sábado, 17 de agosto de 2013

Estudiante agredido y discriminado por su profesora

Este es el caso de un colegial de Oruro Bolivia quien ha sufrido continua hostilidad y discriminación por su profesora ante lo cual sus padres recurrieron al Ministerio de Educación.

This is the matter of Oruro Bolivia's schoolboy who has suffered continuous hostility and their teacher's discrimination because that their parents appealed to the Ministry of Education.

Un caso para Wikileaks Anti abuso. Los hechos son reales, incluso los nombres.

Pedro es un estudiante de último curso de Secundaria en la Unidad Educativa “Jorge Oblitas” de Oruro, Bolivia. Siempre estudió en él, excepto dos años anteriores que los pasó en otro colegio de su mismo barrio. Pero pudo más el apego a su colegio de toda la vida que, luego de esos dos años exigió, y logró, retornar a él, para graduarse bachiller con sus compañeros antiguos.

Su profesora Beatriz, de Matemáticas, talvez ignorando este detalle, desde el inicio del año catalogó a Pedro como “nuevo” en el colegio, y conocida como es por su animadversión por los “nuevos”, le hizo blanco predilecto de sus exigencias, indirectas y señalamientos en aula, presión que Pedro, alumno promedio, hace todo lo posible para sobrellevar.
Falta decir que Pedro está finalizando también el Servicio Premilitar, que facilita a los adolescentes bolivianos completar su bachillerato, haciendo por dos años la instrucción castrense en fines de semana, de modo que al mismo tiempo se gradúen del colegio y se conviertan en reservistas de las Fuerzas Armadas, ahorrándose el año continuo de encuartelamiento.

De tal modo, Pedro y los estudiantes como él en toda Bolivia, hacen malabares para cumplir estudios, exámenes, tareas, etc. Los días sábado que pasan en su batallón, sometidos a intensos ejercicios y actividades propias de los militares, mientras sus compañeros pasan clases normalmente. Pero Pedro no lo hace por capricho sino porque en Bolivia hay un sistema de flexibilidad pedagógica y amparo legal para esta opción, que alumnos y alumnas de Secundaria utilizan, aunque no todos, porque es optativo.
Por su lado, los colegios y docentes de Secundaria, sabedores de esta situación y la norma legal que la justifica, aplican formas alternativas de controlar y evaluar a “los y las premilitares”, y estos últimos exprimen su tiempo de fin de semana para “ponerse al día” y no quedar rezagados en el aprendizaje; aunque la mencionada profesora Beatriz no lo ve así, al menos en el caso de Pedro.

Resultado: Pedro es visto por dicha docente como “alumno nuevo”, advenedizo a quienes es famosa en el colegio por no tenerles estima, y “premilitar”, a quienes tampoco guarda consideración porque, según lo dice sin reparos, “no están haciendo esa preparación para ella…”.

Pero esa es sólo una parte de la historia. La verdad es que dicha profesora tiene un evidente, aunque no recomendable, prestigio de mal temperamento, cambios de humor y actitudes imprevisibles, pues ante sus alumnos puede mostrarse inflexible en alguna actitud inopinada, y minutos luego, conversar con una persona mayor con tal cordialidad que haría pensar que la imagen que los chicos tienen de ella es un invento.
Estos últimos, que han pasado clases años y años con ella, ya desarrollaron la capacidad de absorber tal temperamento, y aunque virtualmente todos ellos han sufrido algún desplante o exceso de su parte, sólo esperan con ansias que termine el año escolar para no tener que soportarla nunca más. Por su parte los padres de familia, ocupados más en el trabajo y la subsistencia, además ante la improductividad de reclamos aislados de algunos, también dejan que sus hijos se las arreglen como puedan, pues hacer frente a un caso tan complejo “ya no tiene caso”, dando también prioridad a que pronto “se acabe el año”… y ya.

(Falta saber lo que piensan quienes, cursando años inferiores en el colegio, deberán soportar uno, dos, tres años más, a la Profe Beatriz).

Sería largo contar, como ha sido comprobado y contrastado antes de referir este caso, las varias veces en que Pedro fue blanco de las indirectas, directas y discriminación docente de su profesora Beatriz. Su madre, intentando alguna forma de intercesión, acudió a la Asesora del Grado cuya misión es hacer también las veces de abogada de los alumnos para algunos casos como los citados. Dicha Asesora le manifestó semanas atrás que mejor no hiciera ningún reclamo formal o enérgico porque sólo provocaría mayor reactividad de la profesora Beatriz, por lo cual la madre de Pedro optó callar y vigilar…

Así llegaron, y pasaron, las cortas vacaciones de invierno…

Reiniciados los estudios, una clase a la que la profe Beatriz no llegaba por varios minutos, algunos chicos, Pedro entre ellos, esperaban manipulando, y talvez ensayando breves notas en sus zampoñas, pues eran días previos al aniversario nacional de Bolivia, y el colegio tiene una banda musical de zampoñas. Al llegar la profe, naturalmente los adolescentes se reordenaron en el aula, como es su costumbre, guardando las tales zampoñas, y el desafortunado Pedro no se apuraría mucho de modo que fue sorprendido con el instrumento en la mano. La profe lo echó de la clase sin que mediaran explicaciones, ruegos ni disculpas. Su madre, al advertir un refunfuño que Pedro había escrito en su muro de Facebook acerca de este incidente, contado el asunto en casa, decidió afrontar diametralmente el asunto; sin embargo los afanes de trabajo, desfiles, aniversario nacional y demás terminaron por atenuar los decibeles de su decisión.

Talvez el caso de Pedro hubiera terminado como uno más de los muchos alumnos sojuzgados y sometidos más que todo anímicamente, con el sentido de dignidad aplastado y la autoestima por los suelos, sin que finalmente haya reclamo alguno. Pero hubo más:

Las fiestas nacionales bolivianas abundan en ceremonias y protocolos, pues al 6 de agosto, día central, le sigue el 7, Día de las Fuerzas Armadas en que se realiza la Jura de la Bandera, ciertamente el acto más elevado e importante para todo militar y conscripto. Ese día era miércoles, feriado en años anteriores, pero esta vez laborable y normal.
Todos los militares y premilitares, Pedro entre ellos, a media mañana de ese día realizaron el juramento más trascendental que puede hacer un soldado por su país: lealtad a su bandera hasta el sacrificio de la vida.
Terminada la Jura, siempre le sigue una parada o Desfile de Honor más demostraciones de marchas, gimnasia y otras maniobras militares ante el público reunido en el estadio de la ciudad. Este año en Oruro, la tal demostración se prolongó hasta las 17:30 de la tarde. Pedro, ni modo, se retiró de filas ya a punto de acabar las clases en su colegio, jornada que para su desventura le tocaba Matemáticas, cuya profesora Beatriz asignó tareas para la casa, advirtiendo que sólo podrían merecer revisión quienes hayan asistido a esa clase en particular, pues seguro habrían faltado muchos, unos premilitares y otros no, estos últimos talvez porque pensaron que no había clases, como en años anteriores.

La madre de Pedro, apurándose a justificar la asistencia de Pedro y pedir que la profe aceptara la tarea hecha, tomando en cuenta que la Asesora del Grado le aconsejara no hablar con ella para no “entorpecer” aun más el panorama, optó por recurrir a la Dirección del colegio mediante solicitud escrita, misma que fue aceptada por la autoridad.
Sin embargo, llegada la próxima clase de Matemáticas, la profesora de matemáticas, arguyendo primero haber sabido de quejas infundadas contra ella, revisó las tareas hechas, incluyendo las de quienes hubieron faltado la anterior clase; y cuando tocó a Pedro presentar las suyas, las rechazó arguyendo detalles que debía enmendar en su casa. Pedro, viendo que las observaciones eran salvables de inmediato, así lo hizo volviéndolas a presentar. Esta vez la profesora, extremando más su temperamento, las rechazó totalmente dándolas por nulas.

¿Cómo se puede calificar esta conducta?

Animadversión injustificada desde inicio de año, trato verbal displicente y desvalorizante, temperamento incompatible con la función docente y nada empatizador, principio de autoridad pedagógica que lejos de plasmarse en liderazgo facilitador de los aprendizajes es más bien arbitrariedad, y trato claramente desigual, abundante en exabruptos y temperamentalidad… Pedro las sufrió todas hasta ahora, aunque felizmente ninguna agresión física (sólo faltaría eso),… y es que algunos maltratadores lo hacen tan bien que las agresiones a sus víctimas, físicas o psicológicas, son tan fuertes que provocan sufrimiento pero no tanto como para tipificarse penalmente, de modo que todo queda en el limbo entre lo insoportable y lo delictivo.
Así, al estudiante víctima puede no resultarle claro si el trato recibido por su docente es una agresión injusta o un castigo merecido; si su profe “es malvado” o solamente “es estricto”, conflicto que corroe su autoestima, y una vez vencida esta, termina por docilizarse, incluso hasta la degradación moral, auto-inculpación o la identificación con el agresor (como en el Síndrome de Estocolmo).

Pero eso no es todo. Las veces que algún alumno, solo o junto a sus padres, reclaman por el maltrato, las autoridades reaccionan y actúan solamente si el caso es especialmente significativo o grave (a veces ni aun así). Además, como muchos docentes agresores son mayormente antiguos y han logrado desarrollar algún predicamento entre sus colegas, y como se dijo, las agresiones no son lo suficientemente “justiciables” (por decirlo de algún modo), casi nunca llegan a la instancia de sanción y/o reparación sino, cuando más, al exhorto de que el docente sea más conciliador o proactivo, y que el alumno de marras sea más aplicado, punto.

Y si el caso es más que conflictivo, no suele faltar el espíritu de cuerpo gremial entre profesores que revierten la dinámica; más de una vez se han conocido casos de maltrato a estudiantes que en lugar de esclarecerse y sancionarse, mas bien se los juzga en contrario, calificándolos de “instrumentados” o “banderizados” como aprestos en contra de la institución y el docentado, quedando entonces el alumno y sus padres poco menos que como “conspiradores”, “traidores al colegio”, “mal-agradecidos con sus profes” o algo así.

Talvez por eso el Ministerio de Educación de Bolivia ha habilitado una línea directa, 800-10-0050, que puede decirse es el 110 o el 911 para alumnos maltratados y los padres de familia sin saber qué hacer ante algún exceso, corrupción o injusticia en escuelas y colegios. Es una línea gratuita que funciona todos los días y horas laborables, y que podría limitar este tipo de irregularidades tan graves por lo frecuentes y continuadas, pero que se las arreglan para permanecer bajo el radar de las normas, la opinión pública y la justicia institucionalizada, y que aun en este último caso pueden llegar a perderse o diluirse en la burocracia, los papeleos y antesalas interminables en oficinas.

Resumiendo:
La Profe Beatriz, desde el principio de este año, trata a Pedro con especial animadversión por creer que es alumno “nuevo” en el colegio, prejuicio que le hace ver como atrasado, indisciplinado o directamente despreciable.
Por esta distorsión poco equitativa, cualquier cosa que Pedro haga, o no haga, es vista por la profesora Beatriz como resultado de mala intención, negligencia o directamente oposición a su autoridad dentro de su asignatura.
Así, los errores y faltas de Pedro en su materia, sin importar si son reales y sólo supuestos por su forma prejuiciada de percibir, son magnificados y motivo de reforzamiento de sus prejuicios negativos.

Por eso, cuando Pedro fue sorprendido con una zampoña entre las manos, la profe supuso que él era culpable de una algazara que, además, nunca ocurrió, y terminó por echarle sin más de su clase, llevada de su temperamento irreflexivo.
Por eso, las veces que Pedro le presenta sus tareas hechas, que no son ciertamente virtuosas pero tampoco dignas de reprobación anticipada, ella siempre encuentra motivos de rechazo.
Por eso, cuando la madre de Pedro solicitó por escrito, a fin de evitar precisamente malas interpretaciones, que aceptara las tareas asignadas mientras estaba de soldado en los actos del Día de las Fuerzas Armadas, tuvo tolerancia con todos los demás menos con Pedro, a pesar de haber sido el único en solicitar formalmente esa amplitud.
Por eso, además, dicha solicitud fue interpretada por la profesora como una protesta o señalamiento calumnioso. Es que, así como sus alumnos ya están acostumbrados a su mal genio, ella también ya está acostumbrada a que nadie le haga la menor seña en contrario, y en su suspicacia cualquier mención la interpreta como queja que debe reprimir para que nadie la imite o repita.
Por eso casi todos los alumnos y alumnas de la profesora Beatriz, atemorizados, acostumbrados o resignados, ya no piensan en reivindicar su fuero de alumnos, o talvez porque intentos anteriores fueron duramente reprimidos, y ninguno de ellos quiere ser “el próximo”.
Por eso casi todos los padres de familia prefieren que sus hijos e hijas salven este último año de colegio “como puedan”, en lugar de complicarse la vida entre reclamos y recursos que quién sabe si podrían terminar en buenos resultados, o en peores represalias, dejando a los pobres adolescentes inermes, para goce de la profesora agresora… Total: no son los padres quienes sufren (tienen cosas más urgentes que resolver), talvez son sus propios hijos los “malcriados, negligentes o díscolos”, o porque al final “ya faltan pocas semanas”…

(Y los alumnos de grados inferiores qué?)

Es que EL MAYOR ALIADO Y CÓMPLICE DEL AGRESOR ES EL MIEDO DE SU PROPIA VÍCTIMA…

Pero cuando se vence ese miedo, el sentido de dignidad se recupera, y se cae en la cuenta de que la verdad, la igualdad y el derecho a ser respetado como persona bien valen cualquier precio.

Pedro y su madre tienen miedo, pero lo están venciendo, por eso dicen haberse prometido que NUNCA MÁS. Si otros callaron tanto despropósito ellos ya no lo harán. Arriesgándose a que los demás estudiantes prefieran callar cuando se les pregunte al esclarecer su denuncia, o que incluso lo hagan en contra (de su propia situación) por miedo a su profesora, o que los profesores se unan y protegiéndose entre ellos (encubrimiento), o que la Comisión investigadora no aquilate justamente las evidencias del caso, Pedro ha roto las cadenas de su miedo, ha denunciado una injusticia educacional largamente soportada por él y muchos más, y callada por miedo o por no saber cómo poner los puntos sobre las ies…

Lo que resulte de su reclamo directo al Ministerio de Educación ya no depende de Pedro y su madre, depende de la objetividad y muy publicitada defensa de los derechos de los estudiantes y padres de familia agraviados que pongan en práctica las autoridades. Naturalmente, Pedro y su madre intentarán que se sancione si hay culpa, como creen que la hay. Pero ese ya no es el problema.

El problema era que el abuso, la arbitrariedad y el maltrato eran moneda corriente por parte de la profesora Beatriz; eso ya no será más, al menos como lo era hasta hoy.
Pedro, entre soportar callando o defender su dignidad denunciando, ha elegido el camino difícil de ir contra el orden injustamente establecido dentro de su clase de Matemáticas.

Tú, lo apoyarías?
Pues, si en tu aula hay casos así, denúncialos. Entretanto incluye tus comentarios sobre este caso. La valentía justa comienza por vencer a ese enemigo que tenemos dentro, que se llama Miedo…

Ukamau la cosa…

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