pueblos, entre ellos los nensi, samoyedos de aspecto más europeo, que ocupan un territorio extenso de las tundras rusa, asiática y europea: las penínsulas de Kanin, de Yamal y de Gidanski y los territorios adyacentes comprendidos entre el Dvina y el Yeniséi.
La mayor parte de los nensi viven permanentemente en la tundra y solamente cruzan los límites del bosque en el invierno, en busca de pastos y de víveres, o cuando se dirigen a la costa de océano Ártico para pasar el verano: un viaje anual que los nensi realizan siguiendo los rebaños de renos y en el cual cubren miles de kilómetros. Dentro de las poblaciones samoyedas encontramos también a los ensi. La mitad de sus efectivos, unas 400 personas, se concentran cerca de Dudinka, los llamados “ensi de la taiga”, aunque sería más correcto denominarlos como “ensi de la tundra boscosa”. Otro pueblo, dentro del grupo samoyedo, lo forman los nganasan que ocupan las tundras centrales de la península de Taimir y alcanzan las mil personas. Los nganasan, no han sido convertidos a la religión mayoritaria: sus creencias todavía son chamanísticas y cuentan con toda una serie de espíritus superiores, tanto buenos como malos.
La población de la tundra euroasiática oriental, que se desarrolla desde la península de Taimir hacia el este, es todavía más diversa, tanto desde el punto de vista lingüístico como desde el de sus orígenes. Así, encontramos los evenk, los yakuts de origen turco, yukagir de origen samoyedo y los chu-ku-tien, esto sin contar con los pueblos surgidos a partir del mestizaje, como los dolgan, los chuvan, los kolimchan y los itelmen o kamchadal. En el extremo oriental de Siberia, más montañoso, la escasa población se concentra en las zonas costeras. Entre los habitantes autóctonos de esta zona encontramos los yakuts, los yukagir o los chukchis. La mayor parte de las lenguas habladas en la zona de la tundra euroasiática oriental pertenecen a la familia altaica o a la chu-ku-tiana.
La primera familia, la altaica, incluye lenguas turcas y mongolo-tungas. La segunda familia, la chu-ku-tiana, abarca el chukchi, el koryak y el kamchadal o itelmen. A parte de estas dos familias dominantes, encontramos otras lenguas minoritarias como yukagir o el yupik. De la península de Taimir hasta el bajo Kolima se extienden las tundras habitadas por pobladores de lenguas altaicas o turcas: evenks septentrionales, yakuts y dolgans. Los evenks y los tungus propiamente dichos, ocuparon toda Siberia y su distribución actual sigue siendo extensa, desde el distrito de Primorje, hasta las riberas del mar del Japón, desde el río Khatanga, hasta las zonas más meridionales de Siberia central y Manchuria. Sin embargo, la única zona de la tundra que realmente frecuentan es la del norte de Yakutia, cerca de los cursos del Yana, el Lena, el Indigirka y el Kolima y son unos 17.000.
Los yakuts habitan la República Autónoma de Yakutia (República de Sakha), que se extiende desde las costas del océano Ártico hasta cerca de los confines de Manchuria, alcanzando los 300.000 habitantes. Los dolgan, viven al norte de la península de Taimir y son resultado del mestizaje entre yakuts, tungus y rusos. Otro pueblo, los selkup que ocupan la cuenca del Yeniséi, son también resultado del mestizaje, ya que surgieron de la mezcla entre los primeros rusos que llegaron a la tundra nórdica (siglos XVII y XVIII) y aborígenes samoyedos. En el bajo Kolima, hay otra población mestiza descendiente de los colonos rusos y yukagirs, conocidos bajo el nombre de kolimchan o markovetse. En la península de Kamtchanka, los colonos rusos se mezclaron con poblaciones autóctonas, los llamados itelmens, originando una descendencia mestiza: los kamtchanka.
Entre los pueblos de la tundra euroasiática oriental de lenguas chu-ku-tianas destacan los chukchis, uno de los pueblos más numerosos que habitan la tundra, ya que alcanzan la cifra de 16.000 personas. También es preciso señalar que, generación tras generación, los chukchis han ido asimilando distintos pueblos vecinos como los koryak, los yukagir o los kerek. Así, actualmente sólo quedan unas pocas familias de kereks, ya que la mayoría han sido absorbidos por los chukchis. Los kerek, se establecieron en una franja estrecha a lo largo de la costa del mar de Bering, desde Anadir hasta el norte de Kamtchanka.

LOS HABITANTES DE LA TUNDRA NORTEAMERICANA Y GROENLANDESA.
De todos los pueblos del continente americano, los auténticos pueblos nativos de la tundra son los inuit, llamados esquimales, y los aleutianos. Los inuit ocupan el extremo más septentrional de América, Groenlandia y la península de los Chukchis en Siberia. Los aleutianos se extienden por Alaska, las islas Aleutianas y Komandorski. Las lenguas que hablan estos dos pueblos pertenecen a la familia esquimo-aleutiana.
Las islas Aleutianas fueron ocupadas aproximadamente hace 4.000 ó 3.000 años, fecha de la cual parte la diferenciación entre inuits y aleutianos. Los aleutianos se dedicaban a la pesca y a la caza. La mayoría de los aleutianos fueron convertidos a la fe rusa ortodoxa por predicadores seglares que también levantaron pequeñas iglesias. En 1824, llegó a las islas Aleutianas el primer misionero, el padre Veniaminov. Este sacerdote al que adoraban sus feligreses de Alaska, se convirtió después en el metropolitano de la iglesia ortodoxa, y se le conoce hoy como San Innokenti. Otro de los primeros sacerdotes fue el criollo padre Netsvetov. La respuesta de por qué abrazaron el cristianismo los aleutianos radica en parte en la habilidad de la iglesia para prometer esperanza y socorro, y en parte, se debía a los lazos de parentesco y las uniones de tipo económico entre rusos y aleutianos, con las que se beneficiaban ambos grupos. Para 1867, la sociedad aleutiana se había adaptado a la presencia de los rusos. La población empezó a recuperarse; muchos niños aleutianos iban a la escuela y todos pertenecían a la iglesia rusa ortodoxa. No obstante, con las guerras del Opio se hundió el mercado de las nutrias y el esfuerzo de la SAC por diversificar la economía de Alaska fue inútil. Por otra parte, el territorio americano de Rusia estaba muy lejos de Moscú. Llegado este punto, el imperio ruso aceptó la oferta americana de comprar Alaska por 71.200.000 dólares en oro. En este breve repaso por los pueblos de la tundra, hemos podido confirmar la gran diversidad de los pobladores de estas vastas tierras; cazadores, pastores, pescadores y recolectores, cada uno con sus características propias.

EL POBLAMIENTO HUMANO DE LA TAIGA.
La taiga es un medio que solamente se sitúa en el Hemisferio Norte, de ahí deriva su nombre de “boreal” y se extiende al sur de la tundra. Su clima es más benigno que el de la tundra; se trata de un clima templado con inviernos muy fríos, temperaturas muy bajas, con duración prolongada de la nieve en el suelo y con cuatro meses al año en los que la temperatura supera los 10, esto permite el desarrollo de este bosque boreal. A pesar de que constituye un progreso respecto a la tundra, la flora de este bosque es pobre, siendo la formación vegetal típica el bosque de coníferas (pinos, abetos...) y otros árboles como el abedul, el aliso o el chopo; también podemos encontrar un tapiz vegetal formado por arándanos, musgos y líquenes. La mejora de las condiciones florísticas se traduce en una mayor riqueza faunística: alces, lobos, martas, visones, pájaros...
Los diversos grupos de habitantes que se asentaron en la taiga, desarrollaron culturas propias, reflejo de las exigencias de la vida en el bosque, cuya base económica fueron la caza y la pesca, desarrollando posteriormente la ganadería, sobre todo de reno. Del bosque tomaron todo lo que necesitaban para sobrevivir: madera y alimentos. Actualmente, en Eurasia y en América del Norte la población que ocupa este bioma de la taiga, está representada mayoritariamente por los descendientes de inmigrantes europeos, mientras que los sucesores de los primitivos pobladores del bosque boreal, se han convertido en minorías insignificantes.
En Canadá, los indios representan el 5% de la población del país, si bien la proporción es más alta en la taiga, donde alcanzan el 15% en el territorio del Yukón y un 10 ó 12% en la zona nororiental. En Alaska la población aborigen constituye aproximadamente un 3% del total, porcentaje al que debemos sumar un 3% más representado por los inuit de las zonas litorales. Los descendientes de los pueblos autóctonos de Rusia septentrional y de Siberia son muy escasos y solamente los carelianos, los komis, los yakuts y los evenk superan el 15% de la población.
Los humanos llegaron a la taiga del continente euroasiático durante el Paleolítico. La distribución de la población humana de la taiga de Eurasia es muy complicada, ya que pocos pueblos que actualmente habitan esta región, se pueden relacionar directamente con los que vivieron en la zona antiguamente. Además, a partir de siglo XVIII, se han instalado en la taiga pueblos de diferentes etnias, por ejemplo: eslavos, en su mayoría rusos y ucranianos, además de noruegos, suecos y fineses. Sin embargo, los descendientes de los pobladores autóctonos de la taiga, anteriores a la colonización europea, conservan todavía muchas particularidades de su cultura tradicional. Nuevamente se debe mencionar a los saami que habitan la tundra y también la taiga de Escandinavia y de la península de Kola. Entre los karelianos (más de 100.000 personas entre Rusia y Finlandia) se conserva la caza como principal actividad económica, y lo mismo sucede con los komis (unas 24.500 personas) que residen en su mayoría en la República de Komi en la parte europea de la Federación Rusa y el resto en otros distritos de dicha Federación. Excepto los yakuts, que son más de 250.000, el resto de pueblos nativos de la taiga euroasiática forman poblaciones muy escasas: los evenks (son más de 30.000), los khantis (unos 22.000), los ainu (16.500), los mansis (poco más de 8.000), los selkups (3.500) y los kets (aproximadamente mil personas). Hombre ainu
Del mismo modo, la población indígena de Siberia todavía conserva toda una serie de tradiciones culturales propias. En la esfera domestica, utilizan algunos recursos tradicionales para elaborar productos naturales y en la esfera social, se mantienen muchas costumbres antiguas, especialmente las relacionadas con los rituales de nacimiento y enterramiento y con la separación de clanes.
El asentamiento humano en la zona de la taiga norteamericana, se inició tras la desaparición del hielo, de forma que el territorio de la actual Canadá se ocupó aproximadamente hace 7.000 años y los primeros pobladores de este bioma son los antecesores de los actuales pueblos atapascanos y algonquianos y su economía se basaba en la caza del caribú y del antílope, así como en la pesca. En su historia los pueblos aborígenes de los bosques boreales han conocido importantes desplazamientos, que se desconocen en detalle. En cualquier caso, los diversos pueblos atapascanos hablan lenguas del grupo Nadene, que les diferencia del resto de pueblos norteamericanos.
En América la colonización de la taiga por parte de población europea comenzó también a partir del siglo XVII; franceses e ingleses principalmente. Actualmente la población india de los bosques boreales de América del Norte se reparten, atendiendo a criterios lingüísticos, en dos grandes grupos: en el oeste y el norte se concentran cerca de 30.000 atapascanos, y en el este y el sur se localizan cerca de 100.000 algonquianos. En Alaska alcanzan entre 6.000 y 7.000 atapascanos, menos de la mitad de los cuales conservan las respectivas lenguas; los más numerosos (unos 2.200) son los koyukons, que viven en la cuenca del Koyukuk, afluente de la margen derecha del Yukón, y en la cuenca media de este último, y sus vecinos por el NE, los kutchins o “gwich'in”, que suman unas 2.600 persones repartidas entre Alaska i el territorio canadiense del Yukón. Los kutchins son los más septentrionales de los atapascanos y posiblemente los que mejor preservan sus tradiciones y su lengua. Los atapascanos de la taiga canadiense, que como ya se ha indicado suman unos 30.000, se extienden entre el territorio del Yukón y el NW., por un lado, y las provincias limítrofes de la Columbia Británica, Alberta, Saskatchewan y Manitoba, por otro.
En el territorio del Yukón habitan entre 3.500 y 4.000 y los más numerosos (unos 1.500) son los tutchones, que viven en el SW de esta zona, y los ya mencionados kutchin más al N. En la provincia de la Columbia Británica viven los sekanis, los tahltans, los carriers, los chilcotins, una fracción de los beavers, el grueso de los cuales vive en Alberta, y una parte de los kaskes y de los tagishos, que habitan también la región meridional del territorio del Yukón; todos juntos suman poco más de 6.000 personas. En la zona montañosa del NW encontramos a los tanaines, los tananes, los kutchin (también eran llamados “bizcos”), los hans, los tahitans y los hares. Los kutchin, cuyo nombre significa etimológicamente, “pueblo”, estaban constituidos por un grupo de tribus diferenciadas, básicamente por su territorio. Sus relaciones con el mundo blanco se establecieron por la vía de la Compañía de la Bahía Hudson. El descubrimiento de oro en el valle del Klondike trastornó la vida nómada y libre. Para los tananas, que tenían fama de ser buenos guerreros, la pesca era el medio de vida más importante, eran sedentarios y presentaban una densidad de población mayor en comparación con otras tribus. En cambio, los tanana que ocupaban la zona del nacimiento (tal vez a una distancia de menos de 300 km) subsistían sobre todo de la caza del caribú, complementada con la pesca de pescado blanco en julio y agosto.
Otro grupo nativo cuya lengua pertenece a la familia Nadene son los haida. Los haida residen en las islas Reina Charlotte de la Columbia Británica y en la isla Príncipe de Gales, en el sureste de Alaska y a mediados de 1980 sumaban unas 2.000 personas. La sociedad haida tradicional se organizaba en clanes matriarcales que controlaban un poblado. Estos clanes, liderados por un jefe, cuyo cargo era hereditario, eran los propietarios de la tierra y constituían unidades ceremoniales que eran divididas en dos grupos: el Águila y el Cuervo.
Entre los pueblos de lengua algonquina, encontramos diferentes grupos de crees occidentales que se distribuyen al este y al sur de los ríos Slave y Athabasca, y en una extensa zona de lo que hoy es Manitoba, a este del lago Winipeg y hasta las bahías de Hudson y James, viven los crees centrales y los ojibwa. Al este de estas bahías y al norte del río San Lorenzo, se extendía el territorio de los crees orientales, los naskapi y los montagnais, todos ellos de habla algonquina. Los cree, pueblo eje entre algonquinos y atapascos, estaban escindidos en varias ramas: los crees de las llanuras y los crees de los bosques que ocupaban el espacio entre la ribera oeste de la bahía James y el lago Athabasca y que se dedicaban a la caza y a la pesca. Cazadores y pescadores, sobresalían en la conducción de sus canoas de corteza de abedul. Este pueblo algonquino estaba organizado socialmente en grupos de familias emparentadas.
Por otro lado, los naskapi, tenía fama de ser bastante rudos, de hecho su nombre les fue dado por sus vecinos montagnais, y significa rústico, tosco... Pero se hacían llamar a sí mismos nanenot, “los verdaderos hombres”. Los vecinos y aliados de los naskapi, los montagnais, que recibieron este nombre de los franceses, debido a la topografía de su territorio, se llamaban ne-enoilno, “pueblo perfecto”. Estos cazadores y pescadores nómadas, que tenían como enemigos tradicionales a los micmac y a los iroqueses, fueron ampliamente evangelizados y se volvieron fieles compañeros de los franceses en el comercio y la guerra. Actualmente suman unas 7.000 personas que viven en nueve reservas de Quebec.
Los ojibwa o chippewa, destacan también entre los pueblos de lengua algonquina, ya que es la tribu más grande e importante de la familia de idioma algonquino, ocupando una gran parte de las tierras del actual estado de Wisconsin, sudoeste de Ontario y nordeste de Minesota. Se hacían llamar an-isk-in-aub-ag, que significa “hombres espontáneos”. Aliados primero de los franceses, y luego de los ingleses, terminaron por vender sus tierras y trasladarse a la reserva. Según la tradición ojibwa, su tribu originalmente emigró con otras dos tribus, los ottawa y los potawatomi, desde la región del río St. Lawrence en el este, pero mientras que los ojibwa se establecieron al oeste del lago superior, las otras dos fueron al sur. Esta gran tribu de los ojibwa comprendía muchas bandas, divididas en clanes permanentes. Su economía se basaba en la caza, la pesca y el cultivo, así como la recolección de semillas. Los ojibwa contaban con una mitología intrincada y elaborada, cuyos principales ritos eran religiosos y supersticiosos y se centraban entorno a una compleja sociedad de medicina conocida con el nombre de Medewiwin.
Los potawatomi, conocidos como “La Nación del Fuego”, eran un pueblo cazador y pescador seminómada de los bosques que ocupó la orilla oriental del lago Michigan. Su forma de vida pacífica se vio alterada con la llegada del hombre blanco. También ellos se aliaron con los franceses, contra los ingleses. Hoy en día, sus descendientes ocupan reservas en Oklahoma y Kansas. Algunos han regresado a la tierra del sur de los Grandes Lagos.
Los algonkin, ubicados actualmente en Canadá, son los que dieron nombre a la lengua de la región y se llamaban a sí mismos elakomkwik, que quiere decir: “Son nuestros aliados”, y fueron aliados de los franceses contra los iroqueses. Otra interpretación atribuye su nombre a la lengua micmac: algomeaking (“arponean a los peces”). Los iroqueses aún les dieron otro nombre: adirondacks que significa “los que comen árboles”, ya que en época de escasez se alimentaban de la corteza de los árboles. Este pueblo, que vivía de la caza, de la pesca y también del cultivo, ocupaba la zona norte de San Lorenzo, del lago Hurón, al este de Montreal y las dos orillas del río Ottawa. Actualmente de 4 a 5.000 algonkinos viven al este del Ontario y oeste de Quebec. También del grupo lingüístico algonquino son los mohicanos cuyo su nombre se cree que significaba “los lobos”, aunque otras acepciones indican que se traducía por “la marea”, haciendo referencia a las aguas del Hudson, ya que vivían a sus orillas; actualmente viven en una reserva de Wisconsin. Los mohicanos se dedicaban a la caza, pesca y agricultura, al igual que los delawares. Entraron en conflicto con los mohawks (1628-1675) por el control del comercio de las pieles de castor en el Hudson. Desde el principio del siglo XIX, la implantación inglesa los expulsó de sus tierras y como la mayoría de los algonquinos, tomaron partido por los franceses.
Es casi imposible realizar un estudio completo de todos los pueblos que habitan los bosques boreales de América del Norte y en la breve descripción en este apartado, seguramente se han dejado muchas tribus (hares, micmas, abenakis...). Más al sur del bosque boreal encontramos muchas otras tribus de la familia lingüística iroquesa: onondaga, cayuga, seneca, oneida, tuscarona y mohawk (que formaron la llamada “Confederación de las seis naciones” o “Liga iroquesa”), hurones...

LAS REPRESENTACIONES COSMOGÓNICAS DE LOS POBLADORES DE LA TAIGA Y DE LA TUNDRA.
El amplio abanico de pueblos nativos que habitan la tundra y la taiga de nuestro planeta, refleja una riquísima variedad cultural que ha permitido al ser humano adaptarse a estos biomas. Es precisamente esta compleja variedad la que convierte en ingente la tarea de describir la cosmovisión de cada uno de esos pueblos. Sin embargo, sí podemos encontrar algunos puntos en común que permiten realizar explicaciones generales sobre sus representaciones cosmogónicas y su visión del mundo, así como el origen del mismo.
Muchos pueblos nativos han mantenido vivas algunas de sus tradiciones, transmitidas de generación en generación, aunque con diferentes niveles de conservación. En la esfera doméstica, utilizan algunos recursos tradicionales para elaborar productos naturales y en la esfera social, se mantienen muchas costumbres antiguas, especialmente las relacionadas con los rituales de nacimiento y enterramiento, y también con la separación de clanes. No debemos olvidar que el contacto con los colonos europeos, principalmente a partir del siglo XVII y XVIII, tanto para las poblaciones de Eurasia como para las de América del Norte, supuso importantes cambios en los modos de vida de estos indígenas.
La religión cristiana se introdujo con los primeros colonos y fue uno de las transformaciones más importantes. El grado de cristianización varía de unos pueblos a otros. Así, a pesar de que el cristianismo fue introducido en Siberia durante los siglos XVII y XVIII, la vida de los habitantes autóctonos siguió dominada por muchas creencias y costumbres ancestrales, como por ejemplo el chamanismo o celebraciones paganas como la llamada fiesta de la primavera “isiakh” dels yakuts, o la “fiesta del oso” de los khantis y los mansis. Los dolgan, por ejemplo, se consideran cristianos, pero solamente de nombre, ya que han llegado a una especie de religión sincrética en la cual sus chamanes han incorporado muchos de los santos cristianos dentro del círculo de los principales espíritus que invocan durante sus rituales.
Del mismo modo que los inuit, los pobladores de la tundra y de la taiga, muestran en sus creencias nativas una base muy importante de respeto hacia el medio natural que les rodea, la naturaleza que les permite subsistir y de la que ellos forman parte. Según este concepto religioso, no existían fronteras entre el mundo de los seres humanos, el de los animales y el de las plantas. Los indios americanos se caracterizan por la creencia en un “padre cielo” y una “madre tierra” que permitían explicar la resurrección anual de la naturaleza. Todos los pueblos de la taiga creían en la existencia de espíritus “amos” de los animales, creencia que recuerda a la de los inuit. Así, por ejemplo, se respetaba de manera especial al oso, respeto que se manifestaba con las fiestas que le dedicaban y con la muerte ritual del animal.
También comparten con los inuit la importancia de la figura del chamán que es un símbolo de vital importancia en el sistema de creencias de los pueblos nativos de la tundra y la taiga. La importancia de la figura del chamán radica principalmente, como para los inuit, en su papel de intermediario entre mundo físico y ordinario y el mundo de los espíritus, ya que mediante sus ceremonias rituales y cantos son capaces de convocar a los espíritus y hablar su lengua especial, y en su vertiente como curandero sabio o “médico” de la tribu.

LA FIESTA DEL OSO.
El oso es reverenciado por todos los pueblos de la taiga, desde Escandinavia al Japón, desde Alaska hasta Quebec. Se le denomina el “señor del bosque”, el “animal sabio y sagrado”, el “viejo de zarpas pulidas”. Se supone que el oso todo lo oye y todo lo comprende. Por eso, a la hora de cazarlo, se habla de manera alegórica y en voz baja. Y antes de matarlo dentro de la guarida, le despiertan, por respeto... Un especial interés ritual tienen las relaciones de los siberianos con los osos de la taiga. Antiguamente, por ejemplo, cuando los evenks se adentraban en la guarida del oso, gritaban como si fuesen cornejas, y una vez habían matado al animal, le decían: “No somos nosotros, quienes te hemos dado muerte, sino las cornejas”. Las mujeres comenzaban a lamentarse, mostrando un gran dolor y exclamando: “¿Por qué habéis matado al “abuelo”?”. Según la leyenda, algunas fratrias de evenks, de khantis y de mansis provenían del matrimonio entre un oso y una mujer.
Los rituales del culto del oso, como también de la fiesta especial que se le dedicaba, tenían una doble finalidad, en primer lugar, desligarse de la culpa por la muerte y, en segundo lugar, ofrecer la posibilidad de resucitar. Sin embargo, este culto al osos muestra rasgos especiales en cada pueblo. Para a facilitarle las cosas, los evenks disponían los huesos del animal en una plataforma especial, ordenados anatómicamente, mientras que los khantis los enterraban juntos en el bosque o los lanzaban a un lago. Algunos pueblos, como los ulchs, los nanays, los nivkhos y otros, capturaban una cría de oso y lo mantenían durante dos o tres años en cautividad y en determinados casos, las mujeres amamantaban a la cría con su pecho, como, por ejemplo, hacían los ainus.
Las fiestas del oso se hacían coincidir con los funerales de algún familiar muerto, y eran de carácter tribal. El oso era conducido y festejado por todo el poblado, y después, en una plaza destinada a este fin, el marido del ama de la casa donde había vivido el animal le disparaba con un arco. Dentro de estas fiestas dedicadas al oso, la de los khantis y la de los mansis son todavía las más interesantes. Una vez que han matado al animal, los cazadores lo transportan fuera del bosque en una barca (en verano) o en un trineo (en invierno), y le dejan en el granero. Durante el recorrido, todos los que se encuentran con los cazadores se riegan los unos a los otros con agua; se trata de un antiguo ritual de purificación que ha acabado convirtiéndose en una diversión. Por la tarde, todos los habitantes del poblado son invitados a “la Fiesta del Oso”, llamada también “el juego del oso”. El lugar de honor se destina a la piel del animal, que conserva la cabeza y las patas. La colocan de manera que parezca que el animal está dormido y no muerto, con la cabeza sobre las patas. Delante del morro, siempre hay un obsequio, que puede ser vodka, pan o exquisiteces. Los que entran en la casa saludan al oso con una reverencia, las mujeres le dan un beso en el morro, a través de un pañuelo, y le ofrecen monedas, cintas o dulces. Todos se mojan nuevamente con agua. La madre del amo de la casa aromatiza le estancia quemando “chaga”, que es una excrecencia resinosa de abedul. Después entran dos hombres con máscaras hechas también con abedul y, al son de un instrumento musical parecido a la lira, cantan canciones sobre el oso y su vida en el bosque. Detrás de los cantantes aparecen tres o cuatro actores, también cubiertos con máscaras y que siempre son hombres, aunque representen papeles de mujeres. Representan escenas sobre la caza, la pesca y la vida cotidiana. Después de uno de los interludios, aparece una mujer con un vestido de color rojo brillante con franjes blancas bordadas en la faldilla. Lleva la cabeza y el rostro cubiertos con un gran pañuelo adornado con borlas, para que el oso no pueda ver su cuerpo. Siguiendo el sonido de la música, la danzarina gira y gira moviendo los brazos. Todo seguido, otra mujer representa la pantomima de “el oso cogiendo frutos del bosque”. Con gestos torpes, va saltando cómicamente sobre un pie y sobre el otro como si fuese un oso. La diversión se alarga hasta la madrugada y se retoma a la tarde siguiente.
Dependiendo de si el animal es macho o hembra, la fiesta durará cinco noches (macho) o cuatro (hembra), de acuerdo con un cálculo sagrado, ligado a las representaciones del alma. La segunda tarde guarnecen la cabeza del oso con figuritas de renos hechas de pasta, utilizando ramitas para representar las cornamentas; con esto, la dueña de la casa da a entender que ha preparado obsequios para los invitados. Cada noche, la fiesta comienza con representaciones de leyendas o canciones sobre el origen del oso y su vida.
En la fratria de Por, supuestamente descendiente de un oso y una mujer, se anticipa cada danza con una canción en la que los pretendidos descendientes del oso invocan su antepasado y le invitan a la fiesta “para el éxito de la caza y el bienestar de la gente”. Antes de la última noche, que se considera la más importante y durante la cual se vuelven a recitar leyendas sobre el oso y se bailan las danzas de los antepasados de las tribus, algunos hombres hierven la carne del oso en un recipiente especial. El banquete colectivo tiene lugar esta última noche. No se pueden utilizar cuchillos ni cubiertos metálicos, únicamente unos bastones especiales que no rompan los huesos ni las articulaciones; la cabeza queda reservada a los hombres. Al acabar se entierran los huesos, los extraídos del cráneo se conservan en un lugar preeminente.
Antiguamente, hasta la primera mitad del siglo XX, los khantis y los mansis celebraban periódicamente la fiesta del oso como una fiesta de sus fratrias, una fiesta privada y destinada a los miembros del grupo. Parece ser que originariamente, tenían prohibido comer la carne del oso porque se trataba de un antepasado. Gradualmente, las prohibiciones se fueron debilitando, igual que sus tradiciones; su fiesta se abrió primero a todas las otras tribus y finalmente a todo el mundo. Por si acaso, al oso se le explicaba frecuentemente que había muerto por culpa “del fusil ruso...”

ALGUNOS RELATOS COSMOGÓNICOS DE LOS POBLADORES DE ESTAS REGIONES.
A continuación se exponen algunas narraciones míticas de estos nativos de la taiga y de la tundra, transmitidas oralmente de generación en generación. Hay miles de estas leyendas y varían de unas tribus a otras. Como sucede para muchas otras poblaciones indígenas del planeta (aborígenes australianos, pueblos nativos africanos, inuit...) todas estas leyendas explican fenómenos naturales, explican el lugar del ser humano en el Universo y, además, justifican determinadas normas para el comportamiento humano y preservan sus tradiciones. En estos pueblos indígenas los relatos relacionados con la creación se asocian a seres mitológicos, a dioses bondadosos, a animales sagrados que residen en un mundo superior y que a partir de su obra o de su propio sacrificio dan lugar al origen del mundo tal y como lo conocemos.
Generalmente, parten de un tiempo anterior o de un mundo pasado donde imperaba la oscuridad o donde dominaban las aguas. También es frecuente, como en muchas otras culturas, que en estos mismos relatos se introduzca el mito de la creación del hombre o de su tribu. En muchas de estas cosmogonías, aparece ese ser supremo el cual ha existido desde siempre, ya que nunca fue creado sino que siempre estuvo ahí. Ese ser superior creó la tierra y le dio la forma actual y, además, es el creador de la vida (plantas, animales e incluso seres humanos). En esta ingente tarea, ese dios o ser supremo puede contar con la ayuda de otros seres sobrenaturales y divinos, aunque de rango menor. Esa oscuridad primordial o ese mundo primario de agua fue sustituido por la luz y por tierra cuando intervino ese ser supremo y divino.

LEYENDAS DE LOS ALGONQUINOS.
Según el relato algonquino relacionado del origen del mundo, la Tierra tuvo dos hijos polares; por un lado estaba Glooskap, que era piadoso, bueno y creativo, y, por otro, Malsum, que, al contrario que su hermano, era malvado, destructivo y egoísta.
Cuando la Madre Tierra murió, el primero de los hermanos, el bondadoso, creó las plantas, los animales y también a los seres humanos a partir de su cuerpo. Malsum también contribuyó en la tarea de la creación, pero dando origen a las plantas venenosas y a las serpientes. Pasó el tiempo y Malsum se obsesionó con su bondadoso hermano y planeó cómo matarle. Malsum, bromeaba con su hermano sobre lo invencible que él era; sin embargo sí podía ser matado por las raíces de un helecho. En su delirio, Malsum intentaba sonsacar a su hermano Glooskap, de qué modo podía morir. Tan bueno era Glooskap que no podía mentir a su hermano y finalmente le dijo que podía encontrar la muerte con una pluma de búho. Triunfante, Malsum había averiguado la forma en que podía asesinar a su hermano: elaboró un dardo hecho con plumas de búho y mató a su hermano.
Sin embargo, según cuenta esta leyenda, Glooskap regresó de entre los muertos, ya que el poder del bien es más fuerte que el del mal, y tuvo que vengarse de su perverso hermano, ya que sabía, muy a su pesar, que Malsum seguiría intentando deshacerse de él. Así, Glooskap tuvo que matar a Malsum para que las criaturas que había creado y él mismo, pudiesen sobrevivir. Glooskap atrajo a Malsum a una corriente y le dijo que también podría ser matado con una especie de planta. Entonces el dios bueno arrancó un helecho y se lo arrojó a su hermano que murió inmediatamente.
Según este mito, el espíritu de Malsum se transformó en una especie de lobo y ahora, por las noches, caza humanos y animales.
Otro relato cuenta cómo otro dios, Michabo estaba un día cazando con su manada de lobos, cuando se percató de que sus lobos se metieron en el lago, pero no regresaron. Michabo se introdujo en el lago para sacarlos fuera y de repente el mundo se inundó al tiempo que lo hacía. Entonces este dios, envió un cuervo para que buscase tierra con la que poder construir un nuevo mundo, pero el pájaro no encontró nada. Entonces, una nutria partió con el mismo objetivo, pero tampoco obtuvo buenos resultados. Michabo, mandó entonces a un nenúfar que regresó con suficiente tierra para crear una nueva tierra. Michamo se sintió complacido y los dos se casaron y se convirtieron en los padres de los seres humanos.

LEYENDAS RELACIONADAS CON EL CUERVO.
En la mitología de varias tribus de la tundra norteamericana, se habla de un “Tiempo Lejano” (Khadontsídnee) en el cual todas las criaturas (plantas, animales y seres humanos) vivían interrelacionadas entre sí: todos hablaban el mismo idioma y tenían una forma parecida. En esos relatos se explica cómo esos humanos terminaron por convertirse en animales y plantas que actualmente conocemos; esta mitología ofrece una percepción particular de la naturaleza, ya que recuerda que debemos respetar a la naturaleza porque animales y plantas también tienen espíritu.
En los relatos que se desarrollan en ese Tiempo Lejano se explica el origen del Sol, de la Luna y de otros astros, así como ciertos elementos de la naturaleza (las montañas, el viento o las tormentas). Una figura principal en esos relatos cosmogónicos es el Cuervo; se trata de un ser impreciso que finalmente adoptó la forma de un Cuervo siendo el responsable de la creación del mundo. El Cuervo es el protagonista en muchas leyendas de estas tribus de la tundra norteamericana y ocupa un lugar fundamental en la mitología y en los rituales de estos pueblos; es conocido por los tanaina, los kutchin, los tinglit y kaska, por los cree, que lo llaman Wísakedjak, y también por los ojibwa, que lo denominan Nanabush, y los naskapi, quienes lo conocen como Djokabísh.
Para todos estos pueblos el Cuervo creó al hombre a partir de la piedra. Sin embargo, en cada tribu podemos encontrar mitos que cuentan el origen particular de su propia tribu; así es el caso, por ejemplo, de los chippewa, dogrib, haré, slave y yellowknife que según cuentas sus mitologías, sus pueblos comparten un nacimiento mítico de una mujer casada con un perro que se convertía en un hombre por la noche.

RELATOS HAIDA.
Las leyendas de los haida, hablan de Nankí'IsLas-lina´-i, que viene a significar más o menos,”Él se va a transformar en aquel cuya voz se ha de cumplir”. De él cuentan que creó la Tierra cuando sobrevoló sobre el mundo cubierto por las aguas. Desde la forma de la tierra, hasta las pulgas, pasando por el comportamiento de ciertos animales... todo esto y mucho más fue creado por el Cuervo. En muchos relatos, como el de la luz del día (leyenda que se relata a continuación), el Cuervo embustero puede cambiar de forma.
Al principio, solamente había oscuridad. La gente hablaba y se hacía preguntas sobre algo que nunca habían visto: la luz del día. Algunos comentaban que el jefe del río había guardado la luz del día en una caja especial. El cuervo vivía en este mundo sin luz, era ambicioso, embustero, entrometido y orgulloso. Además este animal podía cambiar de forma para satisfacer sus propias necesidades. Un buen día, el Cuervo decidió hacer averiguaciones para hallar la luz, así es que se transformó en una aguja de cicuta y se deslizó cayendo dentro de un arroyo de agua fresca. Cuando la hija del jefe del río llegó al lugar para beber, el Cuervo fluyó hasta su copa y la chica se lo tragó.
A su debido tiempo, el Cuervo nació del interior de la hija del jefe, apareciendo como su legítimo nieto. El Cuervo creció rápidamente con el cariño y la adoración de su abuelo, a pesar de que sus ojos se parecían mucho a los de un cuervo. Un día, cuando el bebé berreaba, su abuelo le dejó jugar con la Caja de la Luna. Entonces, abrió la caja y la luna se escapó subiendo hasta el cielo. Cuando el Cuervo se enfadó nuevamente, su abuelo, le dejó jugar con la Caja de la Luz del Día. Tan pronto como la tuvo en sus manos, el Cuervo se transformó en pájaro y echó a volar y desapareció en la oscuridad. El Cuervo llevó la Caja a los seres humanos y la abrió sigilosamente, permitiendo que algunos rayos de luz escapasen de su interior. Sien embargo, aún desconfiaban de ese animal tan embaucador y no creían que realmente tuviesen en su poder la luz del día. Encolerizado por la incredulidad y el escepticismo de la gente, el Cuervo abrió por completo aquella caja e inundó el mundo con la brillante luz del día.
La importancia del Cuervo en la mitología de estos pueblos se refleja en sus manifestaciones artísticas. Así los haida, que son magníficos artesanos de la madera, elaboran silbatos con forma de cuervos, de compleja decoración. Los primeros silbatos con forma de cuervo pudieron ser empleados por los chamanes en sus complejos ritos y en la actualidad son empleados en ocasiones especiales.

RELATOS DE LOS OJIBWA O CHIPPEWA.
La mitología ojibwa era muy elaborada. Antes del contacto con los colonos europeos, la religión de los chippewa tenía un organización similar a la política. Los principales ritos eran religiosos y supersticiosos y se centraban en torno del Medewiwin, o Gran Sociedad de la Medicina, abierta a hombres y mujeres que tenían funciones chamanísticas, curativas y mágicas.
Según cuenta un mito ojibwa, Nanabush, que el ser superior (el Cuervo), enseñó a esa Gran Sociedad de la Medicina de los pueblos los rituales para salvarlos de la extinción provocada por una enfermedad mortal. Nanabush contaba con una tienda que le habían construido los poderes superiores e inferiores, donde recibió la sabiduría para curar; aprendió a utilizar las medicinas y las plantas y los rituales adecuados. Además, estudió el modo de venerar a la Nutria Sagrada y al Oso. Entonces, Nanabush descendió a la Tierra con su bolsa de medicinas e enseñó al pueblo y le introdujo en los enigmas de la Gran Sociedad de la Medicina o Medewiwin. El “atrapa-sueños” en la mitología ojibwa, es un objeto de gran significado y vital importancia, relacionado con el origen de su pueblo.
Los ojibwa se llaman a sí mismos anishinabe (Anishinaubag, Neshnabek) que viene a significar “los hombres originales”, “los primeros hombres”. En ocasiones utilizan una especie de abreviatura Shinob que es empleada como un apodo entre ellos. Los ottawa y los potawatomi también se autodenominan anishinabe, y se cree que en algún momento del pasado lejano de estas tribus, las tres formaban un único pueblo. Según cuenta una leyenda chippewa, en el pasado, en el antiguo mundo, los clanes ojibwa estaban ubicados en la zona conocida como Islas Tortuga. Los sabios cuentan cómo en este tiempo lejano, Asibikaashi (la Mujer Araña) ayudó a Wanabozhoo a traer de vuelta al sol (giizis), para que alumbrase nuevamente a la gente. Fue entonces cuando Asibikaashi estableció el sitio donde debía quedarse, un lugar ideal para ella que se encuentra antes del anochecer.
Según la leyenda, si todavía estás despierto al anochecer, puedes buscar ese sitio especial donde Asibikaashi se encuentra, y puedes ver el milagro de cómo ella capturó los rayos de sol, al tiempo que la luz centellea. Asibikaashi cuidó de sus niños y de la gente de la tierra, y todavía se preocupa por ellos. Cuando el pueblo de los ojibwa se dispersó por todo el continente, a Asibikaashi se le complicó la tarea de hacer su viaje a cada una de esas cunas, cada uno de esos recién nacidos; así es que las madres, las hermanas y las abuelas adoptaron la costumbre de tejer telarañas mágicas para los bebés. De ese modo, se adoptó la forma de un círculo que viene a representar el viaje del sol que cruza diariamente en cielo.
Esta exposición es solamente una brevísima muestra de los muchos y variados relatos sobre el origen y la formación del mundo que componen la cosmogonía de estos pobladores nativos de la taiga y la tundra de nuestro planeta.

(Si este artículo ha sido de tu agrado, compártelo con tus amistades pulsando el botón “Me gusta”, enviándolo por e-mail a tus amistades, o compartiendo el enlace mediante Facebook, Twitter o Google+. Hacerlo es fácil, utilizando los botones inferiores a este artículo. Ah, se toman muy en cuenta y responden todos los comentarios. Gracias)

El origen del mundo según la cosmogonía griega

Lo más sobresaliente de la forma como los griegos antiguos pensaban sobre el origen del tiempo y las cosas del universo.

Autor. Anónimo.
Fuente: Recursos Educativos de Sistema de Educación Boliviana.

INTRODUCCIÓN.
El mar que muchas veces ha servido y sirve de frontera para los pueblos, sin embargo en el caso del Mediterráneo, mar cálido y cerrado, se convirtió ya en la Antigüedad en medio para el intercambio de ideas y de bienes materiales entre los pueblos que se asentaron en sus orillas: fenicios, persas, griegos... En este marco del Mediterráneo surgió una de las primeras grandes culturas en suelo europeo: la cultura cretense (2000 a.C. al 1425 a.C.). La civilización griega clásica hunde sus raíces en esta civilización cretense, si bien es cierto que se nutre de muchos otros influjos procedentes de diversos pueblos (Micenas o Cícladas). La huella de estas influencias puede seguirse a través de un largo proceso de formación, que duró aproximadamente unos dos mil años, y que culminó con la aparición, hacia el 800 a.C., de la primera etapa histórica de la antigua Grecia: la Grecia Arcaica. Tras esa primera etapa, que llegó hasta el siglo VI a.C., se inició la etapa más floreciente de la cultura griega conocida como Periodo Clásico (del siglo V al IV a.C.). El último periodo fue el Helenismo que comenzó en el siglo IV a.C. y finalizó en el siglo I a.C. con la conquista de Grecia por parte de los romanos.
La cultura griega clásica es uno de los pilares de nuestra civilización occidental. Es en Grecia donde surge por primera vez la democracia, donde aparece la filosofía, pues el ser humano comienza a cuestionarse su existencia, donde el hombre se convirtió en el centro del pensamiento y en la medida de la belleza. Grecia ha dado a la Historia de la Humanidad un gran número de filósofos, historiadores, escritores, artistas y pensadores cuyas obras son reconocidas en todo el mundo.
Grecia mantuvo a lo largo de toda su historia una fuerte unidad cultural, a pesar de su diversidad geográfica y su marcada fragmentación política, ya que el poder estaba dividido entre las múltiples “polis” o ciudades-Estado independientes. Estas polis eran el núcleo de la vida política y social en Grecia y entre ellas destacaron ciudades como Atenas, Olimpia, Éfeso o Pérgamo. La evolución de la estructura social griega desde una sociedad sencilla, hasta una sociedad compleja y abierta, se desarrolló paralelamente a la evolución operada en la economía, desde una estructura basada en la tierra hasta una economía monetaria y comercial. Esa evolución está también ligada al desarrollo en el campo político, donde el desarrollo de la polis supuso la desaparición de los reyes y la consolidación de la figura del ciudadano libre, al tiempo que se establecía el modelo democrático.

LOS MITOS COSMOGÓNICOS GRIEGOS.
LA RELIGIÓN Y EL PENSAMIENTO DE LA ANTIGUA GRECIA.
El pensamiento griego, a la hora de formular su concepción sobre el origen del mundo, partió tanto del mito como de la ciencia. Así, a partir del mito surgieron toda una serie de relatos sobre dioses y héroes legendarios y, a partir de la ciencia, apareció la respuesta racional, ofrecida por filósofos como Tales de Mileto o Pitágoras. A partir del siglo VI a.C., el pensamiento griego empezó a buscar repuestas al orden del Mundo, sustentadas en la razón. Tales (nacido en torno al 640 y muerto en el 545 a.C.) fue uno de los filósofos destacados de la Escuela de Mileto y defendía que el principio de todo era el agua, fundamentando su teoría en el hecho de que el agua era el único elemento que podía encontrarse en los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. Más tarde los pitagóricos defendieron que el conocimiento de las cosas solamente se puede alcanzar a través de las matemáticas. A medida que avanzaba el conocimiento griego, se formularon hipótesis más complejas como la de Anaxágoras que defendía que el Universo estaba formado por múltiples sustancias, pero no da respuesta a su origen. Para Platón, el “Demiurgo” era la inteligencia ordenadora que actuaba sobre el caos, ordenándola y dándole forma conforme a un plan.
La religión griega se basó sencillamente en la mitología, que se caracterizó por su talante sincrético, ya que incorporaba en sus relatos elementos de diversas culturas. En esta religión politeísta, cualquier fenómeno y elemento de la naturaleza, así como las principales actividades económicas, quedaron representados por divinidades con apariencia humana. Así, en los mitos griegos podemos encontrar un gran número de dioses pertenecientes a épocas y lugares distintos. Por este motivo resulta complicado reconstruir el panteón completo, de hecho en algunas ocasiones, los dioses se confunden y un mismo suceso presenta varias versiones, llegándose a dar importantes confusiones. Entre estas divinidades, que moraban en el monte Olimpo, se formaron complejas relaciones y vínculos que son la base de la mitología griega.

LAS TEOGONÍAS GRIEGAS.
La mitología griega también recoge en sus relatos el origen del Mundo. Pero debemos tener presente que para el pensamiento religioso griego una cosmogonía suponía no solamente el origen de nuestro mundo físico, sino también el origen de los dioses, el origen del hombre y la organización social. La literatura griega proporcionó diversos textos cosmogónicos, sin embargo la mayoría se conservan bastante mal. Entre ellos conocemos la teogonía de Hesíodo, la teogonía de Eudemo, la de Jerónimo y Helanico, la cosmogonía de las Rapsodias y la recogida en el Papiro de Derveni, las cuatro últimas son conocidas como “Teogonías Órficas”, ya que son atribuidas a Orfeo. Hay una serie de rasgos generales compartidos por estas cosmogonías griegas. En primer lugar, el origen del Mundo parte de la organización de una materia primitiva, que a veces se organiza sola. El segundo concepto fundamental es el de los pares de contrarios; esta idea recuerda a la explicación dualista de los filósofos pitagóricos que consideraban que los números procedían de dos elementos opuestos: el par y el impar. Este planteamiento permitía concebir un gran número de oposiciones: el bien y el mal, frío y calor, día y noche... Otro elemento característico de las cosmogonías griegas es que la ordenación del Mundo no se produce instantáneamente, sino que pasa por fases intermedias en las que aparecen criaturas monstruosas y míticas hasta que el desorden es definitivamente desplazado y desaparece.

LA TEOGONÍA DE HESÍODO.
De todos los relatos cosmogónicos griegos, la Teogonía de Hesíodo es la obra más antigua y mejor conocida de todas. Escrita entre finales del siglo VIII y comienzos del VII a.C., es la fuente de la que se nutre toda la mitología griega. Hesíodo, que con seguridad es posterior a Homero, vivió en torno al siglo VIII a.C. y ya entre los griegos tuvo la fama de ser él quien ordenó los mitos religiosos, organizando la genealogía de los dioses. Como señala Mircea Eliade, en esta Teogonía podemos distinguir hasta cuatro fases: en la primera fase, parte de la existencia de Caos, y después de la Tierra, Eros, el Cielo y la primera generación divina; en una segunda fase, se describe la castración del Cielo por su hijo Cronos; en la tercera parte, Zeus logra no ser devorado por Cronos, su padre y toma el poder; y en la última fase, se narra la batalla de Zeus y los dioses contra los titanes. El autor nos describe el origen del Mundo como parte de una teogonía, siendo la formación del Mundo un tema secundario, porque, de hecho, a Hesíodo le interesa la “estirpe de los inmortales”, como bien nos indica en su poema.
Hesíodo comenzó su obra con una invocación a las Musas, quienes le inspiraron en su poema y le instruyeron en su tarea. Hesíodo describe la experiencia como un encuentro místico con los dioses. Podemos pensar que esta descripción oscila entre lo que podría ser un recurso literario y una experiencia religiosa, en la que un dios se aparece a un mortal (pastor, campesino...) y le transmite unos conocimientos. A continuación presentamos el primer fragmento de este poema:

Ellas, que un día a Hesíodo le enseñaron un hermoso canto,
mientras apacentaba sus ovejas al pie del divino Helicón.
Tal mensaje, lo primero de todo, me dirigieron las diosas,
las Musas olímpicas, hijas de Zeus, portador de la égida:
“Rústicos pastores, triste oprobio, vientres tan sólo
Sabemos decir muchas mentiras con apariencia de verdades
mas sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad”.
Así dijeron las bienamadas hijas del poderoso Zeus.
Y me dieron un cetro, tras haber cortado de florido laurel una rama
admirable. Y me infundieron el canto
divino, para celebrar lo que va a pasar y lo que ha pasado
y me encomendaron alabar con himnos la estirpe de los Felices,
que por siempre existen
y cantarles a ellas mismas al principio y al final.

Las Musas han iniciado a Hesíodo en su labor y lo han provisto para ello y, a continuación, el autor explica su misión:

elaborar la “sagrada estirpe” de los dioses:
Y es que de las Musas y del flechador Apolo
descienden, en la tierra, los aedos y los citaristas,
y de Zeus, los reyes. ¡Feliz aquél a quien las Musas
aman! Pues dulce de su boca fluye el canto
y si alguien con un pesar en su ánimo recién afligido
se consume, con el corazón angustiado, entonces el aedo
servidor de las Musas, las hazañas de los hombres de antaño
celebra, y a los dioses que ocupan el Olimpo
y enseguida éste de sus pesares se olvida y ya de sus cuitas
ni se acuerda; de prisa cambian su ánimo los regalos de las diosas.

Hesíodo nos indica de qué trata su poema, lo que podríamos llamar el programa de los mitos del poema, para acto seguido iniciar su genealogía divina:

Salve, hijas de Zeus, concededme vuestro canto fascinante,
celebrad la sagrada estirpe de los inmortales, que por siempre existen,
los que nacieron de Tierra y de Cielo estrellado,
los que nacieron de la tenebrosa Noche y a los que nutrió el salobre Ponto;
decid también cómo nacieron al principio los dioses,
los ríos y el ponto ilimitado, de impetuosa corriente,
los astros resplandecientes y el ancho cielo, arriba,
y sus descendientes, los dioses dadores de bienes,
cómo se repartieron la riqueza, cómo se dividieron los bienes
y cómo habitaron al principio el muy abrupto Olimpo.
Inspiradme eso, Musas, que habitáis Olímpicos palacios
desde el principio y decidme lo que hubo antes de aquellos.
“Pues bien, lo primerísimo que nació fue Caos; pero enseguida
Tierra de ancho pecho, sede por siempre segura de todos
los inmortales que ocupan las cimas del nevado Olimpo,
y el nebuloso Tártaro en abismo de la tierra de vastos caminos
y Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales,
que afloja los miembros, que de todos los dioses y de todos los hombres
domeña en sus pechos el entendimiento y el prudente consejo.
De Caos nacieron Érebo y la negra Noche
y de la Noche, a su vez, Éter y Día nacieron,
a los cuales engendró habiéndose unido en amorosa coyunda con Érebo.
Y Tierra engendró lo primero, igual a sí misma
el cielo estrellado, para que por todas partes la cubriera,
a fin de que para los felices dioses fuera sede por siempre segura.
También engendró los grandes montes, gratas moradas de unas diosas,
las ninfas, que habitan por los abruptos montes.
Asimismo dio a luz al mar imposible de secar, de impetuosa corriente,
a Ponto, sin deseada coyunda. Pero luego
unida en amor a Urano parió a Océano de profundos remolinos,
a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto,
a Teya a Rea, a Temis y a Mnemósine,
a Febe de áurea corona y a la encantadora Tetis,
y tras ellos el último nació Crono de tortuosa intención,
el más terrible de sus hijos y en él floreció el odio contra su padre

Como vemos en el texto anterior, lo “primerísimo que nació fue Caos”. Pero este término es bastante confuso y además Hesíodo dice que “nació”, por lo tanto debió existir algo antes, que el autor no nombra. En cuanto al término “Caos”, los propios autores clásicos dieron sus particulares interpretaciones del mismo, con lo cual podemos pensar que ellos tampoco tenían una definición clara. Para el filósofo Aristóteles, el “Caos” era un sitio, un lugar, cuya existencia era necesaria, como nos indica en su obra Physica 208b 30: (Hesíodo) dice: “De todas las cosas lo primerísimo que nació fue Caos”, porque es necesario que exista primero un lugar para las cosas que existen.
Zenón, por el contrario, piensa que ese “Caos” del que habla Hesíodo debe ser agua. Otra interpretación diferente encontramos en Pseudo Platón en su obra Axioco, 371E, que lo situó en el infierno: En cuanto a aquellos que han orientado su vida por el camino de los crímenes, son llevados por las Erinias al Érebo y al Caos, a través del Tártaro.
Para Apolonio de Rodas IV, (1696-98) aparece como una “sima negra”: Esta horrible noche no la traspasaban las estrellas ni los rayos de la luna, sino que era una sima negra que se abría desde el cielo o alguna otra tiniebla que emergía levantándose desde los más hondos abismos.
Luciano en Amores 32, ve el “Caos” como una masa invisible y confusa: Pues tú (Eros) diste forma al universo a partir de una invisible y confusa carencia de forma.
Para Ovidio el “Caos” era una forma desordenada, como reflejó en su obra Metamorfosis I, 5-7: Antes del mar y de la tierra, y del cielo que todo lo cubre en todo el orbe la naturaleza solo tenía un aspecto al que se llamó Caos, una masa confusa y desordenada.
Incluso hay algunos autores, como Aristófanes en, o Eurípides, que ven al “Caos” como un espacio, un hueco entre el Cielo y la Tierra. Así, Aristófanes señaló en Aves (190-193): De este modo, cuando los hombres hagan sacrificio a los dioses, como éstos no os paguen tributo, no dejaréis pasar el olor a muslos asados a través del espacio y de una ciudad que no es suya.
Y en Eurípides, Cadmo fr. 448 n2: a esta sede divina en medio del cielo y de la tierra, algunos la llaman Caos.
Después de “Caos”, apareció la Tierra. Estos dos elementos darán origen a otros: Caos engendró a Erebo (espacio situado debajo de la Tierra) y la Noche, mientras que la Tierra engendró a “Ouranos”, el “Cielo”. Después apareció Eros, que ya no es un elemento, ni una materia, sino que es un dios, cuya aparición es precisa para que esas divinidades anteriores puedan practicar el sexo para engendrar al resto de las divinidades, como vemos en verso 125:

...habiéndose unido en amorosa coyunda...

De la unión de la Noche con Érebo, unión sexual, surgieron Éter y el Día. El Día y la Noche compartirían el espacio ubicado encima de la Tierra, mientras que el Éter se situó por encima de ellos en la parte más luminosa y elevada.
La Tierra engendró los montes y el mar, ahora sin unión sexual, pero además fue fecundada por el Cielo; de la unión con el Cielo surgió la segunda generación de dioses: los seis Titanes (Océano, el mayor de todos, Ceo, Críos, Hiperión, Japeto y, por último, Cronos, el tiempo) y sus seis hermanas (Tea, Rea, Temis, Mnemosine, Febe y Tetis). Esos titanes representan las fuerzas de la naturaleza y el último fue Cronos. Vemos aquí cómo se distinguen dos tipos de nacimientos en las divinidades: por generación “espontánea”, sin relación sexual, y por fecundación, es decir: con práctica sexual. Urano no dejaba nacer a su prole, ya que mantenía esas relaciones sexuales de forma incesante y los retenía en el vientre de Gea, provocando malestar de la diosa. La Tierra también dio vida a los Cíclopes (Brontes, Estérope y Arges) y finalmente, de las relaciones entre el Urano y la Tierra, aparecieron Cotto, Briareo y Gíes, de aspecto monstruoso. En el poema de Hesíodo esos hijos son calificados como “terribles”, como vemos en el verso 155:

...los hijos más terribles y odiaban a su padre

Desde el principio Gea, con sus hijos en el vientre, se sentía angustiada y elaboró un plan. Produjo un arma nueva y se la ofreció a sus hijos, indicándoles que su venganza era la respuesta lógica a las maldades de su padre (verso 166):

...porque primero había maquinado él acciones indignas

Pero solamente Cronos, “de mente retorcida”, se atrevió a seguir los consejos de su madre y con la hoz, castró a Urano. De la sangre caída sobre la tierra, nacieron las Erinias, los Gigantes y las ninfas de los bosques. De sus partes caídas arrojadas al mar por Crono, nació Afrodita.
Crono complació a su madre y Urano fue derrotado. Así, aunque no fuese su objetivo principal, Crono se instaló en el trono de su padre y se convirtió en soberano de los dioses. De esta forma el relato nos describe, además, cómo se produjo la separación entre el Cielo (Urano) y la Tierra, que resulta ser una manera un tanto violenta, con similitudes en otros mitos cosmogónicos (en el mito hitita, Kumarbi castró a Anu).
Crono se unió entonces a Rea y tuvo con ella cinco hijos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, la siguiente generación de dioses. Hesíodo nos cuenta cómo Crono, para no ser derrotado y desposeído por ninguno de sus hijos, los iba devorando a medida que nacían (verso 459 y siguientes):

...y los iba devorando el gran Crono
Y a fin de que ningún otro de los ilustres Uránidas
ostentara entre los inmortales la regia dignidad.
Y es que se había enterado, por boca de Tierra y de Cielo estrellado,
que su destino era verse sometido por un hijo suyo.

Pero las precauciones tomadas por Crono fueron inútiles, porque Rea le engañó. Así, tras parir a Zeus, Rea lo escondió en una gruta y, en vez de entregar a Crono el bebé, le entregó una roca envuelta en pañales, que éste devoró sin darse cuenta del engaño. Cuando Zeus creció obligo a Crono a vomitar a sus hermanos que estaban en el vientre de su padre. Zeus rescató de esta manera a sus hermanos, que en agradecimiento le ofrecieron el trueno y el rayo, símbolos de poder. Pero, el conflicto no había terminado, porque Crono lanzó contra Zeus a los Titanes. Se inició una larga guerra entre estas dos generaciones de dioses, hasta que finalmente los dioses más jóvenes, encabezados por Zeus, arrojaron a los Titanes al Tártaro. La victoria de Zeus y los dioses olímpicos sobre los Titanes, que representaban la fuerza bruta y la violencia, es el triunfo del espíritu y de la justicia y marca el inicio de un nuevo ordenamiento del Universo. Hesíodo relató que después del triunfo, Zeus es nombrado soberano por consenso de todos los dioses, insistiendo en la imagen de Zeus como dios justo y legítimo (versos del 883 al 885):

E instaron entonces, por supuesto, a que fuera rey y soberano
—por discretos consejos de Tierra— al Olímpico Zeus longitonante,
entre los inmortales. Y él distribuyó bien las dignidades.

Pero Zeus tuvo que afrontar una batalla más para conservar este nuevo orden: el enfrentamiento con Tifón, el hijo de Gea y Tártaro.
Finalmente, Zeus, dios legítimo y justo, adoptó su propia estrategia para no ser destronado por ningún hijo suyo. Siguiendo los consejos de Urano y Tierra, Zeus aseguró su reinado comiéndose, no ya a sus hijos, sino a su propia esposa, Metis, frenando así cualquier intento sucesorio de su descendencia (versos 891 y siguientes):

...por discretos consejos de Tierra y Cielo estrellado,
y es que así lo previnieron, a fin de que la regia dignidad
no la ostentara en vez de Zeus otro de los dioses imperecederos.
Pues era su destino que engendraría hijos muy prudentes,
la primera, una hija, Tritogenia, de ojos muy brillantes (...)
pero después también un hijo, rey de dioses y de hombres,
iba a engendrar, dotado de soberbio corazón.

Así se aseguró el gobierno sobre todo el cosmos, repartiendo entre las divinidades el dominio de algunos espacios: Hades dominaría el mundo subterráneo, Poseidón los océanos y el cielo sería gobernado por él. El Olimpo y la tierra quedaron como espacio para todos los dioses olímpicos.
En la Teogonía de Hesíodo esta es la forma en que es establecido el orden del Mundo. Los enfrentamientos entre distintas generaciones de dioses que intentan destruir el orden existente y luchan por el dominio del Cosmos, hasta que llega Zeus, el dios justo, y establece el orden correcto, el que imperará desde entonces. Es curioso cómo estas luchas recuerdan a las desarrolladas por dioses de otros mitos cosmogónicos de Próximo Oriente: mito hitita (luchas de Kumarbi y Anu) y mito babilonio del Enuma Elis (Marduk se enfrentó a Tiamat). Los historiadores consideran posible que esos mitos llegaran a Hesíodo mediante la transmisión oral. Por otro lado, no podemos olvidar la obra de Homero, anterior a Hesíodo, en la que se puede entrever el tema cosmogónico, si bien no es el tema principal de su obra. Así en la Ilíada en el canto XIV (versos 342 al 351) Homero describió la relación entre Hera y Zeus, que recuerda la unión entre Urano y la Tierra:
El montador de las nubes, Zeus, le dijo en réplica: “Hera, no temas que no vea ningún dios ni hombre en medio de la nube con que voy a envolverte. Ni siquiera el Sol la podrá atravesar con sus rayos, los más penetrantes de todos”. Así dijo, y el hijo de Crono estrechó en sus brazos a la esposa. Y, bajo ellos, la tierra divina produjo verde hierba, loto fresco, azafrán y jacinto espeso y tierno para levantarlos del suelo. Acostáronse allí y cubriéronse con una hermosa nube dorada, de la cual caían lucientes gotas de rocío.
En este texto se alude a un espacio ideal, un paraíso, pero es el momento en el que Hera intenta engañar a Zeus, aprovechando su sueño para ayudar a los troyanos.
Hesíodo pudo conocer esos poemas orales y también pudo conocer la obra de Homero (Ilíada), lo cierto es que la Teogonía de Hesíodo es la base de la mitología griega y sirve de enlace entre los mitos próximo-orientales y los griegos.

LAS TEOGONÍAS ÓRFICAS.
La teogonía de Eudemo, la teogonía de Jerónimo y Helanico, la cosmogonía de las Rapsodias y la teogonía del Papiro de Derveni se engloban dentro del conjunto de las llamadas “Teogonías Órficas”, así designadas porque eran atribuidas a Orfeo. Damascio, autor neoplatónico que vivió entre el 480 y el 544 d. C. aproximadamente, nos habló en su obra de la teogonía de Eudemo, de la obra de Jerónimo y Helanico y de las Rapsodias en su principal obra: Problemas y Soluciones sobre los Primeros Principios. Orfeo fue conocido por ser un excelente cantor y era situado por la tradición en los tiempos de los orígenes, es decir antes de Homero. Su ubicación en esos tiempos se realizó con la intención de que Orfeo fuese considerado más antiguo que el propio Homero y, por tanto, resultase más venerable que éste. Así, varias obras fueron atribuidas a Orfeo, como recurso para garantizar su validez y antigüedad.
El orfismo se puede definir como un movimiento religioso místico que se nutría de otros movimientos como el pitagorismo, con el que compartía la transmigración de las almas, el dionisismo, del que adopta el éxtasis, o el culto a Eleusis, con el que comparte el elemento mistérico. El orfismo está muy marcado por el mito y se elaboraron varias teogonías vinculadas con el desarrollo y destino de las almas, siendo hasta cierto punto “antropogónicas”. En las cosmogonías órficas podemos realizar una clara distinción entre las “cosmogonías de la Noche” y las “cosmogonías del huevo”. “Cosmogonías de la Noche” son la de Eudemo y la del Papiro de Derveni, y “cosmogonías del huevo”, la de Jerónimo y Helanico y la de Aristófanes. La de las Rapsodias, es una cosmogonía que sintetiza elementos de ambos tipos: de la Noche y del huevo.
Eudemo fue alumno de Aristóteles y vivió en el siglo IV a.C. Este autor puede ser ubicado dentro de la corriente del orfismo y, como tal, transmitió el relato teogónico atribuyendo la obra a Orfeo. En esta obra nos señaló que lo primero fue la Noche, de la cual surgieron el Cielo y la Tierra Del Cielo y la Tierra aparecieron la pareja Océano-Tetis, así hasta que se llegó a la sexta generación de dioses. La teogonía órfica se detiene en la sexta generación, dato que sabemos también por Platón, que en su obra Philebus, (66 c) nos indicó:

“A la sexta generación”, dice Orfeo, “cesad el orden del canto”, pero corremos el riesgo de que nuestro discurso quede detenido en el sexto juicio.

Eudemo, también nos relató cómo Cronos castró al Cielo, haciéndose con el poder, del mismo modo que, posteriormente, Zeus destronaría a Cronos y dominaría el Cosmos. Todos estos datos los conocemos gracias a las alusiones que hace Damascio en su obra De princ. 124 (III 162, 19 Westerink):

...El relato sagrado transmitido por el peripatético Eudemo como obra de Orfeo guarda silencio sobre todo lo que es objeto de intuición, como totalmente inefable e incognoscible para el procedimiento discursivo y narrativo. Configura el principio a partir de la Noche,...

La teogonía que conoció Eudemo, parece ser la misma que conoció Aristóteles, quien afirma sobre los poetas más antiguos poetas, que consideraron como padres de los dioses a Océano y Tetis. También Platón nos señaló, en Timaeus (40 d), que la primera pareja fue Océano y Tetis, padres de la Tierra y el Cielo:

Hablar de las demás divinidades (i.e. a excepción de los astros y la tierra) y conocer su linaje es más de lo que podemos, así que hay que dar crédito a los que han hablado antes de ello, que eran descendientes de dioses, según afirmaban, y que de algún modo conocían con claridad a sus antepasados. Así pues, es imposible no creer en los hijos de los dioses, aun cuando hablan sin demostraciones verosímiles y necesarias, pero, dado que afirman que nos relatan asuntos de su familia, hay que creerlos, siguiendo la costumbre. Tengamos, pues, por buena, y digámosla así, la generación acerca de estos dioses. De la Tierra y del Cielo nacieron como hijos Océano y Tetis. Y de ellos Forcis, Crono y Rea y los que se llaman sus hermanos. Y además, los descendientes de éstos.

Además, Platón en su obra Cratylus (402 b), hizo referencia a la consideración por parte de los “más antiguos” de que el Océano es origen de los dioses y aludió a Homero, a Hesíodo y a Orfeo: Como también dice Homero: “Océano, generación de los dioses y la madre Tetis”. Creo que también Hesíodo. Y dice en alguna parte Orfeo...
En 1962, en Derveni, a unos 10 kilómetros de Salónica, fue hallado, junto a una tumba, un papiro. El papiro se encontró entre los restos de la pira funeraria, pero salvó de su destino de ser quemado, si bien es cierto que se deterioró a causa del fuego y no se conserva entero. El papiro presenta un texto de 26 columnas, cada una con catorce líneas. Se trata de un comentario realizado por un autor anónimo, del siglo IV a.C., influido por los presocráticos. El objeto de la obra era la crítica a una obra anterior, una Teogonía datable en el siglo VI a.C. que, al parecer, por los fragmentos reproducidos por el autor, se asemejaba bastante a otras teogonías posteriores. Realmente de esa teogonía del siglo VI, sólo disponemos de los versos y segmentos citados por el autor del comentario. El comentarista realizó esa crítica porque consideraba que nada de lo que había indicado Orfeo en la teogonía era cierto. La teogonía comenzaba con unos versos que invitaban a escuchar el poema a los “conocedores”, a los que estuviesen capacitados para conocer la verdad. Posteriormente esa invitación se convirtió en un recurso literario utilizado frecuentemente por muchos autores al comenzar un tratado de literatura, una obra retórica, etc. A continuación reproducimos los dos versos:

Cantaré para conocedores; cerrad las puertas, profanos.
Hablaré a quienes es lícito; cerrad las puertas, profanos.

El comentarista, respecto a estos versos introductorios señaló: Como muestra en el verso bien destacado, pues, cuando exhorta a que cierren las puertas a sus oídos, dice que no legisla para la mayoría... a los que son puros para oír... y en el siguiente...
El autor del comentario considera que él sí estaba preparado para entender el mensaje que transmitía Orfeo y comienza su crítica, citando versos del poema teogónico. Con la reconstrucción realizada a partir de esas citas se puede llegar a la conclusión de que esa teogonía no era muy larga, como mucho cien versos; presentamos varios fragmentos del poema, los más relevantes para nuestro tema:

Urano hijo de la Noche, que fue el primer rey
...que nacieron de Zeus, el monarca más que poderoso.
Zeus, cuando, recibido de su padre, el poder determinado por los dioses
tomó en sus manos y la fuerza, y a la ilustre deidad...
Y Zeus (... llegó a la cueva, donde)
se sentaba Noche, sabedora de todos los oráculos, inmortal nodriza de los dioses.
Ella le vaticinó todo cuanto le era lícito lograr:
cómo ocuparía la hermosa sede del nevado Olimpo.
Zeus, una vez que oyó los vaticinios de su padre
devoró al venerable (o el miembro del)... que había saltado primero del éter.
(Zeus) que hizo algo terrible
a Cielo, hijo de Noche, que fue el primerísimo en reinar.
Y de éste a su vez, Crono, y luego el ingenioso Zeus,

Respecto a este último fragmento el autor del comentario señaló: Así que dice (Orfeo) que este Crono nace del Sol y de la Tierra, porque tuvieron su origen (los seres) por el chocarse de unos contra otros por causa del sol.
El poema teogónico sigue aludiendo a diversos dioses, siendo el principal Zeus:

Al Ingenio (Metis)... la dignidad regia... los tendones
...del venerable rey nacido el primero, y en él todos
los inmortales se gestaron: dioses felices y diosas,
ríos, fuentes amables y todo lo demás
cuanto entonces había llegado a ser, así que él llegó a ser lo único.
Ahora es rey de todo y en adelante lo será.
Zeus nació el primero, Zeus, el último, el de rayo refulgente,
Zeus es cabeza, Zeus centro, de Zeus todo se ha formado.
Zeus hálito de todo, Zeus de todo es destino
Zeus soberano, Zeus señor de todo, el de rayo refulgente.

Nuevamente el autor de la crítica realiza el siguiente comentario: Al decir por eyaculación pone de manifiesto que en el aire (las cosas) se movían, una vez divididas en pequeñas partículas, y se montaban... Afrodita Urania, Zeus, practicar el sexo, eyacular, Persuasión y Harmonía son nombres del mismo dios. A la unión de un varón con una mujer se le llama “practicar el sexo” (afrodisiázein) en el lenguaje hablado.
El poema cosmogónico continúa:

...y concibió la poderosa fuerza de Océano de ancha corriente,
e hizo fluir en él los tendones de Aqueloo de argénteos remolinos,
del que proceden todos los mares...
...de igual hechura...
y que a muchos mortales se les manifiesta sobre la tierra inmensa
Pero cuando la mente de Zeus hubo concebido todas sus obras
deseaba unirse en amor con su propia madre.

A partir de estos fragmentos podemos realizar una reconstrucción de los rasgos principales de genealogía transmitida en esta teogonía. En primer lugar, Urano fue el primer rey y el hijo de la Noche, por lo tanto la Noche fue lo primero, si bien es cierto que de ella no se indica que tuviera ningún poder de mando. El autor del comentario entendió que el Cielo y el Sol, eran el mismo dios. El Cielo tuvo a su vez otro hijo, Crono. Crono castró a su padre y de esta forma se hizo con el poder. Crono, padre de Zeus, fue a su vez derrotado por su hijo, quien le arrebató el poder. Por otro lado, nos cuenta cómo Zeus, protagonista del relato, fue a consultar a la Noche, que habitaba una cueva. La Noche vaticinó a Zeus cómo iba a ocupar el trono del Olimpo. Zeus concibió a Océano, a los mares y los ríos. Según este relato el mundo está ordenado a partir del reinado de Zeus, puesto que es el principio y fin de las cosas. Zeus debía unirse con su madre, Rea. De esta unión muy posiblemente surgió Dionisos, pero antes, mediante una eyaculación de Zeus se formó Afrodita.
Con la teogonía de Jerónimo y Halanico entramos en las “cosmogonías órficas del huevo”. No sabemos quiénes fueron Jerónimo y Helanico, ni conservamos su obra completa. Conocemos su teogonía, principalmente, gracias a las referencias de dos autores: Damascio (gracias al cual conocemos también la teogonía eudemia y la de las Rapsodias) y Atenágoras. Atenágoras, que vivió entre el 133 y el 190 d. C., fue un autor platónico que se convirtió al Cristianismo y cuyas referencias coinciden con las de Damascio.
Con estas dos fuentes podemos reconstruir la teogonía de Jerónimo y Helanico mejor que la de Eudemo. Esta teogonía del huevo se puede datar en torno al siglo II a.C., siendo algo anterior a las Rapsodias. En ella el relato resulta algo abstracto, sin embargo la teogonía parece clara. En esta teogonía se indica que lo primero fue el agua, de la cual se formó el barro, la tierra. Después apareció el Tiempo y la Necesidad. Ambos separaron del agua original a Éter (ubicado arriba), Caos (situado en centro) y Érebo (en la parte inferior). Así lo podemos leer en Damascio De prin. 123 bis (III 160, 17 Westerink), 123 bis (III 161, 3, 8 y 20 Westerink):
La Teogonía órfica transmitida por Jerónimo y Helanico dice así: Desde el principio hubo agua y la materia de la que se cuajó la tierra... siendo éstos los principios que supone los primeros... el principio único anterior a los dos lo pasa en silencio, pues el hecho mismo de no decir nada de él muestra su carácter inefable... El tercer principio después de estos dos se originó de ellos, del agua y de la tierra, y fue un dragón dotado por naturaleza de cabezas añadidas, una de toro y otra de león, y en medio de ellas el rostro de un dios. Sobre sus hombros tenía alas y se llamaba Tiempo desconocedor de la vejez y Heracles... Se unió a él Necesidad, que es a la vez Naturaleza y Adrastea, incorpórea y con los brazos extendidos por todo el mundo, tocando sus confines.
También podemos leerlo en la obra de Atenágoras Legatio pro Christianis 18, 3-4 (128 Pouderon) y 20, 1 (134 Pouderon): Orfeo también afirma un origen primero a partir del agua. Fue en efecto el agua el principio de todas las cosas y del agua se formó fango... Y de ambos se originó un animal: un dragón que tenía una cabeza de león —y otra de toro— añadida y en medio de ambas, el rostro de un dios. Su nombre era Heracles y Tiempo. Si el absurdo de esta teología se hubiera limitado a decir que los dioses nacieron y que tienen su substancia del agua, sería necesario limitarse a mostrar que nada hay creado que no esté sujeto a la disolución y podría haber pasado a los otros alegatos. Pero es que además de eso, describieron sus cuerpos, diciendo que Heracles, el dios, era un dragón retorcido y que otros tenían cien manos.
Damascio en De princ. 123 bis (III 161, 19 Westerink) también indicó: ...Éste era pues el Tiempo desconocedor de la vejez, muy honrado en aquella (las Rapsodias), padre de Éter y de Caos. Sin duda también según esta (la de Jerónimo y Helanico) este Tiempo, el dragón, genera una triple descendencia: Éter húmedo —dice—, Caos sin límites y el tercero, después de ellos, Érebo nebuloso...
La cosmogonía sigue contando que en el centro del espacio se formó un huevo, engendrado por el Tiempo y que al romperse, la cáscara de arriba, formó el Cielo y la de abajo, la Tierra. En el centro apareció el Primogénito. Tiempo y Primogénito fueron descritos con características similares. Resulta interesante el fragmento de la obra de Damascio donde reproduce el origen de este “huevo”: Pero entretanto, según dice, Tiempo engendró un huevo; también esta tradición lo hace criatura de Tiempo.
También Atenágoras en su Legatio pro Christianis 18, 5 (130 Pouderon), nos indicó: Este Heracles engendró un huevo descomunal que, lleno de la fuerza de quien lo había engendrado, se partió en dos por causa de la fricción. Su parte superior acabó por ser el Cielo, y la que se fue para abajo, la Tierra. Y también apareció un tercer dios bicórpore.
Damascio menciona este “dios bicórpore” en De princ. 123 bis (III 162, 5 Westerink): La díada de las naturalezas que hay en él, de la masculina y de la femenina y de la pluralidad de simientes que hay en medio. Y en tercer lugar, además de estos, un dios bicórpore, con alas de oro sobre los hombros, que tenía por naturaleza a ambos lados cabezas de toro y sobre su cabeza una monstruosa serpiente que adoptaba las más variadas formas de animales... También este texto sagrado celebra a Primogénito.
El relato continúa, describiéndonos cómo Cielo se unió a Tierra. De esta unión nacieron como hembras: Cloto, Láquesis y Atropo; y como hombres los Centímanos y los Cíclopes, Brontes, Estéropes y Arges. También nos cuenta que Crono castró al Cielo y que devoró a sus hijos hasta que Zeus, uno de sus descendientes, lo derrotó. En la obra de Atenágoras, Legatio pro Christianis 18, 6 (130 Pouderon) y 20, 2 (134 Pouderon), tenemos constancia de estos hechos: Cielo, unido a Tierra, engendra como hembras a Cloto, Láquesis y Atropo, y como varones a los Centímanos, Coto, Giges y Briareo, así como a los Cíclopes Brontes, Estéropes y Arges. Tras haberlos aherrojado, los arrojó al Tártaro, al haberse enterado de que sería desposeído del poder por sus hijos... Además de eso, describieron también sus cuerpos, diciendo de Heracles, que era un dragón retorcido, y que otros tenían cien manos.
Con respecto a Crono, en la obra de Atenágoras, en 20, 3 (136 Pouderon), encontramos: Y asimismo las “hazañas” realizadas por ellos nos las contaron cuidadosamente, según creen ellos: que Crono le cortó los genitales a su padre y que los arrojó de su carro y que mató a sus hijos devorando a los varones, pero que Zeus, tras haber atado a su padre, lo arrojó al Tártaro (igual que Urano había hecho con sus hijos) y que combatió contra los Titanes por el reinado...
Zeus, tras destronar a su padre, obtuvo el poder, como bien nos transmitió Damascio en De princ. 123 bis (III 162, 15 Westerink): Y llama a Zeus el que ordena todas las cosas y el universo entero, por lo que también se le denomina Pan...
Zeus se unió a su madre, Rea, también conocida como Deméter, con la cual tuvo una hija: Core, descrita como una especie de ser “monstruoso”. Core, llamada Perséfona, fue violada por su padre, y fruto de esa violación tuvieron un hijo: Dionisos. De toda la descendencia de Zeus, descrita en la teogonía de Jerónimo y Helanico, nos dejó buena constancia Atenágoras en Legatio pro Christianis, 20, 3 (136 Pouderon) y 32, 1 (192 Pouderon):

... y que persiguió a su madre, Rea, cuando se resistía a unirse sexualmente con él y, cuando ésta se tornó en una sierpe, también él se tomó en una serpiente, y tras haberla atado con el llamado “nudo de Heracles” —la varita de Hermes es símbolo de este tipo de unión— se apareó con ella... E incluso que se apareó con Perséfona, su hija, tras haberla violado también a ella bajo la forma de una serpiente, y que tuvo de ella un hijo, Dioniso... No es extraño, pues, que inventen historias sobre nosotros como las que cuentan acerca de sus propios dioses. Pues presentan los sufrimientos de sus dioses como misterios. Sería preciso que ellos, si estaban dispuestos a considerar terribles las uniones promiscuas y licenciosas, odiaran a Zeus (que tuvo hijos de su madre, Rea, y de su hija, Core, teniendo así como esposa a su propia hermana) o a su poeta Orfeo el creador de estas historias, porque hizo a Zeus más impío y abominable que Tiestes.

En otro fragmento de esta misma obra, 20, 1 (134 Pouderon), Atenágoras señaló:

...Dicen que la hija de Zeus, a la que había engendrado de su madre Rea o también Deméter tenía dos ojos en su sitio natural y dos más en la frente, y la cara de un animal por la parte de atrás de su cuello, y que tenía cuernos, razón por la cual Rea, asustada del monstruoso aspecto de su hija, huyó y no le ofreció el pecho, por lo que es llamada en el lenguaje místico Atela, pero comúnmente Perséfona y Core (la muchacha), aunque no es la misma que Atenea, a la que se le llama así porque es una doncella.

En esta teogonía podemos encontrar elementos y personajes comunes con las anteriores, pero también hallamos elementos novedosos. Vemos que en este relato, como en las demás cosmogonías, aparecen temas recurrentes: el origen divino mediante generación espontánea, o bien mediante la unión sexual, el enfrentamiento entre las distintas generaciones de dioses, la castración... Entre los elementos novedosos encontramos el agua como materia primigenia. El hecho de considerar al agua como elemento primigenio, nos revela que en esta teogonía, hay cierto influjo del pensamiento filosófico griego; debemos recordar que para el estudioso Tales de Mileto, el agua era el origen de todo. Así el agua no es entendida únicamente como un ser primordial divino, sino como un elemento primordial.
Otro aspecto que parece innovador es la unión de Zeus con su madre y con su hija. Por otro lado, también nos llama la atención que, frente a la Teogonía de Hesíodo, donde vivíamos bajo el mundo de Zeus, en esta teogonía órfica, vivimos bajo el de Dioniso.
Finalmente es interesante la presentación de Tiempo como un ser monstruoso con todos los rasgos animales, y lo mismo sucede con la hija de Zeus y Rea: Core. Esta presentación como “monstruos” se puede explicar por el hecho de que fue difícil para los griegos comprender a un ser sin cuerpo, de ahí que todos los seres míticos que aparecen en el origen del mundo o antes de que el mundo esté ordenado tal y como lo conocemos, apareciesen con formas mixtas.
Por último, nos encontramos con la teogonía de las “Rapsodias” ubicada en torno al siglo I a.C. y que se nutre de todas las cosmogonías anteriores. Esta teogonía es la única que aún se conservaba en época de Damascio; según sabemos, este autor en el siglo V d.C. pudo leer una obra titulada Rapsodias de Orfeo. En esta teogonía podemos apreciar elementos bastante comunes y antiguos que recuerdan a la teogonía de Hesíodo, al lado de otros elementos más innovadores. En este relato del origen del mundo, la Noche no nació, sino que era la condición inicial del mundo primitivo. Dentro de esa Noche primigenia, se formaron el tiempo (Crono) y después aparecieron Caos y Éter, de los que posteriormente surgieron el Cielo y la Tierra. El Tiempo creó en este medio un huevo cósmico. De ese huevo original surgió el primero de todos los dioses: Eros, conocido también como “Phanes”. Este dios primigenio fue el creador del resto de las divinidades y del mundo. Crono tuvo un hijo, Zeus quien derrotó a su padre, emborrachándolo con hidromiel. Después, Zeus, devoró a “Phanes” y a toda la creación, tras lo cual creó un nuevo mundo, que fue producido de forma ordenada.
A continuación, esta teogonía nos relata el nacimiento y la historia de Dioniso. Zeus cedió el poder a Dioniso, cuando todavía era un niño, pero murió a manos de los Titanes. Sin embargo, su corazón todavía palpitante, fue recogido por Atenea y ofrecido a Semele para que lo comiese. Así es cómo Semele quedó embarazada de Dioniso, pero ésta murió quemada por su condición de mortal al unirse a Zeus. Zeus pudo recuperar el feto, que después nació de su muslo. Dioniso fue entregado a una divinidad del campo para que lo protegiese. Finalmente, los Titanes fueron destruidos por Zeus con su rayo y de sus pedazos aparecieron los primeros seres humanos.

La teogonía de las Rapsodias, como hemos apuntado anteriormente, adopta elementos de las teogonías anteriores, tanto de las denominadas de la “Noche”, como de las conocidas como “teogonías del huevo”. Por tanto, en ella encontramos detalles que resultan bastante antiguos, y que recuerdan en ocasiones a la teogonía de Hesíodo, junto con otros elementos novedosos. Una idea que recuerda a otras teogonías, es la de la dualidad en el origen de los dioses: por un lado, la generación espontánea, y, por otro, la relación sexual.
Otro detalle que resulta arcaico, es la derrota de Crono por su hijo, Zeus. También resulta recurrente el tema de la lucha entre dioses, por ejemplo: Zeus contra los Titanes. Sin embargo, hay algunos elementos innovadores, como la historia de Dioniso. Su nacimiento a partir del muslo de Zeus es sorprendente, si bien es cierto que ya antes Atenea había nacido a partir de la cabeza del rey de los dioses olímpicos.
También es novedoso el hecho de que Zeus no sólo devore a Phanes, sino también a la creación. Si lo examinamos atentamente, ya en la teogonía de Hesíodo, Zeus había devorado a su esposa Metis para poner fin a cualquier posible intención sucesoria de su prole, con lo cual no es extraño que pueda devorar a Eros. Sin embargo, en esta ocasión hay un simbolismo y una intención que va más allá de la cuestión sucesoria. En la teogonía de las Rapsodias, se quiere convertir al dios que gobierna el mundo en su dios creador, por lo cual Zeus devora la creación y produce un mundo nuevo ordenado.
Debemos citar, para concluir, a dos autores clásicos, Aristófanes y Eurípides, en cuyas obras subyacen restos de una antigua teogonía órfica en la que aparece un huevo, tal vez la más antigua. La obra de Aristófanes (450-385 a.C.), titulada Aves, resulta ser una fuente indirecta muy interesante para conocer esta cosmogonía. Sin embargo, debemos tener presente que esta obra es una comedia, cuya estructura imita a las antiguas teogonías, con la finalidad de justificar, en tono de humor, la mayor antigüedad de las aves respecto al ser humano.
Así, parodiando a las antiguas cosmogonías, aparecen detalles que pueden recordar a los relatos órficos, como la aparición de un “huevo cósmico” y la posterior formación de Eros dentro del mismo. Estos elementos los podemos apreciar en el siguiente fragmento de Aves 694-696:

Y de Erebo en el regazo ilimitado
engendra lo primero un huevo huero Noche de alas negras,
del que, con el transcurso de las estaciones, nació Eros el deseado,
de espalda refulgente por su par de alas de oro, parejo a torbellinos raudos como el viento.

Por otro lado, tenemos la escasa información que nos ofrece Eurípides (480-406 a.C.) en su obra Hipsípila.
Desgraciadamente el fragmento se halla en un estado de conservación penoso y el papiro sobre el que fue escrito está bastante deteriorado, por lo cual en algunas frases solamente se pueden leer palabras inconexas. A pesar de ello, lo que Eurípides nos transmite en su obra se asemeja bastante a la idea de Aristófanes, como podemos ver en Hipsípila, 1103 ss (111, 20 Cockle):

“Soberana de los dioses, ...
una luz nunca vista ...
al (en el) éter el Primogénito ...
quiso Eros, cuando Noche(?) ...
crió, entonces ...
de los dioses nacido?

La idea del Primogénito aparecía en la teogonía de Jerónimo y Helanico y también Eros es mencionado en otras teogonías órficas como la de las “Rapsodias”. Para finalizar, es bueno señalar que tanto la obra de Aristófanes, como la de Eurípides, nos remiten a una cosmogonía órfica antigua y responden a la misma tradición que la Teogonía de Jerónimo y Helanico o las Rapsodias.

(Si este artículo ha sido de tu agrado, compártelo con tus amistades pulsando el botón “Me gusta”, enviándolo por e-mail a tus amistades, o compartiendo el enlace mediante Facebook, Twitter o Google+. Hacerlo es fácil, utilizando los botones inferiores a este artículo. Ah, se toman muy en cuenta y responden todos los comentarios. Gracias)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El origen del mundo en la civilización azteca

Breve repaso sobre una de las cosmogonías más elaboradas y fascinantes de la América precolombina.

Autor. Anónimo.
Fuente: Recursos Educativos de Sistema de Educación Boliviana.

En la zona geográfica que corresponde a la mitad sur del México actual, se desarrolló una gran actividad cultural desde unos 2000 años a. C. En esta región habitaron diversos pueblos, algunos de los cuales nos han dejado muestra de su floreciente cultura, como es el caso de los restos arqueológicos de la ciudad de Teotihuacán, ya deshabitada cuando llegaron los españoles. En la meseta central mexicana desde finales del siglo VII hasta mediados del siglo XII, se desarrolló la cultura tolteca que llegó a fusionarse con la maya en su expansión hasta el Yucatán. En este marco geográfico, más concretamente en las orillas e islas del lago Texcoco, se desarrolló la civilización azteca, una de las civilizaciones mejor conocidas de la América precolombina y la unidad política más importante de toda Mesoamérica cuando llegaron los españoles. Los aztecas son herederos de la tradición cultural de los toltecas, que sirven de nexo entre la cultura azteca y la maya.
Los aztecas, que se hacían llamar a sí mismos “mexicas”, llegaron del norte y se asentaron en la cuenca del Texcoco a mediados del siglo XII, fundando su capital, Tenochtitlán, en 1325. La palabra “azteca” tiene su origen en una legendaria tierra del norte llamada “Aztlán”. Según cuenta la leyenda, los aztecas abandonaron esta mítica Aztlán, por orden de los dioses y debían instalarse allí donde encontrasen un águila devorando a una serpiente.
El azteca fue un pueblo que mediante alianzas militares con otros grupos y poblaciones conoció una rápida expansión y dominó el área central y sur del actual México entre los siglos XIV y XVI, si bien es cierto que en un primer momento tras su llegada, tuvo que enfrentarse a otros pueblos ya asentados en la zona. Tras la muerte de Moctezuma II en el 1520, se puso de manifiesto la debilidad de este gran imperio, derivada de aquella rápida expansión: no podían controlar aquel vasto territorio; las divisiones internas entre provincias y las tensiones y ambiciones independentistas de algunos pueblos, facilitó a los españoles, dirigidos por Hernán Cortés, la conquista de este gran imperio, que culminó en 1521.
Los aztecas se asentaron sobre un rico espacio lacustre que les ofrecía grandes pasibilidades para el desarrollo de la agricultura, la pesca y el comercio. La economía azteca fue principalmente agrícola (cultivo de maíz y frijoles), destacando la técnica conocida como “chinampas”, dentro de la cual se diferenciaba la de tierra firme de la de pantano. Con esta técnica, se explotaba el suelo cenagoso permanentemente fértil y húmedo y se obtenía una productividad muy elevada. Esta agricultura intensiva se combinaba con la ganadería, la caza y la pesca en el lago, y un importante comercio, a corta y a larga distancia. Con respecto al sistema de tenencia y explotación de la tierra, el pueblo azteca desarrolló una estructura compleja en la cual se podía distinguir la tierra asignada a los llamados “calpulli” (las unidades básicas de organización de la sociedad azteca), que a su vez realizaban el reparto entre las familias de no privilegiados; por otro lado, las tierras de los elementos privilegiados de la sociedad, trabajadas por braceros y esclavos.
Otro grupo lo integraban las tierras destinadas a fines públicos: mantenimiento de la administración, del templo, del gobernante y del ejército. Un concepto muy interesante, tanto desde el punto de vista económico, como desde el punto de vista político, fue el “tributo”, pagado a los aztecas por los pueblos sometidos a su dominio. Al no conocer la moneda, este tributo era pagado, por así decirlo, en especie y servía para abastecer a la capital azteca de productos básicos, materias primas y manufacturas. Por otro lado, este tributo formaba parte de la redistribución de bienes, ya que parte de dicho tributo era destinado al mantenimiento de la administración, otra parte revertía en los elementos privilegiados de la sociedad y cierta cantidad se reservaba para su almacenamiento.
La estructura de la sociedad mexica está caracterizada por su complejidad, recordando, hasta cierto punto, a la estructura feudal que en aquellos momentos se conocía en el Viejo Mundo. Para empezar, la primera separación hacia referencia a la condición de privilegiados, o “pipiltzin” (no tenían que pagar tributo y acapararon tierras y cargos) y no privilegiados, o “macehualtín” (tenían que pagar tributos). Dentro del primer grupo, se podían diferenciar varios subgrupos y a la cabeza de ellos se encontraba el supremo gobernante azteca: “Huey Tlatoani”, cuya residencia estaba en Tenochtitlán. Al servicio de este gobernante se hallaba una élite de pipiltzin directamente vinculada con él. Al mando de las ciudades se encontraban los llamados “tlatoani”. Finalmente estaban los pipiltzin de menor categoría. Los “macehualtín” eran organizados en calpulli. Pero no todos los no privilegiados quedaron ordenados en estas unidades, por ejemplo los comerciantes de larga distancia, llamados “pochteca” que, sin ser privilegiados, contaron con estatutos particulares, cultos propios y espacios diferenciados de residencia o los “mayeque” o braceros. El escalón más inferior en la sociedad azteca lo ocupaban los esclavos.
También la estructura política ofrece una complejidad propia de una administración evolucionada, en la que, sin embargo, perviven elementos de la antigua sociedad nómada (calpulli con el calpullec al mando). Al frente del gobierno estaba el emperador azteca, el “Huey Tlatoani”, el último de los cuales fue Moctezuma. También sabemos de la existencia de consejos, como el llamado “Consejo de los Cuatro”, formado por destacados pipiltzin encargados de elegir al sucesor, y otra serie de consejos especializados. La unidad política del área del lago Texcoco se consolidó tras la alianza de los tres grandes reinos: Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán que dominaban amplias zonas y de los que dependían otros núcleos menores.
La complejidad y la riqueza en la estructura política, social y económica de la civilización azteca, fue acompañada de un espléndido desarrollo cultural. En concreto, la concepción mesiánica que tenían los aztecas de sí mismos y su concepción cíclica del tiempo, marcaron la vida cultural y religiosa de este pueblo, así como su vida diaria y su concepción cosmogónica.

LA VISIÓN COSMOGÓNICA DE LOS AZTECAS.
LA CULTURA Y LA RELIGIÓN AZTECAS.
Los aztecas recogen la tradición cultural mesoamericana y su arte, su ciencia y su panteón divino van a caracterizarse por su sincretismo. En primer lugar destaca su escritura compuesta por caracteres ideográficos, algunos numerales y glifos fonéticos. Si bien es cierto que su escritura no logró superar a la desarrollada por los mayas, ésta les sirvió para administrar a su imperio. El arte mexica es la culminación de las manifestaciones artísticas de la tradición mesoamericana, con una gran estatuaria, una importante pintura mural y unos elaborados mosaicos. Destaca el arte de la plumaria, del cual, dado el carácter perecedero del material, no conservamos muestra alguna.
En cuanto al desarrollo científico, el pueblo azteca destacó en medicina y farmacopea; es de suponer que una cultura tan vinculada a las prácticas guerreras contase con eficaces curas para los traumatismos. También destacaron en la astronomía, la base de su calendario, herencia de la cultura maya. Emplearon el calendario de 365 días y el de 260, utilizando además, la “rueda calendárica” de 52 años. Los aztecas tenían una concepción cíclica del tiempo, por lo cual consideraban que se podía predecir, de ahí la importancia de la observación astronómica y del calendario. La observación de los astros fue tan importante que esta prestigiosa tarea fue una obligación del Huey Tlatoani.
La educación fue importante, sobre todo, en lo que se refiere a la formación de los pipiltzin, marcada por su carácter obligatorio y su dureza. La enseñanza de los nobles, desarrollada en escuelas especializadas (calmécac), se diferenciaba de la que recibían los macehualtín, los no privilegiados. La formación de la élite debía ser más completa, ya que eran ellos los que ocuparían cargos importantes en el ejército y en la administración; eran formados en derecho, historia, astronomía, religión..., pero también en poesía y canto. Era un pueblo orientado hacia la guerra, preocupado por que los jóvenes fuesen formados en una serie de conocimientos y prácticas, y en un sentimiento de unión entre ellos. Existieron órdenes militares entre los aztecas, como las llamadas “Hombres Valientes”, “Caballeros del Sol”; y también los no privilegiados tenían sus propias órdenes como la conocida como “Nobles Águila”.
La importancia de la guerra está vinculada con la concepción mesiánica que los mexica tenían sobre sí mismos. Consideraban que ellos eran el pueblo elegido para mantener con vida al Sol; Sol que únicamente podía alimentarse con un elemento que se hallaba exclusivamente en la sangre de las madres muertas en el parto, la sangre de guerreros muertos en combate y la sangre de prisioneros sacrificados en el altar mayor. Así, las actividades bélicas estaban ampliamente justificadas desde el punto de vista práctico-religioso.
Los sacrificios humanos, realizados siguiendo un solemne ritual, eran fundamentales para los mexicas. Se desarrollaban en la “Piedra de los Sacrificios” del templo, donde cuatro sacerdotes sujetaban al prisionero y le extraían el corazón, para después cortarle la cabeza. El corazón se guardaba en un recipiente especial, mientras que el cuerpo era arrojado por las escaleras abajo y el guerrero que capturó al prisionero tenía derecho a celebrar con él un banquete.
Esta religión, que tenía como preocupación principal el mantenimiento del Sol mediante el sacrificio, contó con un panteón enorme compuesto por sus propios dioses, por deidades que fueron asimilando en su marcha desde norte hasta el lago Texcoco y divinidades de pueblos conquistados. Además los aztecas tenían un dios para cada actividad y cada calpulli. A este variado panteón, debemos añadir el hecho de que eran dioses de carácter cambiante, asociados a colores y con posibilidad de multiplicarse. De todas estas divinidades, la más importante fue Hiutzilopochtli, el dios del sol y la guerra, que tenía su antítesis en Telcatlipoca, concebido como un dios oscuro, lo cual pone de manifiesto la dualidad existente en la religión azteca. También fueron importantes Tlaloc, dios de la lluvia, y Quetzalcoalt.
Quetzalcoatl era un dios antiguo, anterior a los mexicas, del que hay diversas versiones. Para algunos era el dios creador del hombre, mientras que para otros fue un dios civilizador, identificándolo con Prometeo. El mito de Quetzalcoalt es muy interesante para entender la reacción de los aztecas ante la llegada de los conquistadores. Este dios también es conocido como el dios del viento bajo el nombre de Ehecatl, que es una de sus formas, y otra de sus formas es la de dios del agua y dios de la fertilidad. Quetzalcoatl es considerado hijo de la diosa virgen Coatlique y hermano gemelo del dios Xolotl. Como introductor de la cultura, él trajo al hombre la agricultura y el calendario, y es patrón de las artes y de los oficios.
En un mito azteca el dios Quetazalcoatl permitió ser seducido por Tezcatlipoca, pero se arrojó a sí mismo a una pira funeraria lleno de arrepentimiento. Tras su muerte su corazón se convirtió en el lucero de la mañana, y como tal es vinculado con la divinidad Tlahuizcalpantecutli. En cualquier caso, este dios, descrito como un ser de rostro blanco y barbado, era un dios pacífico y civilizador, opuesto a los sacrificios humanos, que intentó detener esta práctica ritual. Al fracasar en su propósito, emigró hacia el este, prometiendo que un día regresaría en un año determinado de la cuenta azteca. Esto afectó en la actitud de los aztecas antes la llegada de los primeros españoles (Hernán Cortés).
Cuando llegó Hernán Cortés, Moctezuma lo confundió con el dios Quetzalcoatl, por su rostro blanco y su barba; pero, además, la llegada de los conquistadores coincidió con el año en que Quetzalcoatl había prometido volver, lo cual hace entender la terrible confusión de los aztecas, que pronto se percataron de que aquellos extranjeros no eran dioses. Después, los aztecas le convirtieron en un dios símbolo de la muerte y la resurrección y en el patrono de los sacerdotes. El sacerdote mayor era llamado Quetzalcoatl también. El culto a Quetzalcoatl se extendió por muchas ciudades y pueblos mesoamericanos: Tula (capital Tolteca), Cholula, Tenochtitlán o Chichén Itzá.

LOS MITOS COSMOGÓNICOS AZTECAS.
LOS CINCO SOLES.
Según los aztecas el supremo creador de todo fue el dios Ometecuhlti que, junto a su esposa Omecihuatl, creó toda la vida sobre la tierra. En otras versiones, esa pareja creadora original, se reduce a una sola divinidad llamada Ometeotl que adquiere una doble vertiente, por un lado la masculina, Ometecuhtli, y, por otro, la femenina, Omecihuatl. Así, este dios, que aparece como un dios del fuego y como el dios supremo del panteón azteca, es una divinidad andrógina. No recibió culto formal ni tampoco contó un centro de culto, pero estaba presente en cada ritual y en todas las elementos de este mundo. Esa pareja cósmica, o ese dios andrógino, dio a luz a los cuatro dioses que más tarde crearían cada uno de los soles y más tarde tuvo otras 1.600 divinidades más. Según la mitología azteca antes de nuestro sol, que es el quinto, existieron otros cuatro. Para los aztecas vivíamos, por tanto, en la quinta creación, o en la quinta era.
Volviendo a la pareja original y a su descendencia, la leyenda mexica señalaba que cada uno de esos dioses creadores luchaba por la supremacía en el mundo, empleando cada uno su propia fuerza cósmica: tierra, fuego, viento o agua. Mientras esas fuerzas se mantuvieran en equilibrio, el mundo estaba en orden y podía existir la era de un sol; sin embargo, si se producía un desequilibrio cósmico, ese sol, junto con la Tierra y los seres humanos de esa era, perecerían. El primero de esos cinco soles fue el creado por el dios Tezcatlipoca, que era el dios de la Tierra. Sin embargo, su creación fue algo imperfecta, ya que los seres humanos aparecieron con forma de gigantes y en vez de un sol completo, se formó medio sol. Aquellos gigantes seres humanos, se vieron obligados a sobrevivir solamente con bellotas y piñones. A consecuencia de esta pésima alimentación, los humanos crecieron poco y débiles. En un momento determinado de esa era, los jaguares devoraron al medio sol existente y, ayudados por la oscuridad, fueron destruyendo y asesinando a los seres humanos gigantes.
El segundo de esos soles fue creado por el dios Quetzalcoatl, dios del Viento. Bajo este sol, los humanos se alimentaron con semillas de árboles, que todavía eran insuficientes para fortalecer a los hombres, que debían sobrevivir a los fuertes vientos. Los tremendos huracanes en ocasiones arrojaban a los seres humanos lejos. A pesar de ello, algunos humanos lograron sobrevivir al ser capaces de transformarse en monos
Tlaloc, que era el dios del Fuego en la mitología azteca, creó el tercer sol. Durante la era del tercer sol, los seres humanos hambrientos vivían de cereales. En este mundo, fueron los tremendos volcanes los que provocaron las desgracias. Enormes volcanes hacían erupción y las cenizas caían desde el cielo, consumiendo y enterrando el mundo. Sin embargo algunos hombres sobrevivieron al convertirse en pájaros que podían escapar a aquellas destructivas erupciones.
Chalchiuhtlique, la diosa del Agua azteca, fue la encargada de la creación del cuarto sol. Los seres humanos de esta creación intentaron sobrevivir con una semilla conocida con el nombre de acicintli, pero ésta no era comida suficiente para los humanos, que tenían que enfrentarse a enormes inundaciones. El agua emergió del centro de la Tierra provocando una tremenda catástrofe en el mundo. Algunos seres humanos lograron sobrevivir a esta catástrofe convirtiéndose en peces.
Todas las creaciones anteriores habían sido destruidas por una catástrofe, y con ella habían desaparecido los soles, las tierras y los seres humanos de cada una de esas eras. Entonces los dioses se dieron cuenta de que la existencia del quinto sol solamente sería posible con el sacrificio de otro dios. Así, los dioses decidieron levantar una enorme pira con ardiente fuego, si bien ninguno de ellos se atrevía a sacrificarse. Finalmente la decisión recayó en dos divinidades creadas por el supremo Ometeotl: los dioses Nanahuatl y Teucciztecatl. Éste último hizo hasta cuatro intentos para arrojarse al fuego, sin embargo, no tenía el suficiente valor y fue Nanahuatl, lleno de valentía, el primero en sacrificarse. Teucciztecatl consiguió reunir el suficiente coraje y finalmente siguió a Nanahuatl en el sacrificio. Nanahuatl se transformó en un sol resplandeciente, que ninguno de los dioses podía mirar directamente, mientras que su compañero se convirtió en la luna. El resto de los dioses se percató de que Nanahuatl no se alzaría en el firmamento hasta que no recibiese alimento necesario, es decir: los corazones para comer y la sangre para beber, de otros dioses sacrificados.
Tras el enfrentamiento entre Nanahuatl y la Estrella Matutina, que se enfadó ante la idea del sacrificio, este último dios que era el más feroz de los 1.600 dioses, fue derrotado. Entonces todas esas divinidades, las 1.600, decidieron sacrificarse para dar alimento a este quinto sol, tras lo cual Nanahuatl, se alzó desde el este. Esos dioses se sacrificaron, ofreciendo su sangre para dar vida a este quinto Sol, pero Huitzilopochtli tuvo que luchar con las tinieblas para poder expulsarlas del mundo y esa lucha dio origen a las estrellas. En otras versiones, se cuenta que esos dioses se fueron arrojando uno tras otro a ese fuego legendario, hasta transformarse en los astros que componen el firmamento.
Los aztecas se creían a sí mismos como el pueblo elegido para mantener al sol con vida, sin su ayuda este quinto sol, terminado un ciclo de 52 años, no volvería a salir. Para este pueblo la sangre es un elemento fundamental, que del mismo modo que mantiene vivo al ser humano, también puede dar vida al actual sol, llamado Hiutzilopochtli.
Por otro lado, este pueblo creía que igual que los cuatro soles anteriores, Hiutzilopochtli también podía desaparecer en un cataclismo y consideraban, además, que el mundo tal y como lo conocían, sería destruido en un gran terremoto, al final de un ciclo de la rueda calendárica de 52 años. Para mantenerlo vivo le proporcionaban como alimento un componente que sólo se encontraba en la sangre de las madres muertas en el parto, de los guerreros muertos en combate y de los prisioneros sacrificados.

LA ESTRUCTURA DEL UNIVERSO Y LA TIERRA.
A pesar de esa continua destrucción y reordenación del Mundo, para los aztecas el Universo se mantiene con una estructura permanente e intacta a lo largo de esas cinco creaciones. La estructura básica del Universo mexica se compone de tres partes: el cielo, la tierra y el inframundo. Los seres humanos vivimos en la Tierra, que es como un enorme disco situado en el centro del Universo. Rodeando a la Tierra hay un anillo de agua que conecta a la Tierra con el Cielo. El Cielo estaba estructurado, según la cosmovisión azteca, en forma piramidal compuesta por trece niveles; trece cielos que sirven de morada a los dioses. Los primeros cuatro niveles constituían el llamado Teteocán, que estaba ocupado por las tormentas, el sol, el firmamento, las estrellas, la luna, etc. Los siguientes niveles del Cielo se conocían con el nombre de Ilhuicatl, donde se encontraban el Dios Rojo del Fuego, el lugar del Dios de la Estrella Blanca del Atardecer y el Dios Amarillo del Sol. El último nivel del Cielo, el más elevado, lo ocupaba el dios Ometecuhlti, el supremo creador de todo.
Por debajo de la Tierra se encontraba el inframundo, que también se componía de varios niveles, pero de número inferior al Cielo. En total eran nueve los inframundos y eran conocidos con el nombre de Mictlán, el lugar de los muertos. En el nivel inferior vivía el dios Mictlanteutli, que era el Dios de la Muerte. La lucha a través de esos inframundos hasta llegar al último, era angustiosa y muy costosa y el sufrimiento se sucedía continuamente hasta llegar al noveno nivel, donde uno podía descansar para siempre junto a Mictlanteutli, también encontrado como Mectlatecuhtli. Sin embargo, los aztecas también consideraban la posibilidad de ir al cielo cuando uno moría. Así, por ejemplo, cuando una madre moría en el parto o un guerrero moría en la batalla, podía ir al Tlalocán, el primer nivel del Cielo.
La Tierra por su parte, fue creada por los dioses inspirándose en el primitivo monstruo marino llamado Cipactli, con cuerpo de cocodrilo y de pez; así, la Tierra fue concebida por la mitología azteca como un enorme cocodrilo que flotaba sobre el mar original. Las esquinas de ese cocodrilo creado por los dioses fueron estirándose hacia arriba hasta poder sujetar el cielo.
Con respecto a la creación de los seres humanos en esta quinta era, los aztecas atribuyeron esta labor al dios Quetzalcoatl. Como ya hemos señalado anteriormente, este dios es una de las divinidades principales entre los aztecas, los toltecas y otros pueblos mesoamericanos. Aparece como el dios del cielo y también es creador y es el sabio legislador. Quetzalcoatl organizó el cosmos original y participó en la creación y construcción de los mundos de los distintos periodos. Según cuenta la legenda, este dios descendió al Mictlán, el inframundo, y allí recogió los huesos de los seres humanos de los períodos precedentes. A su vuelta, él esparció su propia sangre sobre estos huesos para convertirlos en los seres humanos de esta quinta era. Quetzalcoatl gobierna el ciclo del quinto mundo y es quien creó en él a los humanos.

EL MITO DE COATLIQUE.
Para conocer la concepción cosmogónica azteca es necesario narrar brevemente el mito de la diosa Coatlique, que aunque no describe una cosmogonía exactamente, sí contiene temas y elementos que nos ayudan a entender la concepción azteca del Mundo. Coatlique, cuyo nombre significa “La Señora de la Falda de Serpientes”, era la diosa Tierra de la vida y la muerte en la mitología azteca. Su apariencia era algo horrible; representada como una mujer extraña con una falda de serpientes y con un collar de corazones de las víctimas de los sacrificios. Esta diosa, sedienta de sacrificios, tenía los senos flácidos y afiladas garras en pies y manos.
Según cuenta la leyenda, Coatlique fue fecundada en primer lugar por un cuchillo de obsidiana y, a raíz de este embarazo, dio a luz a la diosa Coyolxanuhqui, conocida con el nombre de “Campanas Doradas” y a un grupo de vástagos que se convirtieron en estrellas. La diosa Coyolxanuhqui era identificada con la luna y estaba asociaba con un grupo de 400 deidades-estrella, conocidas con el nombre de Huitznauna, que se encontraban bajo su control. Además esta divinidad asociada a la luna, tenía poderes mágicos con los que podía provocar importantes daños.
Después Coatlique volvió a quedar embarazada por una bola de plumas. Encontramos distintas versiones sobre el encuentro de Coatlique con esta bola. Según una de las interpretaciones, la diosa encontró esa bola mientras estaba en su templo y esa bola tocó su pecho. En otras versiones, Coatlique recogió la bola de plumas y la guardó en su pecho; más tarde cuando fue a buscarla, ya no la encontró y, al mismo tiempo, se percató de que había quedado nuevamente embarazada. Coatlique se dispuso entonces a contar a su prole lo sucedido, pero ese misterioso embarazo ofendió a sus hijos, que consideraron la historia de su madre del todo increíble. Según marcaba la tradición, una diosa únicamente podía dar a luz en una sola ocasión; esa ocasión en la que daba vida a la auténtica y original descendencia divina y nunca más.
Así Coyolxanuhqui y sus hermanos consideraron aquel embarazo como un ultraje y, encabezados por Coyolxanuhqui, decidieron matar a su propia madre. Durante el embarazo Coyolxanuhqui decapitó a su madre, ayudada por sus hermanos. Sin embargo, de forma inmediata el feroz dios Huitzilopochtli, que se encontraba en el vientre de su madre Coatlique, apareció armado y con ayuda de una serpiente de fuego, asesinó a muchos de sus hermanos y hermanas. Los cuerpos de los hermanos se transformaron en estrellas. Mientras que Huitzilopochtli en un ataque de furia decapitó a Coyolxanuhqui y lanzo su cabeza al cielo, donde se convirtió en la luna; su cuerpo, lo arrojó a una profunda garganta en una montaña, donde su cuerpo yace para siempre.
Como podemos apreciar, en los mitos aztecas hay algunos elementos comunes con otros relatos cosmogónicos, que enlazan el sistema de creencias mexica con otras culturas alejadas de la civilización azteca. En primer lugar, la construcción y ordenación del mundo en varias fases es una característica común en muchas cosmogonías, por ejemplo el mito chino del “Huevo Cósmico”, sin embargo resulta novedosa la concepción azteca de que han existido cuatro creaciones, cuatro mundos anteriores al nuestro, que finalizaron catastróficamente.
Por otro lado, la intervención divina es un elemento fundamental para explicar el origen y el orden del Mundo, como sucede en otras muchas cosmogonías (la cristiana o la griega, por ejemplo), ya que sin esa acción divina el Universo no existiría. En el caso azteca es el sacrificio de varios dioses lo que permite la formación de nuestro mundo, el quinto. El sacrificio de un dios, o dioses, para la creación del mundo es un tema que encontramos, por ejemplo en la mitología china (dios P'an-Ku).
Otro aspecto que el mito azteca tiene en común con otros relatos cosmogónicos, es la aparición del ser humano en una de esas fases, también por obra de un dios, que en el mito mexica es Quetzalcoatl. Tampoco debemos olvidar el tema del conflicto entre varias generaciones de dioses o entre distintos dioses, tan importante en las teogonías griegas, donde Urano es derrotado por su hijo Crono y Crono, a su vez, es vencido por Zeus. En la cosmogonía azteca este conflicto está representado por el mito de Coatlique que es decapitada por su propia hija Coyolxanuhqui, la luna, quien fue igualmente decapitada por su hermano Huitzilopochtli, el dio sol. Finalmente, también podemos apuntar otro elemento frecuente en otras teogonías: la fecundación espontánea, sin unión sexual por la cual la diosa Coatlique quedó embarazada, primero por un cuchillo y luego por una bola de plumas.

(Si este artículo ha sido de tu agrado, compártelo con tus amistades pulsando el botón “Me gusta”, enviándolo por e-mail a tus amistades, o compartiendo el enlace mediante Facebook, Twitter o Google+. Hacerlo es fácil, utilizando los botones inferiores a este artículo. Ah, se toman muy en cuenta y responden todos los comentarios. Gracias)