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domingo, 1 de noviembre de 2015

Evangelio de la muerte de Pilatos

Estos son libros y testimonios antiguos que muchas religiones cristianas no quieren que conozcas pero te los presentamos para que tú mismo elabores tus conclusiones.

These are books and old testimonies that many Christian religions don't want you to know but we present them to you so that yourself elaborates your conclusions.

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Evangelio de la muerte de Pilatos.

MUERTE DE PILATOS, EL QUE CONDENÓ A JESÚS (MORS PILATI).

MISIÓN DE VOLUSIANO EN JERUSALÉN.

I.

1. Estando Tiberio César, emperador de los romanos, afectado de una grave dolencia y oyendo que había en Jerusalén un médico llamado Jesús, que curaba todas las enfermedades con su palabra, y no sabiendo que Pilatos y los judíos lo habían hecho perecer, dio esta orden a uno de los empleados de su casa, llamado Volusiano: Ve al otro lado del mar todo lo más pronto que puedas, y di a Pilatos, mi servidor y amigo, que me envíe aquí ese médico, para que me devuelva mi antigua salud.
2. Y Volusiano, oyendo la orden del emperador, partió en seguida, y fue a Pilatos, con arreglo a la orden que había recibido.
3. Y expuso a Pilatos la comisión que el César le había conferido, diciéndole: Tiberio, emperador de los romanos y tu señor, sabiendo que en esta ciudad hay un médico que sólo con su palabra cura las enfermedades, te pide que se lo envíes, para librarlo de sus dolencias.
4. Y Pilatos, al oírlo, quedó amedrentado, porque había hecho morir a Jesús, conforme al deseo de los judíos, y respondió al emisario, diciéndole: Ese hombre era un malhechor y un sedicioso que se atraía todo el pueblo a sí, por lo cual y en vista del consejo de los varones prudentes de la ciudad lo he hecho crucificar.
5. Y, volviendo el emisario a su casa, halló una mujer llamada Verónica, que había conocido a Jesús, y le dijo: ¡Oh mujer! ¿Y cómo los judíos han hecho morir a un médico que había en esta ciudad, y que curaba las enfermedades con sólo su palabra?

6. Y ella se puso a llorar, diciendo: ¡Ah, señor, era mi Dios y mi maestro aquel a quien Pilatos, por sugestión de los judíos, ha hecho prender, condenar y crucificar!
7. Y Volusiano, muy afligido, le dijo: Tengo un extremado dolor, porque no puedo cumplir las órdenes que mi emperador me ha dado.
8. Y Verónica le dijo: Como mi Señor iba de un sitio a otro predicando, y yo estaba desolada, al verme privada de su presencia, quise hacer pintar su imagen, a fin de que, cuantas veces sintiese el dolor de su ausencia, tuviese al menos el consuelo de su retrato.
9. Y, cuando yo llevaba al pintor un lienzo para hacerlo pintar, mi Señor me encontró, y me preguntó adónde iba. Y, el indicarle mi objeto, me pidió un paño, y me lo devolvió impreso con la imagen de su venerada figura. Y si tu emperador la mira con devoción, gozará de salud brevemente.
10. Y Volusiano le dijo: ¿Puedo adquirir esa imagen a precio de oro o de plata? Y ella contestó: No, ciertamente. Pero, por un sentimiento de piedad, partiré contigo, llevando esta imagen al César, para que la vea, y luego volveré.

11. Y Volusiano fue a Roma con Verónica, y dijo al emperador Tiberio: Hace tiempo que Pilatos y los judíos, por envidia, han condenado a Jesús a la muerte afrentosa de la cruz. Pero ha venido conmigo una matrona que trae consigo la imagen del mismo Jesús y, si tú la contemplas devotamente, gozarás el beneficio de la curación.
12. Y el César hizo extender telas de seda, y ordenó que se le llevase la imagen y, en cuanto la hubo mirado, volvió a su primitiva salud.

CASTIGO DE PILATOS.

II.

1. Y Pilatos, por orden de Tiberio, fue preso y conducido a Roma. Y, sabiendo el César que había llegado a la ciudad, se llenó de furor contra él, y ordenó que se lo presentasen.
2. Y Pilatos había traído consigo la túnica de Jesús, y la llevaba sobre sí, cuando compareció ante el emperador.
3. Y apenas el emperador lo vio, se apaciguó toda su cólera, y se levantó al verlo, y no le dirigió ninguna palabra dura, y, si en su ausencia se había mostrado terrible y lleno de ira, en su presencia sólo mostró dulzura.
4. Y, cuando se lo hubieron llevado, de nuevo se enfureció contra él de un modo espantoso, diciendo que era muy desgraciado por no haber podido mostrarle la cólera que llenaba su corazón. Y lo hizo otra vez llamar, jurando que era merecedor de la muerte, e indigno de vivir sobre la tierra.
5. Y, cuando volvió a verlo, lo saludó, y desapareció toda su cólera. Y todos los presentes se asombraban, y también el emperador, de estar tan irritado contra Pilatos, cuando salía, y de no poder decirle nada amenazador, cuando estaba ante él.

6. Y, al fin, cediendo a un impulso divino, o acaso por consejo de algún cristiano, le hizo quitar su túnica, y al momento se sintió lleno de cólera contra él. Y, sorprendiéndole mucho al emperador todas estas cosas, se le dijo que aquella túnica había sido del Señor Jesús.
7. Y el emperador ordenó tener preso a Pilatos hasta resolver, con consejo de los prudentes, lo que convenía hacer con él.
8. Y, pocos días más tarde, se dictó una sentencia, que condenaba a Pilatos a una muerte muy ignominiosa. Y Pilatos, sabiéndolo, se mató con su propio cuchillo, y puso de este modo fin a su vida.
9. Y, sabedor el César de la muerte de Pilatos, dijo: En verdad que ha muerto de muerte bien ignominiosa, pues ni su propio cuchillo lo ha perdonado. Y el cuerpo de Pilatos, sujeto a una gran rueda de molino, fue lanzado al Tíber.
10. Y los espíritus malos e impuros, gozándose en aquel cuerpo impuro y malo, se agitaban en el agua, y producían tempestades, y truenos, y grandes trastornos en los aires, con lo que todo el pueblo era presa de pavor. Y los romanos retiraron del Tíber el cuerpo de Pilatos, y lo llevaron a Vienne y lo arrojaron al Ródano, porque Vienne significa camino de la gehhena, y era un sitio de exportación.

11. Y los espíritus malignos, reunidos en caterva, continuaron haciendo lo que en Roma. Y, no pudiendo los habitantes soportar el ser así atormentados por los demonios, alejaron de sí aquel motivo de maldición, y lo hicieron enterrar en el territorio y ciudad de Lausana.
12. Y, como los demonios no dejaban de inquietar a los habitantes, se lo alejó más y se lo arrojó en un estanque rodeado de montañas, donde, según los relatos, las maquinaciones de los diablos se manifiestan aún por el burbujear de las aguas.

Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco.

martes, 27 de octubre de 2015

El evangelio de Judas

Estos son libros y testimonios antiguos que muchas religiones cristianas no quieren que conozcas pero te los presentamos para que tú mismo elabores tus conclusiones.

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El evangelio de Judas

INTRODUCCIÓN: ÍNCIPIT.

Crónica secreta de la revelación hecha por Jesús en conversación con Judas Iscariote durante una semana tres días antes de celebrar la Pascua.

LA MISIÓN TERRENAL DE JESÚS.

Cuando Jesús bajó a la Tierra, hizo milagros y grandes portentos para la salvación de la Humanidad. Y como algunos [iban] por el camino de la rectitud mientras otros se daban a las transgresiones, fueron convocados los doce discípulos.
Él comenzó a hablar con ellos de los misterios ultraterrenos y de lo que ha de suceder al final. Muchas veces no se presentaba a sus discípulos en su propia figura, sino que aparecía entre ellos como un niño.

ESCENA 1: DIÁLOGO DE JESÚS CON SUS DISCÍPULOS. LA ORACIÓN DE AGRADECIMIENTO O EUCARISTÍA.

Un día Él estaba con sus discípulos en Judea, y los encontró reunidos y sentados en actitud devota. Cuando Él [se acercó a] sus discípulos, reunidos y sentados ofreciendo una oración de agradecimiento ante el pan, [Él] rió. Los discípulos [le] dijeron: “Maestro, ¿por qué te ríes de [nuestra] oración de agradecimiento? Hacemos lo correcto”.
Él respondió diciéndoles: “No me río de vosotros. [Vosotros] no hacéis esto por vuestra voluntad, sino porque ésta es la forma en que vuestro dios [debe ser] alabado”.
Ellos dijeron: “Maestro, tú eres [...] el hijo de nuestro dios”.
Jesús les respondió: “¿Cómo me conocéis? En verdad, [yo] os digo que ningún descendiente de los que están entre vosotros me conocerá”.

DISGUSTO DE LOS DISCÍPULOS.

Cuando los discípulos oyeron esto fueron presa del disgusto y la furia y en su interior comenzaron a blasfemar contra Él.
Cuando Jesús vio que no [entendían, se dirigió] a ellos: “¿Por qué os alteráis hasta la ira? Vuestro dios, que está en vuestro interior [...] ha hecho crecer la ira [en] vuestras almas. [Que] alguno de vosotros que sea [lo bastante fuerte] entre los seres humanos deje manifestarse al humano perfecto y se presente ante mí ”.
Todos ellos dijeron: “Tenemos la fuerza”.
Pero sus espíritus no tuvieron valor para estar frente [a Él], excepto el de Judas Iscariote. Él fue capaz de aguantar frente a Jesús pero no de sostenerle la mirada, y volvió el rostro.
Judas le [dijo]: “Sé quién eres y de dónde vienes. Tú perteneces al reino inmortal de Barbelo. Y yo no soy digno de pronunciar el nombre de quien te ha enviado”.

JESÚS HABLA EN PRIVADO CON JUDAS.

Sabiendo que Judas reflexionaba sobre algo elevado, Jesús le dijo: “Manténte alejado de los otros y te explicaré los misterios del reino”.
Puedes alcanzarlo, pero a costa de gran sufrimiento. Porque algún otro te reemplazará, para que los doce [discípulos] puedan volver a cumplir con su dios”.
Judas le dijo: “¿Cuándo me explicarás estas cosas, y [cuándo] llegará el gran día de la luz para la estirpe?”. Pero cuando dijo eso, Jesús se fue de su lado.

ESCENA 2: JESÚS VUELVE A APARECERSE A SUS DISCÍPULOS.

A la mañana siguiente a suceder esto Jesús [apareció] otra vez ante sus discípulos.
Ellos le dijeron: “Maestro, ¿adónde fuiste y qué hiciste cuando nos dejaste?”.
Jesús les dijo: “Fui con otra estirpe grande y santa”.
Sus discípulos le dijeron: “Señor, ¿cuál es esa gran estirpe, que es superior a nosotros y más santa que nosotros, que no está ahora en este reino?”.
Cuando Jesús oyó esto rió y les dijo: “¿Por qué en vuestro interior pensáis en la estirpe fuerte y santa? En verdad [yo] os digo que nadie nacido [de] este eón verá esa [estirpe], y ninguna hueste de ángeles de las estrellas gobernará esa estirpe, y nadie nacido mortal puede unirse a ella, porque aquella estirpe no viene de [...] que se ha convertido en [...]. La estirpe de las personas que están entre [vosotros] es de la estirpe de la Humanidad [...] poder, que [... el] otros poderes [...] por [los cuales] vosotros gobernáis”.
Cuando [sus] discípulos oyeron esto, cada uno de ellos quedó consternado en su interior. No pudieron articular palabra.
Otro día Jesús fue hasta [ellos]. Ellos [le] dijeron: “Maestro: te hemos visto en una [visión], porque tenemos grandes [sueños...] noche [...]”.
[Él dijo]: “¿Por qué habéis [vosotros ... cuando] vosotros habéis ido a esconderos?”.

LOS DISCÍPULOS VEN EL TEMPLO Y DEBATEN ACERCA DE ÉL.

Ellos [dijeron: “Hemos visto] una gran [casa con un gran] altar [en ella, y] doce hombres —son los sacerdotes, creemos— y un nombre; y una muchedumbre espera frente a ese altar, [hasta] los sacerdotes [... y recibir] las ofrendas. [Pero] nosotros seguimos esperando”.
[Jesús dijo] “¿Cómo son [los sacerdotes]?”.
Ellos [dijeron: “Algunos...] dos semanas; [algunos] sacrifican a sus propios niños, otros a sus esposas, entre alabanzas [y] reverencias mutuas; algunos yacen con hombres; otros toman parte en [matanzas]; algunos cometen innúmeros pecados y actos contra las leyes. Y los hombres que hay en pie [delante del] altar invocan tu [nombre], y en todos sus actos de su imperfección los sacrificios son consumados [...]”.
Después de decir esto guardaron silencio, porque estaban preocupados.

JESÚS DA UNA INTERPRETACIÓN ALEGÓRICA DE LA VISIÓN DEL TEMPLO.

Jesús les dijo: “¿Por qué os atribuláis? En verdad os digo que todos los sacerdotes que están frente al altar invocan mi nombre. Os lo vuelvo a decir: mi nombre ha sido escrito en este [...] de las generaciones de estrellas a través de las generaciones de hombres. [Y ellos] han plantado árboles sin fruto en mi nombre, de manera vergonzosa”.
Jesús les dijo: “Aquellos a quienes habéis visto recibiendo las ofrendas en el altar, ésos sois vosotros. Ése es el dios a quien servís, y vosotros sois esos doce hombres que habéis visto. El ganado que habéis visto que llevaban al sacrificio son todas las personas a las que vosotros descarriasteis frente a aquel altar. [...] resistirá y se servirá de mi nombre de esta manera, y generaciones de gentes piadosas se mantendrán leales a él.
Después de él habrá allí otro hombre que será de [los fornicadores], y otro ha [brá] de los infanticidas, y de los que yacen con otros hombres, y de los que se abstienen, y el resto de las gentes entregadas a la corrupción, la ilegalidad y el error, y aquellos que dicen: ‘Somos como ángeles’; ellos son las estrellas que provocan la extinción de todas las cosas. Porque durante generaciones los hombres han dicho: ‘Mira, Dios ha recibido vuestro sacrificio de las manos de un sacerdote ’; es decir, de un ministro del error. Pero es el Señor, el Señor del universo, quien gobierna; ‘En el último día ellos serán humillados’”.
Jesús [les] dijo: “Dejad de sac[rificar ...] que habéis [...] sobre el altar, porque ellos están por encima de vuestras estrellas y vuestros ángeles y allí ya ha llegado su fin. Dejad pues que sean [atrapados] ante vosotros, y permitidles marchar [—faltan cerca de 15 líneas—] generaciones [...].
Un panadero no puede alimentar a todas las criaturas bajo [cielo]. Y [...] a ellos [...] a nosotros y [...]. Jesús les dijo: “Dejad de luchar contra mí. Cada uno de vosotros tiene su propia estrella, y toda [persona —faltan cerca de 17 líneas —] en [...] que ha venido [... primavera] por el árbol [...] de este eón [...] durante algún tiempo [...] pero él ha venido a regar el paraíso de Dios, y la [estirpe] que perdurará, porque [él] no manchará la [posición del esa estirpe, pero [ ...] para la eternidad”.

JUDAS HACE PREGUNTAS A JESÚS ACERCA DE AQUELLA ESTIRPE Y DE LAS ESTIRPES HUMANAS.

Judas [le] dijo: “[Rab]í, ¿qué clase de fruto da aquella estirpe?”.
Jesús dijo: “Las almas de todas las estirpes humanas morirán. Pero cuando aquellas personas han consumido su tiempo en este reino y el espíritu las abandona, sus cuerpos mueren pero sus almas viven y son asumidas”.
Judas dijo: “Es imposible sembrar semillas en [roca] y recoger sus frutos.
[Este] es también el camino [...] la estirpe [corrupta...] y Sofía corruptible [...] la mano que ha creado gente mortal, así que sus almas ascienden a los eternos reinos celestiales. [En verdad] os digo: [...] ángel [ ] poder será capaz de ver aquel [...] éste a los que [...] estirpes santas [...]”. Después de decir esto, Jesús se marchó.

ESCENA 3: JUDAS NARRA UNA VISIÓN Y JESÚS LE CONTESTA.

Judas dijo: “Maestro, igual que has escuchado a todos los demás, escúchame ahora también a mí. Porque he tenido una gran visión”.
Cuando Jesús oyó esto, rió y le dijo: “Tú, decimotercer espíritu, ¿por qué te esfuerzas tanto? Pero habla, que tendré paciencia contigo”.
Judas le dijo: “En la visión me vi a mí mismo, y a los doce discípulos lapidándome y acosándo[me terriblemente]. Y también llegué al lugar donde […] después de ti. Vi [una casa...], y mis ojos no podían [abarcar] su tamaño. Mucha gente la rodeaba, y aquella casa tenía el tejado de hojas verdes, y en medio de la casa había [una multitud —faltan dos líneas—] que decía: ‘Maestro, acógeme con estas gentes’”.
[Jesús] respondió y dijo: “Judas, tu estrella te ha llevado por el mal camino”. Y continuó: “No hay persona nacida humana que merezca entrar en la casa que has visto, porque ese lugar está reservado para los sagrados. Ni el Sol ni la Luna rigen allí, ni el día, pero los santos morarán allí para siempre, en el reino eterno con los sagrados ángeles. Mira, te he explicado los misterios del reino y te he enseñado el error de las estrellas; y [...] enviarlo [...] sobre los doce eones”.

JUDAS PREGUNTA POR SU DESTINO.

Judas dijo: “Maestro, ¿es posible que mi semilla esté bajo el control de los señores?”.
Jesús respondió y le dijo: “Ven, que yo [—faltan dos líneas—], pero que sufrirás gran aflicción cuando veas el reino y toda su estirpe”.
Cuando Judas oyó esto, le dijo: “¿De qué me sirve haberlo recibido? Porque me has destinado a aquella estirpe”.
Jesús respondió y le dijo: “Te convertirás en el decimotercero, y serás maldecido por las otras estirpes, y llegarás a prevalecer sobre ellas.
En los últimos días maldecirán tu ascenso a la [estirpe] santa”.

JESÚS ENSEÑA COSMOGONÍA A JUDAS: EL ESPÍRITU Y EL AUTOGENERADO.

Jesús dijo: “[Ven], que puedo enseñarte [secretos] que nadie [ha] visto. Porque existe un reino grandioso e ilimitado, cuya extensión no ha sido vista por generación alguna de ángeles, [en el cual] hay [un] grandioso e invisible [Espíritu], nunca visto por los ojos de ángel alguno, nunca abarcado por la percepción del corazón, y nunca llamado con nombre alguno.
“Y una nube de luz apareció. Él dijo: ‘Sea creado un ángel y sírvame de ayudante’.
“Un gran ángel, el divino y luminoso Autogenerado, salió de la nube. Por su designio, otros cuatro ángeles fueron creados en otra nube, y fueron los ayudantes del angélico Autogenerado.
El Autogenerado dijo: ‘Que [...] sea [...]’, y fue creado [...]. Y él [creó] la primera luminaria para reinar sobre ella. Dijo: ‘Haya ángeles para servir[la]’, 'y fueron creados en cantidades innumerables. Dijo: ‘[Sea] creado un eón luminoso’, y fue creado. Creó la segunda luminaria [para] reinar sobre ella, junto con cantidades innumerables de ángeles para que prestaran sus servicios. Así es como él creó al resto de los eones iluminados. Hizo que reinaran sobre ellos y creó para ellos una cantidad incontable de ángeles para que les prestaran ayuda.”

ADAMAS Y LAS LUMINARIAS.

“Adamas estaba en la primera nube luminosa que ningún ángel había visto entre todos los llamados ‘Dios’. Él […] que [...] la imagen [...] y a semejanza de [este] ángel. Él hizo aparecer la [generación] incorruptible de Set [...] los doce [...] los veinticuatro [...]. Hizo aparecer setenta y dos luminarias en la generación incorruptible, de acuerdo con la voluntad del Espíritu. Las setenta y dos luminarias hicieron aparecer trescientas sesenta luminarias en la generación incorruptible, de acuerdo con la voluntad del Espíritu de que su número fuera de cinco por cada una.
Los doce eones de las doce luminarias constituyen su padre, con seis cielos por cada eón, de manera que hay setenta y dos cielos para las setenta y dos luminarias, y por cada [de ellos cinco] firmamentos, [para un total de] trescientos sesenta [firmamentos ...]. Se les dio autoridad y una [gran] hueste de [innumerables] ángeles, para gloria y adoración, [y tras eso también] espíritus vírgenes, para gloria y [adoración] de todos los eones y los cielos y sus firmamentos.

EL COSMOS, EL CAOS Y EL MUNDO INFERIOR.

“Esa multitud de inmortales es llamada cosmos —es decir, perdición- por el Padre y las setenta y dos luminarias que acompañan al Autogenerado y sus setenta y dos eones.
En él apareció el primer humano con sus poderes incorruptibles. Y el eón que apareció con su generación, el eón en quien están la nube de conocimiento y el ángel, se llama El. […] eón […] después de eso […] dijo: ‘Sean creados doce ángeles [para] reinar sobre el caos y el [mundo inferior]’. Y he aquí que de la nube apareció un ángel en cuyo rostro resplandecían llamaradas y cuyo semblante estaba manchado de sangre. Su nombre era Nebro, que quiere decir “rebelde”; otros lo llaman Yaldabaot. Otro ángel, Saclas, vino también de la nube. Creó entonces Nebro seis ángeles —y también Saclas— como ayudantes, y éstos crearon doce ángeles en los cielos, y cada uno de ellos recibió una parte en los cielos.”

LOS SEÑORES Y LOS ÁNGELES.

“Los doce señores hablaron con los doce ángeles: ‘Que cada uno de vosotros [...] y que ellos […] estirpe [—falta una línea—] ángeles’:
El primero es [S]et, que es llamado Cristo.
El [segundo] es Harmatot, que es [...].
El [tercero] es Galila.
El cuarto es Yobel.
El quinto [es] Adonaios.
Éstos son los cinco que gobernaron el mundo inferior, y antes de nada el caos.”

LA CREACIÓN DE LA HUMANIDAD.

“Entonces Saclas dijo a sus ángeles: ‘Creemos un ser humano a imagen y semejanza’. Dieron forma a Adán y a su mujer Eva, que en la nube se llama Zoe. Porque todas las generaciones buscan al hombre con este nombre, y todas llaman a la mujer con estos nombres. Ahora, Saclas no or[denó ...] excepto [...] las gene[raciones] este [...].
Y el [señor] dijo a Adán: ‘Vivirás mucho tiempo, con tu descendencia’.”

JUDAS PREGUNTA POR EL DESTINO DE ADÁN Y DE LA HUMANIDAD.

Dijo Judas a Jesús: “¿[Cuánto] tiempo puede vivir el ser humano?”.
Jesús dijo: “¿Por qué te sorprendes de eso, de que Adán, con su descendencia, viviera toda su vida en el lugar que se le dio como reino, en larga vida con su señor?”.
Dijo Judas a Jesús: “¿Muere el espíritu humano?”.
Dijo Jesús: “Por eso es por lo que Dios ordenó a Miguel entregar a los hombres sus espíritus en préstamo, de manera que pudieran rendir culto, pero el gran Uno ordenó a Gabriel dar a la gran estirpe espíritus que no estuvieran sujetos a señor alguno, es decir: el espíritu y el alma. En consecuencia, el [resto] de las almas [—falta una línea—]”.

JESÚS HABLA DE LA ANIQUILACIÓN DE LOS IMPÍOS CON JUDAS Y OTROS.

“[...] luz [—faltan casi dos líneas—] alrededor [...] sea [...] espíritu [que está] en vosotros habita esta [carne] entre las generaciones de ángeles. Pero Dios hizo que el conocimiento fuera [otorgado] a Adán y a los que con él estaban, de manera que los señores del caos y del mundo inferior no pudieran ejercer su poder sobre ellos.”
Judas dijo a Jesús: “Entonces, ¿qué harán esas estirpes?”.
Jesús dijo: “En verdad os digo que para todos ellos las estrellas traerán el fin. Cuando Saclas consuma el tiempo que le fue asignado, la primera estrella de las estirpes se manifestará con ellas y ellas terminarán aquello que habían dicho que harían. Entonces fornicarán en mi nombre y matarán a sus niños y luego […] y [—faltan seis líneas y media aproximadamente—] mi nombre, y él luego [...] tu estrella sobre el decimo[tercer] eón".
Después, Jesús [rió].
[Judas dijo]: “Maestro, [¿por qué te ríes de nosotros?]”.
[Jesús] respondió [y dijo]: “No me río [de vosotros] sino del error de las estrellas, porque esas seis estrellas vagan con esos cinco combatientes y todos ellos serán destruidos junto con sus criaturas”.

JESÚS HABLA DE LOS QUE ESTÁN BAUTIZADOS Y DE LA TRAICIÓN DE JUDAS.

Judas dijo a Jesús: “Mira, ¿qué harán los que han sido bautizados en tu nombre?”.
Jesús dijo: "En verdad [os] digo: este bautismo [56] [...] mi nombre [—faltan aproximadamente nueve líneas—] a mí. En verdad [yo] te digo, Judas, que [aquellos que] ofrecen sacrificios a Saclas [...] Dios [—faltan tres líneas—] todo lo que es malo.
Pero tú los superarás a todos ellos, porque tú sacrificarás el cuerpo en el que vivo.
Tu trompeta ya se ha alzado,
tu cólera se ha encendido,
tu estrella ha mostrado su fulgor,
y tu corazón se ha [...].
"En verdad […] tu último [...] se vuelve [—faltan dos líneas y media aproximadamente—], ya que será destruido. Y entonces la imagen de la gran estirpe de Adán será enaltecida, porque antes que el cielo, la Tierra y los ángeles, esa estirpe, que viene del reino eterno, ya existía. Mira, ya se te ha dicho todo. Levanta tus ojos y mira la nube y la luz que hay en ella, y las estrellas que la rodean. La estrella que marca el camino es tu estrella.”
Judas alzó sus ojos y vio la nube luminosa, y entró en ella. Los que estaban en tierra oyeron una voz que venía de la nube y decía: [...] gran estirpe […] imagen [...] [—faltan cinco líneas aproximadamente—].

CONCLUSIÓN: JUDAS TRAICIONA A JESÚS.

[...] Sus altos sacerdotes murmuraban porque [Él] se había ido a la habitación de invitados para su plegaria. Pero algunos escribas estaban allí vigilando atentamente para poder prenderlo durante la oración, pues estaban preocupados por la gente porque todos lo veían como a un profeta.
Se acercaron a Judas y le dijeron: “¿Qué haces aquí? Tú eres un discípulo de Jesús”.
Judas les respondió como ellos querían. Y él recibió algún dinero y les entregó a su maestro.

Fuente: BBC.

viernes, 23 de octubre de 2015

El evangelio de Bernabé

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El evangelio de Bernabé.

(Fragmento italiano).

1. En el momento en que los judíos se preparaban para ir a capturar en el huerto de los Olivos a Jesús, éste fue arrebatado al tercer cielo.
2. Porque no morirá hasta el fin del mundo, y se crucificó a Judas en su lugar.
3. Dios permitió que el discípulo traidor pareciese a los judíos hasta tal punto semejante en su rostro a Jesús, que lo tomasen por él, y que, como a tal, lo entregasen a Pilatos.
4. Aquella semejanza era tamaña, que la misma Virgen María y los mismos apóstoles fueron engañados por ella.
5. Y, el día en que se publicó el decreto del Gran Sacerdote, la Virgen María volvió a Jerusalén con Jacobo, con Juan y conmigo.

6. Y, temerosa de Dios, y aun sabiendo que el decreto del Gran Sacerdote era injusto, ordenó a los que residían con ella que olvidasen a su Hijo, profeta tan santo, y muerto, sin embargo, con tanta ignominia.
7. Mas Dios, que conoce lo que pasa en el corazón de los hombres, comprendía que estábamos abrumados de dolor, a causa de la muerte de Judas, la cual mirábamos como la de Jesús mismo, nuestro maestro, y que experimentábamos el más vivo deseo de verlo, después de su resurrección.
8. He aquí por qué los ángeles que guardaban a la Virgen María subieron al tercer cielo, en que Jesús estaba acompañado de sus ángeles, y lo enteraron de lo que ocurría.
9. Entonces Jesús pidió a Dios que le diese medios de ver a su madre y a sus discípulos.
10. Y Dios, lleno de misericordia, ordenó a cuatro de sus ángeles más queridos, Gabriel, Miguel, Rafael y Uriel, que llevasen a Jesús a la casa de su madre, y que lo guardasen allí durante tres días consecutivos, no dejándolo ver por más personas que por las que creyesen en su doctrina.

11. Y Jesús, rodeado de esplendor, llegó a la habitación en que estaba la Virgen María, con sus dos hermanas, y Marta con María Magdalena, y Lázaro conmigo, y Juan con Jacobo y con Pedro. Y, al verlo, fuimos presa de tal pavor, que caímos todos al suelo como muertos.
12. Mas Jesús, levantando a su madre y a sus discípulos, dijo: No temáis, ni lloréis, porque vivo estoy, y no difunto, como habéis creído.
13. Y cada cual permaneció largo tiempo como fuera de sí, ante el asombro de ver a Jesús, a quien juzgaban muerto.
14. Y, con grandes gemidos, la Virgen exclamó: Te ruego, hijo mío, que me digas por qué, habiéndote dado Dios el poder de resucitar a los muertos, has sufrido la muerte tú, con gran vergüenza para tus parientes y para tus amigos, y con gran oprobio para tu doctrina, de suerte que todos los que te aman están como heridos de estupor y de agonía.
15. Mas Jesús, abrazando a su madre, repuso: Puedes creerme, madre mía, cuando afirmo que nunca he muerto, y que Dios me ha reservado hasta el fin del mundo.

16. Y, habiendo hablado así, ordenó a los cuatro ángeles que se dejasen ver, y que diesen testimonio del modo como las cosas habían ocurrido.
17. Y los ángeles aparecieron como cuatro soles deslumbrantes, y de nuevo todos los asistentes, presa de pavor, cayeron como muertos.
18. Entonces Jesús dio cuatro velos a los ángeles para que se cubriesen, y para que, de esta manera, su madre y sus discípulos pudiesen soportar su aspecto, y oírlos hablar.
19. Y, animándolos a ello, dijo: He aquí a los ministros de Dios. Gabriel anuncia los secretos divinos. Miguel combate a los enemigos del Altísimo. Rafael recibe las almas de los muertos. Uriel, en el último día, llamará a juicio a todos los hombres.
20. Y los ángeles contaron a la Virgen lo que Dios les había mandado, y cómo Judas había sufrido una transformación para que sufriese la pena que había querido infligir a otro.

21. Y yo, Bernabé, dije a Jesús: ¿Me permitirás, oh maestro, dirigirte una pregunta, como cuando habitabas entre nosotros?
22. Y Jesús repuso: Pregunta, Bernabé, todo lo que quieras, y te responderé.
23. Y yo inquirí: Maestro, puesto que Dios es misericordioso, ¿por qué nos ha atormentado así, y por qué ha consentido que creyésemos que habías muerto, mientras tu madre te lloraba hasta el punto de hallarse muy cerca de morir también? Y a ti, que eres el Santo de Dios, ¿cómo éste te ha dejado expuesto a la infamia de morir sobre el Calvario, entre dos ladrones?
24. Y Jesús contestó: Créeme, Bernabé. Siendo Dios la pureza misma, no puede ver en sus servidores la menor falta, que no castigue severamente. Y, como mi madre y mis discípulos me amaban con un afecto demasiado terrestre y humano, Dios, que es justo, ha querido castigar este afecto en el mundo mismo, y no hacerlo expiar por las llamas del infierno. Aunque yo hubiese llevado en la tierra una vida inocente, no obstante, como los hombres me habían llamado Dios e Hijo de Dios, mi Padre, no queriendo que fuese, en el día del juicio, un objeto de burla para los demonios, prefirió que fuese en el mundo un objeto de afrenta por la muerte de Judas en la cruz, y que todos quedasen persuadidos de que yo había sufrido este suplicio infamante. Y esa afrenta durará hasta la muerte de Mahoma (¿?), que, cuando venga al mundo, sacará de semejante error a todos los que creen en la ley de Dios.

Fuente: evangeliosapocrifos.blogspot.com

Evangelio de Ammonio. Parte 3

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Evangelio de Ammonio.
 
(Armonía de los evangelios canónicos).

LA ÚLTIMA CENA. DETENCIÓN Y CONDENA DE JESÚS.

XIV.

1. Y los sacerdotes reunieron consejo para condenarlo y ofrecieron dinero a Judas para que se lo entregara.
2. Y el primer día de la fiesta, fue Jesús a comer en la ciudad la Pascua con los discípulos.
3. Y les lavó los pies, para darles ejemplo de modestia.
4. Y, tomando el pan, dijo: Comed, éste es mi cuerpo.
5. Y, dándoles vino, dijo: Bebed, ésta es mi sangre.

6. Y como les anunciase que sería entregado y muerto, dijo Pedro que lo seguiría a la cárcel y a la muerte.
7. Mas Jesús le predijo que lo negaría tres veces.
8. Y mandó que se amaran mutuamente, según él los había amado.
9. Y dijo: No os turbéis.
10. Porque yo voy a preparar lugar en que recibiros.

11. El que guarde mis mandamientos tendrá vida eterna y Dios os enviará el Espíritu consolador.
12. Mas el que en mí sea estéril será como pámpano sin fruto, que se echa a las llamas.
13. No he sido elegido de vosotros, sino yo os elegí.
14. Y el mundo os aborrecerá, para que se cumpla la profecía: Sin causa me aborrecieron.
15. Si a mí me persiguieron, a vosotros os perseguirán, porque no es el discípulo más que su maestro.

16. Mas cuando venga el Espíritu de consuelo acusará al mundo.
17. Y si antes tuvisteis tristeza, entonces tendréis gozo.
18. Y dio paz Jesús a sus discípulos y les prometió que, siguiendo su ejemplo, vencerían al mundo.
19. Y alzando los ojos al Padre, pidió que lo glorificase, y que hiciese a los discípulos unos con él, como él era uno con el Padre.
20. Y tras de haber entonado el himno, fueron a Getsemaní, tras el arroyo de los Cedros. Y Judas sabía el lugar.

21. Y tomó a Pedro y a los hijos de Zebedeo y empezó a angustiarse.
22. Y su alma estaba triste hasta la muerte, y se alejó y oró.
23. Y pidió a su Padre que apartase aquel cáliz, si era posible; mas si no, que se hiciese su voluntad.
24. Y yendo a sus discípulos, los halló dormidos, y les recomendó velar y orar, para no caer en la tentación.
25. Porque el espíritu estaba presto, mas la carne era frágil.

26. Y en su angustia, sudaba como sangre.
27. Mas una voz del cielo lo confortó.
28. Y sobrevino Judas con una tropa de ministriles de los pontífices y los fariseos.
29. Y dijo Jesús a los discípulos: Dormid ya y descansad.
30. Y preguntando a quién buscaban, y diciendo que a Jesús Nazareno, repuso: Yo soy.

31. Y cayeron por tierra. Mas, acercándose Judas, lo llamó maestro y lo besó.
32. Y éste era el signo convenido con los judíos.
33. Y entonces, lo apresaron y ataron.
34. Y Pedro, que tenía espada, hirió a Malco, criado del Pontífice, y le cortó la oreja derecha.
35. Mas Jesús se la sanó, y dijo a Pedro que quien a hierro mata a hierro ha de morir.

36. Y preguntó a los que lo prendieron que por qué iban a él armados, como si fuese ladrón, a pesar de que siempre estaba en el templo enseñando públicamente.
37. Mas que aquella era su hora y la de las potencias de las tinieblas.
38. Y los discípulos se salvaron huyendo, y los esbirros llevaron a Jesús ante Anás, suegro del Sumo Pontífice Caifás.
39. Y entonces le preguntaron de sus discípulos y de su doctrina, mas él dijo: Preguntad a los que la oyen.
40. Y un criado del Pontífice le dijo que cómo contestaba así y lo abofeteó.

41. Empero replicó Jesús: Si he hablado mal, testimóniamelo. Y si bien, ¿por qué me hieres?
42. Y lo llevaron ante Caifás, y presentaban falsos testigos, mas no se concertaban sus testimonios.
43. Y dijo el Pontífice: ¿Eres el Cristo?
44. Contestó Jesús: Tú lo has dicho.
45. Y aun os digo que veréis al Hijo del hombre viniendo en las nubes del cielo.

46. Entonces el Pontífice rasgó sus vestiduras y Jesús fue condenado a muerte.
47. Y le taparon la cabeza, y lo escupían, y le pegaban, diciéndole: Profetiza quién te dio.
48. Y, estando Pedro en el patio de Anás, le preguntaron si era de sus discípulos y lo negó.
49. Y dos veces volvió a negarlo en el patio de Caifás.
50. Y cantó entonces el gallo y Pedro recordó las palabras de Jesús.

51. Y salió afuera y lloraba.

JESÚS EN EL PRETORIO.

XV.

1. Y llevaron los judíos a Jesús al Pretorio, mas no entraban, por no contaminarse antes de comer la Pascua.
2. Y viendo Judas que lo condenaban, arrojó en el templo los treinta dineros.
3. Y por ser precio de sangre, compróse con ello un campo para sepultar a los forasteros.
4. Y habiéndole llevado a Pilatos, acusaban los judíos a Jesús.
5. Y decían que subvertía al pueblo y que prohibía dar tributo al César.

6. Y oyendo Pilatos a Jesús en secreto, no halló culpa en él y quiso absolverlo.
7. Y, enterado de que Jesús predicaba en Galilea, lo envió a Herodes el tetrarca, que estaba en Jerusalén, por ser de su jurisdicción.
8. Y Herodes, con sus gentes, se burló de él y le mandó poner, por escarnio, una veste blanca y lo devolvió a Pilatos.
9. Y, por ser costumbre perdonar a un culpado en la Pascua, quiso Pilatos perdonar a Jesús.
10. Mas, habiendo indicado su Proyecto a los judíos, ellos le pidieron que librase a Barrabás, que era homicida.

11. Y decían que crucificase al Cristo.
12. Y los soldados de la guardia lo desnudaron, y lo azotaron, y lo golpearon, y lo hirieron y, por burla, lo llamaban rey de los judíos.
13. Y Pilatos salió a éstos, y les dijo que Jesús estaba ya muy castigado y que tuviesen piedad de él. Porque también su mujer había soñado con Jesús.
14. Mas los judíos pedían que lo crucificase, y que si no, era enemigo del César.
15. Y Pilatos se lavó las manos, para quedar limpio de aquella sangre.

16. Y lleváronse a Jesús para crucificarlo.

JESÚS EN EL CALVARIO.

XVI.

1. Y lo sentenciaron a ser ejecutado entre dos ladrones.
2. Y Simón Cirineo le llevaba la cruz.
3. Mas iba tras él mucha gente y mujeres que lloraban.
4. Y dijo Jesús que no llorasen sobre él.
5. Sino sobre Jerusalén, porque vendría hora en que fuesen felices las estériles.

6. Y lo crucificaron en el Calvario, entre los dos ladrones.
7. Y uno, acudiendo a Jesús, le pidió que se acordase de él cuando estuviese en su reino.
8. Y Jesús le prometió que estaría con él en el Paraíso.
9. Y Pilatos había mandado poner a Jesús un cartel que repugnaba a los judíos.
10. Porque decía en latín, y en griego, y en hebreo: Jesús Nazareno, rey de los judíos.

11. Y los soldados repartieron sus vestiduras, según la profecía.
12. Y estaban junto a la cruz de Jesús su madre María y su discípulo Juan.
13. Y él dijo: Mujer, he ahí a tu hijo. Y a Juan: He ahí a tu madre.
14. Y luego clamó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me abandonaste?
15. Y oyéndolo gritar, le ofrecieron una esponja con vinagre.

16. Y Jesús, inclinando la cabeza sobre el pecho, exclamó: En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu. Y expiró, dando una gran voz.

PRODIGIOS QUE ACOMPAÑARON LA MUERTE DEL CRUCIFICADO. SU SEPULTURA.

XVII.
1. Su muerte fue seguida de prodigios. Porque el sol se oscureció, las estrellas temblaron, y se rasgó el velo del templo.
2. Y se quebraron las piedras, y se abrieron los sepulcros, y hubo resurrecciones.
3. Y el centurión que había allí dijo: Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios.
4. Y los judíos rogaron a Pilatos que mandase sepultar a los condenados, porque sus cuerpos no estuviesen el sábado en la cruz.
5. Y quebraron las piernas a los ladrones. Mas, como Jesús se hallaba ya exánime, le dieron una lanzada, y salió sangre y agua.

6. Y el decurión José pidió a Pilatos el cuerpo de Jesús para darle sepultura.
7. Y él y Nicodemo lo ungieron y lo perfumaron con más de cien libras de mirra y de áloe.

RESURRECCIÓN Y ASCENSIÓN DE JESÚS.

XVIII.

1. Vinieron los judíos a Pilatos, pidiéndole poner guardias en el sepulcro y tapar la puerta y sellarla.
2. Para que no vinieran los discípulos y robaran el cuerpo y dijeran que había resucitado.
3. Mas al tercer día hubo como un gran terremoto, y el Señor resucitó, y dos ángeles refulgentes apareciéronse ante los guardias, y los guardias cayeron a tierra como muertos.
4. Mas los judíos sobornaron a los soldados para que dijesen que el cuerpo de Jesús había sido robado por la noche.
5. Y María Magdalena y Salomé iban al sepulcro para ungir y aromar el cuerpo del Señor.

6. Y hallaron la piedra de la puerta movida, y que no estaba el cuerpo del Señor.
7. Y en esto se aparecieron dos ángeles, y les dijeron que el Señor había resucitado, y que fuesen a predicar a los discípulos a Galilea.
8. Porque el Señor había predicho su muerte y su resurrección.
9. Y ellas lo dijeron a los discípulos, que no les creyeron.
10. Mas yendo Pedro y Juan al sepulcro, vieron que las mujeres decían verdad.

11. Y estando María Magdalena cerca del sepulcro, aparecióse a ella el Señor, por primera vez.
12. Y yendo a Emmaús, se apareció a dos de sus discípulos.
13. Y les explicó desde Moisés todas las Escrituras.
14. Y después, estando una tarde reunidos los discípulos con las puertas cerradas, se apareció Jesús y les deseó paz.
15. Y, como ellos se maravillasen, les mostró los agujeros de sus manos y de sus pies.

16. Y, porque si fuera Espíritu no comería, comió con ellos miel y pescado.
17. Y les explicó el sentido de las Escrituras, y de la Ley, y de los salmos.
18. Y les explicó cómo profetizaban al Cristo, y su muerte, y resurrección al tercer día.
19. Y les envió a predicar el Evangelio a los gentiles y la remisión de los pecados.
20. Y los discípulos sintieron grande gozo.

21. Y otra vez les dio paz, y dijo que él los enviaba a ellos, como el Padre a él.
22. Y luego les insufló el Espíritu Santo.
23. Y ocho días más tarde, estando los discípulos con las puertas cerradas, se apareció y los deseó paz.
24. Y Tomás, que dudaba, porque antes estaba ausente, vio la herida del costado de Cristo, y sus manos y pies agujereados, y creyó.
25. Y otro día, pescando los discípulos en el Tiberíades, se manifestó.

26. E hizo a Pedro confesarle tres veces su amor, y le dio orden de que apacentase sus ovejas.
27. Y luego los discípulos fueron a Galilea, a un monte que les había indicado el Señor, y lo adoraron.
28. Y les dijo que toda potestad les era dada.
29. Y que fuesen y bautizasen a los gentiles, y que anunciasen el Evangelio y el perdón de los pecados.
30. Y que echasen demonios, y curasen enfermos, y en su nombre predicasen.

31. Y he aquí que, cuando el Señor los hubo adoctrinado, se iba al cielo.
32. Y fue en él recibido y se sentó a la diestra de Dios.
33. Y los discípulos fuéronse, y andaban predicando por todas partes.
34. Y el Señor obraba con ellos y hacían señales en su nombre.
35. Y confirmaban sus palabras con las obras que se seguían.

Fuente: “Los Evangelios Apócrifos”, por Edmundo González Blanco.

Evangelio de Ammonio. Parte 2

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Evangelio de Ammonio.
 
(Armonía de los evangelios canónicos).

EL MILAGRO DE LOS PANES Y LOS PECES. LA TRANSFIGURACIÓN.

VIII.

1. Y Jesús, desde Judea, fue a Tiro y Sidón.
2. Y a una mujer cananea, que llegó con su hija, la cual estaba endemoniada, la atendió por su mucha fe.
3. Y curó ciegos, y cojos, e imbéciles, y valetudinarios.
4. Y el pueblo, con gran admiración, venía a sus pies.
5. Y curó también a un sordomudo.

6. Y viniendo a Decápolis, hizo hablar a los mudos y oír a los sordos.
7. Y, yendo a las Pascuas de Pentecostés, en Jerusalén, había junto a la piscina un hombre que llevaba enfermo cuarenta años.
8. Y, como lo hubiera sanado, dijeron los fariseos: Es sábado
9. Mas dijo Jesús: Yo obro, porque en mí obra mi Padre.
10. Escudriñad las Escrituras en que esperáis vida eterna.

11. Y veréis que atestiguan de mí.
12. Y enviasteis a Juan y dio testimonio de mí.
13. Mas no quiero glorificación, porque sólo a Dios gloria procede.
14. Y, pasando la mar de Galilea, en un lugar solitario dio de comer a cuatro mil hombres con siete panes y unos pocos pescados.
15. Y vino a Dalmanutha.

16. Y aconsejaba huir de la levadura de hipocresía de los fariseos.
17. Fue después a las partes de Cesárea de Filipo.
18. Y dio a Pedro las llaves del reino de los cielos, prometiéndole sobre él fundar su iglesia.
19. Y que las puertas del infierno no prevalecerán contra él.
20. Entonces comenzó a decir que sufriría grandes fatigas, y que sería muerto por resolución de los escribas y de los príncipes de Judea.

21. Y Pedro, oyéndolo hablar de muerte, lo increpó.
22. Mas dijo Jesús: Apártate de mí, Satanás.
23. Porque no sabes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres.
24. Y quien quiera complacerme deje todo humano afecto, y cargue con su cruz, y sígame.
25. ¿De qué valdrá al hombre granjearse el mundo, cuando el Hijo venga con los ángeles en la gloria de su Padre y a cada uno pague según sus obras?

26. Porque en verdad os digo que algunos de los que hay aquí no morirán sin ver al Hijo del hombre venir en toda su gloria.
27. Y, habiendo subido a un monte alto, iban con él Pedro, y Juan, y Jacobo.
28. Y vieron venir una luz deslumbrante, y a Elías y Moisés hablar con Jesús.
29. Y la voz del Padre celeste dijo: He aquí mi Hijo amado, en el que me complazco.
30. Y con esta visión fueron en gran gozo los apóstoles.

31. Y, habiendo presentado un lunático a ellos, no lo pudieron sanar.
32. Mas Jesús vino y lo curó. Y les dijo: No lo curasteis por vuestra incredulidad.
33. Y viniendo a Cafarnaum, les exigieron el tributo.
34. Y Pedro pescó un pez, que tenía dentro un estateco, que son cuatro dracmas. Y fue el primer pez que pescó aquel día.
35. Y por entonces le preguntaron los discípulos quién tendría más honra y más gloria en el reino de los cielos.

36. Y, tomando Jesús a un niño, le puso en medio, y dijo que era preciso, para que fuesen perdonados los pecados, hacerse como niños.
37. Y les contó la parábola de las cien ovejas y de la oveja perdida.
38. Y la de la dracma que se perdió y que se encontró con gran gozo.
39. Y expresó la máxima indulgencia de nuestro Padre con la parábola del hijo pródigo, el cual fue recibido con gozo, y al que le puso su padre un anillo, e hizo en su honor gran festín.
40. Y les dijo que, cuando recibiesen ofensa de su hermano, procurasen benignamente arreglarlo a solas.

41. Y que llevasen, si no conseguían nada, dos árbitros, y si tampoco, que lo llevasen a la asamblea.
42. Y, habiéndole preguntado Pedro si había de perdonar hasta siete veces a su hermano, contestó que no siete, sino setenta veces siete.
43. Porque, si no somos clementes, no lo será con nosotros Dios.
44. Y explicó la parábola del rey que condonó una deuda a su siervo.
45. Y viendo que el siervo no fue con su consiervo igualmente clemente, le condenó.

ENSEÑANZAS Y PARÁBOLAS DE JESÚS.

IX.

1. Terminados estos sermones, pasó Jesús al otro lado del Jordán y enseñaba y curaba a los enfermos.
2. Y queriendo perderlo, preguntaron capciosamente los fariseos qué había de hacerse para repudiar a la mujer.
3. Mas dijo Jesús: Moisés, por la dureza de vuestro corazón, os mandó, para divorciaros, dar carta de repudio.
4. Mas nunca, sino por fornicación, es el repudio lícito.
5. Y, diciéndole algunos que era entonces preferible el celibato, dijo Jesús: Los que puedan castrarse por el reino de los cielos tendrán gracia.

6. Y unas madres le trajeron unos niños para que les impusiese la mano.
7. Y como los apóstoles lo prohibiesen, los reprendió Jesús. Y les dijo que de tales como aquéllos era el reino de los cielos.
8. Entonces le contaron cómo Pilatos había mezclado con sus sacrificios la sangre de unos galileos.
9. Y dijo Jesús: ¿Creéis por ello que son más pecadores que los demás?
10. ¿Ni que eran más pecadores que los otros los doce que aplastó la torre de Siloé?

11. Y les contó la parábola del padre de familia que quiso cortar la higuera que no daba fruto, a pesar de pedirle el vendimiador que aún no la cortase.
12. Y, enseñando un sábado en la Sinagoga, vino una mujer que hacía dieciocho años tenía demonio y la sanó.
13. Y enojóse el príncipe de la Sinagoga, y le dijo que no hiciese aquello en sábado.
14. Respondió Cristo: Cada uno desata su buey en sábado y lo lleva a beber.
15. Y a esta hija de Abraham, que hacía dieciocho años estaba ligada al demonio, convino librarla hoy de sus ligaduras.

16. Y así avergonzaba a los fariseos.
17. Y le dijeron: Vete, porque Herodes te quiere matar.
18. Mas contestó Jesús, que conoció su perfidia: Id y decid a ese zorro: Hoy y mañana expulso demonios, y hago salud, y al tercer día consumado soy.

NUEVAS ENSEÑANZAS Y PARÁBOLAS.

X.

1. Y Jesús conocía la malevolencia de ellos.
2. Mas, al llegar la fiesta de los Tabernáculos, fue a Jerusalén.
3. Y las gentes hablaban de él de distintas maneras.
4. Porque unos creían bueno lo que Jesús predicaba, mas decían otros que era un impostor.
5. Y, alzándose, Jesús repuso: No es mía mi doctrina, sino del Padre, que me envió.

6. Y se admiraban al oírlo de que supiera letras, sin haberlas aprendido.
7. Y, dentro de sí, querían sus enemigos ajusticiarlo.
8. Y mandaron a prenderlo, mas ninguno le puso mano encima, porque aún no había llegado su hora.
9. Y vino a Jesús un hombre para que dijese a su hermano que repartiesen la herencia.
10. Mas Jesús le contestó que no le competía juicio de tal clase.

11. Y, aconsejando a las gentes que huyesen de la avaricia, les expuso la parábola del que, cuando había juntado mucho, vinieron en la noche por su alma.
12. Y, hablando otra vez en el templo, como dijese a los judíos que eran hijos del diablo, y no de Abraham, quisieron apedrearlo.
13. Y lo llamaban endemoniado y samaritano.
14. Y curó luego a un ciego de nacimiento, que mendigaba.
15. Y, llegando a Jesús un mancebo, le dijo: Maestro bueno, ¿qué haré para conseguir la vida eterna?

16. Mas Jesús le dijo que nadie era bueno, sino Dios.
17. Y añadió, viendo que el mancebo le aseguraba que cumplía los preceptos, que sólo le faltaba vender sus bienes y darlos a los pobres. Y él se fue contrito, porque era rico.
18. Y dijo Jesús: En verdad os digo que antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos.
19. Y Pedro dijo a Cristo que ellos lo habían abandonado todo por él y él les prometió que les sería dado ciento por uno.
20. Propúsoles entonces la parábola del rico y de Lázaro el pobre.

21. Lázaro había pasado en la vida hambre y dolores, y deseaba recoger las migajas de la mesa del rico. Mas cuando fueron muertos, vio el rico, desde el infierno, donde sufría penas acerbísimas, a Lázaro en el seno de Abraham.
22. Y les habló de la parábola del administrador deshonesto, que, por granjearse el apoyo de los administrados de su señor, les rebajó sus cuentas, cuando fue despedido, y a quien, a pesar de ello, alabó el señor.
23. Igualmente les habló del cabeza de familia, que, para trabajar en su viña, contrató en distintas horas a varios operarios y luego les pagó lo mismo a todos.
24. Y, entrando un sábado en casa de un fariseo, curó a un hidrópico.
25. Y entonces habló de que quien era invitado a comer no sea el primero en sentarse, por si hubiera otros de más honor.

26. Y que, cuando se hiciese, se convidase a los desgraciados, para obtener recompensa en la resurrección de los justos.

JESÚS EN JERUSALÉN Y EN BETHANIA. PROFECÍAS HECHAS A LOS DISCÍPULOS SOBRE SU SUERTE FUTURA.

XI.

1. Y a fines de año se celebraba la fiesta de la Dedicación.
2. Y Jesús andaba por el portal de Salomón, en el templo.
3. Y lo rodearon los judíos y exigían que les dijese si era el Cristo.
4. Y respondió Jesús: Ya os lo he dicho, y mis obras lo atestiguan.
5. Porque el Padre y yo somos una misma cosa.

6. Y agarraron piedras para lapidarlo, mas él huyó, y se fue.
7. Y estaba tras el Jordán, cuando vinieron a avisarle que Lázaro había muerto.
8. Y dijo a sus discípulos que Lázaro dormía, significándoles así su defunción.
9. Y, viniendo a Bethania, halló que Lázaro llevaba sepultado hacía cuatro días.
10. Y a los que estaban dijo: Yo soy la resurrección y la vida.

11. Porque el muerto vivirá, si cree en mí, y quien crea en mí no morirá eternamente.
12. E hizo salir a Lázaro del sepulcro en que llevaba cuatro días.
13. Y muchos judíos entonces creyeron en él.
14. Y los fariseos juntaron consejo, porque veían que Jesús hacía muchos signos.
15. Y Caifás, el pontífice, lo sentenció, y todos buscaban cómo prenderlo.

16. Y por esto el Señor fuese a Efraim, junto al desierto, y se estaba allí, con sus discípulos.
17. Y, yendo después a Jerusalén, pasaba por Galilea y por Samaria.
18. Y vio venir de lejos a diez leprosos, y los curó, y los envió a los sacerdotes.
19. Mas, no habiendo sido admitidos en una ciudad Samaritana, Juan y Jacobo le pidieron que se vengase, haciendo bajar sobre ella fuego del cielo, como Elías.
20. Y él les advirtió: No tenéis el espíritu del cielo, que es benignidad, y mansedumbre, y paciencia.

21. Y les dijo en secreto: He aquí que subimos a Jerusalén.
22. Para que el Hijo del hombre sea entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, y para que sea condenado y azotado y llevado a la cruz.
23. Y al tercer día resucitará de entre los muertos.
24. Y la madre de los hijos de Zebedeo vino a pedirle que ellos tuvieran un primer lugar en el reino del cielo.
25. Y Jesús les habló entonces del cáliz que había de beber, y de la pena de cruz.

26. Y los aconsejó según su ejemplo, que ponía su vida por los demás.

NUEVOS VIAJES A JERUSALÉN.

XII.

1. Camino de Jerusalén, pasaba Jesús por Jericó.
2. Y el publicano Zaqueo le ofreció devolver cuanto debiese, cuadruplicado, y dar la mitad de sus bienes a los pobres, y Jesús paró en su casa.
3. Porque decía: En verdad que él también es hijo de Abraham.
4. Y llegándose ciegos a él, a grandes voces pedían que los sanase y los curó.
5. Y parando en Bethania en casa de Simón el leproso, vino Marta a servir.

6. Y su hermana María quebró un vaso de alabastro lleno de ungüento precioso sobre la cabeza del Señor, para ungirlo.
7. Y los discípulos murmuraban de aquel dispendio, que podía haberse dado a los pobres.
8. Y dijo Jesús: Siempre tendréis pobres entre vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.
9. Dejad a esta mujer, que ha guardado esto para mi sepultura.
10. Y llegando a Bethfagé, mandó Jesús tomar un pollino para entrar sobre él en Jerusalén.

11. Y muchos niños y gentes lo recibían con aclamaciones, y lo saludaban con ramas de árbol.
12. Diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor, rey de Israel!
13. Y llegando a la ciudad, lloró sobre ella.
14. Porque sabía que sería destruida por los romanos Vespasiano y Tito.
15. Y entrando en Jerusalén, decían: ¿Quién es éste que llega así?

16. Y, yendo al templo, echó fuera a los que negociaban allí.
17. Y devolvió la vista a muchos ciegos y curó a muchos cojos.
18. Y dijo a los judíos que él derribaría y restauraría en tres días el templo.
19. Y viendo Jesús a una viuda pobre echar dos monedas pequeñas en el gazofilacio, dijo que aquella ofrenda era la mayor.
20. Entonces contó a la gente la parábola del publicano humilde y del fariseo jactancioso ante Dios.

21. Y dijo que el publicano sería justificado antes que el fariseo.
22. Y como era tarde, fuese a Bethania.
23. Y Nicodemo fue a verlo de noche, y hablaron de los secretos celestiales.
24. Y dijo Jesús que quien creyera que él era el Cristo no perecería, sino que tendría vida eterna.
25. Y volviendo a Jerusalén, tuvo hambre.

26. Y llegándose a una higuera, y hallando que no tenía frutos, la maldijo.
27. Y la higuera se secó.
28. Y estando en el templo, trajeron los escribas fariseos una mujer tomada en adulterio,
29. Y Jesús, absolviéndola, dijo que él no había venido a abrogar la ley de Moisés.
30. Mas que, siendo todos pecadores, no había de aplicarse la ley a una sola infeliz.

31. Y, llegando unos gentiles, pidieron a Andrés y a Felipe que les enseñase a Jesús.
32. Y dijo Jesús: He aquí que llega la hora en que será glorificado el Hijo del hombre.
33. Y se volvió a Bethania.
34. Y, viendo los discípulos la higuera seca, sintieron gran admiración.
35. Mas el Señor les dijo que conseguirían todo lo que pidiesen con fe y con perseverancia.

36. Y a este propósito les contó la parábola del juez injusto.
37. Que no temía a Dios ni a los hombres, mas siendo muy insistido por una viuda, le hizo justicia, por librarse de ella.
38. Y, viniendo al templo, le dijeron los sacerdotes: ¿Con qué autoridad enseñas?
39. Y Jesús les contestó preguntándoles: El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres?
40. Y, al referirles que los publicanos y las meretrices serían preferidos a los incrédulos, les relató la parábola del padre que mandó a sus dos hijos a trabajar en la viña.

41. Y uno dijo: No quiero y fue. Y otro dijo: Iré y no fue.
42. Después contó la parábola del hombre que envió a cobrar a los colonos los frutos de su viña.
43. Y, habiendo matado a los que envió, fue y condenó a los colonos.
44. Porque la piedra que rechazaron los que edificaban quedó por cabeza de esquina.
45. Y quien sobre ella cayere será quebrantado.

46. Y también les contó la parábola del rey que celebró las bodas de su hijo.
47. Y querían los judíos ver de encontrarlo en algún error.
48. Y, sobornando los fariseos a unos discípulos, fueron con unos herodianos, para preguntarle si había de darse tributo al César.
49. Y él, viendo la inscripción de la moneda que le presentaban, dijo que la pagasen al César, pues suya era, y a Dios lo que se le ha de pagar.
50. Vinieron después unos saduceos, que no creen en la resurrección, y le presentaron argumentos.

51. Y dijo: El Dios de Abraham, e Isaac, y Jacob no es Dios de muertos, mas de vivos.
52. Y los doctores de la Ley le preguntaron cuál era el mandamiento primero, y dijo que amar al prójimo, después de Dios.
53. Y contó la parábola del hombre herido de ladrones, que abandonaron un levita y un sacerdote, mas del que tuvo caridad un samaritano.
54. Y, habiendo mandado los judíos prenderlo, no lo hicieron los ministriles, porque nunca habían a hombre alguno oído hablar como a él.
55. Y decía Jesús: Me buscaréis, y no me encontraréis.

56. Y muchos de la multitud creyeron en que Jesús era profeta y el Cristo.
57. Mas otros decían: ¿Ha de venir el Cristo de Galilea? ¿No ha de venir de la casa de David, de la aldea de Bethlehem?
58. Mas Jesús preguntó a los fariseos: ¿De quién es hijo el Cristo?
59. Y le dijeron: de David.
60. Y él les hizo ver que entonces era absurdo que David, en los salmos, llamase Señor a su hijo.

61. Y entonces dijo Jesús a las gentes que, sobre la ley que Dios dio a Moisés, se habían sentado los escribas y los fariseos.
62. Porque cargaban a los hombres con pesos que ellos no llevaban.
63. Y amaban ser llamados maestros, no habiendo más maestro que el Padre que está en los cielos.
64. Y dijo: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, que cerráis el reino de los cielos ante los hombres!
65. Porque andáis mar y tierra para hacer un prosélito, y meterlo en vuestras supersticiones.

66. He aquí a los ciegos que quieren ser guías de los ciegos.
67. Porque vertisteis la sangre de los profetas y los apóstoles.

ANUNCIO DEL JUICIO FINAL.

XIII.

1. Saliendo Jesús del templo, mostrábanselo sus discípulos con admiración.
2. Y él exclamó: En verdad os digo que piedra sobre piedra no ha de quedar.
3. Y congregando a sus discípulos en el monte de los Olivos, les anunció el Anticristo.
4. Que vendría con guerras, y pestes, y hambres, y terremotos, según el vaticinio de David.
5. Mas que ni un cabello de sus cabezas perecería.

6. Y que habría portentos en el cielo, y en el mar, y en la luna, y en el sol, y en las estrellas.
7. Y que huyeran de la crápula, y del desorden, y de la ebriedad, para que el día no los sorprendiera desprevenidos, como el Diluvio halló a los hombres comiendo y bebiendo, mientras Noé se refugiaba en el arca.
8. Porque no se sabía cuándo vendría él con los ángeles en la luz del cielo.
9. Y les puso el ejemplo de los dos siervos, que uno veló y otro se descuidó mientras estaba fuera el amo de la casa.
10. Y añadió la parábola de las vírgenes, que unas tenían aceite en las lámparas, y otras no, para esperar al esposo.

11. También les habló del siervo inútil, que guardó lo que le dio su señor, sin ponerlo a producir.
12. Y de cómo serían separados los malos de los justos, como el pastor separa las ovejas de los carneros, para que fuesen los malos llevados al fuego y los justos llamados al reino celeste.

Fuente: “Los Evangelios Apócrifos”, por Edmundo González Blanco.

Evangelio de Ammonio. Parte 1

Estos son libros y testimonios antiguos que muchas religiones cristianas no quieren que conozcas pero te los presentamos para que tú mismo elabores tus conclusiones.

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Evangelio de Ammonio.
 
(Armonía de los evangelios canónicos).

ACONTECIMIENTOS QUE PRECEDIERON Y QUE SIGUIERON AL NACIMIENTO DE JESÚS.

I.

1. En el principio era el Verbo, por el que fue hecho todo.
2. José desposó a la virgen María, y el arcángel Gabriel se le apareció, y le anunció su próxima preñez, que se produciría por modo sobrenatural.
3. Y José no la conoció, mientras no dio a luz.
4. Y Octavio Augusto mandó hacer un censo de todo el Imperio Romano.
5. Y José era de Bethlehem, la ciudad de David, y fue allí a empadronarse, porque era de la casa de aquel rey.

6. Y, estando allí, la virgen parió al Cristo.
7. Y los ángeles del cielo lo anunciaron por la noche a los pastores que cuidaban de los ganados.
8. Y unos magos de lejanas tierras vinieron a asistir a su nacimiento.
9. Y, pasados los ocho días, el niño fue circuncidado y lo llamaron Jesús.
10. Y una estrella condujo a los magos a Jerusalén.

11. Y comunicaron a Herodes que había nacido el rey de los judíos.
12. Y Herodes juntó consejo de príncipes y escribas para saber dónde nacería y le dijeron que en Bethlehem.
13. Y los magos adoraron a Jesús en aquella villa.
14. Y un justo llamado Simeón y Ana, profetisa, hija de Phanuel, vinieron al templo y predicaban de Jesús.
15. Y Herodes pensó en su ánima matar a todos los niños de la edad de Jesús en Nazareth.

16. Mas un oráculo advirtió a José que huyese a Egipto.
17. Y todos los niños pequeños fueron degollados.
18. Y el niño crecía y se fortalecía en espíritu.
19. Y estuvieron siete años en Egipto, hasta que Herodes murió.
20. Y, cuando José lo supo por aviso del cielo, volvió a Nazareth, su patria.

INFANCIA DE JESÚS. APARICIÓN DE JUAN EL BAUTISTA.

II.

1. Y, cuando Jesús tenía doce años, subieron sus padres a Jerusalén.
2. Y he aquí que lo encontraron en el templo, hablando con los doctores de la Ley de los asuntos de su Padre.
3. Y, habiendo vuelto a su casa, estaba sometido a sus padres.
4. Y he aquí que vino palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, precursor de Cristo, el cual predicaba.
5. Y predicaba el arrepentimiento y la vida austera, y bautizaba.

6. Y los judíos, viéndolo en la verdad, pensaban primero si sería el Cristo.
7. Mas Juan vaticinó del Cristo, porque venía como su mensajero.

BAUTISMO DE JESÚS. MUERTE DE JUAN.

III.

1. Y Jesús llegó de Galilea para ser bautizado en el Jordán.
2. Y, al salir del agua, se oyó una voz del Padre celestial, diciendo: Este es mi Hijo dilecto, en quien me complazco.
3. Y, después de esto, fue llevado al desierto cuarenta días, para ser tentado del diablo.
4. Y Juan dijo de Jesús: Es el cordero de Dios, que quita los delitos del mundo.
5. Y los primeros que siguieron a Jesús fueron Simón Barjona y su hermano Andrés.

6. Mas luego Jesús llamó también a Felipe.
7. Y, estando en unas bodas, trocó el agua en vino.
8. Y, bajando a Jerusalén, arrojó del templo a los mercaderes.
9. Y, habiendo pasado una noche entera Simón Pedro sin pescar nada, por la palabra de Jesús tuvo una pesca copiosa y se llenó de asombro.
10. Y le dijo: Apártate de mí, Señor, que soy pecador.

11. Y los discípulos de Juan fueron a decirle que los de Jesús bautizaban.
12. Y les contestó: A él conviene crecer y a mí menguar.
13. Porque quien del cielo viene es sobre todos.
14. Y Herodes, por cuanto Juan le reprendía un vínculo ilícito, le hizo cortar la cabeza.
15. Y, oyéndolo Jesús, que estaba en Galilea, se fue a los confines de Zabulón y de Nephtalim.

16. Y predicaba la penitencia y el reino de los cielos.

JESÚS ELIGE DOCE DISCÍPULOS Y EMPIEZA A HACER MILAGROS.

IV.

1. Y Jesús hacía milagros y evangelizaba.
2. Según dijo Isaías: El Espíritu Santo es sobre mí, para predicar a los pobres.
3. Y muchos se congregaban y lo seguían.
4. Y entonces eligió doce discípulos.
5. Y, subiendo a un monte, les propuso las diversas fórmulas de las bienaventuranzas.

6. Y dio a los que predicasen su doctrina facultad de curar enfermos y de arrojar demonios.
7. Y solícitamente instruía a la muchedumbre, cuando descendió al campo desde el monte.
8. Y su doctrina era milagrosa e iba en bien de los míseros. Y curaba a los leprosos.
9. Y curó la parálisis del fámulo de un centurión.
10. Y, llegando a las puertas de la ciudad de Nain, resucitó a uno que llevaban a enterrar.

11. Y su fama se extendió por toda la Siria.
12. Y no sólo hacía estos beneficios, sino que también libró a una pecadora de los fariseos, y la absolvió.
13. Y, siguiéndole muchos, les dijo que para seguirlo era preciso renunciar a todos los afectos terrenos.
14. Y que no esperasen fortuna, porque el Hijo del hombre no tenía ni almohada en que reposar su cabeza.
15. Y, pidiéndole uno licencia para, antes de seguirlo, ir a enterrar a su padre, le dijo: Deja que entierren los muertos a sus muertos.

16. Y a otro, que antes de seguirlo quería ir a despedirse de su casa, le dijo que no era buen sembrador quien, puesta ya la mano en el arado, volvía la vista atrás.
17. Y, viniendo al país de los gergesenos, en una barca, hubo gran temporal, mientras él dormía.
18. Y él hizo cesar la tempestad.
19. Y, llegado a puerto, libró a un endemoniado de un tropel de espíritus inmundos, y les permitió alojarse en una manada de puercos.
20. Y, llegando a Cafarnaum, curó a un paralítico, por su mucha fe.

21. Y, viendo al publicano Mateo, lo llamó a las funciones apostólicas.
22. Al pasar para Galilea por Samaria, entabló coloquio con una mujerzuela, que era pecadora.
23. Y ella sabía que vendría el Mesías, que llamaban el Cristo.
24. Y, llegando a Caná de Galilea, vino a él un notable de la ciudad que tenía un hijo moribundo, y fue sano.
25. Y, entrando en la casa de Leví, le reprendieron los fariseos, porque andaba con publicanos.

26. Y dijo Jesús: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos.
27. Y le dijeron los fariseos que por qué sus discípulos no ayunaban, y no hacían sacrificios, como los de Juan.
28. Contestó él: ¿Pueden los que están de bodas no comer y beber, mientras esté presente el esposo?
29. No se ha de poner remiendo de paño nuevo en vestido viejo.
30. Ni echar vino nuevo en viejos odres.

31. Mas los fariseos calumniaban al Cristo.
32. Y decían que debía hacer signos. Y él, conociendo su maldad, díjoles:
33. Generación insensata, yo no necesito más signo que el de Jonás.
34. Que tres días estuvo en el vientre de la ballena.
35. Nínive acusará a esta generación, porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás.

36. Y la reina del Austro os dio ejemplo, cuando vino desde lejos a escuchar la sabiduría de Salomón.
37. Porque, cuantas veces el espíritu inmundo sale del hombre y vuelve, trae otros espíritus y sus últimas cosas son las peores.
38. Y, oyéndolo, una mujer dijo: Bendito el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron.
39. Mas él dijo: Bienaventurados los que sigan la palabra de Dios y la guarden.
40. Y, predicando un día, le dijeron que su madre y hermanos estaban fuera, y que querían verlo.

41. Mas él los reprendió, diciendo que su madre y hermanos eran quienes hicieren la voluntad divina.

RESURRECCIÓN DE LA HIJA DE JAIRO Y EXPULSIÓN DE DEMONIOS.

V.

1. Y, confirmando el Señor sus milagros, resucitó a la hija de Jairo, príncipe de la Sinagoga.
2. Y expulsó muchos demonios y la gente estaba llena de admiración.
3. Y entonces dijeron los fariseos que echaba los demonios en nombre de Beelzebuh.
4. Y él les contestó que quien da buenas cosas tiene buen tesoro, y que quien las da malas mal tesoro tiene.
5. Porque decía: El buen árbol da buenos frutos.

6. Y de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta a Dios en el día del juicio.

MAQUINACIONES DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS.

VI.

1. Y, entrando Jesús en casa de Marta, andaba ésta ocupada.
2. Mas su hermana María, sentada a los pies de Jesús, oía su palabra.
3. Y, como Marta se quejase de esto, dijo Jesús: Déjala. Ella eligió la parte mejor.
4. Y designó Jesús otros setenta y dos discípulos para que predicasen el Evangelio.
5. Y para que lo precediesen e hiciesen beneficios de salud.

6. Porque los potestó para sanar enfermos y para echar fuera demonios.
7. Y vinieron gozosos los discípulos, diciendo que los demonios les obedecían, en su nombre.
8. Y él contestó: Vi a Satanás como un rayo que caía del cielo.
9. Gracias, Padre benigno, porque has dado a estos emisarios los conocimientos celestes que niegas a los grandes.
10. Mas los fariseos procuraban ver de sorprender al Cristo en alguna cosa.

11. Y un sábado iban por los sembrados, y recogían espigas, y las comían.
12. Y, diciéndole los fariseos que era impío, les puso Jesús el ejemplo de David, que comió los panes de la proposición, porque tenía hambre.
13. Había, pues, un sábado en la sinagoga un hombre que tenía seca la mano derecha.
14. Y él preguntó: ¿Es lícito hacer beneficio en sábado?
15. Y, como lo sanó, dijo: Porque ninguno de vosotros, si una res, en sábado, se le cae al pozo, dejará de sacarla.

16. Y entonces buscaban ocasión de perder a Jesús.
17. Y él fue a un monte a orar, y se pasó la noche en oración.
18. Y después de esto les propuso la parábola del sembrador, que, sembrando, arrojó simiente en tierra, y en piedra y en espinas.
19. Y lo que cayó en buena tierra, fructificó; mas lo que cayó fuera, pereció.
20. Y les dijo del grano de mostaza, que es la simiente más pequeña y el árbol mayor.

21. Y les habló del fermento que la mujer mezcló con harina.
22. Y, diciendo esto a la gente, explicaba a los discípulos las parábolas de los misterios superiores.
23. Les habló, pues, del tesoro escondido en el campo, y del mercader que vendió todas sus perlas para comprar una sola de gran valor.
24. Y en sus palabras les ponderaba la sublimidad del reino de los cielos.
25. Y les enseñó claramente la parábola de la cizaña.

IMPRECACIONES DE JESÚS CONTRA LOS FARISEOS.

VII.

1. Y, yendo Jesús a su patria, no pudo enseñar con gusto, por ser esto común a los profetas, que no suelen en su patria ser glorificados.
2. Y por la incredulidad de ellos hizo pocos milagros.
3. Mas el tetrarca Herodes, oyendo la fama de Jesús, creyó que era Juan que había resucitado y deseó verlo.
4. Jesús, por entonces, estando en un sitio desierto con una gran multitud, le dio de comer con sólo cinco panes y dos peces.
5. Y, viéndolo, muchos lo juzgaron digno de ser hecho príncipe.

6. Mas no tenía ambición, y por ello huyó a un monte, y oró toda la noche.
7. Y sus discípulos estaban en el mar, y una tempestad los agitaba.
8. Y en medio de ella, Jesús fue a sus discípulos andando sobre las olas.
9. Mas ellos disputábanle por espectro.
10. Y hablándoles Jesús, Pedro tuvo fe en él, y anduvo sobre el agua, mas, cuando sintió incredulidad, se sumergía.

11. Y el Señor mandó al viento y entró en la nave.
12. Y vinieron a tierra de Genezareth.
13. Y allí acudían los enfermos, y, tocando la orla de su vestidura, quedaban sanos.
14. Empero cuando oyeron que Jesús hablaba de darles su carne y su sangre a modo de pan celestial, muchos huyeron de él.
15. Mas Pedro dijo que lo seguiría, porque sus palabras eran de vida eterna.

16. Y, habiendo llamado un fariseo a comer a Jesús, se escandalizó de verlo comer sin lavarse antes.
17. Mas dijo él: Necios, ¿observáis las tradiciones y la caridad de Dios no observáis?
18. Vosotros diezmáis la menta y los demás productos, mas no sois justos.
19. Hipócritas, que amáis los primeros sitios en las sinagogas y que hacéis culto de las fórmulas externas.
20. Sois como sepulcros blanqueados.

21. Y sustraéis, so pretexto de oblación, los socorros a los valetudinarios, con falsa doctrina.
22. Mas toda planta que mi Padre no plantó será desarraigada.
23. Ya lo profetizó Isaías: Este pueblo me honra con sus labios, mas su corazón está alejado de mí.
24. Nada exterior al hombre lo puede contaminar, mas sí lo interior.
25. Porque el corazón es la oficina de que salen el adulterio, y la fornicación, y el homicidio, y el hurto.

26. Y el dolo, y la impostura, y la impudicia, y la necedad, y la soberbia.
27. Mas todo os será quitado si a vuestros hermanos hacéis limosnas.

Fuente: “Los Evangelios Apócrifos”, por Edmundo González Blanco.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 14

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Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 9.


Evangelio armenio de la infancia de Jesús.

SOBRE EL JUICIO QUE JESÚS PRONUNCIÓ ENTRE DOS SOLDADOS.

XXVIII.

1. Y sucedió, a los quince días, que Jesús pensó en mostrarse un poco a los hombres. Y, como fuese por un camino, encontró a dos soldados que, durante su marcha, disputaban con gran violencia, y que querían tomar uno de otro sanguinolenta venganza. Y, cuando Jesús los divisó desde lejos, se dirigió hacia ellos y les preguntó: ¿Por qué, soldados, estáis tan llenos de furia, y en plan de mataros el uno al otro? Pero ellos tenían el corazón tan henchido de cólera y de rabia, que no le respondieron. Y, como llegasen a cierto paraje, ante un pozo, se sentaron cerca del agua, y se amenazaban entre sí, con injurias. Y Jesús, que se había sentado también junto a ambos, prestaba oído a la verbal contienda. Y uno de los dos, el que era más joven, reflexionó, y se dijo: Él es mayor, yo menor, y conviene que me someta. ¡Desventurado de mí! Pero ¿por qué ponerle furioso, contrariándole? Me rendiré mal de mi grado, al suyo.
2. Y, como después el soldado mirase a su alrededor, vio a Jesús sentado tranquilamente, y le preguntó: ¿De dónde vienes, niño? ¿Adónde vas? ¿Cuál es tu nombre? Y Jesús respondió: Si te lo digo, no me comprenderías. El soldado interrogó: ¿Viven tu padre y tu madre? Y Jesús respondió: Mi Padre vive, y es inmortal. El soldado replicó: ¿Cómo inmortal? Jesús repuso: Es inmortal desde el principio. Vive, y la muerte no tiene imperio sobre él. El soldado insistió: ¿Quién es el que vive siempre, y sobre quien la muerte no tiene imperio, puesto que afirmas que a tu padre le está asegurada la inmortalidad? Dijo Jesús: No podrías conocerlo, ni aun alcanzar de él la menor idea. Entonces el soldado le preguntó, diciendo: ¿Quién puede verlo? Y, respondiendo él, dijo: Nadie. E interrogó el soldado: ¿Dónde está tu padre? Y él contestó: En el cielo, por encima de tierra. El soldado inquirió: Y tú ¿cómo puedes ir a su lado? Jesús repuso: Yo he estado siempre con él, y hoy todavía con él estoy. El soldado indicó, confuso: No comprendo lo que dices. Y Jesús aprobó: Ello es, en efecto, incomprensible e inexpresable. El soldado añadió: ¿Quién, pues, puede comprenderlo? Jesús dijo: Si me lo pides, te lo explicaré. Y el soldado encareció: Te ruego que así lo hagas.
3. Y Jesús expuso: Estoy sin padre en la tierra, y sin madre en el cielo. El soldado objetó: ¿Cómo has nacido, y cómo te has alimentado? Jesús dijo: Mi primera generación procede del Padre antes de los siglos, y mi segunda generación tuvo lugar sobre este suelo. Mas el soldado prosiguió objetando: ¿Cómo? ¿Se vio nunca que quien nació de su padre, renazca de su madre? Jesús advirtió: No lo entiendes como es debido. Y el soldado replicó: ¿Cuántos padres y cuántas madres tienes? Contrarreplicó Jesús: ¿No te lo dije ya? Yo tengo un Padre único, y, con él, allá arriba, nací sin madre. Yo tengo una madre única, y, con ella, aquí abajo, nací sin padre. El soldado opuso: Primero dices que has nacido de tu padre, sin haber tenido madre, y después dices que has nacido de tu madre, sin haber tenido padre. Jesús concedió: Así es. El soldado exclamó: ¡Prodigiosa manera de nacer y de existir! ¿De quién eres hijo, pues? Jesús afirmó: Soy hijo único del Padre, vástago carnal surgido de mi madre, y heredero de todas las cosas. Y el soldado argumentó todavía: Tu padre, ¿no ha conocido a tu madre? ¿Cómo entonces tu madre te ha concebido en su vientre, y te ha traído al mundo? Dijo Jesús: Por efecto de una simple palabra de mi Padre, sin sospecha de una aproximación a él por parte suya, y sin la idea siquiera de esta aproximación. Rearguyó el soldado: ¿Cómo puedes conciliar las voluntades de tu padre y de tu madre, y complacer los deseos del uno y de la otra? Respondió Jesús: Estoy con mi Padre en el cielo, y permanezco con él por toda la eternidad, y habito con mi madre en la tierra.
4. El soldado exclamó: ¡Sorprendente es lo que dices! Y Jesús repuso: ¿Y por qué me planteas la cuestión sobre la que me interrogas, y que no puedes comprender? Mas el soldado dijo: Si te he interrogado, ha sido con objeto de inducirte a que te pongas a nuestro servicio. Además, he reconocido que eres vástago de una ilustre familia real. Dios te glorifique en todo lugar y en todo tiempo, y te haga obtener la herencia de tu padre.
5. Y Jesús le contestó, diciendo: Bendito seas de Dios. Pero informadme sobre el motivo de vuestra querella. Y el soldado dijo: Yo te explicaré todo el asunto, y tú pronunciarás entre nosotros una justa sentencia. Jesús dijo: Sí. Contadme el caso. Y el soldado expuso: Somos del país de los magos y de una casa real. Hemos seguido a los reyes que llegaron a Bethlehem con numerosas tropas y con ricos presentes en honor del recién nacido rey de los israelitas. Cuando los reyes volvieron a Persia, nosotros fuimos a la ciudad de Jerusalén, y, por amor de Dios, nos convertimos en compañeros y como en hermanos el uno del otro. E hicimos un pacto de alianza, comprometiéndonos por juramento a no separarnos hasta morir, y repartirnos, en amistad perfecta y con equidad mutua, todos los provechos que Dios nos enviase.

6. Y, como nos alistásemos en la guardia del palacio de un gran jefe del reino, mi poderoso príncipe me envió con un mensaje a un país lejano, donde permanecí largo tiempo. Se me recibió allí con benevolencia y con honra, como la etiqueta de las cortes reales prescribe hacer, concediendo a los portadores de mensajes las deferencias que les son debidas. Por la gracia de Dios, volví satisfecho y, de todo lo que gané, nada oculté a mi amigo y estoy pronto a repartirlo con él. Mi camarada partió también con una tropa de caballeros y regresó a su casa, después de haber obtenido un rico botín. Yo le pido que reparta conmigo el haber que ha traído de su expedición y él se niega a ello y, en cambio, me reclama ásperamente la deuda que de mí le corresponde. Y, ahora, ¿qué me ordenas que haga?
7. Y Jesús dijo: Si queréis escucharme, y obrar con rectitud, no os engañéis mutuamente, y no olvidéis vuestros compromisos, antes bien, haced lo que habéis prometido cumplir con toda solemnidad. Repartid vuestras ganancias equitativamente, conforme al uso de la regla humana y a lo que habéis jurado sobre la ley divina. No mintáis en presencia de Dios y no os frustréis el uno al otro injustamente, si queréis vivir en amistad recíproca.
8. Empero el otro compañero, el que tenía más edad, manifestó: Niño, el juzgar en verdadero derecho, no te concierne en modo alguno. Yo estuve en el campo de muerte, corrí mil peligros y a duras penas pude tornar a mi hogar. Él, rodeado de un aparato principesco, visitó los palacios de los reyes y volvió con presentes numerosos. Es, pues, justo que me dé una parte de lo suyo y que yo no le dé nada de lo mío.
9. Mas Jesús replicó: No sabes lo que dices, soldado. Si, a la ida o a la vuelta, hubiera él sufrido de los enemigos todo género de vejaciones, ¿qué parte le hubieras dado tú? Y añadió: Si quieres repartir lo tuyo con él en plan de amistad, descubre claramente tu pensamiento. Y, pronunciadas estas palabras, Jesús se calló.
10. Entonces, el soldado de menos edad se incorporó, se puso de hinojos ante su colega, y le dijo: Perdona, hermano, que te haya contrariado gravemente, y haz ahora lo que gustes. Yo repartiré, pero no viviré más contigo en relación de comunidad. Tú has adquirido importancia, y te has convertido en el asesor de los reyes. Yo soy pobre, me veo sin recursos, y tomaré lo que buenamente quieras darme. Entonces Jesús, mirándolo, lo amó, y se llenó de piedad, al ver su mansedumbre. Porque el mayor era violento, por ser hijo de pobre, y el menor era humilde, por ser vástago de casa grande.

11. Y Jesús dijo al último: Según lo que me referiste al principio, fuisteis a Bethlehem, en la comitiva de los magos. ¿Visteis con vuestros propios ojos a aquel rey recién nacido, que había venido al mundo? El soldado más joven repuso: Sí, lo vi, y lo adoré. Jesús preguntó: ¿Y qué pensaste de él? ¿Qué fe tienes en él? El soldado respondió: Es el Verbo encarnado, enviado por Dios. Y, conducidos por una estrella, fuimos a visitarlo, y lo encontramos nacido de la Virgen y acostado en la caverna. Jesús apuntó: He oído decir que vive todavía. El soldado confesó: No lo sé. Pero he oído decir que lo mataron por orden de Herodes, después de haber sido éste engañado por los magos. Algunos afirman que, por causa suya, Herodes hizo perecer a los niños de Bethlehem. Otros pretenden que su padre y su madre huyeron con él a Egipto. Jesús comentó: Estás en lo cierto, pero repito que he oído decir que vive todavía. Ahora que no falta quien asegure que no era lo que se creía, sino un impostor y un seductor. El soldado rectificó: No propagues sobre él difamaciones que no podrías probar, porque todos los que lo han visto, aseguran que es el rey de Israel. Mas Jesús opuso: ¿Por qué entonces el pueblo de Israel no ha creído en él?
12. Y los soldados dijeron: Lo ignoramos. Y Jesús interrogó: ¿Cómo os llamáis? Y un soldado contestó: Mi nombre es Khortar. Y el otro: Mi nombre es Gotar. Jesús añadió: ¿A qué dios servís? Los soldados repusieron: Cuando vinimos a este país, estábamos seducidos por los falsos dioses del nuestro, y practicábamos el culto del sol. Y Jesús expuso: Volviendo a vuestro pleito, ¿cómo pensáis resolverlo? Y los soldados replicaron: Haz lo que te sugiera tu buen juicio, pues nos has aparecido hoy como un juez entre ambos. En efecto: desde que nos has visto, cesó nuestra indignación precedente, y la gracia de Dios descendió sobre nosotros. Y, mientras con nosotros has departido, nuestros corazones se han llenado de un vivo júbilo.
13. Y Jesús hizo entre los dos un reparto equitativo, y los soldados se conformaron con su decisión. Y él los bendijo, y ellos prosiguieron su camino en paz.

Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 13

Estos son libros y testimonios antiguos que muchas religiones cristianas no quieren que conozcas pero te los presentamos para que tú mismo elabores tus conclusiones.

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Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 12.

Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 11.

Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 10.

Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 9.

Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 8.


Evangelio armenio de la infancia de Jesús.

DE CÓMO EL ÁNGEL ADVIRTIÓ A JOSÉ QUE FUESE AL PUEBLO DE NAZARETH.

XXV.

1. Y un miércoles, día cuarto de la semana, el ángel del Señor apareció a José, en una visión nocturna, y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre, y ve al pueblo de Nazareth, donde fijarás tu residencia, y de donde no te alejarás. Construirás allí una casa, y habitarás en ella durante largo tiempo, hasta que Dios, en su bondad, te dé otro aviso. Y, habiendo dicho esto, el ángel lo abandonó. Y, al día siguiente, José se levantó temprano, tomó al niño y a su madre, y fue al pueblo de Nazareth, a la casa en que moraban antes, y en la que permanecieron dieciocho años. Y Jesús tenía doce, cuando llegó a Nazareth, lo que da la suma de treinta años.
2. Y el día segundo de la semana, Jesús salió de Nazareth, y fue a sentarse en un paraje del camino. Y divisó a dos muchachos que avanzaban, y que disputaban entre sí violentamente. Y vinieron a las manos, y se pegaron el uno al otro. Mas, cuando vieron a Jesús, cesaron de pelear, y, aproximándose, se prosternaron ante él. Jesús les ordenó que se sentasen, y lo hicieron así. Y Jesús les preguntó: Niños, ¿de qué proviene tamaña cólera? ¿Qué desacuerdo os divide, para que cambiéis golpes con tal violencia? Uno de los dos, que era el más joven, repuso: Es que no hay aquí juez que nos juzgue en derecho. Jesús dijo: ¿Cómo os llamáis? El más joven respondió: Mi nombre es Malaquías, y el de éste Miqueas. Somos dos hermanos, unidos por sentimientos de familia. Y Jesús objetó: ¿Por qué, pues, os tratáis tan animosa e injuriosamente?
3. Malaquías expuso a Jesús: Ruégote, niño, que escuches lo que decirte quiero. Mi hermano es mayor que yo, que soy su segundón. Y se esfuerza en tratarme inicuamente, lo que no le permito en modo alguno. Pronuncia, por tanto, entre nosotros, un juicio equitativo. Jesús replicó: Explícame en qué consiste el motivo de vuestro disgusto. Miqueas observó: Parece que eres hijo de juez y descendiente de grandes monarcas. Jesús refrendó: Tú lo has dicho. Y Miqueas exclamó: ¡Dios te recompense, a ti y a tus padres, si hoy traes, a mi hermano y a mí, la justicia con la paz!
4. Mas Jesús dijo: ¿Quién me puso por juez o partidor sobre vosotros? Bien comprendo que no queréis someteros a mis mandatos. Los dos hermanos replicaron: No digas eso, ni nos hagas tamaña afrenta. Nos tomas por niños ignorantes. Tenemos, sin embargo, letras, y conocemos la ley divina. Jesús indicó: Ante todo, contraed el compromiso de no engañaros mutuamente, y de hacer lo que yo exija. Y los muchachos clamaron a una: Tomamos por testigo a la ley divina, y juramos sobre sus mandamientos obedecer tus órdenes, como órdenes emanadas de la Puerta Real. Y Jesús repuso: Reveladme la verdad, para que la oiga de vosotros.
5. Y Malaquías dijo: Somos dos hermanos, que quedamos huérfanos de padre y madre. Nuestros progenitores nos dejaron una herencia, y personas extrañas a la familia retienen por usurpación nuestro patrimonio. Y disputamos entre nosotros, porque mi hermano trata de desposeerme injustamente, y yo no me presto a ello. Y Jesús preguntó: Cuando murieron vuestros padres, ¿a quién os confiaron en calidad de tutor o encargado, hasta que alcanzaseis la edad de la razón? Los niños dijeron: Ninguno de los dos se acuerda de nuestros padres. Jesús los interrogó: ¿Por qué, pues, os querelláis el uno con el otro? Y Malaquías contestó: Mi hermano procura perjudicarme, alegando que es el mayor. Mas Jesús repuso: No obréis así. Si queréis escucharme, haced paces, y repartid amistosamente vuestros bienes. Y Miqueas dijo a Jesús: Niño, reconozco que procedes con cordura, al hablarnos de conciliación. Empero cuanto al juicio que pronuncias, es muy distinto, y óyeme lo que decirte quiero. Cuando murieron nuestros padres, yo tenía más edad que mi hermano, que la tenía muy corta aún, y me empleé, con muchos esfuerzos, en reconstituir nuestro patrimonio, que estaba devastado y en el abandono más completo. Yo solo realicé ese trabajo penoso, y mi hermano no sabe nada de ello.

6. Jesús lo hizo observar: Pero es tu hermano, y es un niño. Hasta hoy, lo has sustentado y nutrido por caridad. No le hagas daño ahora. Id, y repartid vuestros bienes con equidad. Guardaos mutuo afecto, y la paz de Dios será con vosotros. Y ellos, obedientes a los deseos de Jesús, se prosternaron ante él. Y, cayendo el uno en los brazos del otro, se besaron, y dijeron a Jesús: Hijo de rey, por cuya mediación se ha restablecido la armonía entre ambos, Dios glorifique tu persona y tu santo nombre por toda la tierra. Te rogamos que nos bendigas. Y Jesús repuso: Id en paz, y que el amor de Dios permanezca en vosotros.
7. Y, luego que Jesús hubo hablado de esta suerte, se prosternaron de nuevo ante él, y se fueron a su casa. Y Jesús regresó a la suya de Nazareth, junto a María. Y su madre, al verlo, le preguntó: ¿Dónde has estado el día entero, sin comprender que ignoro lo que pueda ocurrirte, y que me alarmo por ti, al pensar que andas solo por sitios apartados? Y Jesús respondió: ¿Qué me quieres? ¿No sabes que debo, de aquí en adelante, recorrer la región, y cumplir lo que de mí está escrito? Porque para esto es para lo que he sido enviado. María opuso: Hijo mío, como no eres todavía más que un niño, y no un hombre hecho, temo de continuo que te suceda alguna desgracia. Mas Jesús advirtió: Madre mía, tus pensamientos no son razonables, porque yo sé todas las cosas que han de venir sobre mí. Y María replicó: No te aflijas por lo que te dije, pues muchos fantasmas me obsesionan, e ignoro lo que he de hacer. Y Jesús preguntó: ¿Qué piensas hacer conmigo? Respondió su madre: Eso es lo que me causa pena, porque tu padre y yo hemos cuidado de que aprendieses todas las profesiones en tu primera infancia, y tú no has hecho nada, ni te has prestado a nada. Y ahora, que eres ya mayorcito, ¿qué quieres hacer, y cómo quieres vivir sobre la tierra?
8. Al oír esto, Jesús se conmovió en su espíritu, y dijo a su madre: Me hablas con extrema inconsideración. ¿No comprendes las señales y los prodigios que he hecho ante ti, y que has visto con tus propios ojos? Y continúas todavía incrédula, a pesar del tiempo que llevo viviendo contigo. Considera todos mis milagros y todas mis obras, y toma paciencia por algún tiempo, hasta verlas cumplidas, puesto que aún no ha venido mi hora, y permanece firmemente fiel. Y, habiendo dicho esto, Jesús salió de la casa con premura.

SOBRE LAS NUMEROSAS CURACIONES QUE JESÚS REALIZÓ EN EL PUEBLO, EN LA ALDEA Y EN DIFERENTES LUGARES.

XXVI.

1. Un día, Jesús, que había salido de su casa, recorría, solo, el país de los galileos. Y, habiendo llegado a una aldea, que se llamaba Buboron o Buasboroín, encontró allí a un hombre de treinta años, que estaba muy incomodado por la vehemencia de su mal, y que yacía tendido sobre su lecho. Cuando Jesús lo vio, se compadeció de él, y le preguntó: ¿De qué raza eres? El hombre repuso: De raza siria y del país de los sirios. Jesús añadió: ¿Tienes todavía padre y madre? El hombre dijo: Sí, y mis padres me han expulsado de su hogar. Errante ando por doquiera, para buscar mi sustento diario, mas no poseo domicilio en parte alguna. Jesús inquirió: ¿Y cómo has podido salir de tu país? Respondió el hombre: Se me trataba, unas veces contra salario, y otras para pagarme. Jesús continuó: ¿Por qué has venido a este país? El hombre contestó: Para pedir limosna, y para subvenir a mis necesidades materiales. Y Jesús sentenció con gravedad: Si soportas con calma tus tormentos, encontrarás más tarde el reposo. A lo que el hombre replicó: Pueda o no pueda, los soporto y los acepto con júbilo.
2. Y Jesús dijo: ¿A qué dios sirves? El hombre repuso: Al dios Pathea. Y Jesús le preguntó: ¿Encuentras, pues justo que te halles en este estado? El hombre manifestó: He oído decir a mis padres que ese dios es el dios de los sirios, y que puede hacer a los hombres todo lo que le place. Interrogó Jesús: ¿Cuál es tu nombre? El hombre dijo: Hiram. Y Jesús lo conminó, diciendo: Si quieres curarte, abandona ese error. Hiram dijo: ¿Y cómo he de dar crédito a tu propuesta? Porque tú eres todavía un niño, mientras que yo soy ya un varón adulto. Y Jesús le preguntó: El dios de tu culto ¿tiene el poder de devolverte la salud y la vida por una simple palabra? Y Jesús añadió: Si crees de todo corazón, y si confiesas que hay un Dios del cielo y de la tierra, que ha creado el mundo y el hombre, tal Dios es capaz de curarte. Hiram apuntó: No he oído hablar de él. Jesús dijo: Sea. Pero cree sencillamente, y tu alma vivirá. Hiram le preguntó: ¿Y cómo hacer ese acto de fe?
3. Respondió Jesús: He aquí la fórmula. Creo que es un Dios muy alto, el Padre creador de toda cosa, y creo en su Hijo único y en el Espíritu Santo, trinidad y divinidad una y perfecta. Hiram repuso: Creo lo que me dices. Entonces Jesús le habló, interrogándolo: ¿No te has presentado a alguien, para que te cure? E Hiram exclamó: ¿Qué médico podría librarme de tan grave enfermedad? Jesús dijo: Aquel a quien pagues, lo podrá fácilmente. Hiram opuso: Pobre como soy, nada tengo que dar, y nadie hace la caridad gratuitamente. Y Jesús objetó: ¿No has dicho tú mismo antes que has venido de un país lejano, que has recorrido numerosas comarcas, y que has recibido limosnas? ¿Por qué dices ahora falsamente que no tienes con qué pagar? Hiram repuso: ¡Perdona, niño! Lo que te he dicho es que nada tengo que dar, excepto el alimento que recibo al día, y el vestido que me cubre.
4. Y Jesús, viéndolo llorar, exclamó: ¡Oh hombre, dirígeme tu demanda! ¿Qué puedo hacer por ti? Y respondió Hiram: Haz por mí todo lo que te plazca, y gratifícame con algún socorro. Y Jesús, extendiendo la mano, tomó la suya, y le ordenó: Levántate, yérguete sobre tus pies, y ve en paz. Y, en el mismo momento, el hombre quedó curado de sus males. Y cayó llorando de hinojos ante Jesús, y le hizo la siguiente petición: Señor, si quieres, te seguiré en calidad de discípulo. Mas Jesús le dijo: Vuelve en paz a tu casa, y cuenta todo lo que he hecho por ti en este encuentro. Y el hombre se prosternó de nuevo ante Jesús, y marchó a su país.

DE CÓMO SE CUMPLIERON LAS TRADICIONES ESCRITAS POR LOS PROFETAS Y SOBRE LAS COSAS SORPRENDENTES QUE HIZO JESÚS.
XXVII.

1. Y de nuevo fue Jesús llevado del Espíritu a la villa de Nazareth. Y circulaba siempre por los sitios retirados. Y los que lo veían se sorprendían y murmuraban entre sí: Verdaderamente, el niño Jesús, el hijo del viejo, tiene el aire despierto e inteligente. Algunos refrendaban: Cierto es lo que decís. Mas Jesús no se manifestaba a ellos, a causa de su incredulidad.
2. Y sucedió que, aproximándose la gran fiesta, Jesús quiso ir a Jerusalén. Y, en el curso del viaje, se encontró con un viejo canoso que se sostenía sobre dos cayadas, las cuales desplazaba alternativamente, dejándose caer de la una a la otra. Y estaba enfermo de los ojos y de los oídos. Al verlo, Jesús se sorprendió, y le dijo: Bien hallado seas, viejo cargado de años. Y el anciano contestó: Bien hallado seas, niño, hijo único del gran rey, y primogénito del Padre. Y Jesús indicó: Siéntate aquí, reposa un poco, y luego proseguiremos nuestra ruta. El viejo asintió, diciendo: Hijo mío, cumpliré tu orden. Y, cuando se hubieron sentado, Jesús se puso a interrogarlo en estos términos: ¿Cuál es tu nombre, anciano? ¿De qué raza eres? ¿De qué país has venido a éste?
3. Y el viejo contestó: Mi nombre es Baltasar, soy de raza hebraica, y vengo del país de la India. Jesús le preguntó: ¿Qué buscas aquí? Y el viejo expuso: Mi padre era un príncipe noble e iniciado en el arte de la medicina, cuya práctica me enseñó. Pero ahora estoy impotente, y mi intención es ir a Jerusalén, para mendigar, y ganar así mi vida. Jesús le hizo observar: Siendo hijo de médico, ¿cómo no puedes curarte a ti mismo? El viejo repuso: Mientras fui joven, fuerte y robusto, practiqué la medicina. Pero cuando la falta de salud me puso a prueba, perdí todo vigor, y hoy no soy ya capaz de nada. Jesús dijo: ¿Fue durante tu infancia o en tu ancianidad cuando la dolencia se apoderó de ti? Y el viejo repuso: Treinta años tenía, cuando este mal me atacó, y todo mi cuerpo fue presa de un temblor general.
4. Al oír esto, Jesús se sorprendió, y le dijo: ¿Qué especie de tratamiento te aplicas? El viejo contestó: A tal enfermedad, tal remedio. Mas Jesús le preguntó: ¿Sabes resucitar a los muertos, hacer andar a los cojos, purificar a los leprosos, expulsar a los demonios, curar todas las enfermedades, no con remedios, sino por una simple palabra? Al oír esto, el viejo se sorprendió, y dijo, riendo: Me admiras mucho, porque todo eso es una operación prodigiosa e imposible para el hombre. Jesús replicó: ¿Y por qué te admiras? Y el viejo dijo: Porque, siendo todavía un niño, ¿cómo puedes saber todo eso? Jesús contestó: Nadie me lo enseñó, sino que lo sé por mí mismo. Y el viejo concedió: Si es como lo afirmas, de Dios y no de los hombres has recibido ese don. Jesús respondió: Tú lo has dicho. Entonces el viejo murmuró: Paréceme que entiendes el arte de la medicina. Y Jesús declaró, diciendo: Mi Padre posee el poder de hacer todo eso.
5. Y el viejo le dijo: No ha habido nunca discípulo sin instrucción de su maestro, ni hijo sin enseñanza de su padre. Te ruego que uses de caridad conmigo, y el Señor te concederá una vida que largos años dure. Jesús dijo: Bien hablas, mas yo no puedo hacer esto gratuitamente. Dame, pues, una retribución proporcionada a mi trabajo. El viejo indicó: ¿Y qué retribución es la que pides? Jesús dijo: Poca cosa: oro, plata, todo lo que por escrito acordemos bajo contrato. A estas palabras, el viejo rompió a reír. Luego, reflexionando, pensó: ¿Qué hacer? Porque este muchacho se burla pérfidamente de mí. Y, en voz alta, se quejó, diciendo: Niño, ¿por qué te mofas de un viejo como yo? Se da limosna a los pobres, sobre todo a los ancianos, y no se los pone en irrisión. Y Jesús lo hizo observar: Empezaste elogiándome grandemente, y ahora me censuras. El viejo contestó: Es que me has irritado gravemente. Y dijo Jesús: No te encolerices porque, no siendo más que un muchacho, haya querido entablar conversación contigo. Entonces el viejo respondió a Jesús, y dijo: ¿Por qué no me pides una cosa razonable, a fin de sacar provecho de mí? Pues ¿de dónde vendría esa fortuna que me reclamas?

6. Y Jesús replicó: ¿No me has asegurado antes que eras de gran familia, hijo de príncipe y descendiente de una casa real? El viejo otorgó: Y nada falso te aseguré, puesto que poseía una enorme fortuna. Pero, cuando me hirió la enfermedad, todo lo perdí. Y Jesús le preguntó: ¿Qué preferirías: recuperar tus opulentos tesoros, o hallarte en cabal salud? El viejo respondió: Valdríame más ser hijo de un mendigo, pero no estar enfermo. Y Jesús dijo: Si tal es tu deseo, abóname el precio de mi labor. Dijo el viejo: No me atormentes con tan largos discursos. ¿Por qué te obstinas en hostigarme con esas trampas y con esos engaños? Jesús repuso: ¿En qué hablé demasiado? ¿Y qué consejo he recibido de ti? El viejo exclamó: Por amor de Dios, no me exasperes, porque estoy gravemente enfermo. No me enojes. Ten un poco de paciencia. Nada más he de contarte. Pero, por poseer facultades bastantes para socorrerte, me compadezco de ti. El viejo exigió: Enuncia tus prescripciones. Y, respondiendo, Jesús le dijo: Dame una pequeña recompensa por mi trabajo, y te curaré. Y el viejo replicó: Dios te dará abundante recompensa por tu trabajo. Cuanto a mí, tanto me importa morir como seguir con vida. Y Jesús le indicó: Tu curación no es tan difícil como crees. El viejo dijo: Nada poseo más que un pedazo de pan y dos óbolos. Jesús comentó, festivo: ¡He aquí el descendiente de gentes ricas en extremo! Entonces el viejo montó en cólera, y exclamó, llorando: Verdaderamente, ¿he de sufrir todavía a este niño, que ya me ha incomodado en grado sumo? Y Jesús dijo: ¡Viejo, no te enojes! Ten un poco de paciencia, para que tu alma viva.
7. El viejo rezongó: Demasiada paciencia usé contigo, sin encontrar en ti asomos de piedad. Y, como el viejo hubiese dicho esto, siempre entre lágrimas, Jesús le preguntó: ¿Adónde vas? Respondió el viejo: A la ciudad de Jerusalén, para mendigar mi pan. Y, si vienes en pos mío, te daré la mitad de los recursos con que Dios sea servido de gratificarme. Jesús interrogó: ¿A qué Dios sirves? Y el viejo contestó: Al Dios de mis padres. Advirtió Jesús: Ahí está justamente la causa de tu aflicción. Si quieres ser perfecto, abandona la religión de tus padres, a fin de ser salvo en alma y en cuerpo. El viejo dijo: ¿Y cómo podría dar fe a tus palabras? Replicó Jesús: Varias veces me has puesto a prueba, y nada has conseguido. Y, al oír esto, el viejo reflexionó, diciéndose: Mucho temo que este niño no esté jugando insidiosamente conmigo. Mas Jesús le ordenó: Viejo, responde a la cuestión que te he planteado.
8. Y el viejo dijo: Estoy en duda, y no sé qué hacer, ni qué responder a esa cuestión. Me parece que Dios te ha enviado a mí, y que eres el Señor, el que sondea el pensamiento de los hombres. Dame, pues, a conocer lo que me es necesario. Jesús exclamó, solemne: ¿Crees que existe un Dios creador de todas las cosas y su Hijo único y el Espíritu Santo, trinidad y única divinidad? El viejo repuso: Sí, lo creo. Y Jesús extendió la mano sobre el viejo, y dijo: Libre quedas de tu azote, y curado de tu mal. Y, en el mismo instante, la curación fue un hecho. Y el viejo, cayendo a los pies de Jesús, le confesó sus pecados. Y Jesús le dijo: Perdonados te son. Ve en paz, y el Señor sea contigo. El viejo exclamó: Te ruego que me digas cómo te llamas! Y Jesús repuso: ¿Para qué necesitas saber mi nombre? Ve en paz.
9. Y el viejo, inclinándose, se prosternó de nuevo ante Jesús, y se marchó apaciblemente en dirección a Jerusalén. Y, cuando los habitantes de esta ciudad vieron al viejo inmune, le preguntaron: ¿Quién te curó? Y el viejo dijo: Me curó, por una simple palabra, un hijo de médico, que encontré en mi camino. Ellos dijeron: ¿Quién es ese médico? El viejo confesó: No lo sé. Y ellos fueron en su busca, y no lo encontraron, porque Jesús había huido de aquel lugar, y vuelto a Nazareth. Y el viejo publicó por doquiera el milagro que en él se había cumplido.