viernes, 23 de octubre de 2015

Evangelio de Ammonio. Parte 2

Estos son libros y testimonios antiguos que muchas religiones cristianas no quieren que conozcas pero te los presentamos para que tú mismo elabores tus conclusiones.

These are books and old testimonies that many Christian religions don't want you to know but we present them to you so that yourself elaborates your conclusions.

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Evangelio armenio de la infancia de Jesús. Parte 11.


Evangelio de Ammonio.
 
(Armonía de los evangelios canónicos).

EL MILAGRO DE LOS PANES Y LOS PECES. LA TRANSFIGURACIÓN.

VIII.

1. Y Jesús, desde Judea, fue a Tiro y Sidón.
2. Y a una mujer cananea, que llegó con su hija, la cual estaba endemoniada, la atendió por su mucha fe.
3. Y curó ciegos, y cojos, e imbéciles, y valetudinarios.
4. Y el pueblo, con gran admiración, venía a sus pies.
5. Y curó también a un sordomudo.

6. Y viniendo a Decápolis, hizo hablar a los mudos y oír a los sordos.
7. Y, yendo a las Pascuas de Pentecostés, en Jerusalén, había junto a la piscina un hombre que llevaba enfermo cuarenta años.
8. Y, como lo hubiera sanado, dijeron los fariseos: Es sábado
9. Mas dijo Jesús: Yo obro, porque en mí obra mi Padre.
10. Escudriñad las Escrituras en que esperáis vida eterna.

11. Y veréis que atestiguan de mí.
12. Y enviasteis a Juan y dio testimonio de mí.
13. Mas no quiero glorificación, porque sólo a Dios gloria procede.
14. Y, pasando la mar de Galilea, en un lugar solitario dio de comer a cuatro mil hombres con siete panes y unos pocos pescados.
15. Y vino a Dalmanutha.

16. Y aconsejaba huir de la levadura de hipocresía de los fariseos.
17. Fue después a las partes de Cesárea de Filipo.
18. Y dio a Pedro las llaves del reino de los cielos, prometiéndole sobre él fundar su iglesia.
19. Y que las puertas del infierno no prevalecerán contra él.
20. Entonces comenzó a decir que sufriría grandes fatigas, y que sería muerto por resolución de los escribas y de los príncipes de Judea.

21. Y Pedro, oyéndolo hablar de muerte, lo increpó.
22. Mas dijo Jesús: Apártate de mí, Satanás.
23. Porque no sabes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres.
24. Y quien quiera complacerme deje todo humano afecto, y cargue con su cruz, y sígame.
25. ¿De qué valdrá al hombre granjearse el mundo, cuando el Hijo venga con los ángeles en la gloria de su Padre y a cada uno pague según sus obras?

26. Porque en verdad os digo que algunos de los que hay aquí no morirán sin ver al Hijo del hombre venir en toda su gloria.
27. Y, habiendo subido a un monte alto, iban con él Pedro, y Juan, y Jacobo.
28. Y vieron venir una luz deslumbrante, y a Elías y Moisés hablar con Jesús.
29. Y la voz del Padre celeste dijo: He aquí mi Hijo amado, en el que me complazco.
30. Y con esta visión fueron en gran gozo los apóstoles.

31. Y, habiendo presentado un lunático a ellos, no lo pudieron sanar.
32. Mas Jesús vino y lo curó. Y les dijo: No lo curasteis por vuestra incredulidad.
33. Y viniendo a Cafarnaum, les exigieron el tributo.
34. Y Pedro pescó un pez, que tenía dentro un estateco, que son cuatro dracmas. Y fue el primer pez que pescó aquel día.
35. Y por entonces le preguntaron los discípulos quién tendría más honra y más gloria en el reino de los cielos.

36. Y, tomando Jesús a un niño, le puso en medio, y dijo que era preciso, para que fuesen perdonados los pecados, hacerse como niños.
37. Y les contó la parábola de las cien ovejas y de la oveja perdida.
38. Y la de la dracma que se perdió y que se encontró con gran gozo.
39. Y expresó la máxima indulgencia de nuestro Padre con la parábola del hijo pródigo, el cual fue recibido con gozo, y al que le puso su padre un anillo, e hizo en su honor gran festín.
40. Y les dijo que, cuando recibiesen ofensa de su hermano, procurasen benignamente arreglarlo a solas.

41. Y que llevasen, si no conseguían nada, dos árbitros, y si tampoco, que lo llevasen a la asamblea.
42. Y, habiéndole preguntado Pedro si había de perdonar hasta siete veces a su hermano, contestó que no siete, sino setenta veces siete.
43. Porque, si no somos clementes, no lo será con nosotros Dios.
44. Y explicó la parábola del rey que condonó una deuda a su siervo.
45. Y viendo que el siervo no fue con su consiervo igualmente clemente, le condenó.

ENSEÑANZAS Y PARÁBOLAS DE JESÚS.

IX.

1. Terminados estos sermones, pasó Jesús al otro lado del Jordán y enseñaba y curaba a los enfermos.
2. Y queriendo perderlo, preguntaron capciosamente los fariseos qué había de hacerse para repudiar a la mujer.
3. Mas dijo Jesús: Moisés, por la dureza de vuestro corazón, os mandó, para divorciaros, dar carta de repudio.
4. Mas nunca, sino por fornicación, es el repudio lícito.
5. Y, diciéndole algunos que era entonces preferible el celibato, dijo Jesús: Los que puedan castrarse por el reino de los cielos tendrán gracia.

6. Y unas madres le trajeron unos niños para que les impusiese la mano.
7. Y como los apóstoles lo prohibiesen, los reprendió Jesús. Y les dijo que de tales como aquéllos era el reino de los cielos.
8. Entonces le contaron cómo Pilatos había mezclado con sus sacrificios la sangre de unos galileos.
9. Y dijo Jesús: ¿Creéis por ello que son más pecadores que los demás?
10. ¿Ni que eran más pecadores que los otros los doce que aplastó la torre de Siloé?

11. Y les contó la parábola del padre de familia que quiso cortar la higuera que no daba fruto, a pesar de pedirle el vendimiador que aún no la cortase.
12. Y, enseñando un sábado en la Sinagoga, vino una mujer que hacía dieciocho años tenía demonio y la sanó.
13. Y enojóse el príncipe de la Sinagoga, y le dijo que no hiciese aquello en sábado.
14. Respondió Cristo: Cada uno desata su buey en sábado y lo lleva a beber.
15. Y a esta hija de Abraham, que hacía dieciocho años estaba ligada al demonio, convino librarla hoy de sus ligaduras.

16. Y así avergonzaba a los fariseos.
17. Y le dijeron: Vete, porque Herodes te quiere matar.
18. Mas contestó Jesús, que conoció su perfidia: Id y decid a ese zorro: Hoy y mañana expulso demonios, y hago salud, y al tercer día consumado soy.

NUEVAS ENSEÑANZAS Y PARÁBOLAS.

X.

1. Y Jesús conocía la malevolencia de ellos.
2. Mas, al llegar la fiesta de los Tabernáculos, fue a Jerusalén.
3. Y las gentes hablaban de él de distintas maneras.
4. Porque unos creían bueno lo que Jesús predicaba, mas decían otros que era un impostor.
5. Y, alzándose, Jesús repuso: No es mía mi doctrina, sino del Padre, que me envió.

6. Y se admiraban al oírlo de que supiera letras, sin haberlas aprendido.
7. Y, dentro de sí, querían sus enemigos ajusticiarlo.
8. Y mandaron a prenderlo, mas ninguno le puso mano encima, porque aún no había llegado su hora.
9. Y vino a Jesús un hombre para que dijese a su hermano que repartiesen la herencia.
10. Mas Jesús le contestó que no le competía juicio de tal clase.

11. Y, aconsejando a las gentes que huyesen de la avaricia, les expuso la parábola del que, cuando había juntado mucho, vinieron en la noche por su alma.
12. Y, hablando otra vez en el templo, como dijese a los judíos que eran hijos del diablo, y no de Abraham, quisieron apedrearlo.
13. Y lo llamaban endemoniado y samaritano.
14. Y curó luego a un ciego de nacimiento, que mendigaba.
15. Y, llegando a Jesús un mancebo, le dijo: Maestro bueno, ¿qué haré para conseguir la vida eterna?

16. Mas Jesús le dijo que nadie era bueno, sino Dios.
17. Y añadió, viendo que el mancebo le aseguraba que cumplía los preceptos, que sólo le faltaba vender sus bienes y darlos a los pobres. Y él se fue contrito, porque era rico.
18. Y dijo Jesús: En verdad os digo que antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos.
19. Y Pedro dijo a Cristo que ellos lo habían abandonado todo por él y él les prometió que les sería dado ciento por uno.
20. Propúsoles entonces la parábola del rico y de Lázaro el pobre.

21. Lázaro había pasado en la vida hambre y dolores, y deseaba recoger las migajas de la mesa del rico. Mas cuando fueron muertos, vio el rico, desde el infierno, donde sufría penas acerbísimas, a Lázaro en el seno de Abraham.
22. Y les habló de la parábola del administrador deshonesto, que, por granjearse el apoyo de los administrados de su señor, les rebajó sus cuentas, cuando fue despedido, y a quien, a pesar de ello, alabó el señor.
23. Igualmente les habló del cabeza de familia, que, para trabajar en su viña, contrató en distintas horas a varios operarios y luego les pagó lo mismo a todos.
24. Y, entrando un sábado en casa de un fariseo, curó a un hidrópico.
25. Y entonces habló de que quien era invitado a comer no sea el primero en sentarse, por si hubiera otros de más honor.

26. Y que, cuando se hiciese, se convidase a los desgraciados, para obtener recompensa en la resurrección de los justos.

JESÚS EN JERUSALÉN Y EN BETHANIA. PROFECÍAS HECHAS A LOS DISCÍPULOS SOBRE SU SUERTE FUTURA.

XI.

1. Y a fines de año se celebraba la fiesta de la Dedicación.
2. Y Jesús andaba por el portal de Salomón, en el templo.
3. Y lo rodearon los judíos y exigían que les dijese si era el Cristo.
4. Y respondió Jesús: Ya os lo he dicho, y mis obras lo atestiguan.
5. Porque el Padre y yo somos una misma cosa.

6. Y agarraron piedras para lapidarlo, mas él huyó, y se fue.
7. Y estaba tras el Jordán, cuando vinieron a avisarle que Lázaro había muerto.
8. Y dijo a sus discípulos que Lázaro dormía, significándoles así su defunción.
9. Y, viniendo a Bethania, halló que Lázaro llevaba sepultado hacía cuatro días.
10. Y a los que estaban dijo: Yo soy la resurrección y la vida.

11. Porque el muerto vivirá, si cree en mí, y quien crea en mí no morirá eternamente.
12. E hizo salir a Lázaro del sepulcro en que llevaba cuatro días.
13. Y muchos judíos entonces creyeron en él.
14. Y los fariseos juntaron consejo, porque veían que Jesús hacía muchos signos.
15. Y Caifás, el pontífice, lo sentenció, y todos buscaban cómo prenderlo.

16. Y por esto el Señor fuese a Efraim, junto al desierto, y se estaba allí, con sus discípulos.
17. Y, yendo después a Jerusalén, pasaba por Galilea y por Samaria.
18. Y vio venir de lejos a diez leprosos, y los curó, y los envió a los sacerdotes.
19. Mas, no habiendo sido admitidos en una ciudad Samaritana, Juan y Jacobo le pidieron que se vengase, haciendo bajar sobre ella fuego del cielo, como Elías.
20. Y él les advirtió: No tenéis el espíritu del cielo, que es benignidad, y mansedumbre, y paciencia.

21. Y les dijo en secreto: He aquí que subimos a Jerusalén.
22. Para que el Hijo del hombre sea entregado a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas, y para que sea condenado y azotado y llevado a la cruz.
23. Y al tercer día resucitará de entre los muertos.
24. Y la madre de los hijos de Zebedeo vino a pedirle que ellos tuvieran un primer lugar en el reino del cielo.
25. Y Jesús les habló entonces del cáliz que había de beber, y de la pena de cruz.

26. Y los aconsejó según su ejemplo, que ponía su vida por los demás.

NUEVOS VIAJES A JERUSALÉN.

XII.

1. Camino de Jerusalén, pasaba Jesús por Jericó.
2. Y el publicano Zaqueo le ofreció devolver cuanto debiese, cuadruplicado, y dar la mitad de sus bienes a los pobres, y Jesús paró en su casa.
3. Porque decía: En verdad que él también es hijo de Abraham.
4. Y llegándose ciegos a él, a grandes voces pedían que los sanase y los curó.
5. Y parando en Bethania en casa de Simón el leproso, vino Marta a servir.

6. Y su hermana María quebró un vaso de alabastro lleno de ungüento precioso sobre la cabeza del Señor, para ungirlo.
7. Y los discípulos murmuraban de aquel dispendio, que podía haberse dado a los pobres.
8. Y dijo Jesús: Siempre tendréis pobres entre vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.
9. Dejad a esta mujer, que ha guardado esto para mi sepultura.
10. Y llegando a Bethfagé, mandó Jesús tomar un pollino para entrar sobre él en Jerusalén.

11. Y muchos niños y gentes lo recibían con aclamaciones, y lo saludaban con ramas de árbol.
12. Diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor, rey de Israel!
13. Y llegando a la ciudad, lloró sobre ella.
14. Porque sabía que sería destruida por los romanos Vespasiano y Tito.
15. Y entrando en Jerusalén, decían: ¿Quién es éste que llega así?

16. Y, yendo al templo, echó fuera a los que negociaban allí.
17. Y devolvió la vista a muchos ciegos y curó a muchos cojos.
18. Y dijo a los judíos que él derribaría y restauraría en tres días el templo.
19. Y viendo Jesús a una viuda pobre echar dos monedas pequeñas en el gazofilacio, dijo que aquella ofrenda era la mayor.
20. Entonces contó a la gente la parábola del publicano humilde y del fariseo jactancioso ante Dios.

21. Y dijo que el publicano sería justificado antes que el fariseo.
22. Y como era tarde, fuese a Bethania.
23. Y Nicodemo fue a verlo de noche, y hablaron de los secretos celestiales.
24. Y dijo Jesús que quien creyera que él era el Cristo no perecería, sino que tendría vida eterna.
25. Y volviendo a Jerusalén, tuvo hambre.

26. Y llegándose a una higuera, y hallando que no tenía frutos, la maldijo.
27. Y la higuera se secó.
28. Y estando en el templo, trajeron los escribas fariseos una mujer tomada en adulterio,
29. Y Jesús, absolviéndola, dijo que él no había venido a abrogar la ley de Moisés.
30. Mas que, siendo todos pecadores, no había de aplicarse la ley a una sola infeliz.

31. Y, llegando unos gentiles, pidieron a Andrés y a Felipe que les enseñase a Jesús.
32. Y dijo Jesús: He aquí que llega la hora en que será glorificado el Hijo del hombre.
33. Y se volvió a Bethania.
34. Y, viendo los discípulos la higuera seca, sintieron gran admiración.
35. Mas el Señor les dijo que conseguirían todo lo que pidiesen con fe y con perseverancia.

36. Y a este propósito les contó la parábola del juez injusto.
37. Que no temía a Dios ni a los hombres, mas siendo muy insistido por una viuda, le hizo justicia, por librarse de ella.
38. Y, viniendo al templo, le dijeron los sacerdotes: ¿Con qué autoridad enseñas?
39. Y Jesús les contestó preguntándoles: El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres?
40. Y, al referirles que los publicanos y las meretrices serían preferidos a los incrédulos, les relató la parábola del padre que mandó a sus dos hijos a trabajar en la viña.

41. Y uno dijo: No quiero y fue. Y otro dijo: Iré y no fue.
42. Después contó la parábola del hombre que envió a cobrar a los colonos los frutos de su viña.
43. Y, habiendo matado a los que envió, fue y condenó a los colonos.
44. Porque la piedra que rechazaron los que edificaban quedó por cabeza de esquina.
45. Y quien sobre ella cayere será quebrantado.

46. Y también les contó la parábola del rey que celebró las bodas de su hijo.
47. Y querían los judíos ver de encontrarlo en algún error.
48. Y, sobornando los fariseos a unos discípulos, fueron con unos herodianos, para preguntarle si había de darse tributo al César.
49. Y él, viendo la inscripción de la moneda que le presentaban, dijo que la pagasen al César, pues suya era, y a Dios lo que se le ha de pagar.
50. Vinieron después unos saduceos, que no creen en la resurrección, y le presentaron argumentos.

51. Y dijo: El Dios de Abraham, e Isaac, y Jacob no es Dios de muertos, mas de vivos.
52. Y los doctores de la Ley le preguntaron cuál era el mandamiento primero, y dijo que amar al prójimo, después de Dios.
53. Y contó la parábola del hombre herido de ladrones, que abandonaron un levita y un sacerdote, mas del que tuvo caridad un samaritano.
54. Y, habiendo mandado los judíos prenderlo, no lo hicieron los ministriles, porque nunca habían a hombre alguno oído hablar como a él.
55. Y decía Jesús: Me buscaréis, y no me encontraréis.

56. Y muchos de la multitud creyeron en que Jesús era profeta y el Cristo.
57. Mas otros decían: ¿Ha de venir el Cristo de Galilea? ¿No ha de venir de la casa de David, de la aldea de Bethlehem?
58. Mas Jesús preguntó a los fariseos: ¿De quién es hijo el Cristo?
59. Y le dijeron: de David.
60. Y él les hizo ver que entonces era absurdo que David, en los salmos, llamase Señor a su hijo.

61. Y entonces dijo Jesús a las gentes que, sobre la ley que Dios dio a Moisés, se habían sentado los escribas y los fariseos.
62. Porque cargaban a los hombres con pesos que ellos no llevaban.
63. Y amaban ser llamados maestros, no habiendo más maestro que el Padre que está en los cielos.
64. Y dijo: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, que cerráis el reino de los cielos ante los hombres!
65. Porque andáis mar y tierra para hacer un prosélito, y meterlo en vuestras supersticiones.

66. He aquí a los ciegos que quieren ser guías de los ciegos.
67. Porque vertisteis la sangre de los profetas y los apóstoles.

ANUNCIO DEL JUICIO FINAL.

XIII.

1. Saliendo Jesús del templo, mostrábanselo sus discípulos con admiración.
2. Y él exclamó: En verdad os digo que piedra sobre piedra no ha de quedar.
3. Y congregando a sus discípulos en el monte de los Olivos, les anunció el Anticristo.
4. Que vendría con guerras, y pestes, y hambres, y terremotos, según el vaticinio de David.
5. Mas que ni un cabello de sus cabezas perecería.

6. Y que habría portentos en el cielo, y en el mar, y en la luna, y en el sol, y en las estrellas.
7. Y que huyeran de la crápula, y del desorden, y de la ebriedad, para que el día no los sorprendiera desprevenidos, como el Diluvio halló a los hombres comiendo y bebiendo, mientras Noé se refugiaba en el arca.
8. Porque no se sabía cuándo vendría él con los ángeles en la luz del cielo.
9. Y les puso el ejemplo de los dos siervos, que uno veló y otro se descuidó mientras estaba fuera el amo de la casa.
10. Y añadió la parábola de las vírgenes, que unas tenían aceite en las lámparas, y otras no, para esperar al esposo.

11. También les habló del siervo inútil, que guardó lo que le dio su señor, sin ponerlo a producir.
12. Y de cómo serían separados los malos de los justos, como el pastor separa las ovejas de los carneros, para que fuesen los malos llevados al fuego y los justos llamados al reino celeste.

Fuente: “Los Evangelios Apócrifos”, por Edmundo González Blanco.

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