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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Tsu

La red social que paga a sus usuarios por sólo hacer lo que hacen naturalmente cada día en las redes sociales.

Así se llama esta nueva red social, que se parece casi en todo a Facebook (aunque de momento está sólo en inglés pero eso no es problema), con la diferencia de que Tsu paga a sus usuarios, o sea a ti, por los contenidos que produce, por lo que publica, por animar a otros a activarse o darse de alta, por conseguir seguidores, por conseguir Likes, por marcar Likes, en fin, por todo lo que normalmente se hace a diario en una red social.

Te interesa? Te interesa saber cómo ganar dinero haciendo todas esas cosas que hasta ahora haces gratis? Entonces, pulsa en este enlace para seguir leyendo… No te arrepentirás…

Ahora bien, si te animas inmediatamente a activar tu cuenta, y comenzar a ganar tus primeros centavos nada más por eso, haz clic en este enlace:
 http://www.tsu.co/qdquasar
Suerte, y nos vemos en esta red social que -ya era hora- valora a los usuarios y les reconoce por producir sus contenidos.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

La primera red social que paga a sus usuarios

Tsu te paga dinero por navegar mirar imágenes marcar el contenido que te gusta escribir subir fotografías interesantes e incluso por tener amistades.

Tsu pays you money to navigate, to look at images, to mark the content that you like, to write, to upload interesting pictures, even to have friends.

Talvez no has leído todavía:

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Las redes sociales comenzaron como curiosidad informático-tecnológica y terminaron siendo una casi necesidad, especialmente para quienes hacemos de la interacción personal virtual nuestro ambiente de actividad diaria. Aunque la mayoría las usa más para relacionarse o distraerse, otros las ven como un verdadero ecosistema en el que cultivar contactos profesionales, de negocios, o incluso expresarse artística, intelectual, ideológica o culturalmente; su versatilidad da para todo.
Por su parte, unas más y otras no tanto, estas redes sociales se desarrollan como un negocio global, multimillonario en algunos casos, sobre la base de lo que somos, decimos y hacemos, mercadeando nuestras preferencias y lo que producimos deliberada o involuntariamente.

Pero, hasta ahora, nada de lo que los propietarios ganan mediante esas redes sociales le llega al usuario, la persona, a ti, a mí… hasta ahora…

Pero hay algo que está comenzando a cambiar, y Tsu “tiene la culpa”…
Tsu (el vocablo que también se escribe como Tsú) es una nueva red social que, a diferencia de las demás, PAGA a sus usuarios por lo que hacen, sí, literalmente: habilitar su cuenta, subir texto, imágenes o video, ver lo que está publicado, expresar sus ideas, acumular contactos, atraer nuevos usuarios… todo. Y si bien son montos inicialmente muy pequeños, según la actividad que se tenga, especialmente logrando de nuestra parte nuevos usuarios, llega a ser algo considerable.

Tsu se parece mucho a Facebook, quien la ve como un auténtico riesgo, al extremo de que la sola palabra “Tsu” está prohibida en su “territorio”, vaya uno a saber por qué realmente. Quien “tenga Facebook” puede moverse cómodamente en Tsu, eso sí, con la pequeña diferencia de que cada acción que realice implica algún “centavito de dólar” que se le acumula a favor, y que puede cobrar (mediante cheque por correo) cuando llega al mínimo de 100 dólares.

Para quien “vive” en las redes sociales (que los hay, y muchos), esto es “música a los oídos”, “dinero”.

Además, Tsu tiene un sistema de red de afiliación que permite ganar dinero también por lo que hagan las personas a quienes sigues, quienes te siguen, y principalmente quienes se hayan unido a Tsu a causa de tu invitación, porque sólo te puedes dar de alta si alguien “de adentro” te invita, incluyéndote además en su grupo (digamos “árbol familiar”). A tu vez, tú, con tu cuenta personal, podrás también invitar a otras personas que pasarán a formar tu propio “árbol familiar”, haciendo crecer una red multinivel que no es sólo una forma de organizar a los usuarios sino que tiene mucho que ver con la forma como se les paga. O sea, cuantas más personas hayas logrado que se den de alta gracias a tu invitación, terminarás ganando más dinero.

O sea, inicialmente no puedes entrar y ya; necesitas que alguien con cuenta en Tsu te invite… Y ese alguien soy yo, porque desde ya te invito a que te registres en Tsu…

Una vez dentro, comienzas a ganar dinero por casi cada cosa que hagas (parece mentira pero es cierto), mucho más si consigues nuevos afiliados o produces contenido interesante (subir fotos bonitas, escribir pensamientos inspiradores, comentar las noticias de actualidad, marcar “likes” en lo que te gusta, conseguir nuevos usuarios (ya lo dije), seguir a personas que te parecen interesantes, que te sigan otras, y un largo etcétera…

De dónde y cómo paga Tsu a sus usuarios?

Como Google Adsense, Facebook y varios otros portales, Tsu añade publicidad en sus páginas. Lo que escribes, subes o marcas al navegar se asocia y produce un tipo de publicidad (de industrias, marcas famosas, etc., que pagan por esa publicidad) que la gente ve en pantalla. Además, tus datos y todo (digo “todo”) lo que haces en estos sitios forman un historial que se vende con fines publicitarios (esperemos que sólo publicitarios). A diferencia de ello, Tsu asegura que no hace ni hará esto, lo cual marca una diferencia en el aspecto de la privacidad virtual.
Google y Facebook, por ejemplo (y no son los únicos), suelen quedarse con todo lo que pagan esos anunciantes. Se dice que Google Adsense se queda con más de la mitad, pagando a los “blogueros”, “youtubers”, etc. el resto. A diferencia de ellos, Tsu dice quedarse con sólo la décima parte de lo que cobra, mientras que el resto lo distribuye entre los usuarios que generan esos pagos por publicidad, y su “árbol familiar” (ahora se comprende esta forma de organizar a los usuarios, y la importancia de conseguir nuevos a quienes por nuestra parte, verdad?).
Pero hay más, y para ello un ejemplo: si yo produzco un post, foto, en sí, un contenido interesante que luego se asocia con un anuncio publicitario que “paga bien” (digamos Samsung, Toyota o Nestlé, por mencionar algo), no sólo gano yo sino también tú porque estás en mi “árbol familiar” (árbol genealógico dentro de Tsu), y también las personas a quienes tú invitaste de tu parte, y las que ellas a su vez invitaron a otras, y así sucesivamente.

El mecanismo completo de este sistema de pagos es amplio de explicar, pero si quieres saber más al respecto hay mucho que leer y enterarse en Internet, sólo es cuestión de poner “Tsu” en el buscador, y listo…

Por ahora, como Tsu es una red social con apenas unos meses de vida, su portal y entorno son todavía algo lentos de cargar y usar, parece que están sobresaturados de imágenes y rutinas internas, aparte de que aun están sólo en inglés (aunque supe que ya están desarrollado su interface en francés y español, esperemos que se apuren). Pero por lo demás, se parece mucho a Facebook, de modo que no debería haber ninguna complicación para un “facebookero” promedio.

Ahora que sabes a grandes rasgos lo que es Tsu, cómo funciona y cómo paga a sus usuarios, y también que sólo se puede uno dar de alta previa invitación de un usuario ya existente, ¿quieres formar parte, o aunque sea sólo probar por un tiempo? Anímate, te invito…

Haz clic en la imagen de abajo para ver mi cuenta, y desde allí podrás usar la opción de darte de alta (botón Join, en la parte superior derecha de su pantalla). Luego, escribe lo más básico de tu perfil (nombre de usuario, correo electrónico, etc.), y comienza a ganar tus centavos iniciales, simplemente navegando, viendo lo que hay y marcando algo que te gusta. Luego podrás escribir algo interesante, subir fotos, etc., con la seguridad de que tus centavos se convertirán en dólares, y así, sucesivamente.

Anda, ingresa, haz la prueba… Y si después de un tiempo la idea no te convence, te das de baja, te sales y listo… Qué puedes perder…?
http://www.tsu.co/qdquasar

jueves, 1 de octubre de 2015

Yodel, la red social totalmente anónima

Yodel es una red social móvil que garantiza privacidad total y permite difundir noticias y mensajes en un área de toda una ciudad mediana.

Yodel is a mobile social net that guarantees total privacy and it allows diffusing news and messages in an area of an entire medium city

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Programa que resuelve cualquier tarea de mate.


Quieres denunciar un delito y temes a las represalias? Descárgate Yodel.
Quieres protestar por una injusticia y no sabes ante quién? Usa Yodel.
Quieres chatear al azar sobre moda o el chisme del día en tu ciudad? Aprovecha Yodel.
Quieres simplemente saludar a quien te quiera responder? Hazlo por Yodel.
Te pone mal que las otras redes sociales te pidan tantos datos personales para activarte, terminando saber todo, o casi absolutamente todo, sobre ti? Inclúyete a Yodel.

Esta red social es la que estabas buscando… Yodel.

Con tanto espionaje electrónico, digital y virtual, ya no se sabe si confiar en las redes sociales conocidas. Y aunque son un mal necesario, ya se necesitaba una alternativa que ponga tu privacidad por encima de todo. Puede que tampoco sea una maravilla, pero al menos es muy útil para ciertas ocasiones y necesidades.

Yodel es una red social que, primero, es gratis y totalmente anónima. No te pide ningún dato tuyo; simplemente la descargas a tu celular y se activa incondicionalmente.
Todo lo que compartas se difunde automáticamente en un radio de hasta 10 kilómetros, equivalente a una ciudad más que mediana. Cualquiera que tenga Yodel leerá tus mensajes y podrá responderlos, y todo sin mostrar nada de tu identidad (número de celular, cuenta de correo, nada…!).

Es más, no necesitas usar nombre ni alias.

Puedes pedir ayuda para las tareas, comentar lo que pasa en tu colegio o trabajo, hacer preguntas curiosas, expresar tus alegrías o fastidios, denunciar abusos, infracciones de tráfico o delitos, lo que te plazca. Eso sí, guardando la compostura y respeto a los demás.

Así como tener que entregar todos tus datos para usar una red social es un abuso, también el anonimato total tiene sus lados malos. El anonimato en sí mismo no es malo, pero sí el anonimato malintencionado.
Por eso Yodel ha ideado un sistema de valoración de lo que escribes y compartes, mediante una escala llamada “karma” (parecido a un “me gusta” o un “no me gusta”). Los votos de apoyo aumentan tu karma y te hacen sobresalir en importancia dentro de Yodel; los votos negativos lo reducen hasta el extremo de expulsarte. Así que debes actuar con decoro y responsabilidad.

Y eso es todo.

Qué estás esperando para instalar Yodel en tu celu?
Haz una prueba ya. Total, si no te gusta, lo eliminas y listo.
Más información sobre Yodel, y enlace de descarga, AQUÍ.

sábado, 13 de julio de 2013

Lavabit el e mail ultra super inviolable

Lavabit es un servicio de correo con encriptado tan seguro que solamente el destinatario puede abrirlo y lo mejor es que podemos tenerlo gratis.

Lavabit is a mail service with encripted so for sure only the addressee can open it and the best thing is that we can have it free

Todos deseamos privacidad en nuestras comunicaciones: pero es casi imposible. Las cartas se pueden abrir, las llamadas se pueden interceptar, mucho más los mensajes por celular o Internet. Pero empresas como Lavabit, Firefox y algunas otras más dicen tener la vocación de respetar el anonimato.
Google, Facebook, Microsoft y una larga lista de empresas informáticas globales también dicen lo mismo. Pero ya todos sabemos que hurgan en nuestros datos, coleccionan pistas que dejamos en nuestros mensajes. En una palabra, “fizgonean”.
Su argumento es que buscan “mejorar” nuestra experiencia personal con ellos. Y en gran parte es cierto: Google trata de adaptarse a lo que más buscamos en la Red, sus doodles son encantadores y nos muestra publicidad que poco a poco se enfoca en nuestras preferencias. Facebook analiza nuestro perfil, y el de nuestras “amistades” y nos sugiere otras nuevas, y desde que tiene publicidad hace lo mismo que Google. Microsoft y su Hotmail (ahora Outlook), al ofrecernos centralizar en una misma cuenta nuestro Twitter, Face, etc., nos tienta a que “les avisemos” nuestras “señas y contraseñas” en redes sociales, ¿para qué?... La respuesta es obvia.
Hasta se hacen la guerra, parece que con trampas y todo, por captar nuestra atención, y nuestros datos.
Sin aprobarlo totalmente, se podría pensar que talvez no está tan mal que lo hagan, ya que esas empresas “deben comer”, pagar empleados, impuestos, hacer marketing, complacer a sus accionistas, etc., y como sus ingresos principales son por publicidad, deben posicionarse y ofrecer buenos resultados de marketing a sus clientes (empresas, bancos, aerolíneas, etc.). No se debe caer en la actitud de comenzar pensando siempre por lo malo, también hay mucho de bueno… A propósito, bien por Google y su proyecto de Internet usando globos.
Las tiendas y kioscos de barrio también hacen lo mismo: convidan dulces a los niños que van a por el pan, obsequian llaveros a los adolescentes, espejitos a las teenagers, invitan algún café a nuestros tíos o chocolates a las abuelitas (todo con cargo a “markentign”), hablan minutos y minutos con clientes para averiguar sus preferencias, entregan compras en casa para “fizgonear” nuestra forma de vida, poder adquistivo… y por las noches, luego de cerrar, los dueños analizan “a la antigua” la información y piensan en cómo captar más nuevos clientes manteniendo cautivos a los actuales.
Yo mismo, con este blog, trato de captar notoriedad y clientes para mi dizque negocio de subsistencia. ¿Hay algo malo en ello?, díganmelo…
Los gigantes de Internet hacen lo mismo, sólo que a escala planetaria, y no a la antigua sino con lo más sofisticado que tienen, y vaya si tienen lo último de lo último.
Por eso debemos asumir, por anticipado, que en Internet nada, o casi nada, es totalmente privado… Ni gratis.
Moraleja: la moderación y mesura (pocas palabras) es el mejor lenguaje a usarse en Internet, porque en este “país o planeta virtual” nada, literalmente nada, es secreto.
Incluso, este blog y estas líneas están siendo analizadas, así como lo que escribió desde que se conectó a la Red quien las está leyendo, o sea, tú.
¿Paranoia? No; solo realidad.
Hasta aquí, si se ha de ser sinceros, no hay nada realmente malo ni reprochable. La gratuidad se compensa con esos rastros que dejamos al navegar, y si a cualquier cibernauta le parece irrelevante, para quien sabe destilar lo útil de tanta información casi caótica, de ella puede obtenerse “casi oro puro”.
Lo malo comienza con la delación, es decir, cuando la ciber-empresa que para afiliarte, abrir una cuenta, darte de alta o usar su servicio, te hace leer un documento tan largo y complicado sobre “condiciones del servicio”, “políticas de privacidad”, etc., incluyendo que tus datos personales serán confidenciales (bla, bla, bla…), y luego te vienes a enterar que talvez no a ti (por ahora) sino a otros (en realidad miles de otros) usuarios iguales a ti, los entregan enteros, “como vinieron al mundo”, a sus gobiernos o ciber-policías, contra lo que dice la Constitución de su país, sus libertades, su derecho a la privacidad, su “derecho a ser olvidado”, incluso contra lo que dice ese “contrato” o “condiciones del servicio” que, por cierto, casi ninguno de nosotros acaba siempre de leer, y sin importar de qué país seas en realidad…!
Uno podría tranquilizarse pensando que sólo les ocurre a quienes fundadamente están contra las leyes y la sociedad; pero quién nos asegura que por alguna ciega o aleatoria asociación analítica, nombres parecidos, mensajes irreflexivos (de esos que gustan escribir en su Face los jovenzuelos que hacen cualquier cosa por un Me Gusta), o hasta por error o fatal coincidencia, se enfocan precisamente en cualquiera de nosotros?
Otra moraleja: asumir desde un principio que lo que se dice, escribe y cuelga en Internet lo ha de ver y saber todo el mundo, y en Internet, “todo el mundo” significa eso mismo, literalmente…
Luego de esta perorata, algo que puede servir: un servicio de correo que dicen es inviolable y súper seguro: Lavabit.
Dicen que lo usa Edward Snowden desde cuando comenzó a huir de su país por revelar el espionaje estatal de su país contra sus propios ciudadanos y países amigos.
Pero al punto:
Según se publica en el sitio alt1040.com,  Lavabit es…

“…un servicio de correo electrónico que ofrece cifrado extremo a extremo y, por tanto, seguridad en las comunicaciones. Este servicio, nacido en 2004, surgió como respuesta a las condiciones del servicio de Gmail que, aunque fuese mediante un algoritmo, escudriñaba los mensajes en busca de palabras clave que eran usadas para mostrar publicidad en el servicio (una práctica que los fundadores de Lavabit consideraron una violación de la privacidad de los usuarios).
¿Y qué ofrece Lavabit? Desde el año 2005, fecha en la que se fundó Nerdshack LLC (la empresa que opera el servicio), Lavabit ofrece un servicio de correo (incluyendo acceso POP e IMAP) cifrado que requiere el uso de la contraseña del usuario para poder ser descifrado (usando cifrado asimétrico).
Cada vez que entra un correo al buzón del usuario, éste es cifrado antes de ser almacenado en los servidores y, por lo que cuentan en su web, el algoritmo de cifrado que se utiliza hace inútil un ataque por fuerza bruta por la cantidad de tiempo que sería necesario para romper el cifrado (aunque se tenga gran cantidad de capacidad de computación).
Según los datos expuestos por el servicio en su web, Lavabit es utilizado por unos 400.000 usuarios y maneja alrededor de 200.000 mensajes de correo al día, disponen de una red de servidores redundada y dispersa por varios centros de datos y usan un servicio de correo realizado por ellos mismos (en lenguaje C) sobre sistemas basados en Linux (concretamente CentOS 4.8)”.

Aunque Lavabit funciona principalmente de pago, también tiene su opción gratuita, que no está nada mal que se diga:

Almacenamiento: hasta 128 Megabytes.
Publicidad al revisar nuestro correo: No.
Protección antivirus: Sí.
Filtro anti-spam o correo no deseado: No, en esta modalidad gratuita.
Límite de mensajes entrantes: 1024 por día, mucho más de lo que solemos recibir nosotros, “el pueblo”.
Límite de mensajes salientes: 256 por día, (el mismo comentario anterior).
Tamaño máximo de cada mensaje: 32 Megabytes, quién escribe un mensaje corriente “tan así”?
Costo: GRATIS.

Si quieren un correo electrónico totalmente seguro, confidencial, secreto, inviolable, talvez Lavabit sea la solución, al menos por ahora.
Por mi parte, como no tengo nada que ocultar, y lo que hago y digo en Internet sé por anticipado que va a ser “fizgoneado”, seguiré usando los servicios de siempre; pero, para lo que se ofrezca, también acabo de abrirme otro en Lavabit, sólo “por si acaso”.

Cualquier otra persona también puede tener su e-mail gratis y súper seguro en Lavabit.

Ukamau la cosa.

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sábado, 15 de junio de 2013

Google y Facebook no culpables?

Estos y otros gigantes coleccionistas de datos ahora han comenzado a experimentar el otro lado de la moneda que implica poseerlos y talvez sea su Talón de Aquiles.

These and other giant collectors of data now have begun to experience the other side of the coin that implies to possess them and maybe is its Achilles’s heel

Hay un tanto de realidad y otro de leyenda urbana acerca de la voracidad con que los gigantes de Internet acumulan los datos de quiénes son y lo que hacen (hacemos) los usuarios de Internet. Muchos portales, canales y recursos de la Red son gratuitos, y casi todos los apetecemos.

Pero en la vida nada es realmente gratis.

Hay sospechas por todas partes, pero las revelaciones de un ex experto analista ahora refugiado en Hong Kong destaparon la Caja de Pandora: el gobierno de los Estados Unidos logró que, al menos, Google y Facebook les facilitaran datos sensibles acerca de ciertos usuarios y tráfico en sus “territorios”.

Es lo que se sabe…, y una atmósfera de incertidumbre y desconfianza comenzó a diseminarse por todo Internet.

Se podría pensar que sólo se requirieron datos de ciertos sujetos a quienes el Tío Sam se interesa “tenerlos vigilados”. Pero cuánta distancia hay entre que los gobiernos necesiten los datos de quienes, por el motivo que sea (seguridad nacional, lucha contra el crimen, etc.) son monitoreados, y los de gente común y corriente como cualquiera de nosotros?

Con tanto que hacemos cuando navegamos en la Red, más suficiente paciencia, equipos veloces, software de análisis casi mágico, y alguna otra cosa más, fácilmente se revelaría nuestro perfil: lo que nos gusta, lo que buscamos, las noticias que preferimos, los e-mails que enviamos, lo que dicen esos e-mails, y un largo etcétera…

Ya nadie se esfuerza en dudar unos, o negar otros, que eso mismo han venido haciendo los gigantes que por el motivo que sea (adaptarse a nuestras preferencias, ofrecernos búsquedas a medida, orientar marketing, etc.). y ahora se añade gobierno, uno por ahora (lo que no significa que siempre será uno) que echa mano a esos datos para aplicarlos a sus “quehaceres”.

Google y Facebook ya han reconocido que tuvieron que proporcionar datos, y con ello se prueba el “doble filo” que tiene acumularlos. Estos días, al menos alguien en dichas compañías, y alguna otra más, íntimamente habrá deseado no haber motivo para que haya ocurrido porque, sólo para muestra, casi inmediatamente, Duck Duck Go casi ha doblado, si no verdaderamente, su tráfico, gracias a que ofrece no quedarse con nada de nuestros “tecleos”.

Cómo se declararían quienes guardan y usan nuestros datos, desde nombres, alias, contraseñas, etc., si les acusáramos de usarlos o mal-usarlos, de tenerlos o cederlos a otros que talvez nunca nos enteremos?

No es hora de presumir malicia en unos o en otros. Yo mismo uso Google para mis búsquedas y mi blog, así como Facebook para mis interacciones sociales, son mis amigos; y como nada tengo que ocultar no me preocupo. Pero para más de los demás ya se ha desatado una crisis de confianza. Por su parte, muchas compañías “punto com” estarán comenzando a tomar conciencia de que tener tanta información, en ciertas circunstancias, es un tesoro no siempre agradable de poseer, un “presente griego”.

Y eso es para reflexionar…

Razón tenía mi anciano tío abuelo quien, cuando de adolescente comenzaba a confiarle alguna travesura de colegio, me interrumpía sonriendo y aconsejándome: “mejor ni me lo digas, porque si el tribunal que es tu mamá me lo preguntara yo tendría que reconocer que lo sabía…”

“Aquello que crees tu fortaleza es más bien tu mayor debilidad…” (o algo así)… Quién lo dijo...? Luck Skywalker...?

Ukamau la cosa.

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miércoles, 1 de febrero de 2012

Cualquier precio por un Me Gusta

El denominado sexting se ha convertido en una peligrosa tendencia del comportamiento adolescente y joven muchas veces motivado por lograr popularidad en las redes sociales.

Un atractivo poderoso de las redes sociales, que capta la preferencia o incluso adicción de adolescentes y jóvenes, es la posibilidad de interactuar con muchas más perspectivas que en el mundo real, especialmente sobre plataformas que permiten tomar la iniciativa para establecer y ampliar por uno mismo el ámbito de contactos virtuales, un poco erróneamente catalogados como “amistades”, siendo Facebook la opción de primera línea indiscutible.
A diferencia de Twitter, en que no se puede sumar contactos vía solicitarlos sino seguir a quienes nos interesa o resulta relevante, Facebook permite “salir a la caza” de nuevos contactos, con los que luego de ser aceptados, se puede interactuar mediante contenidos o mensajes públicos o recíprocos, tanto en sentido de ida como de vuelta. Esa es la cualidad que ha hecho de Facebook el gigante que es hoy.
Comparativamente se ha dicho, y con acierto, que estar en Facebook equivale a una fiesta de patio en que se puede iniciar sin más una amistad, y luego otras y otras, sea tomando la iniciativa o también acogiendo las invitaciones que nos hacen; mientras que estar en Twitter equivale a lanzar mensajes (twitts, píos) al aire en medio de una gran y concurrida plaza, llena de indiferentes desconocidos que, encima, no nos ven directamente (como a un gorrioncillo perdido en el follaje de un árbol), a ver quién nos oye y se anima a seguirnos.
Un contacto en Facebook cuesta aceptar o que nos acepten una solicitud, y un seguidor en Twitter cuesta que lo que vayamos a publicar sea especialmente relevante para los demás. De ahí que un seguidor en Twitter, si hacemos un intento de comparación, valga mucho más que un ”amigo” en Facebook, si se toma en cuenta el precio que nos toma conseguirlo y conservarlo. Además, perder seguidores en Twitter es más fácil que perder “amigos” en Facebook: en cuanto dejar de ser “twittero” frecuente dejan de seguirte, mientras que en Facebook puedes perderte semanas y tus amigos siguen ahí, hablando entre ellos…
Por eso los jóvenes, con la superficialidad y natural desasosiego que les caracteriza, son más inclinados a Facebook, mientras que los periodistas, gente mayor, intelectuales, etc., menos locuaces, suelen preferir Twitter. Aunque, claro, hay de todo en todas partes.
Pues bien, en Facebook ha aparecido, como producto de su propia dinámica, un nuevo parámetro de popularidad, en base al contador de frecuencia “Me gusta”. Talvez ha ocurrido de forma imprevista, pero la cantidad de “Me gusta”s marca la popularidad de una frase, mención, enlace, contenido o imagen, infografía o fotografía que un usuario comparte en la red, que a su vez, le reporta un virtual ascendiente o visibilidad, digamos, “prestigio”.
Hay una gran diversidad de recursos, incluso aplicaciones o sitios-fuente de donde obtener noticias, imágenes, frases y cositas así para colgar en el muro propio y someterlas al escrutinio de nuestros contactos, esperando a cuántos les “gusta” y se animan a compartir, lo que implica no sólo que alguien obtenga relevancia sino que también los “amigos de amigos”, quieran pasar a ser nuestros nuevos contactos.
Hasta aquí todo bien, o cuando menos, divertido, porque no por divertido puede ser necesariamente bueno. Hay cosas divertidas que en pura verdad no son buenas, menos recomendables…
El asunto deja de ser divertido cuando el material compartido consta de alusiones que pueden afectar la sensibilidad ajena, como frases de doble significado, imágenes impactantes o explícitamente ofensivas, y finalmente, contenidos extremadamente eróticos, lindando en lo pornográfico.
Y aquí entra en escena el sexting.
Cuando las redes sociales estaban en pañales, el sexting (SEXual texTING, texteo de contenido sexual) era simplemente literal, es decir, envío de mensajes con alusiones insinuantes o claramente sexuales. Hoy, en que la imagen amenaza con hacer cada vez más innecesarias las palabras, consiste en compartir imágenes fijas o animadas de tal naturaleza.
Y es un hecho que adolescentes de cada vez menor edad se ven involucrados activa o pasivamente en este comportamiento claramente cuestionable no sólo en lo ético sino también en lo psicosocial.
Antes, tomar o tomarse una foto en desnudez o pose “poco recomendable para compartir” implicaba la ayuda de otros: ir a un estudio, convencer al fotógrafo, etc., de modo que era forzoso pensarlo cuando menos dos veces. Luego las camaritas con cuenta regresiva (o disparo diferido) facilitaron las cosas, pero, si no se era productor fotográfico por lo menos aficionado, todavía quedaba el bochorno de recurrir a un negocio de revelado. Sin embargo, ahora, con un celular de mediana monta y precio, cualquier adolescente puede tomarse una foto en la pose que quiera, mejorarla y colgarla en su cuenta de red social más rápido, gratis y fácilmente que lo que tarda en volverse a vestir…
Motivaciones?: travesura, picardía, deseo de exponerse como la “más linda”, apuestas, demostraciones que exige la pareja sentimental,… Freud diría que la sublimación de una obsesión insatisfecha o deseo reprimido, Masllow diría que un reclamo desesperado de afecto y aceptación social, y muchas otras posibilidades más, añadiendo los factores patológicos en que cada caso merece su propio estudio (trastornos de la personalidad, como exhibicionismo compulsivo, sadismo, masoquismo, etc.).
Sin embargo, los efectos posteriores tienen un denominador común: en cuanto se sube una foto así, como todo lo que se comparte en las redes sociales y el Internet en general, sale del control de quien lo hace, para pasar a ser patrimonio global.
Ahí sí que “a foto suelta ya no hay vuelta”… ni borrando, ni nada, porque entre otras cosas, lo que se publica en la Red ya no puede eliminarse más, y que en Internet la frase “todo el mundo” es exactamente eso: todo el mundo, con todas sus letras.
Sigamos la fotito: luego de unos cuantos “Me gusta”s, no tardan en aparecer los comentarios, y la fotito de marras comienza a compartirse como un virus letal, no para el destinatario sino para quien inició la bola de nieve. Y sólo Dios sabe en qué computadora de qué parte del mundo va a parar, y el uso que se le da. Hay casos en que, de tantas vueltas por aquí y por allá, de pantalla en pantalla, de lugar en lugar de este país Internet (porque ya es todo un país con todas las computadoras conectadas como habitantes), este material sale en la cuenta de los padres o familiares del propio muchacho o muchacha, de sus profesores, compañeros de estudio, novios anteriores, sitios del Gobierno, la Policía, la prensa, etc.
La exposición al ridículo, las ofensas, burlas y cualquier manipulación malvada es evidente, incluyendo los riesgos legales o delictivos (como la pornografía infantil, el comercio de contenidos sexuales, etc.) y lo que comienza como un juego o inofensiva imprudencia puede acabar mal, como el caso de un hasta entonces respetado legislador norteamericano que perdió su mandato por enviar fotitos en paños menores, o incluso trágicamente, como el caso de un padre en Italia que mató a su hija, y luego se suicidó, porque su compañero de oficina le mostró la foto de ella desnuda aduciendo que lo era de una prostituta barata, o la quinceañera que se suicidó en Estado Unidos para no soportar más los apodos que le dedicaban sus compañeros al haberla visto en Facebook con nada de ropa, o como las jovencitas asiáticas cuyas fotos son mercancía de esos portales que, irónicamente hasta tienen ya su propio tipo de dominio .xxx.
Es muy difícil controlar lo que los y, principalmente, las jóvenes pueden verse impulsadas a hacer con su propia imagen e intimidad. Más allá de tabúes y estereotipos obsoletos, es necesario hacerles ver que Internet es tanto o más peligroso que la vida real, que los “ciber-amigos” merecen valoración y respeto pero al mismo tiempo nosotros también merecemos respetarnos, y que lo que dicen, muestran o hacen es irreversible, porque en Internet el olvido total es una utopía.
Hace poco se aconsejaba tener la computadora en un lugar público de la casa; hoy eso ya no sirve, con un teléfono de tecnología mediana se puede navegar en la red, a medianoche, y a precios cada vez más accesibles. Entonces, será bueno recordar que nosotros mismos somos los guardianes de nuestra dignidad y decoro, y que la tecnología, como todo logro humano, es un arma de doble filo, y en esto se parece al humilde cuchillo que sirve para fines tan nobles como pelar la fruta, o para designios malvados como cortarnos las venas.
En nosotros está el uso y sus consecuencias.
Ukamau la cosa.

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jueves, 19 de enero de 2012

Mi ciber amiga de sexo masculino

Naturalmente no voy a decir quien es pero resulta que una de mis amigas en Facebook es en realidad un amigo que se hace pasar por una joven y bella damita.

De todo hay en el jardín del Señor, y aunque precisamente por eso no debieran sorprendernos demasiado algunas cosas, en ciertos casos es inevitable dejar escapar alguna exclamación o cuando menos una que otra sonrisa.

Resulta que como casi todos —porque algunos aun soportan heroicamente a la tentación— tengo mis respectivas cuentas en Facebook y Twitter. Y aunque de “mes en cuando” me entusiasmo chateando con mis amistades, que felizmente tengo muchas aun siendo un mortal común, silvestre y semi-anónimo en la vida real, básicamente las uso para vocear las actualizaciones de este mi blog y algunos otros sitios que considero de interés para ellos.
Es durante una de esas licencias de ciber-vagabundeo que me ocurrió algo gracioso a simple vista, pero que bien meditado, podría llegar a tener implicaciones de diversa índole.
Pues bien, el caso es que una noche de estas últimas, mientras revisaba las notificaciones de mis contactos, uno de ellos me convocó a chatear, entablando una conversación de esas triviales que tanto encantan a los adolescentes. Inicialmente conversamos del reciente fin de año y de nuestros respectivos planes para el que comienza. Nada realmente raro ni de relevancia especial.
Cuando la conversación derivó al tema de los deportes, y luego de algunos minutos, advertí una cierta incoherencia en el manejo del lenguaje y sus expresiones, cada vez más impropio de una damita típica, si a su imagen de perfil debería hacerse caso… Intrigado, y tratando de recordar precipitadamente algunas lecciones de psicología aplicada que aprendí en mis años de estudiante para profe, y contra mis hábitos, comencé a inducir la conversación de modo que abundaran las referencias personales (gustos, moda, deportes, etc.), provocando que con tanta soltura mi interlocutor/a olvidara mantener su identidad ficticia, sin darse cuenta de estar siendo auscultada.
Al cabo de unos minutos más, mi amiga/o estaba conversando enteramente en modo masculino hasta que poco después nos despedimos.
Talvez luego esta persona se haya dado cuenta de haber abandonado su pose inicial, o talvez no. De mi parte, tuve el cuidado de no ponerlo en evidencia, por un deber elemental de respeto hacia la “otredad” como gustan llamar psicólogos y antropólogos.
Días después, sólo por curiosidad, me di una vuelta por su perfil y muro, y como los mantenía igual que entonces, deduzco que ni se dio cuenta de que se había auto-delatado.
Fin del episodio…
Sospecho que no soy el único en reparar acerca de estas “anomalías” del comportamiento (porque lo son). Y es que esta nueva realidad humana de las redes sociales es una dinámica bastante versátil que da para todo: desde una inocente socialización que brinda compañía virtual a personas que de otro modo seguirían en una limitación de sus relaciones interpersonales, pasando por el creciente ciber-cosmopolitismo de la juventud actual, y llegando a extremos en que la delincuencia y la maldad, incluso la maldad por la maldad, ha hecho que Internet tenga también sus propios “bajos fondos”.
¿Por qué alguna gente actúa así? Pueden haber muchas razones, pero creo que una motivación bastante poderosa es la antigua y siempre gran necesidad humana de sentirse acogidos y aceptados por nuestro entorno, básicamente para sentirnos seguros, necesidad social que, como Abraham Herald Maslow lo explicó magistralmente, puede llegar a tener una incidencia poderosa en nuestra conducta.
Primero la necesidad de presencia e identidad ante los demás, luego la proyección de una imagen propia y finalmente, si se puede, ganar algún grado de influencia en nuestro entorno, son también motores de nuestra conducta en este nuevo, maravilloso pero también peligroso planeta que llamamos Internet, donde lo físico está sublimado por la imagen, el avatar, el nick o el perfil que, a diferencia de sus correspondientes materiales, puede ser tocado y retocado las veces que uno quiera, o necesite, según los propósitos y las circunstancias.
Hasta hace poco, tener e-mail significaba pasar a estar presente en el ciber-mundo; pero las cosas están cambiando más rápido cada vez. Ahora, “si no tienes Face no existes, si sólo tienes Twitter ya estás un poco mayor, si no alcanzas a 100 contactos eres un ‘don Nadie’, y si has pasado de 5000, entonces, eres apetecible como amigo o amiga…” esos parecieran ser los estándares, estereotipos, o como se los pueda llamar.
Las chicas asumen fotos de modelos o actrices de telenovelas, los chicos de deportistas o héroes de la televisión; hay quienes prefieren dibujos, caricaturas, simbolismos o imágenes psicodélicas. Hay de todo. Talvez comienzan por intentar modificar, representar o inflar “un poquito” lo que son, como las aves que ostentan sus mejores colores en ciertas épocas del año, que sólo ellas saben mejor cuándo. Pero esta comprensible y hasta cierto punto legítima actitud de tratar de “caer bien” a los demás, cuando se exagera saliéndose de control, puede llevarnos a aparentar ser los que no somos… y tarde o temprano se nos caerá la máscara, por mucho que sea virtual. Entonces, las ciber-amistades acumuladas con tanta paciencia y ardides, nos abandonarán más rápido de lo que hayamos tardado en conseguirlas. Porque a nadie le gusta ser engañado/a.
Lo mejor es ser y mostrarnos como somos, porque, aparte, la gente de hoy es menos ingenua que antes. Claro, un poquito de maquillaje nunca viene mal, pero, como dicen nuestros abuelos, “un poquito, nada más”.
Cuando simulas o aparentas lo que no eres, terminas queriendo ser lo que no eres, y como no puedes dejar de ser lo que eres, te decepcionas de ser lo que eres, sin dejar, al final, de ser lo que eres; intentas pasar a ser lo que no eres, y puedes terminar siendo otra cosa muy diferente a lo que en realidad querías ser. En una palabra, tragedia.
Ukamau la cosa.

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