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domingo, 17 de mayo de 2015

Así eligen y nombran a los profesores en Bolivia. Parte 2

A través del tiempo ha habido en Bolivia varias maneras de elegir y nombrar profesores para escuelas y colegios pero ninguna ha logrado ser eficaz ni ecuánime para estos profesionales y el sistema educacional.

Through the time there has been in Bolivia several ways of to choose and to nominate teachers for schools and high schools but none has been able to be effective neither even for these professionals and the educational system.

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A principios del siglo XX la educación boliviana comenzó a evolucionar tímidamente como tal. La creación de la Primera Escuela Normal de Maestros, en la ciudad de Sucre, marcó la era de la profesionalización docente; sin embargo, por varias décadas después la disponibilidad de maestros con formación sistemática para su misión era más la excepción que la regla, especialmente en las regiones rurales. Las sucesivas promociones de educadores encontraban colocación en las ciudades, y dentro de ellas, en los establecimientos de mejor predicamento social, mientras que en el resto del país apenas comenzaban a medrar escuelas, especialmente por obra de los propios pueblos y sus autoridades, y la misión de congregaciones religiosas como las famosas Escuelas de Cristo.

WARISATA, LA HETERODOXIA CONTESTATARIA.

Pero en este clima de fragilidad educacional, a principios de la década de 1930 se desarrolló en la localidad de Warisata, enclave andino de latifundios agrarios, una atrevida y revolucionaria experiencia a cargo de dos visionarios: líder indígena uno, Avelino Siñani, y maestro casi nada ortodoxo otro, Elizardo Pérez, quienes fundaron lo que puede llamarse la primera escuela auténticamente rural y nueva, experiencia plasmada luego en un libro tan interesante como poco leído –y mal interpretado hasta el presente por varios pretendidos pedagogos bolivianos–, “Warisata, la Escuela Ayllu”.

En cuanto a la designación de maestros para dicha escuela (Warisata), se ponía más atención a lo que el aspirante a educador podía aportar al proyecto, en consenso con la comunidad, más que a su preparación o erudición teórico-académica. Así, carpinteros, músicos, artesanos, escritores y también algunos educadores que se podrían llamar “poco convencionales” pero comprometidos con una transformación en el quehacer de aula y la comunidad fueron asimilados para protagonizar una experiencia que luego tuvo protección continental.

Pero aparte de ello, en el resto del país, la designación de maestros para las pocas escuelas fiscales, aun en las ciudades y virtualmente casi ninguna en el campo, se regia por el criterio de “los normalistas a las ciudades o ‘mejores’ escuelas y colegios; los interinos al resto”. Como la demanda educativa no era excesiva, ni las remuneraciones eran significativas, tampoco había presión de la oferta ocupacional. El maestro, normalista o no, no era el servidor público mejor pagado sino talvez lo contrario.

LA REFORMA DE 1956 Y LOS AÑOS POSTERIORES.

Desde 1952 Bolivia experimentó grandes cambios en la concepción del Estado, la gobernabilidad y la gestión pública, por influjo del denominado “nacionalismo revolucionario”, una peculiar mezcla de nacionalismo desarrollista, elementos del “socialismo militar” de Gualberto Virrarroel y Germán Busch, aderezado de populismo de corte peronista, que por el liderazgo de Víctor Paz Estenssoro y, tras telón, el influjo de varios teóricos como José Fellman Velarde (y su tesis de “país urbano” y “país rural” desarrollado en su obra “Historia de la Cultura Boliviana”), Fernando Diez de Medina (y su pensamiento Pachakutista), y otros, se forjó lo que entonces fue conocido como la primera gran reforma educativa, aunque tal no sea porque en realidad no había aun ningún sistema consolidado que reformar, proponiendo la “formación integral del hombre boliviano” pero formalizando en los hechos la separación de la educación urbana de la rural, que a la larga creó más problemas de los que pretendía solucionar.

En cuanto a elección y designación de maestros, dicha separación fue contraproducente, por los prejuicios negativos e injustificados de entonces hacia el campo, y que en los hechos ayudó más bien a marcar más esa separación campo-ciudad, bajo el prejuicio de: los maestros normalistas a la ciudad y los interinos al campo.

Esta brecha, talvez involuntaria (porque no siempre de debe pensar comenzando por lo malo) apenas fue paliada con la creación de varias escuelas normales para maestros rurales en varias regiones del país, algunas sobre las ruinas del experimento expandido de Warisata, como el caso de Llica, Corque, Canasmoro, Casarabe, la misma Warisata y su homóloga Santiago de Huata, y otras. Hoy es un enigma deducir lo que hubiera pasado si en lugar de dejar languidecer el proyecto de Warisata se lo hubiera fortalecido, aunque compatibilizándolo a las realidades regionales tanto urbanas como rurales, tal cual era en el fondo el pensar de Elizardo Pérez.

Cómo se nombraba docentes en las ciudades? El aspirante, normalista o bachiller en Humanidades, profesional liberal o técnico que se tenía por idóneo, presentaba su solicitud a la consideración del Jefe Departamental de Educación y los Inspectores (luego denominados Supervisores) quienes, analizando sus antecedentes y acreditación de aptitudes para la enseñanza (en que el Diploma de Egreso de una Normal era el “documento rey”) decidían su asimilación al servicio docente, con carácter ya inamovible si era normalista, o temporal, “interino”, si no lo era, algo que naturalmente implicaba clientelismo institucional, político o incluso personal, explícito o subrepticio.

Cómo se nombraba docentes para el campo? En forma similar a la anterior, pero ante y a cargo de las autoridades de la Jefatura de Educación Fundamental (que así se llamada entonces, porque se consideraba que los campesinos necesitaban desde los rudimentos más básicos de la cultura y el conocimiento, algo claramente discriminador), pero con la diferencia de que los “maestros normalistas rurales” se destinaban a unidades educativas de Núcleo (una mala imitación del sistema de núcleos educativo-regionales ideado por Elizardo Pérez) cercanos a las grandes ciudades, y los interinos a humildes e incipientes escuelas “seccionales” en poblados y aldeas dispersas, debiendo comenzar los “nuevos” por las zonas fronterizas, en calidad de bautismo o “derecho de piso”.

Esta dinámica persistió incluso hasta finales de los años 60, en que se plasmó una reforma parcial del sistema, que se relatará en una nueva parte o entrega de esta crónica…

Mientras sale la próxima parte de este artículo, no se olviden de compartir y comentar.

(Continuará)

Así eligen y nombran a los profesores en Bolivia. Parte 1

La manera de elegir y designar profesores para escuelas y colegios en Bolivia es uno de los puntos más débiles del sistema educacional de este país porque no siempre ellos van a trabajar adonde mejor pueden hacerlo.

The way of to choose and to designate teachers for schools and high-schools in Bolivia is one of the weakest points in the educational system of this country because they will not always work where better they can make it-

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Aunque su preparación científica y pedagógica no esté entre las mejores de Sudamérica, los docentes bolivianos se esfuerzan por trabajar a lo mejor de sus posibilidades propias y las condiciones con que cuentan que, pese a su visible mejora en los últimos años, están todavía lejos de ser aceptables para la mayoría de la población y los estándares genéricos en el mundo.

La elección y designación de docentes en Bolivia, a través de su historia reciente, ha sido y es un tema pendiente de mejorar, en que se involucran por un lado el comprensible deseo de inclusión y estabilidad laboral del profesional, la calidad de trabajo y resultados a que aspiran los padres de familia, las buenas –aunque erráticas– intenciones de las autoridades educativas, y la falta de una normativa coherente, una metodología y reglamentación en los procedimientos, que desde la segunda mitad del siglo XX han sido el faltante histórico en la legislación, y que no pudo evolucionar a partir de un reglamento ascalafonario que terminó por desvanecerse entre las sucesivas reformas y el siempre presente clientelismo de toda clase, incluyendo el político.

Antiguamente, en las décadas del 50 y 60, cuando los maestros formados en escuelas normales eran una minoría, y la demanda como siempre era mayor, no era necesaria ninguna metodología porque todo “profesor normalista” era destinado a un establecimiento en que se lo requería, con preferencia frente a otros docentes sin preparación pedagógica formal (interinos), aunque estos últimos con igual vocación e interés por trabajar en el magisterio. Como desde entonces hasta ahora la docencia escolarizada en Bolivia no es una profesión liberal, y la educación está reconocida como una prioridad nacional, el Estado destinaba presupuestos moderados para cubrir la demanda, y las sucesivas promociones de docentes encontraban colocación sin mucha dificultad. Además, las escuelas normales eran pocas y la oferta de profesionales era limitada.

Sin embargo, en la década de los años 70, se produjo un incremento de institutos de formación docente, al mismo tiempo que una política de mayor expansión de la oferta educativa: nuevos establecimientos en ciudades y campo, junto a un crecimiento sostenido de la demanda, que multiplicó el número de maestros recién egresados junto a su aspiración de trabajar preferiblemente en las ciudades que en el campo, y luego en los sectores urbanos más acomodaticios que en la periferia urbana, mientas que los maestros rurales tenían, a su vez, pretensiones parecidas pero en el campo.

Así, apareció, o se intensificó, la necesidad de tamizar las solicitudes de colocación o de docentes nuevos, obligados por ley a trabajar sus primeros años en provincias y áreas de población dispersa, o de antiguos que aspiraban a reubicarse en escuelas o colegios de codiciado prestigio social, cerca de sus domicilios, y factores por el estilo. La administración educacional, cuya burocracia se vio presionada, frente a reglas escalafonarias bastante genéricas y difusas, sin una metodología coherente, mucho menos escrita y compatibilizada, tomó el camino de la improvisación librada a las mejores –aunque no siempre acertadas- intenciones de autoridades y regímenes gubernamentales de turno.

Resultado? Incluso hasta hoy, siglo 21, en Bolivia no hay una metodología estable y uniforme para destinar recursos docentes en la educación escolarizada.

Tal es así que una meritocracia objetiva, imparcial, equitativa, y la aspiración a una pertinencia y calidad en los resultados de aula y gestión escolar son todavía una gran tarea pendiente, la de llevar los docentes adecuados a los alumnos que los necesitan, pero también atender la problemática de miles de profesores que deben combinar su deseo de practicar la vocación con que han emprendido la carrera, sus pretensiones laborales, resolviendo mejor, y previendo, la pugna a momentos casi caníbal de encontrar colocación, lograr sustento mediante el trabajo razonablemente remunerado, que justifique así los años dedicados a su preparación, todo ello en medio del enjambre fastidioso del clientelismo que no siempre busca lo mejor para todos sino sólo para quienes están de turno en el disfrute del poder.

Llegará el día en que elegir y designar docentes para escuelas y colegios en Bolivia se haga mediante una metodología imparcial, impersonal y sin subjetivismos de quienes tengan en sus manos esa responsabilidad? Esa es una incógnita ciertamente difícil.

Veamos entretanto cómo era antes, cómo es ahora y cómo se ve que podría ser en el futuro.

Mientras sale la próxima parte de este artículo, no se olviden de compartir y comentar.

(Continuará)

sábado, 17 de agosto de 2013

Estudiante agredido y discriminado por su profesora

Este es el caso de un colegial de Oruro Bolivia quien ha sufrido continua hostilidad y discriminación por su profesora ante lo cual sus padres recurrieron al Ministerio de Educación.

This is the matter of Oruro Bolivia's schoolboy who has suffered continuous hostility and their teacher's discrimination because that their parents appealed to the Ministry of Education.

Un caso para Wikileaks Anti abuso. Los hechos son reales, incluso los nombres.

Pedro es un estudiante de último curso de Secundaria en la Unidad Educativa “Jorge Oblitas” de Oruro, Bolivia. Siempre estudió en él, excepto dos años anteriores que los pasó en otro colegio de su mismo barrio. Pero pudo más el apego a su colegio de toda la vida que, luego de esos dos años exigió, y logró, retornar a él, para graduarse bachiller con sus compañeros antiguos.

Su profesora Beatriz, de Matemáticas, talvez ignorando este detalle, desde el inicio del año catalogó a Pedro como “nuevo” en el colegio, y conocida como es por su animadversión por los “nuevos”, le hizo blanco predilecto de sus exigencias, indirectas y señalamientos en aula, presión que Pedro, alumno promedio, hace todo lo posible para sobrellevar.
Falta decir que Pedro está finalizando también el Servicio Premilitar, que facilita a los adolescentes bolivianos completar su bachillerato, haciendo por dos años la instrucción castrense en fines de semana, de modo que al mismo tiempo se gradúen del colegio y se conviertan en reservistas de las Fuerzas Armadas, ahorrándose el año continuo de encuartelamiento.

De tal modo, Pedro y los estudiantes como él en toda Bolivia, hacen malabares para cumplir estudios, exámenes, tareas, etc. Los días sábado que pasan en su batallón, sometidos a intensos ejercicios y actividades propias de los militares, mientras sus compañeros pasan clases normalmente. Pero Pedro no lo hace por capricho sino porque en Bolivia hay un sistema de flexibilidad pedagógica y amparo legal para esta opción, que alumnos y alumnas de Secundaria utilizan, aunque no todos, porque es optativo.
Por su lado, los colegios y docentes de Secundaria, sabedores de esta situación y la norma legal que la justifica, aplican formas alternativas de controlar y evaluar a “los y las premilitares”, y estos últimos exprimen su tiempo de fin de semana para “ponerse al día” y no quedar rezagados en el aprendizaje; aunque la mencionada profesora Beatriz no lo ve así, al menos en el caso de Pedro.

Resultado: Pedro es visto por dicha docente como “alumno nuevo”, advenedizo a quienes es famosa en el colegio por no tenerles estima, y “premilitar”, a quienes tampoco guarda consideración porque, según lo dice sin reparos, “no están haciendo esa preparación para ella…”.

Pero esa es sólo una parte de la historia. La verdad es que dicha profesora tiene un evidente, aunque no recomendable, prestigio de mal temperamento, cambios de humor y actitudes imprevisibles, pues ante sus alumnos puede mostrarse inflexible en alguna actitud inopinada, y minutos luego, conversar con una persona mayor con tal cordialidad que haría pensar que la imagen que los chicos tienen de ella es un invento.
Estos últimos, que han pasado clases años y años con ella, ya desarrollaron la capacidad de absorber tal temperamento, y aunque virtualmente todos ellos han sufrido algún desplante o exceso de su parte, sólo esperan con ansias que termine el año escolar para no tener que soportarla nunca más. Por su parte los padres de familia, ocupados más en el trabajo y la subsistencia, además ante la improductividad de reclamos aislados de algunos, también dejan que sus hijos se las arreglen como puedan, pues hacer frente a un caso tan complejo “ya no tiene caso”, dando también prioridad a que pronto “se acabe el año”… y ya.

(Falta saber lo que piensan quienes, cursando años inferiores en el colegio, deberán soportar uno, dos, tres años más, a la Profe Beatriz).

Sería largo contar, como ha sido comprobado y contrastado antes de referir este caso, las varias veces en que Pedro fue blanco de las indirectas, directas y discriminación docente de su profesora Beatriz. Su madre, intentando alguna forma de intercesión, acudió a la Asesora del Grado cuya misión es hacer también las veces de abogada de los alumnos para algunos casos como los citados. Dicha Asesora le manifestó semanas atrás que mejor no hiciera ningún reclamo formal o enérgico porque sólo provocaría mayor reactividad de la profesora Beatriz, por lo cual la madre de Pedro optó callar y vigilar…

Así llegaron, y pasaron, las cortas vacaciones de invierno…

Reiniciados los estudios, una clase a la que la profe Beatriz no llegaba por varios minutos, algunos chicos, Pedro entre ellos, esperaban manipulando, y talvez ensayando breves notas en sus zampoñas, pues eran días previos al aniversario nacional de Bolivia, y el colegio tiene una banda musical de zampoñas. Al llegar la profe, naturalmente los adolescentes se reordenaron en el aula, como es su costumbre, guardando las tales zampoñas, y el desafortunado Pedro no se apuraría mucho de modo que fue sorprendido con el instrumento en la mano. La profe lo echó de la clase sin que mediaran explicaciones, ruegos ni disculpas. Su madre, al advertir un refunfuño que Pedro había escrito en su muro de Facebook acerca de este incidente, contado el asunto en casa, decidió afrontar diametralmente el asunto; sin embargo los afanes de trabajo, desfiles, aniversario nacional y demás terminaron por atenuar los decibeles de su decisión.

Talvez el caso de Pedro hubiera terminado como uno más de los muchos alumnos sojuzgados y sometidos más que todo anímicamente, con el sentido de dignidad aplastado y la autoestima por los suelos, sin que finalmente haya reclamo alguno. Pero hubo más:

Las fiestas nacionales bolivianas abundan en ceremonias y protocolos, pues al 6 de agosto, día central, le sigue el 7, Día de las Fuerzas Armadas en que se realiza la Jura de la Bandera, ciertamente el acto más elevado e importante para todo militar y conscripto. Ese día era miércoles, feriado en años anteriores, pero esta vez laborable y normal.
Todos los militares y premilitares, Pedro entre ellos, a media mañana de ese día realizaron el juramento más trascendental que puede hacer un soldado por su país: lealtad a su bandera hasta el sacrificio de la vida.
Terminada la Jura, siempre le sigue una parada o Desfile de Honor más demostraciones de marchas, gimnasia y otras maniobras militares ante el público reunido en el estadio de la ciudad. Este año en Oruro, la tal demostración se prolongó hasta las 17:30 de la tarde. Pedro, ni modo, se retiró de filas ya a punto de acabar las clases en su colegio, jornada que para su desventura le tocaba Matemáticas, cuya profesora Beatriz asignó tareas para la casa, advirtiendo que sólo podrían merecer revisión quienes hayan asistido a esa clase en particular, pues seguro habrían faltado muchos, unos premilitares y otros no, estos últimos talvez porque pensaron que no había clases, como en años anteriores.

La madre de Pedro, apurándose a justificar la asistencia de Pedro y pedir que la profe aceptara la tarea hecha, tomando en cuenta que la Asesora del Grado le aconsejara no hablar con ella para no “entorpecer” aun más el panorama, optó por recurrir a la Dirección del colegio mediante solicitud escrita, misma que fue aceptada por la autoridad.
Sin embargo, llegada la próxima clase de Matemáticas, la profesora de matemáticas, arguyendo primero haber sabido de quejas infundadas contra ella, revisó las tareas hechas, incluyendo las de quienes hubieron faltado la anterior clase; y cuando tocó a Pedro presentar las suyas, las rechazó arguyendo detalles que debía enmendar en su casa. Pedro, viendo que las observaciones eran salvables de inmediato, así lo hizo volviéndolas a presentar. Esta vez la profesora, extremando más su temperamento, las rechazó totalmente dándolas por nulas.

¿Cómo se puede calificar esta conducta?

Animadversión injustificada desde inicio de año, trato verbal displicente y desvalorizante, temperamento incompatible con la función docente y nada empatizador, principio de autoridad pedagógica que lejos de plasmarse en liderazgo facilitador de los aprendizajes es más bien arbitrariedad, y trato claramente desigual, abundante en exabruptos y temperamentalidad… Pedro las sufrió todas hasta ahora, aunque felizmente ninguna agresión física (sólo faltaría eso),… y es que algunos maltratadores lo hacen tan bien que las agresiones a sus víctimas, físicas o psicológicas, son tan fuertes que provocan sufrimiento pero no tanto como para tipificarse penalmente, de modo que todo queda en el limbo entre lo insoportable y lo delictivo.
Así, al estudiante víctima puede no resultarle claro si el trato recibido por su docente es una agresión injusta o un castigo merecido; si su profe “es malvado” o solamente “es estricto”, conflicto que corroe su autoestima, y una vez vencida esta, termina por docilizarse, incluso hasta la degradación moral, auto-inculpación o la identificación con el agresor (como en el Síndrome de Estocolmo).

Pero eso no es todo. Las veces que algún alumno, solo o junto a sus padres, reclaman por el maltrato, las autoridades reaccionan y actúan solamente si el caso es especialmente significativo o grave (a veces ni aun así). Además, como muchos docentes agresores son mayormente antiguos y han logrado desarrollar algún predicamento entre sus colegas, y como se dijo, las agresiones no son lo suficientemente “justiciables” (por decirlo de algún modo), casi nunca llegan a la instancia de sanción y/o reparación sino, cuando más, al exhorto de que el docente sea más conciliador o proactivo, y que el alumno de marras sea más aplicado, punto.

Y si el caso es más que conflictivo, no suele faltar el espíritu de cuerpo gremial entre profesores que revierten la dinámica; más de una vez se han conocido casos de maltrato a estudiantes que en lugar de esclarecerse y sancionarse, mas bien se los juzga en contrario, calificándolos de “instrumentados” o “banderizados” como aprestos en contra de la institución y el docentado, quedando entonces el alumno y sus padres poco menos que como “conspiradores”, “traidores al colegio”, “mal-agradecidos con sus profes” o algo así.

Talvez por eso el Ministerio de Educación de Bolivia ha habilitado una línea directa, 800-10-0050, que puede decirse es el 110 o el 911 para alumnos maltratados y los padres de familia sin saber qué hacer ante algún exceso, corrupción o injusticia en escuelas y colegios. Es una línea gratuita que funciona todos los días y horas laborables, y que podría limitar este tipo de irregularidades tan graves por lo frecuentes y continuadas, pero que se las arreglan para permanecer bajo el radar de las normas, la opinión pública y la justicia institucionalizada, y que aun en este último caso pueden llegar a perderse o diluirse en la burocracia, los papeleos y antesalas interminables en oficinas.

Resumiendo:
La Profe Beatriz, desde el principio de este año, trata a Pedro con especial animadversión por creer que es alumno “nuevo” en el colegio, prejuicio que le hace ver como atrasado, indisciplinado o directamente despreciable.
Por esta distorsión poco equitativa, cualquier cosa que Pedro haga, o no haga, es vista por la profesora Beatriz como resultado de mala intención, negligencia o directamente oposición a su autoridad dentro de su asignatura.
Así, los errores y faltas de Pedro en su materia, sin importar si son reales y sólo supuestos por su forma prejuiciada de percibir, son magnificados y motivo de reforzamiento de sus prejuicios negativos.

Por eso, cuando Pedro fue sorprendido con una zampoña entre las manos, la profe supuso que él era culpable de una algazara que, además, nunca ocurrió, y terminó por echarle sin más de su clase, llevada de su temperamento irreflexivo.
Por eso, las veces que Pedro le presenta sus tareas hechas, que no son ciertamente virtuosas pero tampoco dignas de reprobación anticipada, ella siempre encuentra motivos de rechazo.
Por eso, cuando la madre de Pedro solicitó por escrito, a fin de evitar precisamente malas interpretaciones, que aceptara las tareas asignadas mientras estaba de soldado en los actos del Día de las Fuerzas Armadas, tuvo tolerancia con todos los demás menos con Pedro, a pesar de haber sido el único en solicitar formalmente esa amplitud.
Por eso, además, dicha solicitud fue interpretada por la profesora como una protesta o señalamiento calumnioso. Es que, así como sus alumnos ya están acostumbrados a su mal genio, ella también ya está acostumbrada a que nadie le haga la menor seña en contrario, y en su suspicacia cualquier mención la interpreta como queja que debe reprimir para que nadie la imite o repita.
Por eso casi todos los alumnos y alumnas de la profesora Beatriz, atemorizados, acostumbrados o resignados, ya no piensan en reivindicar su fuero de alumnos, o talvez porque intentos anteriores fueron duramente reprimidos, y ninguno de ellos quiere ser “el próximo”.
Por eso casi todos los padres de familia prefieren que sus hijos e hijas salven este último año de colegio “como puedan”, en lugar de complicarse la vida entre reclamos y recursos que quién sabe si podrían terminar en buenos resultados, o en peores represalias, dejando a los pobres adolescentes inermes, para goce de la profesora agresora… Total: no son los padres quienes sufren (tienen cosas más urgentes que resolver), talvez son sus propios hijos los “malcriados, negligentes o díscolos”, o porque al final “ya faltan pocas semanas”…

(Y los alumnos de grados inferiores qué?)

Es que EL MAYOR ALIADO Y CÓMPLICE DEL AGRESOR ES EL MIEDO DE SU PROPIA VÍCTIMA…

Pero cuando se vence ese miedo, el sentido de dignidad se recupera, y se cae en la cuenta de que la verdad, la igualdad y el derecho a ser respetado como persona bien valen cualquier precio.

Pedro y su madre tienen miedo, pero lo están venciendo, por eso dicen haberse prometido que NUNCA MÁS. Si otros callaron tanto despropósito ellos ya no lo harán. Arriesgándose a que los demás estudiantes prefieran callar cuando se les pregunte al esclarecer su denuncia, o que incluso lo hagan en contra (de su propia situación) por miedo a su profesora, o que los profesores se unan y protegiéndose entre ellos (encubrimiento), o que la Comisión investigadora no aquilate justamente las evidencias del caso, Pedro ha roto las cadenas de su miedo, ha denunciado una injusticia educacional largamente soportada por él y muchos más, y callada por miedo o por no saber cómo poner los puntos sobre las ies…

Lo que resulte de su reclamo directo al Ministerio de Educación ya no depende de Pedro y su madre, depende de la objetividad y muy publicitada defensa de los derechos de los estudiantes y padres de familia agraviados que pongan en práctica las autoridades. Naturalmente, Pedro y su madre intentarán que se sancione si hay culpa, como creen que la hay. Pero ese ya no es el problema.

El problema era que el abuso, la arbitrariedad y el maltrato eran moneda corriente por parte de la profesora Beatriz; eso ya no será más, al menos como lo era hasta hoy.
Pedro, entre soportar callando o defender su dignidad denunciando, ha elegido el camino difícil de ir contra el orden injustamente establecido dentro de su clase de Matemáticas.

Tú, lo apoyarías?
Pues, si en tu aula hay casos así, denúncialos. Entretanto incluye tus comentarios sobre este caso. La valentía justa comienza por vencer a ese enemigo que tenemos dentro, que se llama Miedo…

Ukamau la cosa…

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miércoles, 8 de febrero de 2012

Telefono anticorrupcion gratis y que realmente funciona

El 800-10-0050 es el número al que en Bolivia se puede llamar para denunciar irregularidades y corrupción en escuelas y colegios fiscales o particulares.

Puedo estar equivocado.
Pero “la mitad más uno” de las familias bolivianas ha experimentado o conocido de fuente cercana, “alguna vez”, alguna de estas situaciones:
Es el Día del Maestro, y contra lo que se pudiera pensar ingenuamente, uno que otro profe con fama de temido “reprobador” recibe tantos halagos especiales que la lógica cotidiana no puede explicar de primera mano; pero, a riesgo de forzar la figura, “de que sucede, sucede”; talvez demostrando el modelo maquiavélico de que “es mejor ser temido que amado”…
Es casi fin de año escolar y, como se dice, muchos colegiales “ya saben de qué mal pueden morir”, de modo que hasta sus compañeros, con ojo clínico rudimentario, hacen pronósticos a escondidas. Pero sin saberse cómo, algún “desahuciado” cuyas malas notas han hecho metástasis hacia todas sus asignaturas, logra vencerlas en término de días, equivaliendo a que la liebre dormilona, al final, gane a la tortuguita de la fábula… o, ¿milagros anticipados de Navidad?
Dos compañeros de escuela y travesuras, uno de aprovechamiento aceptable y otro de no tanto, debieron separarse a mitad de su escolaridad porque uno perdió el año, y para mala suerte, también lo volvió a perder al año siguiente de modo que, por vergüenza o qué, termina yéndose para siempre. Muchos años después, ya en la universidad, vaya uno a saber cómo, ambos vuelven a encontrarse en el mismo semestre, aunque en carreras distintas, como si el “viaje al futuro” fuera posible. ¿O fue a un colegio en que se hacen dos años en uno?
Y no sólo padres y estudiantes, también los profes o incluso autoridades superiores de colegios pueden ser objeto de irregularidades: un director que, coaccionado por sus profes o padres de familia, se ve obligado a flexibilizar normas mínimas de conducta o desempeño, profes chantajeados con algún escandalete y obligados a ceder en la rigurosidad, muchas veces legítima, de su enseñanza, docentes que, por instinto de conservación laboral, “viven y dejan vivir” repartiendo calificaciones buenísimas con tal de no “hacerse de mala sangre”, padres exaccionados con interminables contribuciones y cuotas “para todo y para nada”, editoriales que a título de marketing o “cooperación”, capturan con maletincitos y comisiones por libro colocado a profes de colegios enteros, como inconfesados promotores de venta de material sin verdadera calidad pedagógica, kermesses, bailes juveniles, colectas y ventas internas impuestas por las directivas de padres de familia, de los que nunca se rinden cuentas, arbitrariedad disfrazada de “reglamento interno”, exámenes deliberadamente imposibles, abuso escolar entre alumnos, regentes de disciplina “sanguinarios”, castigos físicos (sí, aunque no lo crean, en este siglo XXI aun los hay), hostigamiento psicológico, amedrentamiento, …
La lista sería larga.
Y en las universidades?… copiados y/o textos de contenido mediocre y precio de lujo que hay que comprarlos “sí o sí” porque valen “la mitad de la calificación”, ausentismo docente que los auxiliares de cátedra tratan desesperada e infructuosamente de compensar o disimular, nepotismo administrativo o en aula, arreglos “milagrosos” de puntajes, coacción a los docentes para que sean “buenitos” so pena de ser repudiados por el co-gobierno estudiantil, partidismo político, …
Otra lista larga.
Pero una aclaración: no se crea tampoco que el sistema educativo, menos en Bolivia, es la Disneylandia de los injustos o los corruptos, por eso al comenzar este post mencioné los términos “alguna vez”, y los repito, “ALGUNA VEZ”. Sin embargo, con que haya una, “unita”, ya es para preocuparse, porque se supone que la educación, escolarizada o universitaria, pública o privada, es o debe ser totalmente aséptica, es decir limpia, a estas anomalías éticas, porque si no, ¿qué clase de personas se estarían formando?, o lo que fuera peor, ¿qué clase de personas estarían a cargo de este sistema que se supone es el templo o crisol en que se forman los futuros ciudadanos, lo mejorcito de un país?
¿Verdad?
Ahora, la frecuencia de esa “alguna vez”, por otro lado, también depende de la propia percepción, porque así como no todo lo que brilla es oro, tampoco la gente es lo que parece, por lo que nunca es bueno “pensar comenzando siempre por lo malo”…
Felizmente en Bolivia, desde hace algún tiempo, ya hay un medio de denunciar y poner en evidencia toda irregularidad que, de manera fundamentada, ocurra en escuelas, colegios y universidades. Es un mecanismo en pro de la transparencia, la equidad, la ley y ante todo la legitimidad y la verdad.

Es el número gratuito 800-10-0050.

Hace un tiempo, este número, que podríamos denominar de reclamo, queja o recurso ciudadano, fue difundido tímidamente por el Ministerio de Educación a propósito de las excesivas tareas o asignaciones “homicidas” (es un decir) que algunos profes suelen dar, sádicamente, a sus alumnos con motivo del descanso pedagógico invernal (500 repeticiones escritas de la Tabla de Valencias, escribir los primeros 1000 números primos, copiar a mano libros enteros para luego resumirlos, buscar la biografía de la bisabuelita de 20 novelistas de algún país, cosas así…), al punto que muchos colegiales con gusto preferirían no tener dichas vacaciones.
Luego, este numerito fue inmediatamente olvidado. Pero sigue vigente y, según pude conversar con su encargado, es y será permanente. También, a fines de 2011, me atreví a pasar el dato de una irregularidad que se estaba dando en el colegio de una de mis sobrinas. Naturalmente di mis datos reales como señal de seriedad. Y luego de varios días comprobé que una comisión visitó el colegio en cuestión pidiendo aclaraciones sobre el caso, luego de lo cual otros días mediante, recibí una llamada en mi celular para comentarme lo que había sucedido y preguntarme si se trataba del caso que referí. Yo respondí que sí, y antes de terminar un apretado resumen de lo hecho al respecto, el interlocutor me dijo que la próxima fuera más responsable porque en verdad no era un caso de corrupción sino unos cobros por ropa deportiva para los alumnos, concertado mucho antes, y voluntariamente, por los padres de familia.
Con semejante interpelación, tuve que replicar que si el asuntito no era ilegal, tampoco estaba claro y que más barato hubiera salido que hayan actas o constancias de los cobros que denuncié, más aun tratándose de convenios antiguos que uno no siempre puede conocer; además, lo legal siempre debe ser explícito, con eso de que “la reina no sólo debe serlo sino también parecerlo”. Y así quedamos en paz.
De todas formas, un poco avergonzado, también reconocí mi precipitación y desconocimiento de tales antecedentes, prometiendo finalmente que la próxima (ojalá no haya necesidad) sería más cuidadoso.

Conclusión, jalón de orejas aparte: entonces, este numerito… funciona…!

Ya no podemos decir que en Bolivia los alumnos, del nivel que sea, padres de familia o profesores estamos a merced de los abusos, la arbitrariedad, el maltrato o la corrupción. No es que en Bolivia la corrupción sea un “deporte nacional”, pero sí es un problema que hay que frenar, y este recurso, bien utilizado, repito: “bien utilizado”, puede servir para que al menos, quienes tengan esa tentación se la piensen dos veces.
Por ello, la oportunidad va junto con la responsabilidad.
¿Por qué, para qué, cuándo y cómo usar este recurso?
A ver…
Cuando llamas para referir o denunciar un hecho que crees irregular, ilegal o injusto, debes saber que estás involucrando a personas e instituciones que tienen su imagen social y honorabilidad, unas más que otras, pero la tienen. Por tanto, debes velar por ese honor así como cuidas el tuyo propio.
En primer lugar, no seas “dedo fácil” (se les dice así a quienes usan el teléfono con o sin motivo real), es decir que cuando veas algo que pueda calificarse como malo o reprochable debes necesariamente analizar si eso es así o sólo es tu percepción. Tu idea sobre la verdad, legitimidad, legalidad y justicia es el “primer filtro”.
Si de todo corazón y en lo mejor de tus pensamientos piensas que estás frente a algo malo que debe corregirse o sancionarse, debieras hacerlo conocer en el mismo lugar, momento (o inmediatamente después) y con quienes están involucrados. Es mucho mejor “lavar los trapos sucios en casa”. La idea es controlar lo malo sin hacer escándalos innecesarios. Si en tu colegio o facultad hay gente honesta y positiva, aquí debería resolverse el 99% de los problemas.
Si esto no sucede, todavía queda un recurso: acudir a una instancia superior, sea organización de padres de familia, consejo docente o autoridad distrital, local o regional competente. Posiblemente así se pueda gestionar o interceder por un entendimiento, aclaración o arreglo de modo que las partes afectadas mantengan con sus derechos e intereses respetados, subsistiendo la rectitud.
No pasó nada?
Si el asunto sigue “chueco” pese a tus intentos, a estas alturas ya habrás meditado sobre la gravedad e injusticia que te preocupa, y si amerita “ir más allá”. Entonces, sólo queda llamar al 800-10-0050 para plantear tu caso, con el antecedente de que ya has intentado resolverlo “sin levantar polvo”. Esta vez, no seas “dedo débil”, que no te lo tiemble, porque al denunciar algo realmente injusto no sólo estás dándolo a conocer a quien puede tomar cartas en el asunto, sino también estás cumpliendo un deber, porque en todo el mundo, quien sabe de un delito, culpa o dolo grave (dolo significa conciencia o intención de hacer conscientemente algo malo) y no lo denuncia, puede ser calificado como cómplice o encubridor.
Cuando llames tendrás que dar tus datos reales, pero si estás con la verdad no tienes que asustarte, ellos nunca los publicarán ni te delatarán, pero deben registrarlo en su base de datos para verificar, primero, que eres una persona real y luego comenzar oficialmente la investigación. No se puede comenzar una investigación con denuncia de alguien no identificado. La ley lo señala así.
Será mejor que antes de la llamada escribas en un papel el contenido de tu denuncia, algo que se pueda decir en un máximo 30 segundos, para no extraviarte durante la llamada. Posiblemente este número recibe muchas llamadas y denuncias oficiosas o incoherentes. Sé claro, sencillo y breve. Relata el caso de forma que lo pueda entender hasta un niño, ya que tú sabes todos los detalles pero los de esa oficina no saben nada, ni tampoco pueden adivinarlo si les das referencias ambiguas o inconexas, y podrían terminar asumiendo que es un arranque de mal humor, rencilla, venganza o mala fe, y nada más…
La sinceridad y la objetividad deben ser los denominadores comunes. Al hacer tu denuncia:
Nunca mientas, la mentira tiene patas cortas.
Nunca exageres, al final, la verdad se descubrirá y quienes exageran terminan avergonzándose.
Nunca saques ni trates de imponer tus propias conclusiones, tú no eres el juez sino quien denuncia, los investigadores y autoridades trabajarán estableciendo la verdad. A los ciudadanos nos toca, en estos casos, cooperar con la investigación de la verdad y luego, si corresponde, la aplicación la justicia.
Nunca insistas en tus comentarios, lo que las autoridades necesitan son datos y referencias para comenzar a investigar.
Nunca denuncies llevado de tu mal humor sino motivado por un sentimiento genuino de justicia.
Nunca actúes con el hígado sino con la cabeza, luchar contra la arbitrariedad y la corrupción implica objetividad y no ira.
Nunca exageres en hacerte la víctima, talvez tú también tengas parte de responsabilidad o incluso culpa.
Nunca calumnies, sería ruin y aborrecible de tu parte, la calumnia es como el carbón: cuando está caliente quema y cuando está frío mancha, y la gente inocente no se merece estos daños.
Nunca culpabilices a nadie sin motivo, todos son inocentes hasta que se compruebe lo contrario.
Nunca tengas miedo, si la verdad está contigo, dando a conocer algo malo no sólo estás defendiéndote sino también cumpliendo un deber.
Alguito más para terminar: haz que todos, absolutamente todos sepan y se memoricen este número. Seas Director, docente, estudiante, padre de familia, mucho más si tienes algún cargo, puesto o rol de responsabilidad. La llamada es absolutamente gratis, y puede hacerse desde celular, línea fija o monedero (no necesita moneda porque se considera una línea abierta para emergencias). Yo, si fuera autoridad educativa, ordenaría, obligaría que se pusieran carteles grandes a la entrada de cada colegio, que dijeran: “Teléfono gratuito anti-corrupción educativa: 800-10-0050”, pero no sabemos lo que hay en la mente de los demás.
Casi nunca ocurre, pero la corrupción es una alimaña que hay que eliminarla cuando apenas está apareciendo, porque después se hace incontrolable. Usualmente, nuestras escuelas y colegios son remansos de paz, trabajo, mejoramiento, conocimiento, verdad y justicia.
Y a todos nos corresponde cuidar cada día de que siga siendo así…
Ukamau la cosa.

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