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miércoles, 20 de mayo de 2015

Quo vadis, Venezuela…?

Parece una broma de mal gusto que un país con tantas potencialidades y riquezas naturales tenga hoy la población con uno de los niveles de vida y bienestar más deficientes y vulnerables de Latinoamérica y el mundo.

It seems a joke in poor taste that a country with so many potentialities and natural wealth has today the population with one of the levels of life and faultier and more vulnerable well-being of Latin America and the World.

Talvez no has leído todavía:

El tabú bolivarista.

El primer presidente argentino era boliviano de nacimiento.

Cualquier precio por un Me Gusta.

En nombre de Dios.

La industria del disparate.


Yo y mis opiniones de miércoles…

Antes de la década de los 70 uno podía imaginarse a Venezuela como un país con llanuras inmensas, pastizales y granjas lecheras, hombres a caballo, mujeres de bellos vestidos largos y niños llaneros que desde temprana edad viven la alegría de la naturaleza en sus ojos y su alma. Del petróleo talvez no se hablaba mucho en esa época; quizás sólo de algunos pozos que entorpecían el ensoñador paisaje del Maracaibo.

Eso sí: Venezuela, cuna del romántico y atrevido Bolívar, que luego de su azarosa iniciación libertaria cabalgó “deshaciendo entuertos” (coloniales) desde la ribera de su Orinoco hasta la cumbre del Potosí Imperial, cuna de Sucre, el soldado-filósofo que luego de Ayacucho brilló tanto como su mentor, y también sucumbió traicionado casi como él. También cuna del gigante Andrés Bello y de varios otros ilustres cuya vida y obra sería largo reseñar brevemente siquiera.

Luego, pasada la guerra del Iom Kipur, podía uno pensar en Venezuela como la Arabia Saudita de Latinoamérica, país señor de los petrodólares, envidia (sana) de sus hermanos sudamericanos; país de reinas mundiales de belleza y, añadiendo a sus encantos paisajísticos, potencialidades productivas y el optimismo casi infinito de su gente, país de posibilidades torrenciales cual Arauca Vibrador, para apuntalar su progreso y entrada, a “paso de corcel llanero” al Primer Mundo.

Pero,,, Qué anomalía histórica o socioeconómica impidió, y lo sigue haciendo al parecer con mayor ominosidad cada día, que este país que virtualmente lo tiene todo, sea hoy un doloroso ejemplo de que a veces se puede caer en la infelicidad a pesar de tenerlo todo para precisamente lo contrario?

Teniendo Venezuela todo lo que tenía, y tiene todavía, para ser un país próspero, es dolorosamente incomprensible que su población esté al borde del desencanto, y que la pobreza, en algunos casos extrema, sea el fantasma de cada día.

Y no es que sólo la época desarrollista, neoliberal para gusto de los postmarxistas ataviados de populismo, lo haya hecho mal; como van los acontecimientos y cadena de desafortunado desgobierno, tan lleno de retórica, buenas intenciones y errores, todo en proporciones iguales, también el neosocialismo parece estarlo haciendo tan mal, escandalosamente tanto que uno se pregunta qué época resulta más nefasta que la otra. Sólo la historia lo dirá.

Pero entretanto… qué es de Venezuela, la hermosa caída en inocultable infortunio…?

País con lagos de petróleo debajo de su gran lago, pero que debe racionar energía para no colapsar su languideciente dinámica urbana y medio-productiva.

País con llanuras y sabanas que Dinamarca, Holanda y Nueva Zelanda envidiarían, pero en cuyos hogares la leche es un artículo de lujo, cada vez más escaso.

País que puede enviar al mundo, luego de literalmente atiborrar a su propia población con carne, vegetales, frutas y más delicias alimentarias, pero que tiene a su gente haciendo fila por un poco de pollo, conservas y… papel higiénico… (…!).

País que puede arrebatar el turismo a sus vecinos con sus ciudades históricas, museos irrepetibles, paisajes fascinantes, folklore sin igual, maravillas medioambientales, calles llenas de sonrisas y playas envidiables, pero que figura en las estadísticas mundiales de inseguridad disuasiva para el turismo.

Todo ello, sin contar otras desventuras que asolan hoy, a la segunda década del tercer milenio, a este país que lo tiene todo para tenerlo todo, pero que parece estarse quedando sin nada.

Quo vadis Venezuela, la hermana latinoamericana que debiendo ser luz de libertad y gozo, como te soñaron tus próceres, ahora te debates entre los desaciertos de tus malos hijos? Porque sólo así se explica tu infortunio. Porque tuviste épocas malas pero pudiste prevalecer; y ahora no sólo te amenaza la debacle material sino también la desesperanza, que es peor que lo primero.

Quo vadis Venezuela, que la mayoría de tu gente lucha por sobrevivir mientras tus (poquísimos) malos hijos ignoran, por ignorancia misma o por negligencia (culpable de todos modos) el precipicio en que estás a punto de caer, si es que no estás cayendo ya, para desconsuelo de todos quienes te amamos dentro o fuera de tus fronteras?

Quo vadis Venezuela, que teniendo un “ministerio (o viceministerio) de la felicidad” tienes hijos cada vez más sumidos en precisamente lo contrario?

Pero… Dios es grande, y el espíritu de tus buenos hijos también… No caerás.

Algo habrá de pasar que te salve del desastre. Y ese algo es el despertar de tus venezolanos y venezolanas dispuestos a retomar el espíritu de Bolívar, en cuyo nombre se cometen hoy tantos desatinos. Y blandiendo la espada de la libertad, que en este suelo es el otro nombre de Dios, habrás de poner cada cosa en su lugar, premiar lo que se hace bien, y a los que lo hacen, y apartar, incluso con severidad, lo que se está haciendo mal, y a los que lo hacen.

Ese día habrá de llegar, Venezuela, en la medida que adquieras conciencia de que no mereces vivir en la inermidad ante tu Historia, y del futuro mejor a que tienes derecho, y lo tienen tus hijos.

Ese día está cerca en la medida en que tú, como país, como pueblo y como generación que tiene prohibido legar a su descendencia esta desgracia histórica circunstancial, te decidas a unirte contra la maldad disfrazada de autoridad, contra el populismo disfrazado de paternalismo, contra la desidia gubernamental disfrazada de “amor al pueblo”, contra la tiranía disfrazada de “lucha contra el enemigo externo”, y contra la ineptitud disfrazada de “buen corazón”, “misiones” para casi todo, y “capta-huellas” a fin de que la gente compre menos en lugar de tractores para que la gente produzca más y coma mejor.

(Cómo es eso de trabajar menos por jornada para ahorrar electricidad? Qué se viene luego? Dormir hasta mediodía para ahorrarse el desayuno? Menos mal que no existen aun cremalleras para la boca, que impidan comer)…

Quo vadis Venezuela que estás cada vez peor pudiendo estar mejor?

Despierta, Venezuela. Endereza el rumbo, sacúdete del lastre que te retiene, sal del pantano que te atrapa, y libérate de quienes te tienen cautiva, amarrada ante las fauces de la infelicidad…

Despierta, Venezuela. Quienes te queremos (linda y próspera) te decimos que el camino a tu futuro no es por donde vas hoy…

Ukamau la cosa.

sábado, 13 de julio de 2013

Lavabit el e mail ultra super inviolable

Lavabit es un servicio de correo con encriptado tan seguro que solamente el destinatario puede abrirlo y lo mejor es que podemos tenerlo gratis.

Lavabit is a mail service with encripted so for sure only the addressee can open it and the best thing is that we can have it free

Todos deseamos privacidad en nuestras comunicaciones: pero es casi imposible. Las cartas se pueden abrir, las llamadas se pueden interceptar, mucho más los mensajes por celular o Internet. Pero empresas como Lavabit, Firefox y algunas otras más dicen tener la vocación de respetar el anonimato.
Google, Facebook, Microsoft y una larga lista de empresas informáticas globales también dicen lo mismo. Pero ya todos sabemos que hurgan en nuestros datos, coleccionan pistas que dejamos en nuestros mensajes. En una palabra, “fizgonean”.
Su argumento es que buscan “mejorar” nuestra experiencia personal con ellos. Y en gran parte es cierto: Google trata de adaptarse a lo que más buscamos en la Red, sus doodles son encantadores y nos muestra publicidad que poco a poco se enfoca en nuestras preferencias. Facebook analiza nuestro perfil, y el de nuestras “amistades” y nos sugiere otras nuevas, y desde que tiene publicidad hace lo mismo que Google. Microsoft y su Hotmail (ahora Outlook), al ofrecernos centralizar en una misma cuenta nuestro Twitter, Face, etc., nos tienta a que “les avisemos” nuestras “señas y contraseñas” en redes sociales, ¿para qué?... La respuesta es obvia.
Hasta se hacen la guerra, parece que con trampas y todo, por captar nuestra atención, y nuestros datos.
Sin aprobarlo totalmente, se podría pensar que talvez no está tan mal que lo hagan, ya que esas empresas “deben comer”, pagar empleados, impuestos, hacer marketing, complacer a sus accionistas, etc., y como sus ingresos principales son por publicidad, deben posicionarse y ofrecer buenos resultados de marketing a sus clientes (empresas, bancos, aerolíneas, etc.). No se debe caer en la actitud de comenzar pensando siempre por lo malo, también hay mucho de bueno… A propósito, bien por Google y su proyecto de Internet usando globos.
Las tiendas y kioscos de barrio también hacen lo mismo: convidan dulces a los niños que van a por el pan, obsequian llaveros a los adolescentes, espejitos a las teenagers, invitan algún café a nuestros tíos o chocolates a las abuelitas (todo con cargo a “markentign”), hablan minutos y minutos con clientes para averiguar sus preferencias, entregan compras en casa para “fizgonear” nuestra forma de vida, poder adquistivo… y por las noches, luego de cerrar, los dueños analizan “a la antigua” la información y piensan en cómo captar más nuevos clientes manteniendo cautivos a los actuales.
Yo mismo, con este blog, trato de captar notoriedad y clientes para mi dizque negocio de subsistencia. ¿Hay algo malo en ello?, díganmelo…
Los gigantes de Internet hacen lo mismo, sólo que a escala planetaria, y no a la antigua sino con lo más sofisticado que tienen, y vaya si tienen lo último de lo último.
Por eso debemos asumir, por anticipado, que en Internet nada, o casi nada, es totalmente privado… Ni gratis.
Moraleja: la moderación y mesura (pocas palabras) es el mejor lenguaje a usarse en Internet, porque en este “país o planeta virtual” nada, literalmente nada, es secreto.
Incluso, este blog y estas líneas están siendo analizadas, así como lo que escribió desde que se conectó a la Red quien las está leyendo, o sea, tú.
¿Paranoia? No; solo realidad.
Hasta aquí, si se ha de ser sinceros, no hay nada realmente malo ni reprochable. La gratuidad se compensa con esos rastros que dejamos al navegar, y si a cualquier cibernauta le parece irrelevante, para quien sabe destilar lo útil de tanta información casi caótica, de ella puede obtenerse “casi oro puro”.
Lo malo comienza con la delación, es decir, cuando la ciber-empresa que para afiliarte, abrir una cuenta, darte de alta o usar su servicio, te hace leer un documento tan largo y complicado sobre “condiciones del servicio”, “políticas de privacidad”, etc., incluyendo que tus datos personales serán confidenciales (bla, bla, bla…), y luego te vienes a enterar que talvez no a ti (por ahora) sino a otros (en realidad miles de otros) usuarios iguales a ti, los entregan enteros, “como vinieron al mundo”, a sus gobiernos o ciber-policías, contra lo que dice la Constitución de su país, sus libertades, su derecho a la privacidad, su “derecho a ser olvidado”, incluso contra lo que dice ese “contrato” o “condiciones del servicio” que, por cierto, casi ninguno de nosotros acaba siempre de leer, y sin importar de qué país seas en realidad…!
Uno podría tranquilizarse pensando que sólo les ocurre a quienes fundadamente están contra las leyes y la sociedad; pero quién nos asegura que por alguna ciega o aleatoria asociación analítica, nombres parecidos, mensajes irreflexivos (de esos que gustan escribir en su Face los jovenzuelos que hacen cualquier cosa por un Me Gusta), o hasta por error o fatal coincidencia, se enfocan precisamente en cualquiera de nosotros?
Otra moraleja: asumir desde un principio que lo que se dice, escribe y cuelga en Internet lo ha de ver y saber todo el mundo, y en Internet, “todo el mundo” significa eso mismo, literalmente…
Luego de esta perorata, algo que puede servir: un servicio de correo que dicen es inviolable y súper seguro: Lavabit.
Dicen que lo usa Edward Snowden desde cuando comenzó a huir de su país por revelar el espionaje estatal de su país contra sus propios ciudadanos y países amigos.
Pero al punto:
Según se publica en el sitio alt1040.com,  Lavabit es…

“…un servicio de correo electrónico que ofrece cifrado extremo a extremo y, por tanto, seguridad en las comunicaciones. Este servicio, nacido en 2004, surgió como respuesta a las condiciones del servicio de Gmail que, aunque fuese mediante un algoritmo, escudriñaba los mensajes en busca de palabras clave que eran usadas para mostrar publicidad en el servicio (una práctica que los fundadores de Lavabit consideraron una violación de la privacidad de los usuarios).
¿Y qué ofrece Lavabit? Desde el año 2005, fecha en la que se fundó Nerdshack LLC (la empresa que opera el servicio), Lavabit ofrece un servicio de correo (incluyendo acceso POP e IMAP) cifrado que requiere el uso de la contraseña del usuario para poder ser descifrado (usando cifrado asimétrico).
Cada vez que entra un correo al buzón del usuario, éste es cifrado antes de ser almacenado en los servidores y, por lo que cuentan en su web, el algoritmo de cifrado que se utiliza hace inútil un ataque por fuerza bruta por la cantidad de tiempo que sería necesario para romper el cifrado (aunque se tenga gran cantidad de capacidad de computación).
Según los datos expuestos por el servicio en su web, Lavabit es utilizado por unos 400.000 usuarios y maneja alrededor de 200.000 mensajes de correo al día, disponen de una red de servidores redundada y dispersa por varios centros de datos y usan un servicio de correo realizado por ellos mismos (en lenguaje C) sobre sistemas basados en Linux (concretamente CentOS 4.8)”.

Aunque Lavabit funciona principalmente de pago, también tiene su opción gratuita, que no está nada mal que se diga:

Almacenamiento: hasta 128 Megabytes.
Publicidad al revisar nuestro correo: No.
Protección antivirus: Sí.
Filtro anti-spam o correo no deseado: No, en esta modalidad gratuita.
Límite de mensajes entrantes: 1024 por día, mucho más de lo que solemos recibir nosotros, “el pueblo”.
Límite de mensajes salientes: 256 por día, (el mismo comentario anterior).
Tamaño máximo de cada mensaje: 32 Megabytes, quién escribe un mensaje corriente “tan así”?
Costo: GRATIS.

Si quieren un correo electrónico totalmente seguro, confidencial, secreto, inviolable, talvez Lavabit sea la solución, al menos por ahora.
Por mi parte, como no tengo nada que ocultar, y lo que hago y digo en Internet sé por anticipado que va a ser “fizgoneado”, seguiré usando los servicios de siempre; pero, para lo que se ofrezca, también acabo de abrirme otro en Lavabit, sólo “por si acaso”.

Cualquier otra persona también puede tener su e-mail gratis y súper seguro en Lavabit.

Ukamau la cosa.

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miércoles, 19 de junio de 2013

Los ricos también pegan

El caso de violencia contra Nigella Lawson a quien su esposo Charles Saatchi casi ahorca en un restaurante de Londres hacer ver que la violencia familiar no conoce diferencias.

The episode of violence against Nigella Lawson to who its husband Charles Saatchi almost hangs in a restaurant of London to make see that the family violence doesn't know differences.

La foto de Nigella Lawson siendo aprisionada por su esposo no muestra que se trate de una broma precisamente, mucho menos cuando se sabe que momentos antes él ya la había agredido con pellizcos, y luego ella terminó llorando como relata la prensa. Pero, la coartada de que “estaba jugando”, más algo de influencia y dinero, talvez calmen el escándalo.

Y luego?

Nigella, la popular y apreciada especialista en alta cocina, autodidacta y poco convencional, ya no puede decir que esté bien, ni segura, con una pareja así, y sólo ella sabe lo que se puede esperar para después.

Alguien dijo que “los hombres la aman porque quisieran estar con ella; las mujeres la aman porque quisieran ser como ella…”

Pero su actual esposo, ¿la ama?

Esa es la gran pregunta.

Naturalmente, se puede opinar de todo, pero lo cierto es que Nigella, al menos por un momento, en la intimidad y soledad existencial, habrá deseado no haber rehecho su vida con alguien así.

Los ricos también pegan, y quién sabe cuánto…

De todo hay en el jardín del Señor.

Ukamau la cosa.

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lunes, 17 de junio de 2013

Quo vadis Microsoft Xbox One?

Cuando en la E3 2013 Microsoft mostraba su Xobox One alguien hizo una muy discutida foto que la pone en desventaja frente a su competidor Play Station 4 de Sony.

When in the E3 2013 Microsoft their Xobox One showed somebody made a very discussed picture that puts it in disadvantage in front of its adversary Play Station 4 of Sony.

Una imagen dice más que mil palabras, es cierto, pero por eso mismo esas mil palabras pueden significar muchas cosas.

Lo que se ve en la foto de la polémica es a alguien en posición de armar, o arreglar, o revisar, o retirar un equipo electrónico. Ese equipo puede ser un ordenador o cualquier otro. La imagen de Windows en la pantalla hace deducir que es un ordenador con ese sistema operativo, que al parecer la persona de camiseta negra está verificando.

Lo que dicen muchos en Internet es que Microsoft, por razones que sólo sus ejecutivos y técnicos saben, en realidad usó PCs para demostrar su Xbox One, infiriendo vulnerabilidades y desventajas que la mentada consola no puede superar, o conviene ocultar, frente a su rival Play Station 4.

Será…? Vaya uno a saber.

Claro que la foto da para sospechar, conjeturar y opinar; pero más allá de eso, también es cierto que si bien una foto dice mucho, tampoco es para exagerar, y lo digo con el más absoluto respeto.

A no ser que hayan además otras evidencias, más allá de las sospechas de que se hubieran utilizado computadoras con Windows 7 (cuya imagen inconfundible es cierta) con una tarjeta de gráficos NVIDIA GeForce 700-series GTX (que no se ven en la foto), resulta un señalamiento, cuando menos, bastante necesario de fundamentar, y demostrar.

Por otro lado, y aunque la hipótesis de la suplantación es posible, y para muchos probable, hubiera sido algo imperdonable que alguien de Microsoft, sabiendo cómo está eso del espionaje entre gigantes, y la imagen de cada cual, haga maniobras a vista y paciencia de quienes pudieran delatarlas, o develarlas. Un acto sería motivo de unos cuantos despidos, o ser parte de un marketing precisamente para dar que hablar, como en el caso de algunos actores de cine para atraer la mirada pública antes de una gran premiere.

En fin, como sea, el debate está caliente, y hay para toda opinión.

Y a todo esto, qué dice Microsoft? Quizás tuviera que explicarlo...

Y en cuanto a su Xbox One, hacia dónde apunta en esta guerra sin pausa contra PS4?

Habrá que seguir viendo.

Ukamau la cosa.

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domingo, 16 de junio de 2013

Bravo Google y arriba los globos Project Loon

Hoy parece una locura gigante pero pronto puede ser el modo para que todos en el planeta tengamos Internet sin importar lugar ni limitaciones de dinero.

Today seems a giant absurdity but soon it can be the way so that all people in the planet have Internet without caring place neither economic limitation.

Ya están arriba los 30 globos que Google lanzó a la estratosfera, en su Project Loon, equipados para un experimento de aventura: montar una red de conexión a Internet desde donde se quiera, con alto desempeño y, lo más importante, barato.

Para empezar, Google parece haber demostrado que se puede ahorrar en cohetes y satélites. Hay una combinación de tecnología muy básica (los globos han existido desde Montgolfier), aplicada ingeniosamente, junto a súper-tecnología digital y semi-espacial, en los equipos de navegación, enlace y acceso a Internet, una mezcla nada fácil. Sus objetivos:

Red en el cielo.
Acceso barato a Internet, desde cualquier zona.
Costos bajos, accesibles a comunidades alejadas y con limitaciones.
Desempeño 3G, que no es poca cosa, al menos para quienes aun estamos una generación tecnológica atrás.
Más cobertura global en Internet, democratización on-line.
Y lo que en el futuro se ofrezca y pueda…

Aunque hay, sin duda, prospectos económicos a futuro, Google abre un nuevo escenario que aun falta desarrollar y madurar hasta que su funcionamiento, y eventual explotación económica luego, sean operacionales. Pero el paso está dado, y no hay marcha atrás.

Quedan muchos desafíos, pero Google tiene el “físico” para afrontarlos.

Es una iniciativa para encomiar y esperar que sea exitosa, Y para quienes digan que la idea no es nada nueva, que tampoco lo es, hay que admitir que su escala y atrevimiento positivo lo son.

Mañana, cuando las cosas funcionen a plenitud, no faltará quien replique “así, cualquiera otro lo hubiera hecho también”. A ellos habrá que dedicarles, por anticipado, la anécdota del Huevo de Colón.

Mientras tanto, bien por Google.

Ukamau la cosa.

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sábado, 15 de junio de 2013

Google y Facebook no culpables?

Estos y otros gigantes coleccionistas de datos ahora han comenzado a experimentar el otro lado de la moneda que implica poseerlos y talvez sea su Talón de Aquiles.

These and other giant collectors of data now have begun to experience the other side of the coin that implies to possess them and maybe is its Achilles’s heel

Hay un tanto de realidad y otro de leyenda urbana acerca de la voracidad con que los gigantes de Internet acumulan los datos de quiénes son y lo que hacen (hacemos) los usuarios de Internet. Muchos portales, canales y recursos de la Red son gratuitos, y casi todos los apetecemos.

Pero en la vida nada es realmente gratis.

Hay sospechas por todas partes, pero las revelaciones de un ex experto analista ahora refugiado en Hong Kong destaparon la Caja de Pandora: el gobierno de los Estados Unidos logró que, al menos, Google y Facebook les facilitaran datos sensibles acerca de ciertos usuarios y tráfico en sus “territorios”.

Es lo que se sabe…, y una atmósfera de incertidumbre y desconfianza comenzó a diseminarse por todo Internet.

Se podría pensar que sólo se requirieron datos de ciertos sujetos a quienes el Tío Sam se interesa “tenerlos vigilados”. Pero cuánta distancia hay entre que los gobiernos necesiten los datos de quienes, por el motivo que sea (seguridad nacional, lucha contra el crimen, etc.) son monitoreados, y los de gente común y corriente como cualquiera de nosotros?

Con tanto que hacemos cuando navegamos en la Red, más suficiente paciencia, equipos veloces, software de análisis casi mágico, y alguna otra cosa más, fácilmente se revelaría nuestro perfil: lo que nos gusta, lo que buscamos, las noticias que preferimos, los e-mails que enviamos, lo que dicen esos e-mails, y un largo etcétera…

Ya nadie se esfuerza en dudar unos, o negar otros, que eso mismo han venido haciendo los gigantes que por el motivo que sea (adaptarse a nuestras preferencias, ofrecernos búsquedas a medida, orientar marketing, etc.). y ahora se añade gobierno, uno por ahora (lo que no significa que siempre será uno) que echa mano a esos datos para aplicarlos a sus “quehaceres”.

Google y Facebook ya han reconocido que tuvieron que proporcionar datos, y con ello se prueba el “doble filo” que tiene acumularlos. Estos días, al menos alguien en dichas compañías, y alguna otra más, íntimamente habrá deseado no haber motivo para que haya ocurrido porque, sólo para muestra, casi inmediatamente, Duck Duck Go casi ha doblado, si no verdaderamente, su tráfico, gracias a que ofrece no quedarse con nada de nuestros “tecleos”.

Cómo se declararían quienes guardan y usan nuestros datos, desde nombres, alias, contraseñas, etc., si les acusáramos de usarlos o mal-usarlos, de tenerlos o cederlos a otros que talvez nunca nos enteremos?

No es hora de presumir malicia en unos o en otros. Yo mismo uso Google para mis búsquedas y mi blog, así como Facebook para mis interacciones sociales, son mis amigos; y como nada tengo que ocultar no me preocupo. Pero para más de los demás ya se ha desatado una crisis de confianza. Por su parte, muchas compañías “punto com” estarán comenzando a tomar conciencia de que tener tanta información, en ciertas circunstancias, es un tesoro no siempre agradable de poseer, un “presente griego”.

Y eso es para reflexionar…

Razón tenía mi anciano tío abuelo quien, cuando de adolescente comenzaba a confiarle alguna travesura de colegio, me interrumpía sonriendo y aconsejándome: “mejor ni me lo digas, porque si el tribunal que es tu mamá me lo preguntara yo tendría que reconocer que lo sabía…”

“Aquello que crees tu fortaleza es más bien tu mayor debilidad…” (o algo así)… Quién lo dijo...? Luck Skywalker...?

Ukamau la cosa.

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viernes, 14 de junio de 2013

Ha vuelto Superman o Man of Steel

El estreno de esta nueva saga del Hombre de Acero llegado de Kripton ha llenado la expectativa de quienes lo estaban esperando pero al parecer no tanto de quienes esperaban alguna novedad extra.

The premiere of this new saga of the Man of Steel who arrived from Kripton has filled the expectation from who they were expecting it but apparently not so much of those who expected some extra novelty.

No cabe duda de que ya era tiempo para un nuevo capítulo de la leyenda. Incluso hasta hace poco, muchos ya nos estábamos resignando a no ver más algo nuevo de Clark Kent y sus amigos –y adversarios–. Por eso el estreno de Man of Steel, protagonizado por Henry Cavill, junto a Amy Adams, Russell Crowe, Michael Shannon, Kevin Costner, Laurence Fishburne, Diane Lane, Ayelet Zurer y varios actores más, en sendos personajes de la historia cuya trama sigue la pauta de producciones anteriores, concentró la atención de millones de aficionados.
La historia de fondo ciertamente no es nueva, aunque esta vez con algunas variantes: “Clark Kent (Henry Cavill) es un joven periodista que posee poderes sobrehumanos. Cuando era un niño, fue enviado a la Tierra desde Krypton, un lejano planeta muy avanzado tecnológicamente. Educado en los valores de sus padres adoptivos, Martha (Diane Lane) y Jonathan Kent (Kevin Costner), llega a la conclusión de que esos poderes le exigen grandes responsabilidades: no duda entonces en transformarse en Supermán, el Hombre de Acero, para proteger no sólo a los que quiere, sino también para representar una esperanza para el mundo”. (Reseña de FILMAFFINITY).
Sin embargo, a pesar de ser aplicado varias veces antes, este argumento se muestra en un contexto resaltado por elaborados efectos técnicos y el manejo fotográfico y de escenografía verdaderamente hábil.
Para los adolescentes, y quienes están a punto de serlo, ha de ser una historia diferente que tomar en cuenta, una historia que siempre tiene algo de interesante por descubrir, como los antiguos libros de cuentos que en cada lectura sacan a relucir algún detalle inadvertido hasta esa nueva lectura…
Para quienes, por eso de la edad, hemos visto las versiones anteriores, se nos plantea la expectativa de escudriñar alguna novedad que haga valer la pena esta nueva versión, con la esperanza de no encontrarse con más de lo mismo.
Y aquí aparecen las diferencias de opinión.
Son muchos quienes al primer día de exhibición del film están más que conformes, legítimamente, en especial por el nuevo tratamiento de la trama, del temperamento de los personajes muy meritoriamente actuados por tan buen elenco, encomiable manejo y aprovechamiento de la tecnología cinematográfica, amplificado todo con marketing más que acertado.
Y frente a ellos están quienes “esperaban más”, y que al parecer, según sus dejos no muy conformes, deberán aceptar, según ellos, una variante más de lo visto y re-visto desde décadas atrás. Y es que, aparte del derroche de tecnología fílmica y excelencia actoral, hubieran querido ver ese “algo más” que haga suspirar de entusiasmo por lo cualitativamente nuevo que  marque la diferencia, y el “paso adelante”.
Sin embargo, hay que ser proactivos. Se advierte fácilmente que Zack Zinder se ha esforzado por “sacar todo el lustre a la piel” al dirigir esta producción, porque tampoco se le hubiera perdonado que por lanzarse a algo nuevo y desconocido nos presentara un Superman diferente del arquetipo que todos tenemos en nuestra mente o, en el otro extremo, que realmente nos entregara “más de lo mismo”.
La kryptonita ya tiene su color desde antes, la historia tiene su propio hilo desde su origen, el personaje está consolidado, y en eso hay muy poco que cambiar.
Aunque sí hubiera sido espectacular algún toque de eso inesperado que siempre fascina “al que menos y al que más”.
En fin. El tiempo dará su crítica definitiva.
Mientras eso ocurre, para no enojar a unos ni a otros, talvez sea preferible quedarnos con la amable opinión de Todd McCarthy (The Hollywood Reporter), quien juzga a Man of Steel como “…a la vez frenéticamente exagerada y con unas filigranas muy bonitas, 'El hombre de acero' pondrá contentos a todos aquellos a los que no disguste" (¡…!)…

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martes, 11 de junio de 2013

Apple otra vez adelante…?

El iOS 7 y sus componentes son talvez el gran paso de Apple y su legendario iPhone para consolidar otra vez su posición de élite en el mercado de los sistemas operativos móviles.

WWDC, iOS7, WWDC 2013, Mac Pro, AAPL, iOS 7…, para resumir, iPhone, y para resumir más todavía, Apple.
Si Steve Jobs está percatado de lo ocurrido en la presentación del 10 de junio de 2013, talvez está sonriendo frente a la expectativa satisfecha de millones de usuarios, críticos y aficionados al mundo de los móviles y sus “aparejos” digitales.
Y no es para menos…
Apple ha esperado prudentemente a que aclarara la polvareda de su inmediato competidor, Samsung con su Galaxy S4, formidable con mucha razón, aunque ya le caen algunas críticas y reparos de quienes legítimamente esperan cada vez más y mejor, con expectativa que más parece ansiedad, y con ansiedad que más parece voracidad por lo nuevo.
Y el efecto era previsible, porque además correspondía.
La actualización del iOS al nivel 7 es un salto cuántico innegable.
Más sencillez, simplicidad y naturalidad de la interface a nivel del usuario, y más eficiencia a nivel de los procesos. Esa mezcla de perfección que se parece al Santo Grial, que todos los fabricantes y desarrolladores buscan, más cercana pero al mismo tiempo inalcanzable.
iPhone ya no es el único, ciertamente, pero es el que más parece avanzar a cada innovación que se conoce, cuando de avanzar “en serio” se trata.
Los sistemas operativos de dispositivos móviles están alcanzando, si no lo han hecho ya, la misma mayoría de edad de los equipos de escritorio, y su avance es tan acelerado que las innovaciones, con su dosis de competencia a nivel de marcas, líneas y versiones, prometen ser cada vez más frecuentes…
La fresa sobre el pastel? iTunes Radio… y para mañana (2014), iOS in the car…
La apuesta ha subido, ni duda cabe. Y todo eso, sin hablar todavía de iPhone 4, iPad mini, iPad 2 y iPod touch 5ª generación, que lo suyo tendrá cada cual para desafiar a quienes puedan hacerles frente.
Para los iAdictos (en el buen sentido del término), no se podía pedir más, por ahora…
Para los escépticos, ya aparecerá el pelo en la sopa.
Para nosotros, los de a pie, está claro que el pivote de esta historia se ha movido, hasta que llegue el contraataque…
Apple, iOS 7, gran paso? Salto cuántico? La historia en adelante promete ser otra, pero no ha terminado…
Ukamau la cosa…

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lunes, 11 de febrero de 2013

Ya es hora de un Papa extra europeo

A 21 siglos de catolicismo fuera signo de amplitud designar un Papa nacido fuera de Europa como expresión de la universalidad alcanzada por esta fe religiosa.

Puedo estar equivocado…
El 11 de febrero de 2012 se difunde la sorpresiva noticia de que Benedicto XVI, el Papa germano que sucede a Juan Pablo II, inminentemente renunciará a su Pontificado, según se dice, aquejado por su avanzada edad. Independientemente de las causas a detalle, este gesto es demasiado significativo no sólo dentro de la Iglesia Católica en sí misma sino en el mundo contemporáneo en general.
Siempre se ha criticado, en unos tiempos más que en otros, que la Iglesia sea liderizada por una cierta gerontocracia; sin embargo, y dadas las exigencias formativas, apostólicas y “meritocráticas” establecidas dentro de su jerarquía, tampoco sería de esperarse llegar a “dar la talla” para tan graves responsabilidades a edades menores. Hay cosas y puestos de responsabilidad que se aprenden y demuestran sólo con el tiempo, y de ninguna otra manera.
Además, este gesto papal pone más a contraluz (guardando las distancias, por supuesto) la actitud de quienes se aferran a su puesto de poder, grande o pequeño, aun hasta los últimos segundos de su existencia, incluso a pesar de las implicaciones, buenas o malas (generalmente malas)  que ello suponga.
Un Papa puede renunciar? Sí. Que en la Edad Moderna y Contemporánea no haya sucedido no significa que sea imposible, menos prohibido. A partir de Celestino V, en 1294 quedó explícito, y el caso más reciente de renuncia (también suele decirse abdicación) fue el de Gregorio XII en 1415.
Ahora bien, lo que las noticias no dicen si el 28 de febrero se hará sólo el anuncio oficial de dicha renuncia, o si esta será efectiva en los hechos, dejando abierta la expectativa sobre los sucesos futuros. Sin embargo, queda claro que se aproxima la elección de un nuevo Papa, a no ser que la cúpula vaticana le permita a Benedicto XVI designar a su sucesor, que también podría ser, aunque es poco probable.
De todos modos, para el caso de que el Sacro Colegio Cardenalicio deba elegir un nuevo Papa, uno se aventura a adelantar esta moción: ¿no sería posible y factible un Papa nacido fuera de Europa?
En fe de verdad, y sin ánimo de polemizar sobre lo sucedido en siglos anteriores, no se puede decir que las oportunidades estén reservadas (al menos por lo que se llega a saber) sólo para romanos, italianos o europeos. Antes era poco usual que un Papa fuera no-romano, pero sucedió varias veces; más recientemente, también era raro un Papa no italiano, pero Juan Pablo II (polaco) y Benedicto XVI (alemán), uno luego del otro, demuestran que no se trata de ninguna élite cerrada. Es más, según los datos (no oficiales) del libro “En nombre de Dios”, que plantea la hipótesis de que Juan Pablo I fue asesinado, se evidencia que cardenales africanos y latinoamericanos estuvieron muy cerca de ser elegidos, aunque también se induce una silenciosa pero vertiginosa escalada de cabildeos y “amarres”, como también se los suele llamar (como toda posición de poder, talvez el más grande jamás establecido, también hay lugar a tales avatares).
Por muchas razones: crecimiento demográfico, dinámica social, problemática humana, etc., Europa ya no es “tan el centro” de la realidad y evolución del acontecer católico. Hoy más que antes, el mensaje de Cristo y legado de sus Vicarios están extendidon a todo el mundo, por lo que sacerdotes, obispos y cardenales, más miles de millones de fieles, tienen presencia indiscutible…
¿Por qué no un Papa africano, latinoamericano o asiático, por ejemplo?
¿Trayectoria? ¿Obra apostólica? ¿Virtudes? Muchos cardenales no europeos las tienen. Ahora bien, lo que talvez haga falta es una cada vez mayor apertura para superar la tradición, y ver con ojos renovados el camino que va tomando, como todas las cosas humanas, la Iglesia Católica, que está hecha de principios pero también de personas, y en esto último “el resto del mundo” tiene mucho que decir, y talvez ayudar a decidir.
Indudablemente el protocolo cónclave (con llave, bajo llave) de elección y designación de un nuevo Papa, lo que ocurre desde la ceremonia inicial hasta el humo blanco, es mayormente desconocido para nosotros, la gente común; pero es posible, y en gran medida legítimo, hacer conocer y valer nuestra opinión, más aun ahora que el primer Papa “twittero” está a punto de cerrar su era para dar paso a otra.
¿Un Papa no europeo? Es cada vez más posible, y hacer saber nuestra opinión al respecto es un derecho universal, además ya no cuesta nada …
Ukamau la cosa…

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miércoles, 1 de febrero de 2012

Cualquier precio por un Me Gusta

El denominado sexting se ha convertido en una peligrosa tendencia del comportamiento adolescente y joven muchas veces motivado por lograr popularidad en las redes sociales.

Un atractivo poderoso de las redes sociales, que capta la preferencia o incluso adicción de adolescentes y jóvenes, es la posibilidad de interactuar con muchas más perspectivas que en el mundo real, especialmente sobre plataformas que permiten tomar la iniciativa para establecer y ampliar por uno mismo el ámbito de contactos virtuales, un poco erróneamente catalogados como “amistades”, siendo Facebook la opción de primera línea indiscutible.
A diferencia de Twitter, en que no se puede sumar contactos vía solicitarlos sino seguir a quienes nos interesa o resulta relevante, Facebook permite “salir a la caza” de nuevos contactos, con los que luego de ser aceptados, se puede interactuar mediante contenidos o mensajes públicos o recíprocos, tanto en sentido de ida como de vuelta. Esa es la cualidad que ha hecho de Facebook el gigante que es hoy.
Comparativamente se ha dicho, y con acierto, que estar en Facebook equivale a una fiesta de patio en que se puede iniciar sin más una amistad, y luego otras y otras, sea tomando la iniciativa o también acogiendo las invitaciones que nos hacen; mientras que estar en Twitter equivale a lanzar mensajes (twitts, píos) al aire en medio de una gran y concurrida plaza, llena de indiferentes desconocidos que, encima, no nos ven directamente (como a un gorrioncillo perdido en el follaje de un árbol), a ver quién nos oye y se anima a seguirnos.
Un contacto en Facebook cuesta aceptar o que nos acepten una solicitud, y un seguidor en Twitter cuesta que lo que vayamos a publicar sea especialmente relevante para los demás. De ahí que un seguidor en Twitter, si hacemos un intento de comparación, valga mucho más que un ”amigo” en Facebook, si se toma en cuenta el precio que nos toma conseguirlo y conservarlo. Además, perder seguidores en Twitter es más fácil que perder “amigos” en Facebook: en cuanto dejar de ser “twittero” frecuente dejan de seguirte, mientras que en Facebook puedes perderte semanas y tus amigos siguen ahí, hablando entre ellos…
Por eso los jóvenes, con la superficialidad y natural desasosiego que les caracteriza, son más inclinados a Facebook, mientras que los periodistas, gente mayor, intelectuales, etc., menos locuaces, suelen preferir Twitter. Aunque, claro, hay de todo en todas partes.
Pues bien, en Facebook ha aparecido, como producto de su propia dinámica, un nuevo parámetro de popularidad, en base al contador de frecuencia “Me gusta”. Talvez ha ocurrido de forma imprevista, pero la cantidad de “Me gusta”s marca la popularidad de una frase, mención, enlace, contenido o imagen, infografía o fotografía que un usuario comparte en la red, que a su vez, le reporta un virtual ascendiente o visibilidad, digamos, “prestigio”.
Hay una gran diversidad de recursos, incluso aplicaciones o sitios-fuente de donde obtener noticias, imágenes, frases y cositas así para colgar en el muro propio y someterlas al escrutinio de nuestros contactos, esperando a cuántos les “gusta” y se animan a compartir, lo que implica no sólo que alguien obtenga relevancia sino que también los “amigos de amigos”, quieran pasar a ser nuestros nuevos contactos.
Hasta aquí todo bien, o cuando menos, divertido, porque no por divertido puede ser necesariamente bueno. Hay cosas divertidas que en pura verdad no son buenas, menos recomendables…
El asunto deja de ser divertido cuando el material compartido consta de alusiones que pueden afectar la sensibilidad ajena, como frases de doble significado, imágenes impactantes o explícitamente ofensivas, y finalmente, contenidos extremadamente eróticos, lindando en lo pornográfico.
Y aquí entra en escena el sexting.
Cuando las redes sociales estaban en pañales, el sexting (SEXual texTING, texteo de contenido sexual) era simplemente literal, es decir, envío de mensajes con alusiones insinuantes o claramente sexuales. Hoy, en que la imagen amenaza con hacer cada vez más innecesarias las palabras, consiste en compartir imágenes fijas o animadas de tal naturaleza.
Y es un hecho que adolescentes de cada vez menor edad se ven involucrados activa o pasivamente en este comportamiento claramente cuestionable no sólo en lo ético sino también en lo psicosocial.
Antes, tomar o tomarse una foto en desnudez o pose “poco recomendable para compartir” implicaba la ayuda de otros: ir a un estudio, convencer al fotógrafo, etc., de modo que era forzoso pensarlo cuando menos dos veces. Luego las camaritas con cuenta regresiva (o disparo diferido) facilitaron las cosas, pero, si no se era productor fotográfico por lo menos aficionado, todavía quedaba el bochorno de recurrir a un negocio de revelado. Sin embargo, ahora, con un celular de mediana monta y precio, cualquier adolescente puede tomarse una foto en la pose que quiera, mejorarla y colgarla en su cuenta de red social más rápido, gratis y fácilmente que lo que tarda en volverse a vestir…
Motivaciones?: travesura, picardía, deseo de exponerse como la “más linda”, apuestas, demostraciones que exige la pareja sentimental,… Freud diría que la sublimación de una obsesión insatisfecha o deseo reprimido, Masllow diría que un reclamo desesperado de afecto y aceptación social, y muchas otras posibilidades más, añadiendo los factores patológicos en que cada caso merece su propio estudio (trastornos de la personalidad, como exhibicionismo compulsivo, sadismo, masoquismo, etc.).
Sin embargo, los efectos posteriores tienen un denominador común: en cuanto se sube una foto así, como todo lo que se comparte en las redes sociales y el Internet en general, sale del control de quien lo hace, para pasar a ser patrimonio global.
Ahí sí que “a foto suelta ya no hay vuelta”… ni borrando, ni nada, porque entre otras cosas, lo que se publica en la Red ya no puede eliminarse más, y que en Internet la frase “todo el mundo” es exactamente eso: todo el mundo, con todas sus letras.
Sigamos la fotito: luego de unos cuantos “Me gusta”s, no tardan en aparecer los comentarios, y la fotito de marras comienza a compartirse como un virus letal, no para el destinatario sino para quien inició la bola de nieve. Y sólo Dios sabe en qué computadora de qué parte del mundo va a parar, y el uso que se le da. Hay casos en que, de tantas vueltas por aquí y por allá, de pantalla en pantalla, de lugar en lugar de este país Internet (porque ya es todo un país con todas las computadoras conectadas como habitantes), este material sale en la cuenta de los padres o familiares del propio muchacho o muchacha, de sus profesores, compañeros de estudio, novios anteriores, sitios del Gobierno, la Policía, la prensa, etc.
La exposición al ridículo, las ofensas, burlas y cualquier manipulación malvada es evidente, incluyendo los riesgos legales o delictivos (como la pornografía infantil, el comercio de contenidos sexuales, etc.) y lo que comienza como un juego o inofensiva imprudencia puede acabar mal, como el caso de un hasta entonces respetado legislador norteamericano que perdió su mandato por enviar fotitos en paños menores, o incluso trágicamente, como el caso de un padre en Italia que mató a su hija, y luego se suicidó, porque su compañero de oficina le mostró la foto de ella desnuda aduciendo que lo era de una prostituta barata, o la quinceañera que se suicidó en Estado Unidos para no soportar más los apodos que le dedicaban sus compañeros al haberla visto en Facebook con nada de ropa, o como las jovencitas asiáticas cuyas fotos son mercancía de esos portales que, irónicamente hasta tienen ya su propio tipo de dominio .xxx.
Es muy difícil controlar lo que los y, principalmente, las jóvenes pueden verse impulsadas a hacer con su propia imagen e intimidad. Más allá de tabúes y estereotipos obsoletos, es necesario hacerles ver que Internet es tanto o más peligroso que la vida real, que los “ciber-amigos” merecen valoración y respeto pero al mismo tiempo nosotros también merecemos respetarnos, y que lo que dicen, muestran o hacen es irreversible, porque en Internet el olvido total es una utopía.
Hace poco se aconsejaba tener la computadora en un lugar público de la casa; hoy eso ya no sirve, con un teléfono de tecnología mediana se puede navegar en la red, a medianoche, y a precios cada vez más accesibles. Entonces, será bueno recordar que nosotros mismos somos los guardianes de nuestra dignidad y decoro, y que la tecnología, como todo logro humano, es un arma de doble filo, y en esto se parece al humilde cuchillo que sirve para fines tan nobles como pelar la fruta, o para designios malvados como cortarnos las venas.
En nosotros está el uso y sus consecuencias.
Ukamau la cosa.

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jueves, 19 de enero de 2012

Mi ciber amiga de sexo masculino

Naturalmente no voy a decir quien es pero resulta que una de mis amigas en Facebook es en realidad un amigo que se hace pasar por una joven y bella damita.

De todo hay en el jardín del Señor, y aunque precisamente por eso no debieran sorprendernos demasiado algunas cosas, en ciertos casos es inevitable dejar escapar alguna exclamación o cuando menos una que otra sonrisa.

Resulta que como casi todos —porque algunos aun soportan heroicamente a la tentación— tengo mis respectivas cuentas en Facebook y Twitter. Y aunque de “mes en cuando” me entusiasmo chateando con mis amistades, que felizmente tengo muchas aun siendo un mortal común, silvestre y semi-anónimo en la vida real, básicamente las uso para vocear las actualizaciones de este mi blog y algunos otros sitios que considero de interés para ellos.
Es durante una de esas licencias de ciber-vagabundeo que me ocurrió algo gracioso a simple vista, pero que bien meditado, podría llegar a tener implicaciones de diversa índole.
Pues bien, el caso es que una noche de estas últimas, mientras revisaba las notificaciones de mis contactos, uno de ellos me convocó a chatear, entablando una conversación de esas triviales que tanto encantan a los adolescentes. Inicialmente conversamos del reciente fin de año y de nuestros respectivos planes para el que comienza. Nada realmente raro ni de relevancia especial.
Cuando la conversación derivó al tema de los deportes, y luego de algunos minutos, advertí una cierta incoherencia en el manejo del lenguaje y sus expresiones, cada vez más impropio de una damita típica, si a su imagen de perfil debería hacerse caso… Intrigado, y tratando de recordar precipitadamente algunas lecciones de psicología aplicada que aprendí en mis años de estudiante para profe, y contra mis hábitos, comencé a inducir la conversación de modo que abundaran las referencias personales (gustos, moda, deportes, etc.), provocando que con tanta soltura mi interlocutor/a olvidara mantener su identidad ficticia, sin darse cuenta de estar siendo auscultada.
Al cabo de unos minutos más, mi amiga/o estaba conversando enteramente en modo masculino hasta que poco después nos despedimos.
Talvez luego esta persona se haya dado cuenta de haber abandonado su pose inicial, o talvez no. De mi parte, tuve el cuidado de no ponerlo en evidencia, por un deber elemental de respeto hacia la “otredad” como gustan llamar psicólogos y antropólogos.
Días después, sólo por curiosidad, me di una vuelta por su perfil y muro, y como los mantenía igual que entonces, deduzco que ni se dio cuenta de que se había auto-delatado.
Fin del episodio…
Sospecho que no soy el único en reparar acerca de estas “anomalías” del comportamiento (porque lo son). Y es que esta nueva realidad humana de las redes sociales es una dinámica bastante versátil que da para todo: desde una inocente socialización que brinda compañía virtual a personas que de otro modo seguirían en una limitación de sus relaciones interpersonales, pasando por el creciente ciber-cosmopolitismo de la juventud actual, y llegando a extremos en que la delincuencia y la maldad, incluso la maldad por la maldad, ha hecho que Internet tenga también sus propios “bajos fondos”.
¿Por qué alguna gente actúa así? Pueden haber muchas razones, pero creo que una motivación bastante poderosa es la antigua y siempre gran necesidad humana de sentirse acogidos y aceptados por nuestro entorno, básicamente para sentirnos seguros, necesidad social que, como Abraham Herald Maslow lo explicó magistralmente, puede llegar a tener una incidencia poderosa en nuestra conducta.
Primero la necesidad de presencia e identidad ante los demás, luego la proyección de una imagen propia y finalmente, si se puede, ganar algún grado de influencia en nuestro entorno, son también motores de nuestra conducta en este nuevo, maravilloso pero también peligroso planeta que llamamos Internet, donde lo físico está sublimado por la imagen, el avatar, el nick o el perfil que, a diferencia de sus correspondientes materiales, puede ser tocado y retocado las veces que uno quiera, o necesite, según los propósitos y las circunstancias.
Hasta hace poco, tener e-mail significaba pasar a estar presente en el ciber-mundo; pero las cosas están cambiando más rápido cada vez. Ahora, “si no tienes Face no existes, si sólo tienes Twitter ya estás un poco mayor, si no alcanzas a 100 contactos eres un ‘don Nadie’, y si has pasado de 5000, entonces, eres apetecible como amigo o amiga…” esos parecieran ser los estándares, estereotipos, o como se los pueda llamar.
Las chicas asumen fotos de modelos o actrices de telenovelas, los chicos de deportistas o héroes de la televisión; hay quienes prefieren dibujos, caricaturas, simbolismos o imágenes psicodélicas. Hay de todo. Talvez comienzan por intentar modificar, representar o inflar “un poquito” lo que son, como las aves que ostentan sus mejores colores en ciertas épocas del año, que sólo ellas saben mejor cuándo. Pero esta comprensible y hasta cierto punto legítima actitud de tratar de “caer bien” a los demás, cuando se exagera saliéndose de control, puede llevarnos a aparentar ser los que no somos… y tarde o temprano se nos caerá la máscara, por mucho que sea virtual. Entonces, las ciber-amistades acumuladas con tanta paciencia y ardides, nos abandonarán más rápido de lo que hayamos tardado en conseguirlas. Porque a nadie le gusta ser engañado/a.
Lo mejor es ser y mostrarnos como somos, porque, aparte, la gente de hoy es menos ingenua que antes. Claro, un poquito de maquillaje nunca viene mal, pero, como dicen nuestros abuelos, “un poquito, nada más”.
Cuando simulas o aparentas lo que no eres, terminas queriendo ser lo que no eres, y como no puedes dejar de ser lo que eres, te decepcionas de ser lo que eres, sin dejar, al final, de ser lo que eres; intentas pasar a ser lo que no eres, y puedes terminar siendo otra cosa muy diferente a lo que en realidad querías ser. En una palabra, tragedia.
Ukamau la cosa.

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sábado, 10 de diciembre de 2011

Finanzas estatales versus finanzas del hogar

Muchos pensamos que son mundos diferentes y tienen poco que ver pero los problemas globales de hoy nos demuestran todo lo contrario.

Puedo estar equivocado…

No se necesita ser televidente asiduo de los canales internacionales, tener ADSL ni nuestro Twitter activado en el celular para caer en la cuenta de que las finanzas globales son más vulnerables que antes y que la pandémica carestía de sentido común en nuestros gobernantes y sus colaboradores son los factores que precipitan casi todas las crisis económicas, de las que derivan, por efecto cascada, otras tantas de tipo productivo, laboral, social y las demás que llenan los titulares periodísticos.

Tenemos tendencia a creer, unas veces con razonable propiedad y otras tantas por un ambiguo respeto a las cifras de varios dígitos, que manejar las finanzas públicas es terreno reservado para gente de maletín James Bond, corbatas de boutique chic y notebooks de “dos mil dólares para arriba”, mientras que el “sentido común”, casi siempre confundido con el “saber vulgar”, es para las billeteras del obrero o la bolsa de compras de las amas de casa.

Talvez el academicismo tecnocrático en materia de economía macro, haya devenido en una progresiva separación entre la cotidianidad de la gente común, que percibe las cosas a partir de sus urgencias crónicas, y la visión de alto vuelo de los ejecutivos públicos o corporativos que perciben esa misma realidad desde sus oficinas varios pisos arriba, o sus pantallas planas llenas de tablas y gráficos sin más rostro humano que el vago reflejo de sus propias siluetas.

Así, se ha profundizado el mito urbano de que el sentido común de una economía doméstica no alcanza para aplicarse a la sofisticación compleja de la macroeconomía, sencillamente porque, entre otras cosas, sus elementos y sus escalas son diferentes.

Pero… cuánto de verdad hay en este silogismo?

Sin embargo, y precisamente más allá de esos elementos y esas escalas, cuando “se separa el trigo de la paja”, es decir, cuando luego de sobrevivir a la jungla de columnas, cifras, subtotales y balances, cuando las cuentas se reducen a grandes totales y se pone “en cristiano” la situación de una corporación o país, se aterriza en la realidad de que el sentido común es la “madre de todos los jueces”…

Podemos elegir, como ejemplo, cualquiera de las crisis financieras que recientemente han cimbrado a los países que, por efecto de la globalización, son más frecuentes, y será fácil resumir que la explicación de sus factores tiene mucho que ver con el mismo sentido común que se aplica a las finanzas personales o familiares.

Alguien basa su economía explotando un yacimiento cuyo recurso natural es muy solicitado por la demanda, ese “alguien” se engolosina tanto con la dinámica que se enfoca en la extracción, sin ver que si se detuviera un poquito en transformar dicha materia prima tendría más valor agregado y, por tanto, mayores ganancias; al final el yacimiento se agota, o aparece un competidor más eficaz que no sólo imita sino mejora la experiencia. Resultado, se ha hecho dependiente de su “monoproducción”, la bonanza termina por irse y vuelve al estado de como estaba inicialmente, pero sin su recurso, y encima con competidores talvez más eficaces que “le han aprendido” su negocio y ahora lo hacen mejor. Este “alguien” hipotético puede ser un minero artesanal, un productor agropecuario, o un país. Encontrar países que calcen en el ejemplo no es nada difícil.

Otro ejemplo?

Una familia cuyo hijo mayor, luego de años de sacrificio en el hogar, ha salido profesional o ha logrado enderezar un emprendimiento que va “viento en popa”. El padre, viendo que ahora se cuenta en el hogar con un nuevo rubro en el que confiar, mientras el hijo no se vaya, relaja su “disciplina fiscal” tomando prestado para financiar su déficit, aprovechando ya la buena fe del hijo o ya la todavía convincente autoridad paterna. Pasa el tiempo, y lo que comenzó siendo una salvación ocasional, terminó convirtiéndose en un hábito que al final, desordena las finanzas de ambos, la “deuda interna” se hace cada vez más tóxica y devienen problemas sociales, desavenencias y otras secuelas “no económicas”.

Y uno más:

Una familia X percibe que el mercado financiero está favorable: los créditos “de libre disponibilidad” son accesibles, muchas tiendas ofrecen electrodomésticos y productos tecnológicos “a sola firma”. Se desata una sensación de que la vida “se está poniendo buena” y se compran cosas “porque ahora están accesibles” o incluso simplemente “porque está ahí, en venta…”. Pronto la disciplina financiera es reemplazada por la “algarabía financiera” y al final la “burbuja” explota: hay que pagar los créditos porque las cosas compradas cuestan dinero, y el dinero prestado para comprarlo también tiene su propio costo, lo comprado demás no se puede vender, o ya está obsoleto, y el vuelo financiero al “país de la bonanza” termina en un doloroso aterrizaje forzoso “de panza” cuando no de cabeza.

¿Acaso eso mismo no pasa o está pasando con muchos países, incluso a pesar de su intelectualidad tan frondosa de doctorados y su tradición respetable en lo histórico, político y social?

Entonces, es comprensible, incluso para quienes somos legos en esto de las finanzas, que los analistas de gran perfil digan cosas como “gastó dinero que no tenía”, “se acostumbró a empujar la crisis hacia el futuro”, “puso todos los huevos en una sola canasta” o “mató la gallina de los huevos de oro”…

Por todo ello, no debe extrañarnos que en las “cumbres” que se hacen con cada vez mayor frecuencia para intentar arreglar la falencia económica de ciertos países, independientemente de que se los califique de “desarrollados” o no, y que, “tiempo que pasa”, se hace más contagiosa, proliferen razonamientos que antes sólo podían oírse para juzgar los desaciertos de padres de familia bisoños o emprendimientos de “poca monta” (lo digo sin ánimo de ofender).

Y es que la creciente complejización de las finanzas, y la sofisticación tecnológica de su manejo, han producido la falsa sensación de que en este “terreno exótico” no tiene lugar la deducción sencilla ni la intuición con que a veces la gente común analiza sus problemas o toma sus decisiones.

De tanto querer sofisticarlo y “academizarlo” todo a veces se termina perdiendo la perspectiva de la realidad íntegra, así como que de tanto querer atrapar todas las manzanas de un árbol terminamos derramando la mitad, con la consecuencia de que, como lo insinúa el enunciado bíblico, los sabios se confunden en su propia sabiduría y pierden el verdadero sentido de la sencillez con que se muestra la verdad plena.

No se quiere decir tampoco que cualquier egresado universitario, armado sólo de su buena fe, o una tía-abuela que se sabe de memoria varias docenas de refranes populares, tengan la idoneidad para timonear la economía de un país, eso sería irse al otro extremo de esta crítica constructiva. Más bien se trata de que nuestros gobernantes, especialistas y académicos no se dejen absorber por la vertiginosa vorágine de tecnicismos, análisis súper-complejos y océanos de indicadores con que batallan cada día, y que de vez en cuando se den un baño de realidad o sentido común “de vecindario”, lo que equivale a aconsejar que alguna vez el chef en jefe de una prestigiosa cadena de hamburguesas pruebe alguna de las que vende cualquier kiosco de mercadillo, aunque sea sólo para apreciar lo que el 90% de la gente común comemos algunas tardes.

Así, habrá más contenido humano en lo que hacen, y complementarán su erudición con algo de cotidianidad, lo que talvez ayude a contextualizar mejor su labor y su apostolado profesional, que también lo es…

Sí, al menos en lo que a mí respecta, asumir y responsabilizarse de una economía de gran calado tiene mucho que ver con manejar la de un hogar o familia, porque en ambas el sentido común parece ser el “universal necesario”, lo que es de un modo y no puede serlo de otro, como talvez lo hubiera dicho Aristóteles. Es cierto, las escalas son diferentes, su grado de complejidad también, pero los principios son los mismos, o casi.

El hecho de que una familia de 6 personas sea totalmente diferente a otra de 12 millones no le quita que la economía, como ciencia basada en realidades, se base en principios y “leyes” aceptados como universales: balance, previsión, disciplina, proactividad, transparencia, responsabilidad social…

A medida que crece el número de involucrados, se hacen más complejos también su sistema, metodología y procedimientos, pero las ideas rectoras, más indiscutibles cuanto más sencillas, son las mismas.

La primera Presidente (“Presidenta” para otros) de Bolivia, Doña Lilia Guéiler Tejada, secretaria comercial de profesión, dama sencilla, dirigente popular, y por todo ello más respetable que de ordinario, al asumir el cargo como secuela de una tormenta política y económica que aquejaba al país a fines de 1979, afirmó entre otras cosas, como respuesta a sus críticos que la descalificaban por su supuesta ignorancia en gestión del Estado, que “manejar la economía nacional se parece mucho a manejar una gran familia si se tiene la honestidad, vocación de servicio y buena fe para hacerlo…”

Muchos “expertos” sonrieron compasivamente por tamaña ingenuidad…, y como desde el primer día de su mandato fue hostigada hasta ser derrocada a escasos meses de mandato, no tuvo el escenario que le hubiera permitido demostrar su hipótesis, o desmentirla…

Sin embargo, cuando oigo y leo a tantos respetables analistas de rango mundial que para redondear sus juicios especializados, acuden a moralejas, modismos y enseñanzas propias del saber popular, no puedo evitar reflexionar: “Mil disculpas, doña Lidia, en gran medida usted tenía razón…”

¿Qué opinan ustedes, mis amables ciber-lectores?

Ukamau la cosa.

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viernes, 7 de octubre de 2011

Chau, Steve

Puedo estar equivocado…
Desde la década de los años 70, hasta 2011 el mundo se ha transformado casi totalmente. Por muchas razones, este período comprime acontecimientos, progresos y cambios que en cualquier otra época anterior hubieran tomado incluso siglos. Y aunque el futuro inmediato tendrá la misma dinámica, ese tiempo será memorable por los progresos y nuevos rumbos de la economía, la tecnología, la sociedad y la cultura en general.
Quienes hemos vivido nuestra adolescencia y juventud, incluso nuestra adultez en esta época hemos experimentado personalmente estas transformaciones, y hemos tenido el privilegio de hacerlo “en primera fila”.
En 1975 la computadora personal era poco menos que un sueño. Hoy, cualquier calculadora de estudiante tiene más potencia que las computadoras de la nave Apolo que llegó a la Luna.
En 1975 los viajes al espacio podían durar sólo pocos días. Hoy, salvo la jubilación de los transbordadores norteamericanos, los astronautas pueden permanecer en el espacio por meses enteros.
En 1975 las radios portátiles pesaban, por lo menos, medio kilo. Hoy, cualquier adolescente puede comprar, con su dinero para el recreo escolar, una radio tan pequeña que incluso cabe en el mismo auricular.
En 1975 los mini-casetes de audio eran el standard doméstico para conservar música. Hoy, cualquier chip o dispositivo similar puede conservar lo que miles de esos casetes.
En 1975 las redes de computadoras eran privilegio de grandes empresas y universidades. Hoy, cualquier computadora doméstica puede conectarse al mundo entero, y gracias a Internet nuestro planeta parece más pequeño.
En 1975 los teléfonos móviles parecían maletines de comunicación militar. Hoy, en cada hogar hay, por lo menos, un teléfono celular, incluso en algunas ciudades, hay un celular por cada persona.
En 1975 la radio, teléfono, agenda personal, cámara fotográfica y filmadora eran aparatos diferentes. Hoy, todo eso está reunido en un solo y diminuto aparato, y además, toda una discoteca, videojuego y otros añadidos.
¿Qué ha pasado?
Estos cambios dramáticos no son obra de la casualidad; son la suma y producto de varios progresos pequeños que cuando interactúan entre sí hacen funcionar una sinergia que multiplica las posibilidades y resultados. Pero se necesitan creadores, emprendedores y visionarios que inicien esta dinámica, porque ella no nace de la nada.
Steve Jobs fue uno de ellos.
En 1975, Steve vivía el dilema entre encaminar seriamente su vida universitaria o lanzarse a la aventura de marcar su propio camino, a su modo. Así, finalmente, al año siguiente la decisión se había tomado, y con un amigo terminó por fundar la “compañía de la manzana”.
Lo demás es historia…
Aparte de 12 años de ausencia, entre 1985 y 1997, en que Apple experimentó con el Proyecto Newton, que al final no triunfó como negocio pero de todos modos marcó un horizonte, Steve y su compañía fueron literalmente uno, lo mismo.
En una época en que la compatibilidad computacional era el primer mandamiento para crecer, prevalecer y prosperar, Apple prefirió seguir el suyo, y sin aislarse por completo, evolucionó su propio Standard. En un ambiente que exigía “compatibilizarse o morir”, Apple no sólo sobrevivió sino prosperó.
En tiempos de la Mac la gente común pensaba: “es buena, pero no es compatible con las demás computadoras; además, no hay mucho software para ella”. En ese tiempo, la gente que conozco soñaba, clamaba y reclamaba que los productos de Apple se parezcan a IBM, HP, Epson o Sony. Ahora es al revés, la competencia busca parecerse lo más posible a los productos de Apple.
¿Por qué?
Sin ignorar ni menospreciar la fortaleza de la empresa, los 12 años de ausencia de Apple sin Steve demuestran que el genio, y muchas veces el ingenio de su fundador marcaron la diferencia.
Su estrategia: innovación e integración, eficiencia y calidad. Luchar para crear algo diferente y mejor, aunque resulte costoso, y luego luchar para que sea accesible, con equilibrio entre precio y desempeño. Desarrollar y ofrecer nuevos productos; pero no quedarse ahí sino ofrecer nuevas experiencias. Dar más importancia a lo beneficia al cliente, los beneficios para la empresa llegarán solos, por añadidura.
A la inversa de los magos, que extraen muchas cosas de un sombrero pequeño, Steve nos enseñó que es posible reunir muchos aparatos o dispositivos en un solo objeto pequeño. Antes de él, lo único parecido que conocía la gente común era el venerable “3 en 1”: receptor de radio, reproductor de cintas y tornamesa para discos. Y Steve inició una revolución que le sobrevive y se extenderá por siempre.
En mi país hay un refrán que dice: “lo bueno de los patos es que nadan y vuelan, pero lo malo es que ni vuelan bien ni nadan bien”. Steve nos demostró con el iPhone que ese “pato” hace varias cosas, y muy bien.
Pero ese no es su único legado.
Otra enseñanza de Steve, incluso más profunda que las anteriores, es su testimonio de vida: la entereza del revolucionario que trabaja sin descanso por lo que cree que está bien y es posible, el optimismo para asumir los problemas como desafíos y los imposibles como tareas, la entereza para sobreponerse a las dificultades, y vencerlas; la paciencia para reconocer los malos tiempos como oportunidades y las desventajas como motivaciones; la entereza para mantener un ideal y convertirlo en proyecto de vida; la sencillez para ser como se es y convertir lo sofisticado en cotidiano; y el amor a la vida para seguir viviendo aun a pesar de la muerte…
Steve nos regaló en forma de tecnología e innovación lo que Dios le dio en inteligencia, creatividad y fuerza vital. ¿Qué nos hubiera dado si él hubiera sido economista, poeta, músico, filósofo, sacerdote o político? ¿Acaso no fue Steve algo de esas cosas?
Steve nos enseñó con su ejemplo de vida que no se necesita ser rico para gozar de los progresos materiales, y se preocupó porque todos los jóvenes y adolescentes del mundo accedan a los productos tecnológicos. Ahí está el economista con vocación social.
Steve nos mostró cómo los sueños pueden convertirse en realidades, con trabajo, dedicación y perseverancia. Ahí está el poeta que anuncia y presenta la metamorfosis de la idea que se materializa en realizaciones.
Steve nos enseñó que la música puede llegar a ser verdaderamente universal, traspasar cualquier barrera y reconciliarse con el mundo cibernético lleno de piratas que prosperan con el esfuerzo ajeno, ahí está el músico padrino del artista y compositor que espera una recompensa decorosa por su esfuerzo.
Steve nos enseñó que la vida diaria no tiene que subordinarse a la tecnología, sino que la tecnología debe servir a un mejor bienestar, que la máquina debe servir al ser humano y no al revés. Ahí está el filósofo que nos muestra un mundo en que arte, máquina y cotidianidad aportan por igual a la sensación y alegría por vivir.
Steve nos enseñó que cuando uno desea, espera, trabaja y pide con toda su fuerza y corazón, como decía Santiago, cualquier logro bueno es posible. Además, él también nos enseñó que predicar y practicar lo que se cree no son asuntos separados. Él predicó y practicó. Ahí está el sacerdote que dejó a las nuevas generaciones una lección de amor y compromiso con el ideal que se convierte en trabajo y éxito.
Steve nos enseñó que los progresos deben, y pueden, beneficiar a todos, que el conocimiento es poder, que ese poder bien utilizado contribuye al bienestar, y que el bienestar es un derecho humano. Ahí está el político que trabajó por democratizar el acceso a la tecnología, mucho más, y en silencio, que varios gobernantes o estadistas.
Pero Steve nos dejó algo más. Él creía, como nosotros, que todos somos valiosos, pero nadie es indispensable. Sabiendo que ninguna vida material es eterna, compartió su forma de pensar y de vivir con quienes le rodearon. La compañía Apple seguirá experimentando todavía el influjo de su genio innovador. A diferencia de otros que prefieren llevarse consigo sus virtudes, él se preocupó por “dejar escuela”, y mientras se deslizaba discretamente hacia más atrás de la escena, apoyó a sus seguidores hasta que su salud le dijo que era hora de detenerse.
Y Steve se fue.
¿Steve murió? No, sólo se fue…
La muerte material, comparada con la inmensidad de la Vida, es sólo una circunstancia. Steve vive y vivirá por siempre porque se ha hecho eterno. Es verdad, se hablará del él sucesivamente menos, como casi no se habla de los otros genios de la Historia, pero cuando se lo hace, se lo hace en presente y no en pasado. En esto, otro grande a quien admiro más cada vez que lo vuelvo a leer, José Ortega y Gasset, dice que ser eterno no consiste en extenderse en el tiempo, longevidad imposible, sino quedarse en el presente de uno mismo, de modo que la gente del futuro regrese a esa época para aprender de ella, y de su protagonista. Entonces, hacerse eterno no es prolongarse hacia el futuro sino que el futuro dirija la mirada hacia ese presente, por mucho que pertenezca al pasado.
Steve se ha convertido en un inevitable referente de esta época; no es el único, verdad, pero quizás es el que más ha tocado el corazón de quienes nos hemos quedado aquí y estaremos un tiempo más.
1975, 2011. Dos épocas distintas, dos realidades distintas, y Steve tuvo mucho que ver en eso...
Su partida no me llena de dolor sino de nostalgia. No se puede, no se debe sentir dolor por la partida de alguien que ha vivido intensamente, y nos ha enseñado a hacerlo. No lo conocí personalmente, pero es como si lo hubiera conocido. Al final, como me dice Gaboshi cuando escribo estas líneas con el corazón más que con la razón, los buenos tiempos son los que quedan, como si fueran fotografías. Personalmente yo guardo muchas “fotografías” como un tesoro inmaterial: Ariel pellizcándome el cuello sus primeros días de kinder, Carola ufanándose de haber salvado la cuchara aunque se haya roto el plato, o Gabo apurándose a su primer día de kinder “para estar en problemas”. Sí, así es, Gaboshi, en la ingenuidad de tu niñez tienes mucha razón…
Y mientras Steve intercambia bromas con Newton, Leonardo, Pascal, Von Neumann, Edison y sus demás amigos, nos corresponde a nosotros aprender lo bueno y positivo de su vida, persiguiendo nuestros ideales como él lo hizo, y lo logró.
Chau, Steve, es lo menos que podemos hacer en tu memoria…
Ukamau la cosa.

sábado, 5 de junio de 2010

La vida es una “moneda”

Con la perspicacia propia del psicoanálisis, este artículo nos pone a pensar sobre la forma en que el dinero influye, a veces poderosamente, en nuestra forma de ser, al punto que incluso tipifica nuestro temperamento y conducta respecto de él. Aún cuando no sea realmente ni un bien ni un producto, es bastante difícil permanecer indiferente ante las cuestiones y problemas que nos plantean las finanzas personales, y en perspectiva, nuestro desempeño en los negocios, el trabajo, el ahorro y el bienestar. “Poderoso caballero es Don Dinero” decía don Francisco; sin embargo, como nos lo señala el autor, es bueno que nos evaluemos en este ámbito, porque conociéndonos mejor podremos, en consecuencia, actuar mejor.

Autor: Marcelo Elbaum, Director de Convexity S. A., m_elbaum@convexity.com.ar
Fuente: www.revista-noticias.com.ar, 6 de junio de 2009

Conocer nuestras “fortalezas” y “debilidades” frente al dinero, nos permitirá tener un mejor bienestar económico.
El filósofo alemán Arthur Schopenhauer expresó hace más de 150 años que: “La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna”. Esto es así porque el dinero no es una cuestión aséptica, que se pueda abordar en situación de laboratorio, sino que, por el contrario, genera intensas emociones y reacciones en las personas. Para algunas, es fuente de seguridad; para otras, de libertad; para muchas es la medida de su autoestima y para otras tantas, causa de ansiedad o dependencia. Esto es así porque cada uno de nosotros posee una personalidad y un temperamento diferentes, que dan una impronta especial a nuestros actos. Tímidos, expansivos, comunicativos, retraídos, explosivos, medrosos, alertas, aventureros, vamos por la vida con nuestros defectos y virtudes tratando de sacar provecho de unas e intentando disimular o modificarlos otros. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las personas no suelen tener en cuenta estos rasgos a la hora de analizar sus finanzas. Por extraño que parezca, en general no se detienen a sopesar cuánto ha influido su personalidad en los resultados financieros que obtienen o han obtenido, ni mucho menos a pensar cómo podrían modificar sus actitudes negativas y explotar al máximo las positivas para que redunden en beneficio de su economía. Algo que, sin duda, les permitiría avanzar con mayor solidez en la búsqueda de sus objetivos. A grandes rasgos, los tipos extremos para las tres dimensiones de la riqueza (adquisición, uso y administración) serían: respecto de la adquisición, la “personalidad esquiva” se opone a la “personalidad insaciable”: en el primer caso, el esquivo piensa que el dinero es la raíz de todos los males. En el otro extremo, está el insaciable, que sería aquel que, en el extremo máximo, rompería cualquier ley y torcería las reglas para ganar más y más. Respecto del uso, la “personalidad miserable” se opone a la “personalidad derrochadora”: en el extremo izquierdo está el miserable que vive muy por debajo de sus posibilidades y se priva de cualquier placer con el solo objetivo de atesorar. En el otro extremo se encuentra el despilfarrador, que es un gastador compulsivo. Respecto de la administración, la “personalidad gerencial” se opone a la “personalidad caótica”: en uno de los extremos está el obsesivo compulsivo que gerencia y administra hasta el último centavo e intenta obtener rentabilidad hasta en lo más mínimo. En el otro, se halla la persona caótica que es extremadamente desordenada y posterga pagar las cuentas hasta que queda quebrado o no destina nada de tiempo a analizar sus inversiones. De seguro, usted no se ha reconocido estrictamente con ninguno de estos tipos. Con certeza algunos ejemplos le ha resonado en su interior. Es que siempre, aunque nos cueste admitirlo, estamos un poco más inclinados hacia un extremo que hacia el otro. Y allí, en nuestras carencias y en nuestras fortalezas es donde debemos trabajar para acercarnos cada vez más al justo medio. Sería bueno que usted realice algún “test de identidad de la riqueza” para evaluar en cuáles de los factores de los que se relacionan con el dinero posee “fortalezas”, en cuáles está “equilibrado” y en cuáles tiene una “debilidad” por resolver. Los factores a evaluar serían: a) autoestima y seguridad; b) confianza en las relaciones personales; e) administración y legado; d) estilo de vida y e) conciencia financiera. Después de todo, “…la vida es una moneda, quien la rebusca la tiene, ojo que hablo de monedas y no de gruesos billetes...”

Comenten, comentadores…

Ukamau la cosa...

La sociedad de los miedos

Aun cuando este profundo análisis psico-sociológico, no sin buena dosis de filosofía, se refiere más al ámbito argentino, casi todo lo que expresa puede aplicarse a cualquier ámbito humano de la actual posmodernidad. Tomando en cuenta que, en efecto, el miedo íntimamente enlazado con el instinto de conservación, es uno de los motores más poderosos de la conducta humana, algo que Eric Fromm también lo enfoca en su libro famoso “Los cuatro gigantes…”, parece ser que en este último tiempo, y a pesar de lo que la globalización parece reportar en materia de bienestar, todos parecemos sentir una especie de angustia existencial que comenzando por nuestras legítimas incertidumbres, pasan por las crisis de todo tipo (guerras, inequidad, calentamiento global, epidemias nunca antes vistas, amenazas externas al planeta, etc.), que a veces nos hacen decir para nuestros adentros: “no sé por qué aun no he perdido la cordura”. El autor de este artículo enfoca, con objetividad pocas veces vista, la forma como esta sensación se presenta ante el ser humano actual, ya no en la forma de fenómenos físicos inexplicables ni en la pugna de prevalecer entre las fieras prehistóricas sino en la forma de fantasmas (de todo tipo) que en gran medida él mismo ha creado y en la angustia de cómo sobrevivir al supuesto “progreso” del que ahora parece comenzar a ser víctima.

Autor: Pacho O’Donnell, historiador y ensayista. Autor de “La Sociedad de los miedos”. Editorial Sudamericana, 2009.
Fuente: www.revista-noticias.com.ar, 6 de junio de 2009.

Es un sentimiento profundo y ambiguo que termina gobernando, cosechando la desconfianza, la violencia reactiva, las relaciones light, los valores subvertidos y el sinsentido vital.
Las argentinas y los argentinos de este principio de siglo estamos hechos de miedo. No se trata sólo de que lo sintamos o que nos aceche, sino que el miedo ha llegado a ser nuestra esencia constitutiva. Se ha adueñado de nuestras fibras más íntimas y condiciona, sin que nos demos cuenta, nuestros pensamientos, decisiones y acciones. Lejos de ser una consecuencia indeseada o inesperada de la organización social, constituye el dispositivo crucial de la misma ya que el miedo es el mecanismo de disciplinamiento que el sistema económico y político necesita para su conservación y expansión.
El miedo más ostensible, al menos en los tiempos que corren, lo cual no quiere decir que sea el más hondo, está relacionado con lo que se entiende por “inseguridad”, es decir, el marcado crecimiento de la violencia delincuencial y sus consecuencias psicológicas, somáticas, sociales, políticas, económicas y culturales. Esta violencia y el miedo que engendra, dejémoslo ya sentado en estas primeras líneas, lejos están de ser “causas” sino que son “consecuencias” de la clave del sistema social vigente: la agresiva, solapada y eficacísima inoculación en nuestras moléculas del anhelo de “tener”.
Tener por el medio que sea: trabajar, estafar, robar, secuestrar, matar… pero tener. Y más que el prójimo.
Si bien la metodología de su imposición suele ser subrepticia y escapar a nuestra percepción, cuando el poder social se vio gravemente amenazado por el revolucionarismo de los años setenta echó mano a la ferocidad de la Triple A y a la ominosa dictadura del llamado Proceso de Reorganización Nacional -llave maestra para lograr tal fin-, y las huellas del terror sistemático, a pesar de los años transcurridos, son perceptibles aun en aquellos que nacieron luego.
Infiltrado en cada uno de nosotros ese miedo constitutivo opera desde nuestro centro vital, nuestro inconsciente, y es lo que le permite a ese sistema en el que vivimos sostener sus necesidades de un consumismo cada vez más intensivo haciendo que cada uno de nosotros piense, elija y actúe no ya de acuerdo con su propia naturaleza, sino en función del deseo social, aquel que nos prefiere consumidores y no personas en contacto con su identidad profunda.
Esa es “la sociedad de los miedos”, caracterizada por la enajenación, la desconfianza en el prójimo, la violencia reactiva, las relaciones light, la hipoteca del deseo, el sinsentldo vital, la subversión de los valores. De eso nos ocuparemos en estas páginas, donde podrá encontrarse un listado de miedos en los que el más antológico de ellos -el miedo a la muerte- se encarna, se disimula y se objetiva.
Sin embargo, este es un texto sobre la esperanza, puesto que desocultar lo que nos malcondiciona desde nuestros propios pliegues nos da la oportunidad de reaccionar y de encontrarnos a nosotros mismos, de ser leales, aunque sea parcial o esporádicamente, con la razón de nuestra existencia. Porque está claro que no hemos venido al mundo para cumplir con deseos ajenos.
LA EXPERIENCIA. Tengo pergaminos para abordar el tema, dado que soy un experto en miedos por haberlos sufrido en carne o mente propias en todas las edades. La matriz de todos ellos fue aquel monstruo indefinible pero aterrador, que se deslizaba debajo de mi cama en las noches de mi infancia cuando mis padres salían. Yo escuchaba su respiración sibilante y me imaginaba -casi los veía- sus ojos enrojecidos, que nunca pestañeaban brillando en la oscuridad. Yo cerraba los míos y permanecía inmóvil para engañarlo, en la esperanza de que si me daba por dormido no me haría víctima de ese ataque siempre inminente que, sin que yo entones lo comprendiera, era el castigo con el que mi inconsciente me amenazaba por mis desbordantes y culpógenas fantasías sexuales. (Años más tarde el temible monstruo se encarnó en la dictadura del Proceso, me mostró sus garras chorreantes de sangre y hube de exiliarme con mi familia). Acotemos que los cuentos y los dibujos animados dirigidos a niñas y niños de corta edad suelen ser terroríficos porque cumplen con la misión de “asustarlos” para preparar su ingreso en la vida colectiva.
Los terrores infantiles están relacionados con la indefensión del ser humano en sus primeros tiempos de vida, cuando todo puede resultar un peligro letal. Tengamos en cuenta que la especie humana tarda un año en ponerse de pie, mientras que un ternero o un potrillo lo hacen a poco de nacer. Es incomprensible que una criatura tan inmadura haya logrado sobrevivir a las crudas leyes de la naturaleza y además imponerse sobre las otras criaturas.
El temor más primitivo y fundante de todos los demás es el de ser abandonados por el indispensable pecho materno, del que depende no sólo nuestra nutrición alimenticia sino también la afectiva. Traducido al lenguaje adulto, es una amenaza de privación y de muerte. Ello provoca envidia por no poder disponer de ese pecho a su arbitrio, lo que en nuestro imaginario asusta con la posibilidad de destruirlo. Muy precozmente estamos forzados a domeñar nuestra agresividad. El miedo es socializador. El costo de vivir en sociedad es renunciar a satisfacciones inmediatas por temor a las consecuencias (“el malestar en la cultura” lo llamó don Sigmund). Dicha sumisión, corno iremos desarrollando en estas páginas, ha sido llevada a una dimensión elevada de eficiencia y ocultamiento por la sociedad del miedo. Ya no se trata, sólo o tanto, del temor a las leyes, desde siempre domesticadoras de instintos por el miedo a las consecuencias de desobedecerlas.
En los tiempos que corren, la coerción se ejerce por sutiles vías de devastador efecto: el miedo a ser diferente, a ser excluido, a la desocupación, a “no tener” objetos o servicios que configuran la identidad social, al desamparo de la vejez. La organización social no reacciona, o lo hace insuficientemente y a destiempo -como lo demuestran las impotentes marchas espontáneas que claman por seguridad cuando el sistema de orden se debilita por la corrupción policial o por la ineficiente lentitud de la justicia-, porque la amenaza de desintegración social y el consiguiente temor al desamparo anárquico, fogoneado por los medios masivos, contribuyen a instalar el miedo y su consecuencia de búsqueda de refugio en la normativa social, galvanizándola.
Biológicamente, el miedo es una reacción necesaria y positiva ante una amenaza. Nuestro organismo se prepara para la defensa y el contraataque, que procurarán la supervivencia: se incrementa el metabolismo celular para un mayor gasto de energía, la presión arterial y la glucosa elevadas garantizan el combustible para la acción muscular y la actividad cerebral, la coagulación sanguínea acelerada disminuye las eventuales hemorragias.
La sangre deja de irrigar zonas innecesarias para la emergencia, como el aparato digestivo, y en cambio fluye a los músculos mayores, especialmente a las extremidades inferiores, para facilitar la carrera y los saltos. El corazón aumenta de frecuencia para garantizar la circulación de adrenalina. También se agrandan los ojos y se dilatan las pupilas para mejorar la visión.
DEL MÁS ALLÁ. Las religiones han echado y echan mano del miedo. Los griegos colocaban imágenes terroríficas en sus templos para provocarlo y fijar a sus acólitos en la fe. Al visitar el templo de las ruinas mayas en Chichén ltzá me impresionó hondamente la crueldad de las imágenes esculpidas en las paredes, pobladas de personajes monstruosos, profusas decapitaciones, sangre chorreante, feroces torturas, que seguramente tenían por objetivo atemorizar a los habitantes para forzar su sumisión. Puedo dar testimonio de que el temor al Infierno, en mi infancia de formación católica convencional, era un tormento ya que es imposible imaginarse libre de pecado, batalla en la que estamos destinados a perder porque nuestras vidas arrancan bajo la condena de un Dios furioso por la desobediencia en el Paraíso:
“¡Maldita sea la tierra por tu culpa! Con fatiga sacarás de ella tu sustento todos los días de tu vida. Ella te dará espinas y cardos y comerás la hierba de los campos. Con el sudor de tu frente comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado. Porque eres polvo y al polvo volverás” (Génesis 3:17-19). El Supremo ya no nos amaría incondicionalmente, según la religión judeocristiana, sino que desde ese infausto día debemos esforzarnos por ganarnos su perdón, lo cual, según lodos los indicios, no es nada fácil. Puede trazarse un parangón de ese mecanismo de inoculación de temor con la posmoderna religión laica del mercado que hoy nos aterroriza con las noticias escritas y filmadas, transmitidas en tiempo real y simultáneo a todos los rincones del planeta, de crímenes, accidentes, matanzas, terremotos, inundaciones, bombardeos.
La fobia (fobos en griego antiguo significa “pánico”) es un miedo desproporcionado e intenso ante un objeto o una situación concreta que significan o representan algún objeto interno aterrador. En mi experiencia personal, en tiempos pasados me costaba viajar en avión, y actualmente soy muy prudente -por decirlo elegantemente- en mis baños marítimos, que quedaron marcados por una situación traumática en mi adolescencia.
De esa manera, las angustias infantiles se transforman en un miedo que puede ser identificado, racionalizado y. en ocasiones, conjurado por el sencillo expediente de evitar lo representado como temible. Sin embargo, hay fobias más graves en las que lo temido es difícil de evitar y que provocan serias restricciones a la posibilidad de vivir, como es el caso de las agorafobias o las claustrofobias.
En cuanto a los cada vez más difundidos “ataques de pánico”, según he comprobado en mi práctica profesional, se producen cuando el miedo que nos habita, el miedo constitutivo, a raíz de un estímulo por lo habitual solapado, afloja las defensas yoicas que normalmente lo contienen y se manifiesta como una angustiante sensación de muerte inminente. Porque, en última instancia, a lo que el ser humano teme es a cesar, a morir, y ese temor está en la base de todos los miedos. Con respecto a la depresión, enfermedad de nuestro tiempo, tiene lugar cuando, empujados por el miedo a ser distintos, hemos renunciado a nuestro deseo y lo hemos suplantado por el deseo social. Ello provoca su extinción y la consiguiente pérdida del impulso vital, que hace que la persona se hunda en la parálisis deseante.
El miedo es un arma de dominación política y de control social, la dictadura genocida del Proceso fue un trágico ejemplo de ello y a pesar de los años transcurridos sus efectos están aún vigentes, como el de la extendida falta de compromiso de las nuevas generaciones con lo social o lo político, consideradas, consciente o inconscientemente, actividades “peligrosas”.
La dolorosa certeza de nuestra fragilidad y vulnerabilidad es la anticipación de nuestro destino mortal. Sin embargo, nunca nos resignamos a ello y la esperanza de conjurarlo, como veremos en estas páginas, da pie a rentables emprendimientos comerciales. Es así como el miedo a la inseguridad urbana vitaliza la venta de alarmas y de blindajes, el miedo a la vejez es la base de la industria de cosméticos y cirugías estéticas, el miedo al fracaso se conjura imaginariamente con automóviles nuevos y viajes en cuotas.
PELIGROS URBANOS. En la antigüedad, nuestros antepasados temían a fenómenos naturales, como sequías, terremotos, inundaciones; también a las fieras con las que compartían el mundo. En los días que corren, en cambio, mujeres y hombres se sienten amenazados por perturbadores peligros, a veces concretos y objetivables como los nombrados, pero en otros casos imprecisables y ambiguos, que nos asustan sin que nos demos cuenta. En esto influye el progreso científico y tecnológico, que hasta no hace muchos años, sobre todo en épocas del positivismo, era la esperanza de una vida mejor por el avance de la medicina, de los transportes, de las comunicaciones, de la cultura, que prometían un futuro de vida prolongada, de ocio, de explotación y distribución racional de los recursos. En cambio ahora hemos aprendido que el verdadero avance de la ciencia se ha dado en la capacidad de destrucción apocalíptica de la tierra y sus minúsculos habitantes. Por ello, cuando nos enteramos de los progresos en la clonación humana no nos imaginamos su contusa aplicación en el trasplante de órganos, sino que damos por seguro que servirán para formar los ejércitos de zombis destructivos que nos anticiparon las películas de ciencia ficción. Y suponemos que no están lejos los tiempos del terrorismo nuclear. También nos atemoriza la comprobación de que el narcotráfico se expande de modo irremisible con la complicidad de funcionarios, jueces y uniformados, y ya no nos parece imposible un gobierno planetario de “narcos”. Otro miedo moderno es la certeza de ser espiado y controlado por organizaciones invisibles y poderosas, por lo tanto amenazantes. No se trata sólo de la vigilancia satelital que puede dar cuenta de lodos nuestros movimientos, sino también de que nuestros mensajes enviados por Internet son guardados por los buscadores (AOL, Google, Microsoft, etc.) en ficheros llamados “log de buscador”, identificados por un IP, número único que reconoce la computadora, la laptop, el blackberry o el celular de emisión. En él consta el texto del mensaje y el día y la hora en que fue emitido, lo que permite trazar un preciso perfil de nuestras relaciones, religión, intereses, tendencias políticas y sexuales, aficiones, hobbies, etc. Se supone que esos archivos son inviolables, pero la pregunta es entonces por qué se los guarda. Evidentemente, son de gran utilidad para el marketing de empresas vendedoras de ciertos productos o servicios, pues les permiten dirigir sus inversiones promocionales a un target de consumidores predispuestos. Pero también son invalorables para organismos gubernamentales o servicios secretos, que disponen así de información utilizable en nuestro perjuicio. Es claro también que el imposible blindaje ante hackers hipertecnológicos hace de la supuesta privacidad un mito insostenible.
La paranoia social es omnipresente en la vida de hoy. Es la sensación colectiva de que algo imprecisable pero terrible puede sucedernos o puede sucederles a nuestros seres amados. Ya no es el desconocimiento lo que nos llevaba a inquirir y a ir arrancando sus secretos a la naturaleza. Es ahora un terror que se retroalimenta por el contagio de los aterrados, que se solivianta en el catastrofismo en los medios de comunicación, que es azuzado por quienes sacan provecho de él, como los gobernantes que amenazan con el caos si no se cumplen sus propósitos.
RUIDOS NOCTURNOS. Vivimos en la sociedad de los miedos, en la que también prima la violencia manifiesta, que no es sino una de las exteriorizaciones del miedo sustancial en la que algunos miedosos se ponen del lado de aquel que atemoriza.
En ella, las costumbres han ido modificándose en nuestro perjuicio: los sospechables ruidos nocturnos afectan nuestros sueños, las veredas dejan de ser el lugar de juegos infantiles y adolescentes, el barrio ya no es el perímetro reasegurador de nuestras relaciones, se limita el uso del automóvil por el temor a ser asaltados, cuando oscurece se corre al refugio hogareño, se suspenden las vacaciones por la posibilidad de ser desvalijados durante la ausencia. También suele quedar afectada la capacidad de entretenimiento y culturización, ya que ir al cine, al teatro o a un museo requiere movilizarse en lo exterior, por lo que se aumentan las horas de pasividad frente al televisor con consecuencias deletéreas para la adecuada evolución de niñas y niños.
Todo prójimo deviene en alguien sospechable, como lo expresó hace siglos el sabio chino Lien Tzu:
Un hombre perdió su hacha.
Sospechaba del hijo de su vecino.
Al observar su forma de caminar, le parecía que era la propia de un ladrón de hachas; su fisonomía, la de un ladrón de hachas; todos sus movimientos y gestos eran, sin excepción, los propios de un ladrón de hachas.
Al poco tiempo, el hombre fue a cavar al valle y encontró su hacha.
Al día siguiente cuando volvió a ver al hijo de su vecino, ni uno solo de sus movimientos o gestos le parecieron los de un ladrón de hachas.
También las horas de las noches dejan de ser románticas, y se vuelven amenazantes, el regreso de los hijos se torna un milagro renovado cotidianamente, el aislamiento pasa a ser el mejor sistema de protección.
Esto último hace que la soledad se adueñe de nuestras vidas, porque poner distancia del otro peligroso nos blinda. De allí que las relaciones con los objetos y con las personas sean “líquidas” -como las definió el sociólogo Zygmunt Barman-, fugaces, precarias, inconsistentes, defensivas, sustituibles. Carentes de compromiso, todo lo cual transforma el natural gregarismo de la condición humana en una dispersión de islotes solitarios cercados por el pánico.
En estas páginas nos ocuparemos del miedo y de los miedos, es decir de nosotros mismos, con la ayuda de destacados pensadores, y recorreremos algunos de ellos, aunque en definitiva confluyen en uno solo: el miedo a vivir en los tiempos que corren, sensación funcional al sistema social que habitamos y que nos habita.

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Ukamau la cosa...