jueves, 2 de agosto de 2012

La casa verde – Vargas Llosa

Obra que anuncia la originalidad y genio del escritor peruano que se ganara un sitial entre quienes representan el realismo de magia que se conoce como el Boom Latinoamericano.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa ha ido construyendo una obra que lo sitúa en un lugar sobresaliente entre los novelistas de América Latina de la actualidad. Su arte, a la vez poético y realista, americano y universal, experimental y clásico, ha subyugado a miles de lectores y ha llamado poderosamente la atención de los críticos. Vargas Llosa representa uno de los ejemplos maduros del esplendor novelístico que ahora vive América Latina.
Este escritor utiliza toda una gama de registros técnicos con el objeto de lograr el realismo narrativo. Tritura la acción, utiliza un vasto sistema de planos, da saltos atrás en el tiempo, mezcla conversaciones con el objeto de comunicar al lector una realidad, de hacerle sufrir esa realidad. Vargas Llosa no es un escritor popular, de amplio público, un best-seller, quizás debido al impacto que causa su lectura por las diversas técnicas que utiliza. Sin embargo, a pesar de su refinamiento, Vargas Llosa es un narrador tradicional en cuanto que su objetivo al narrar obedece a la intención de transmitir a los demás las emociones de sus experiencias.
“La Casa Verde”, la segunda novela dentro de la vasta obra del escritor peruano, es una narración literariamente notable. Además de la renovación de las técnicas novelísticas dentro de la narrativa hispanoamericana, el escritor penetra hondamente en amplios ámbitos de la realidad peruana, y el relato se mueve con habilidad entre masas de historias, lugares y personajes. El propio autor dice: “En ‘La Casa Verde’ he tratado de suprimir casi completamente los personajes individuales y he tratado de presentar personajes colectivos, es decir, grupos que pertenecen a realidades distintas y que son como manifestaciones de esas realidades”.
En “La Casa Verde” hay, por lo menos, cinco historias diversas dentro del gran total. Esa quíntupla estructura se apoya en dos espacios geográficos principales: la costa semiurbana y la selva, además del río Santiago.
La primera historia es la de un extranjero llegado a Piura, llamado don Anselmo, quien funda un prostíbulo, la “Casa Verde”. Don Anselmo cambia por completo los hábitos de la pequeña ciudad. Como subtema de esta historia está la narración de los amores de Anselmo y Antonia, la pequeña huérfana, ciega y muda. De esos amores nace La Chunga, quien regentará la segunda “Casa Verde”, levantada sobre las cenizas de la primera.
La segunda historia es la de los Inconquistables. Se tratada un cuarteto formado por José, El Mono, Josefino y Lituma. Actores de mil aventuras, representan el machismo piurano unido a una tradición heroica. De los cuatro, el más importante es Lituma que protagonizará la historia de Bonifacia y el Sargento, la tercera historia.
Esta sucede lejos de Piura, en un poblado en la selva llamado Santa María de Nieva. Los héroes tienen dobles destinos, dobles máscaras. Lituma, el mangache bribón, borracho y rnachista se metamorfosea en el Sargento servidor de la ley. Inversamente, Bonifacia, tímida pupila de la Misión de Santa María se vuelve prostituta de la Casa Verde.
La cuarta historia es la de Jum, cacique de una tribu que habita el pueblo de Urakusa. Éste intenta una rebelión; la represalia de los patronos no se hace esperar, y la rebelión acaba rápidamente.
La quinta historia es también selvática: la historia de Fushia y Aquilino. Fushia es un contrabandista japonés que penetra en una región muy hostil, organiza una banda y asalta a las tribus vecinas para llevarse su caucho. Fushia es poco más que un esqueleto cuando el anciano Aquilino lo conduce para que muera en una colonia de leprosos.
Éstas son las grandes corrientes que impulsan el libro. Al margen de ellas, sin embargo, surge un sinnúmero de materias argumentales que complementan el enorme tejido.
“La Casa Verde” ha sido concebida como una novela de aventuras, como un espacio dominado por los acontecimientos y las grandes conmociones colectivas. En ella se encuentran los principales caracteres de la novela de aventuras: lo heroico (Jum, Fushia), lo romántico-exótico (Bonifacia y el Sargento), lo místico (Anselmo, Antonia y la fundación del prostíbulo) y lo popular (los Inconquistables y la Mangachería).
El estilo, la estructura y todo el sistema narrativo de “La Casa Verde” constituyen propiamente su sustancia, su razón de ser. Para escribir la novela, Vargas Llosa reúne en una sola totalidad elementos procedentes de mundos muy opuestos como el nouveau roman y las películas de aventuras, la épica y el melodrama, el thriller y la canción de amor. El lenguaje dialectal es incorporado a la narración como elemento vital, sin ánimos de exhibición.
La simetría de la estructura permite que las distintas partes de la novela vayan rotando y pasando a lapsos regulares, ante el asombro del lector. La novela es una serie de diseños narrativos de constantes perfiles, que alternan y se repiten en un movimiento suave, en una sorprendente analogía con el calidoscopio.
En “La Casa Verde” concurren diversas técnicas: la narrativa pluridimensional, los diálogos telescópicos, la “caja china”, la yuxtaposición de tiempos narrativos. El contrapunto de las tramas es intensísimo y enmarañado. En su continuo roce, las historias se van contagiando, vaciándose unas en otras. Esa perpetua movilidad del todo, la vida que circula dentro del rigor que impera en las partes, impide que “La Casa Verde” sea una mera construcción literaria de atmósfera rarificada.
“La Casa Verde” es una novela que puede compararse con las mejores obras de la narración contemporánea. “Con ‘Rayuela’, de Cortázar, y ‘Gran Sertón: Veredas’, de Guimaráes Rosa, es una de las tres o cuatro novelas más acabadas de la literatura latinoamericana”, escribió Luis Hansa en 1966. La obra de Vargas Llosa es una de las más sólidas de la actual narrativa hispanoamericana.
AR.

Fuente: Icarito. Editorial Andina. Santiago. 1987.

Otros artículos.






(Sería bueno compartir este contenido con nuestras amistades y contactos usando los botones de Redes Sociales que aparecen debajo. Es fácil y toma sólo unos segundos. Gracias)

miércoles, 1 de agosto de 2012

Alturas de Macchu Picchu – Neruda

Una mirada diferente a la obra de este inmortal poeta chileno que nos muestra un estilo diferente al acostumbrado en sus versos mayormente difundidos.

Bajo el seudónimo de Pablo Neruda escribió su obra literaria, Ricardo Eliecer Neftalí Reyes, que nació en un pueblo al centro de Chile, de poca importancia para sus temas poéticos. El apellido Neruda fue escogido por el poeta como muestra de la admiración que sentía por el escritor checo Jan Neruda, autor de los “Cuentos de la Mala Strana”. En la adolescencia, Neruda vivió en Temuco, ciudad al sur del país, donde publicó sus primeros versos. En 1919 es premiado en los juegos florales de Manle; posterior a este premio se traslada con su familia a Santiago de Chile, allí obtiene un nuevo premio con el poemario “La canción de fiesta”. En 1923 aparece “Crepusculario” y, al siguiente año, su muy conocido libro, “20 poemas de amor y una canción desesperada”. Autor de múltiples libros de poesía y una autobiografía, Neruda recibe en 1971 el premio Nobel, que le otorga la Academia Sueca, por su obra poética.
En 1943 sube a las ruinas de Macchu Picchu, allí siente que en otra época él formó parte de la historia de ese lugar y que trabajó, vivió y murió en ese mismo sitio. El poema “Alturas de Macchu Picchu” lo escribe en 1945; ese mismo año es nombrado senador por las provincias del sur, también obtiene el Premio Nacional de Literatura de Chile, e ingresa al Partido Comunista.
Este poema pertenece a su libro “Canto General”, publicado en 1950. Ese año Neruda confiesa que quiso dejar el subjetivismo melancólico y el patetismo doloroso de sus anteriores poemas. El declara: “Tenía que buscar el camino del humanismo, desterrado de la literatura contemporánea, pero enraizado profundamente en las aspiraciones humanas”.
Aunque la obra de Neruda, según Hernán Loyola, siempre tuvo, aun en su primer periodo neorromántico, cierto substrato social. Ese deseo de romper con su anterior modo de ver, fue lo que lo llevó a escribir su “Canto General”, y este rompimiento alcanza su mayor estatura cósmica e histórica en el poema “Alturas de Macchu Picchu”. En este poema se enlazan las antiguas luchas del hombre con las actuales. El comienzo es una serie de temas autobiográficos, en el que quiso tocar por última vez el tema de la muerte, combinado a la realidad histórica. Este poema del “Canto General”, ha sido reconocido por diversos críticos, entre ellos Fernando Alegría, como el que señala la conjunción de los elementos ideológicos que permiten comprender el significado del Canto.
El personaje central de este poema se detiene frente a las ruinas, sobrecogido por el asombro y la majestad del paisaje, para recordar los dolores, la persecución y el exilio. Este recuento va envuelto en un halo de tristeza y metafísica cuando habla del hombre ante la muerte; aunque no es eso lo que le conmueve, sino el destino del hombre que habitó ese mundo de piedra y que tuvo que construir cada día la fortaleza de su propia muerte. Invita al esclavo a encarnarse en la voz y en la sangre del poeta, para reasumir su destino de lucha.
Las “Alturas de Macchu Picchu” es un largo poema estructurado en doce partes y en la sucesión de cada una van tomando cuerpo las incertidumbres, las interrogantes y las esperanzas del poeta. El poema comienza con estos hermosos versos:

“Del aire al aire, como una red vacía,
iba yo entre las calles y la atmósfera,
llegando y despidiendo,”…

En estos primeros versos se presiente la grandeza en las que nos introduce el poeta. Ese gran mundo de las viejas civilizaciones americanas.
El poema es un largo canto a la suerte del destino americano y a la vez un sentido homenaje a una vida desaparecida que tiene su raigambre en un profundo amor al hombre americano, lo que se observa con claridad en estos versos:

Oh. Wilkamuyo de sonoros hilos,
cuando rompes tus truenos lineales
en blanca espuma, como herida nieve, cuando tu vendaval acantilado
canta y castiga despertando el cielo,
¿qué idiomas traes a la oreja apenas
desarraigada de tu espuma andina?

Desde el punto de vista estilístico Neruda representa para la poesía hispanoamericana lo que Lorca y Alberti representan para la española, el rompimiento con los moldes tradicionales y la liberación definitiva de las normas establecidas. El verso nerudiano obedece a una estética personal de corte originalísimo en la que las palabras, la métrica y la armonía total de la creación son derivadas de su sensibilidad desbordante.
Sin embargo, su poesía posee aciertos en la expresión y en la exposición de conceptos que trascienden su visión emotiva de la realidad y de la historia, esto es producto de una brillante intuición que le da a su obra una efectividad de síntesis pocas veces alcanzada en la literatura de lengua castellana.
Es cierto que su poesía es emotiva, impetuosa y profundamente sentida, pero su gusto equilibrado mantiene el balance apropiado entre el sentimiento y su vehículo de expresión, dándole a su verso una cualidad novedosa y original, pero nunca desproporcionado ni antiestético. Las “Alturas de Macchu Picchu” es uno de los ejemplos más logrados de la síntesis de forma y contenido lograda por el gran poeta chileno.
Es preciso agregar que su preocupación por los problemas sociales del hombre en general, y del hispanoamericano en particular, aporta a su obra una mayor trascendencia, a la vez que la enriquece con variados matices. A pesar de dar una visión un poco trágica de la historia, Neruda posee un elevado concepto del hombre, ese concepto propio de los grandes poetas épicos de todos los tiempos.
Este poema deja entrever una gran confianza en el destino humano, a la vez que es un canto de dolor y esperanza, de resurrección y vida y una especie de compromiso histórico ante el hombre americano. Con la identificación del fenómeno estético y el fenómeno social y la índole épica de sus poemas. Neruda representa la grandeza americana elevada a planos verdaderamente universales.
BF.

Fuente: Icarito. Editorial Andina. Santiago. 1987.

Otros artículos.

Lisístrata - Aristófanes.

Martín Fierro - Hernández.

Poemas humanos - Vallejo.

El sexo del cerebro.

Gente enamoradiza.


(Sería bueno compartir este contenido con nuestras amistades y contactos usando los botones de Redes Sociales que aparecen debajo. Es fácil y toma sólo unos segundos. Gracias)

Rayuela – Cortázar

Una novela que combina elementos diversos y a veces contradictorios en una mezcla de complejidad que sin embargo el narrador domina magistralmente cual ninguno.

Julio Cortázar nació en Bruselas, en 1914. Vivió en Buenos Aires hasta 1952, año en que se trasladó a Paris. Es muy notable que un autor nacido en otro país y que en la práctica se haya comportado como un exiliado permanente, se distinga, entre otras cosas, por ser un típico creador de su tierra, Argentina.
Julio Cortázar es, sin lugar a dudas, uno de los grandes escritores de América Latina. Esto está determinado por su portentosa imaginación, la riqueza de su visión de la realidad y la contradictoria, pero indiscutible belleza de su estilo literario. Después de un fallido intento en el campo de la poesía (1941) publicó un libro de diálogos sobre el tema del minotauro (“Los reyes”, 1949), dedicándose posteriormente al cuento, género en el que logró destacarse, “Bestiario” (1951); “Final del juego” (1956); “Las armas secretas” (1959); “Historias de cronopios y de famas” (1962); “Todos los fuegos el fuego” (1969).
Su primera novela “Los premios” es su primer intento de buscar una forma de expresión apropiada a su personalidad. Pero no es hasta la aparición de “Rayuela” (1963), que Cortázar alcanza su plena madurez. Desde su aparición, esta obra despertó las más diversas polémicas en los círculos intelectuales. “Rayuela” es, sobre todo, muy importante desde el punto de vista formal, y presenta un contenido de múltiples connotaciones, expresados a través de un estilo originalísimo y de indiscutible calidad. Su estilo se caracteriza por las múltiples sugerencias e ironías que el autor consigue a través de imágenes poéticas reflexivas insertadas a lo largo de todo el libro.
La expresión en esta novela resulta desgarradora, incluso, desde el propio lenguaje utilizado por su autor. Hay, además, una filosofía muy peculiar del tiempo y su interpretación humana. Este resulta triturado por Cortázar, que se ha caracterizado como un escritor negador del tiempo y buscador de la eternidad. En esta ruptura con el tiempo, a veces frenética y obsesiva, Cortázar rompe también con los convencionalismos literarios, pero más que como un novelista, como un auténtico poeta.
Rayuela es lo que podría llamarse una típica “nueva” novela o novela “revolucionaria”, es por esto mismo que contiene lo bueno y lo malo que suele siempre encontrarse en lo novedoso.
El propio Cortázar la define como una “contranovela” y parece ser cierto, pues, en efecto, la complicación domina en casi todos sus capítulos. Cortázar explica que este libro es “muchos libros” a la vez, pero sobre todo, “dos libros’, cuyos capítulos, según el propio autor, no es necesario leerlos en el orden de sucesión en la obra. El juego de la “rayuela” (que es lo que da titulo a este libro) y que consiste en un trazado de rayas sobre el suelo, sobre el que se salta en un solo pie y siguiendo reglas especificas, es la base de los procedimientos técnicos utilizados en esta novela. Este juego infantil es ligeramente complicado porque sugiere los enigmas de un laberinto y extrañas posibilidades de relación entre en un sitio y otro de la rayuela. Precisamente, lo que Cortázar intenta brindar es la complejidad de la vida contemporánea a través de la estructura, que sugiere. Además de todas las complicaciones de la teoría y de la práctica, este libro es un inteligente juego literario, cuyo dominio exige una mayor participación del lector.
De la trama de esta novela puede decirse que es de un desarrollo confuso, ya que está, en cierta medida, relacionada con los experimentos formales aparecidos en “Ulises”, la novela de James Joyce.
En el París de “Rayuela” hay un grupo de hombres y mujeres (sin duda constituyen símbolos) que forman un club llamado “de la Serpiente”. Pero los personajes más importantes de esta parte de la novela son Horacio Oliveira —protagonista del libro—, la Maga o Lucía, Gregorovius y un anciano escritor fatalmente accidentado. En Buenos Aires, que es el otro espacio social en donde se desarrolla esta novela, aparece nuevamente Horacio Oliveira, acompañado esta vez por Talita, un personaje que fue (es) su amor. Aunque ella, de un modo casi alucinante, viene a ser la continuación de la Maga parisina, o hasta quizás la esencia desnuda de aquella otra mujer. Talita es, además, el pasado de Horacio Oliveira, lo que parece desprenderse de este reencuentro utilizado por Cortázar es la condena de su personaje principal a la frustración en el amor, porque la Maga ya no existe en este punto de la novela. Hay que anotar que Talita es la esposa de uno de los viejos amigos de Horacio.
“Rayuela” puede considerarse como un difícil ejercicio en la aventura de leer. Es posible que un lector no muy aplicado pueda sentirse frustrado después de terminar esta compleja novela. Hay, a todo lo largo del libro, un incontenible barroquismo moderno, difíciles formas expresivas que se manifiestan a través de acciones desdibujadas, así como una especial disposición de materiales que aumenta considerablemente la dificultad para la cabal comprensión de sus proposiciones formales y conceptuales.
Hay quienes estiman que sólo la primera parte de esta novela puede leerse con calma y sin sorpresas drásticas. Esta sección está configurada realmente en un lenguaje de alto vuelo poético, y está centrada en el amor, la amistad, la nostalgia y el exilio parisino de la mayoría de los personajes. A pesar de todo se estima que la obra entera de Julio Cortázar ofrece una alternativa de solución al problema del nacionalismo. Sus ficciones —“Rayuela” incluida, por supuesto— recogen las contradicciones del hombre americano actual, colocándolo en un plano universal. Es decir, consigue hacer de los conflictos de Latinoamérica y específicamente de los de la Argentina, los problemas del hombre.
Julio Cortázar es un autor difícil y sencillo al mismo tiempo. Con cierta frecuencia su posición ideológica oscila entre lo frágil y lo fuerte. Su mayor mérito es el integrar el realismo con la fantasía, la ironía con la imaginación para brindar una visión dramática y trágica del hombre moderno.
ELC.

Fuente: Icarito. Editorial Andina. Santiago. 1987.

Otros artículos.

Odas - Horacio.

Rimas y Leyendas - Bécquer.

Cantares - Pound.

Los verdaderos cazafantasmas.

Amo y señor de las montañas.


(Sería bueno compartir este contenido con nuestras amistades y contactos usando los botones de Redes Sociales que aparecen debajo. Es fácil y toma sólo unos segundos. Gracias)