lunes, 23 de septiembre de 2013

Warisata la Escuela Ayllu - Parte 25

Texto original de la obra escrita por Elizardo Perez sobre su revolucionaria experiencia educacional para los pueblos originarios y que fue la primera en el continente americano.

Original text of the book written by Elizardo Pérez about their revolutionary educational experience for the native peoples and that it was the first one in the american continent.

Partes anteriores de este libro: 20 - 21 - 22 - 23 - 24.

7.- LA RESPUESTA DE UN INDIO AL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD RURAL.
Le tocó a Rufino Sosa, el robusto e infatigable “Secretario” del Parlamento Amauta de Warisata, poner en su lugar al señor N. N. a través de un reportaje que le hicieron en “La Noche” del 10 de agosto.
La entrevista comenzaba con algunas consideraciones acerca de la obra de Warisata, para luego decir:

- ¿Qué motivos especiales tiene su viaje, señor Sosa? -preguntamos a un joven indígena de mirada inteligente que se encuentra en nuestro delante.
- Señor Director -responde- hasta la escuela ha llegado la noticia de que el señor N. N. ha tomado mi nombre para burlarse de mi condición de indio... acusándome además de que incursiono a las haciendas a soliviantar a mis hermanos indios en contra de los patrones.
- ¿Y no es verdad eso?
- No señor. Yo voy a las haciendas y ayllus en cumplimiento de las órdenes del Parlamento Amauta, a decir a los padres de familia que manden a sus hijos a la Escuela y que visiten la matriz, que comprueben el trabajo, fiscalicen, miren por su buen funcionamiento, porque las escuelas indigenales son pues de ellos, de los indios...
- ¿Usted es profesor?
- Soy encargado de la cocina y jefe de cultivos; pero me dicen “el Secretario” porque he acompañado al señor Elizardo Pérez en el trabajo de la escuela desde su fundación, y en esta escuela he dejado mi juventud y mi salud porque triunfe la escuela. Las personas que conocen nuestro trabajo saben que él merece por lo menos respeto. De tres leguas y media hemos traído el agua para la escuela, desde el mismo nevado, trabajando día y noche, hasta enfermar.

En el curso de su animada charla, Rufino Sosa explica las razones porque el Presidente de la Sociedad Rural se expresa en su contra:

- En Chúa, el señor Ernst fundó con su peculio una escuela para sus colonos, y cuando alquiló este fundo al señor N. N., lo primero que éste hizo fue cerrarla. Yo fui entonces a Chüa a decirles a mis hermanos indígenas que ellos debían reabrir la escuela, porque si hay indios que no saben leer, no obstante de haber envejecido en el servicio de los patrones, es por eso: porque hay patrones capaces de cerrar las escuelas que ellos no abrieron. ¡Ahí está! Yo también tengo que quejarme contra el representante de los patrones!
- ¿Qué quejas tiene usted Sosa? ¿Quejas personales?
- No. Yo he nacido en Chúa. Me han criado y educado los señores Ernst, con humanidad, con corazón generoso. Y lo poco que soy lo debo a ellos. Pero cuando el señor N. N. fue administrador de Chúa, provocó una serie de peleas contra los indios de Pallarete y las fincas Pacharía, Tula, Ajlla. En esas luchas campales aparecía el Presidente de la Sociedad Rural disfrazado de indio con la carabina al hombro, incitando a la pelea. Ascencio Yujra, Mariano Pancara, Waltico Coarete, Justino Huarachi, mis paisanos, pagaron con su vida estos impulsos sanguinarios.

Después de otras preguntas y respuestas, el artículo finaliza así:

Tras de su persona (Rufino Sosa) deja un hálito inquietante. ¿Es este el nuevo indio? Personas que conocen a Sosa nos dicen que es un trabajador prodigioso, que es el eje central de la escuela de Warisata, que ejerce fiscalía en nombre de las indiadas, que es la voz alerta y el primer trabajador en toda empresa que beneficie a la cultura. Y que es un hombre centrado, se ve: conserva gratitud para sus patrones, seña de que sus patrones fueron personas humanas, como él es simple y rotundo.

8. INTERROGACIONES A LA SOCIEDAD RURAL.
Por mi parte, también di respuesta a la Sociedad Rural, a través de un oficio dirigido al Ministro, que se publicó en “La Noche” de 20 de agosto. En sus partes salientes dice:

Bien, señor Ministro, en contraste, queremos puntualizar someramente cuál es la labor de la Sociedad Rural Boliviana colocada frente a Educación Indigenal. ¿Puede afirmar, acaso, que la Rural hace obra de cultura? Su presidente actual, como se ha hecho público en reportaje de prensa, ha clausurado una escuela indigenal...
Sería interesante que respondieran a un cuestionario como el siguiente...:
a) ¿Cuáles son los sistemas de protección que emplea la Sociedad con los millares de indios que sirven como colonos en las haciendas? ¿La rural ha combatido las epidemias, ha establecido botiquines en la campaña? ¿Y el régimen esclavista del menestral subsiste o fue suprimido en las haciendas?
b) ¿La vivienda de los campesinos ha sido mejorada? ¿Y la nutrición? ¿Cuáles son los nuevos procedimientos agrícolas que ha introducido? ¿Existe plan de arborización en las haciendas? ¿Qué modernos sistemas de irrigación emplean? ¿Ha introducido sementales y semillas para el mejoramiento de la producción agropecuaria a beneficio de los colonos? ¿Tiene estadísticas de producción? ¿En las haciendas hay establecidas cooperativas de consumo o se da algunas facilidades a los colonos para que obtengan artículos de primera necesidad a precios bajos? ¿Cómo combate el alcoholismo?
e) ¿Cuántas escuelas ha fundado? ¿Qué orientación tienen? ¿Por qué razones ha hecho resistencia al Decreto que obliga a los patrones a fundar escuelas? ¿Tiene edificaciones escolares?
Como se ve, la Rural no ha hecho nada....

En verdad, el contraste era impresionante: con muy poco dinero nosotros habíamos levantado escuelas como Warisata en todo el país; en tanto que la Sociedad Rural era el exponente del retraso en todo orden de cosas.

El Director Raúl Pérez fue también objeto de un reportaje, publicado en “La Noche” del 26 de agosto, y en el cual, con sólida argumentación doctrinal, rebatió al señor N. N. concluyendo por decir que “en el fondo... no hay sino el enconado propósito del gamonalismo boliviano de neutralizar la posibilidad de educar al indio, salvándolo de su dura y miserable condición de esclavo, sobre la cual se han elaborado haciendas y fortunas...”.

En esa oportunidad tuvimos nuevamente la presencia de nuestro conocido Franck Tannembaum, a quien Fernando Loayza le hizo un reportaje que se publicó en “El Diario” del 29 de agosto. Es de muchísimo interés y por eso lo transcribo in extenso:
- ¿Cuál es, a su juicio -decía el reportaje- el porvenir del indigenismo en Bolivia?
- El porvenir de Bolivia -nos dice rotundamente-. Bolivia será lo que sean sus indios, lo que sus indios quieran ser. ¿Es que la cultura puede ser importada? ¿Un país puede vivir de prestado, de la cultura que le den otras naciones? No puede ser. Un país que quiere fisonomizarse entre los demás -a lo que debieran aspirar todos- necesita crear su propia cultura, escuchar su voz y recibir la influencia de la tierra. La cultura nace del suelo, es congénita a la tierra; está, pues, en el indio. Si los bolivianos desean crear una cultura propia deben volver a la tierra y al indio, identificándose con ellos.
- ¿Usted viene de Warisata, señor Tannembaum; cuál es su juicio acerca de esta escuela de indios?
- Ya conocía antes de ahora a Warisata. Debo decirles que es una gran escuela. Ustedes los bolivianos tienen en Warisata un legítimo orgullo nacional porque es lo más boliviano que han producido hasta ahora.
La educación de los indios es un tópico que debiera interesar, como creo que interesa, a los más calificados círculos intelectuales del país pues es la obra más auténticamente boliviana. Ustedes deben defender esta obra porque Warisata es el jalón más grande por la rehabilitación de los indios.
- ¿Encuentra usted una característica que sea esencial y típica en Warisata?
- Sí; su maravillosa organización. La Escuela Central, llamada por ustedes Escuela Matriz, se halla rodeada de multitud de pequeñas escuelas que viven en su torno, en el seno de las comunidades indígenas, alimentadas por el espíritu y la tendencia de la Escuela principal. Esto es muy interesante y no existe en ninguna parte, ni siquiera en México (En la actualidad, el sistema descrito por Tannembaum, está siendo aplicado en casi todos los países de América Latina, según testimonio del profesor Vicente Lema). Warisata, cuya organización don Elizardo Pérez me dice que es la de todas las escuelas campesinas, es digna de ser imitada y yo me hago el deber de hacerla conocer en México.

Vivamente interesado por la innegable atracción del tema, el profesor Tannembaum continúa:

- El ambiente indígena es, sin duda, contrario a la obra de educación. Pero este ambiente, es decir la influencia de las míseras condiciones en que se desenvuelve la vida de los aborígenes, está siendo modificado insensiblemente por la Escuela. Un día, no hay duda, rebasará los límites de la objetividad escolar e irrumpirá en el campo precisamente gracias a aquella organización que permite a la Escuela sostener un sólo espíritu en todas las comunidades, el cual está trabajando lentamente en sentido de una modificación sustancial del ambiente. Esto es mucho mejor si la tendencia de la Escuela es arraigar al indio en la tierra. No quiero negar que este es un tópico difícil; ojalá ustedes lo realicen con la técnica de Warisata, pues ha ocurrido en otros países que el indio técnicamente capacitado ha abandonado el campo y ha buscado la ciudad.
Allá donde el ambiente es agrícola, agrícola debe ser la escuela. Pero, en las regiones donde la vida del indio es a base de pecuaria, de la existencia de grandes rebaños y de su pastoreo, la escuela debe ser condicionada por el medio de vida. Esto tienen en México y creo que ustedes también lo tienen.
- ¿Cuál sería en su juicio, señor Profesor, la misión actual de la Dirección General de Educación Indigenal?
- Veo que la Dirección de Educación Indigenal es muy combatida por sectores que, con criterio europeo que es en absoluto ajeno a Bolivia, no tienen simpatía por los indios, es decir, por la cultura propia del país. No creo que deben perder el tiempo en polémicas, disertaciones o controversias. Mi consejo es crear en Bolivia veinte Warisatas, suficientemente robustas, rodeadas cada una de un sinnúmero de escuelitas pequeñas con la misma técnica y orientación que la Escuela principal. Este es su deber y no otro. El campo será suficientemente influenciado por esta clase de escuelas y un día la resistencia desaparecerá pacíficamente.
Creo que el indio busca un camino. Ustedes tienen la obligación de enseñárselo. Si ustedes no se lo abren el indio lo encontrará por fin y se lo abrirá por sí mismo. (Subrayado mío, E. P.). El indio existe en una forma profunda, indestructible, y es una fuerza creadora que transformará en un bello sentido el país. El camino que busca, que ha encontrado tal vez ya, no debe serle negado por la República ni por sus hombres que son de post-guerra.

9.- LAS LUCHAS EN 1939.
El destino de Warisata ya estaba marcado. El Estado feudal tenía que liquidar ese emblema libertario que continuaba resplandeciendo en la pampa. Si el lector examina la colección de “La Razón” y otros periódicos, encontrará titulares sensacionalistas que por sí solos bastan para demostrar la cólera con que se nos combatía: “Comisariato soviético...”, “Es preciso adoptar una resolución....”, “Usurpan funciones administrativas y judiciales...”. “Los profesores son agitadores...”, “Se desvía la misión de la Escuela...”, “Necesidad de adoptar medidas radicales...”
El propio Director Raúl Pérez fue arrestado en la cárcel de Achacachi, según me lo cuenta el Mayor Emilio Guzmán Soliz, que tuvo oportunidad de conocer el asunto. En carta de 29 de junio de 1960 me dice:

Fue por el mes de mayo de 1939, en el gobierno del malogrado General Germán Busch... Su hermano Raúl Pérez, al pasar por Achacachi, capital de la provincia Omasuyos, y dicho sea de paso, asiento en ese tiempo, del más oscurantista gamonalismo, fue acometido por el hermano del Subprefecto y amenazado con una pistola, hecho al cual Raúl Pérez repelió la agresión, en forma serena pero enérgica, y se apersonó al local de la Policía de Seguridad para denunciar la agresión; cuando la oficina de este funcionario fue invadida por el Subprefecto, por su hermano, autor del incidente y otros acompañantes, lo que determinó el arresto del señor Raúl Pérez, pese a la protesta de los maestros de la Escuela, prisión que duró hasta el otro día.

El mayor Guzmán me relata también el flagelamiento de los indios, Rufino Coarete, Pablo Lanco, Santiago Casas y Domingo Coarite en manos de las autoridades achacacheñas, a consecuencia de lo cual y en forma nunca vista antes, se dispuso la destitución del Intendente y el Alcalde; medida que, no obstante, no llegó a hacerse efectiva, envalentonándose los gamonales para extremar su persecución en contra nuestra.
Sería inútil relatar la larga serie de atropellos que sufrimos este año, no únicamente en Warisata, sino en casi todos los núcleos. La ofensiva terrateniente se desplegaba en escala nacional y nuestras posiciones empezaron a ser seriamente afectadas.

Era el comienzo del fin.

No encontrando a quien recurrir, acudí al máximo recurso: me fui a ver al Presidente Busch, del cual puedo decir que era nuestro único amigo en las esferas gubernamentales. Sólo él era capaz de detener el derrumbe. Más de una vez me había hablado de su intención de engrandecer y respaldar nuestra obra; pero ni siquiera el Primer Mandatario podía oponerse a la confabulación que brotaba en todas partes con la fuerza de una epidemia mortal.
Busch me hizo hacer una prolongada antesala; varias horas estuve sentado viendo cómo entraban y salían toda clase de gentes, hasta que finalmente me quedé solo. Aquello no era muy estimulante que digamos; pero en lo peor de mis sombríos pensamientos, salió Busch y me hizo pasar a su despacho.

- Te hice esperar -me dijo- porque quiero conversar contigo con tranquilidad y sin que nadie nos moleste.
- Bueno -le respondí decidiéndome llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias; a Busch había que tratarlo así: con franqueza y sin vacilaciones-: quiero saber en definitiva si puedo contar contigo o no.
A lo que, pasando su brazo sobre mis hombros, me respondió:
- Elizardo, lo sé todo; sé cómo te combaten y de qué clase son las fuerzas que tienes al frente, porque son las mismas que están socavando mi gobierno.
Y poniendo en sus palabras un acento profético, exclamó:
- Tú y yo caeremos juntos, Elizardo.

Fue una larga conversación la que tuvimos, y así pude ver cómo el joven gobernante se hallaba cercado por una tremendísima red de intereses de todo orden, sin poder oponerle otra cosa que su valor nunca desmentido. Me contó asimismo la enormidad de denuncias que llegaban hasta él en contra de la Escuela, inundación de odio, codicia y rapacidad de que sus mismos Ministros eran portadores.

- ¡Basura! ¡Sólo me traen basura! -decía con amargo acento.

Dos meses más tarde Busch se alojaba una bala en el cráneo: el Estado feudal burgués había logrado abatir a su enemigo.

La noticia de su muerte conmovió todas las fibras de mi ser, porque, como me lo había dicho, su caída era también la caída de la causa del indio. En adelante, no tendríamos quién nos defendiera, porque debo decir que si nos habíamos mantenido hasta entonces, era porque Busch paraba los ataques, vinieren de donde vinieren.

Entonces nuestros enemigos se desembozaron por completo, dispuestos a la embestida final. Había que liquidar a la escuela campesina, había que borrarla del mapa para siempre y destruir a sus defensores y a sus maestros.
Las primeras víctimas de esta nueva jornada fueron dos maestros de Warisata: Alfonso Gutiérrez y Desiderio Arroyo. Ambos trabajaban en la escuela seccional de Patapatani, y una noche fueron agredidos por gamonales achacacheños que los persiguieron disparando sus armas. Tratando de esquivar las balas, huyeron por la fragosa senda que conducía a su escuela y cayeron en un precipicio, muriendo Gutiérrez y quedando gravemente herido Arroyo.
Gutiérrez era un maestro de gran valor, modesto y sacrificado; era el deportista mimado de Warisata, y ahora los alumnos lo velaban, llorosos, mientras sus compañeros de trabajo meditaban en lo que se venía encima.

Una vez más la prensa lanzó vibrante protesta, porque el crimen era absolutamente injustificable. Círculos universitarios y docentes, instituciones obreras e intelectuales, partidos políticos, ex-combatientes, la opinión unánime se alzó indignada contra el atentado. Los profesores de Warisata publicaron en “El Diario”, el 20 de octubre de 1939, un manifiesto de resonancias dramáticas. Pero ahora todo era inútil. Estaba decretada la caída de la Escuela Indigenal Boliviana.

TERCERA PARTE. EXPANSIÓN Y DESTRUCCIÓN.

CAPITULO I. IRRADIACIÓN CONTINENTAL DE WARISATA.
1.- EL PRIMER CONGRESO INDIGENISTA INTERAMERICANO.
Sin embargo, nos quedaba un área de lucha donde podíamos defender nuestra obra y señalarla ante la conciencia de los pueblos de América con caracteres definitivos, aunque sucumbiese en Bolivia. Ese campo era el mismo continente americano, y especialmente aquellos países que tuviesen similar problema indígena.
Tal objetivo ya lo habíamos planteado en 1937, al escribir al profesor Graciano Sánchez, Director del Departamento de Asuntos Indígenas de México. La carta que le enviamos, de 25 de febrero de ese año, fue publicada en la Agenda del Primer Congreso Indigenista Interamericano (1939) y dice en su parte final:

Veríamos con sumo agrado la realización de un Congreso Indigenista de países ibero-americanos ligados al problema, como Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y México, con el fin de unificar un plan general que tienda a rehabilitar las masas campesinas de nuestra América, masas expoliadas por la ignorancia y el retraso cultural. Trabajad por tal idea, que nosotros nos encaminamos resueltamente a ella.

Nuestro mensaje fue leído por Alfredo Sanjinés en la III Conferencia Panamericana de Educación, reunida en México D. F., la que en vista de ella resolvió lo siguiente:

Convóquese a los Gobiernos y a los pueblos de América a un Congreso Continental de Indianistas que deberá celebrarse en uno de los centros que ofrezca mejor campo de observación de este problema y que será resuelto por la Asamblea en pleno (la que resolvió que el Congreso se verificase en La Paz, Bolivia, el 6 de agosto de 1938). La resolución lleva las firmas del Lic. Manuel R. Palacios, Presidente de la Conferencia, doctor Enrique Arreguin Jr., Secretario General y Prof. Herbert M. Sein, Secretario Auxiliar.

A propósito de ello, el diario “Excelsior” de México, decía en su edición de 29 de agosto de 1937:

El Ministro Plenipotenciario de Bolivia, doctor Alfredo Sanjinés, delegado a la Conferencia y Presidente que fuera de la sección octava que estudió los problemas de la educación del indio, al apoyar sus conclusiones vertió un galano y sesudo discurso sobre esos problemas del indio, en cuya resolución México es de los países más adelantados y declaró ante la Asamblea, en nombre del gobierno de su país, que se hacia al gobierno de México la más cálida y entusiasta felicitación por su intensa labor indianista... El señor Alfredo Sanjinés pidió que se convocara a un Congreso de Maestros Indianistas y la asamblea lo aprobó, señalando el 6 de agosto de 1938, para su celebración en La Paz, Bolivia.

Queda demostrado con esto que fue Bolivia el país que por primera vez sugirió la idea de un congreso sobre la materia, y por otra parte, el que realizó todos los trabajos preparatorios para hacerlo una realidad. En efecto, el Ministerio de Educación de Bolivia me nombró Presidente del Comité Organizador, en cuya calidad nos correspondió redactar el Reglamento, Temario y Agendas y hacer la propaganda necesaria en toda América.
La realización del Congreso en nuestro país iba a significar, sin duda alguna, la consagración de la obra de Warisata. Delegados de todos los países latinoamericanos iban a ver y palpar nuestra realidad, y todo eso, como es lógico, impulsaría decisivamente el triunfo de nuestra causa.
Tal posibilidad no convenía en absoluto a las fuerzas enemigas que alineaban frente a Warisata, entre ellas, al Consejo Nacional de Educación, cuyos miembros veían con rabia y con envidia nuestros éxitos haciendo todo lo posible para desprestigiamos. Y todos ellos en su conjunto, maniobraron con astucia, maldad y poco patriotismo, para que el Congreso fracasara. Primero tuvimos que postergar este evento para un año más tarde, pero de todos modos la cosa se presentaba erizada de dificultades y me temía un completo fracaso. Recibí entonces la visita de Moisés Sáenz, el autor de “Carápan”, por entonces Embajador de México en Lima, quien vino a Bolivia expresamente a entrevistarse conmigo y preguntarme si estaría yo dispuesto a apoyar la sugerencia que haría su gobierno al de Bolivia, en sentido de que el Congreso se realizara en México. Apesadumbrado, pero resuelto a llevar las cosas hasta el fin, tuve que aceptar, y así quedó decidido que el Congreso se llevaría a efecto en la ciudad de Pátzcuaro, México, en abril de 1940.

El oscurantismo feudal nos había ganado esta batalla. Ya el 15 de febrero de 1938, uno de sus representantes, el Oficial Mayor Reyeros, le escribía al Ministro Peñaranda, en carta fechada en México, oponiéndose a la realización del Congreso. “Los Congresos -decía aquel empleado- no dejan más que discursos y bellas iniciativas. Prácticamente, fuera de los internados indigenistas de Huarisata, Caquiaviri, Caiza, etc., no tenemos en Bolivia nada más. Y eso es muy pequeño para presentar a tantos delegados...” “Los delegados se extrañarán de que hayamos limitado nuestra acción a crear “internados” y que nos hayamos circunscrito a la “educación. Hecharán (sic) de menos la obra “civilizadora” que involucra el problema...” (subrayados míos, E. P.).

Estas frases demuestran hasta qué punto llegaba la ignorancia o la perversidad de aquel funcionario, que no se había enterado aún de la clase de labores que estaba realizando la escuela indigenal boliviana.
Ofrece vivo contraste lo que al respecto pensaba el escritor Carlos Montenegro, que en un artículo publicado en “Crítica” de Buenos Aires, el 8 de marzo de 1939, decía, entre otras cosas, lo siguiente:

El Congreso de Indianistas próximo a realizarse en Bolivia, tendrá una importancia realmente singular... Este Congreso considerará un problema cuyo carácter realista se ha conformado a través de un proceso intenso y combativo. Este problema ya no figura en la preocupación de los pueblos indoamericanos como un tema de escarceos literarios... El desarrollo evidentemente no sólo especulativo e intelectualista, sino emocional que ha adquirido la preocupación de lo autóctono en casi todos los países indoamericanos, naturalmente a inspiraciones de México, que fuera el primero en romper la tradición anti-indígena reinante en el Nuevo Mundo como resabio de los tiempos coloniales, aflora hoy en el intento de este congreso llamado a fijar una solución integral del problema. Cabe, por vía explicatoria de esta superación de las ideas indigenistas en Bolivia, citar el hecho de que hace aproximadamente diez años, a iniciativa particular de un educador boliviano, el profesor Elizardo Pérez, tuvo principio la más interesante empresa realizada en materia educacional del pueblo autóctono. Tratábase de organizar, en ciertas poblaciones indígenas, planteles culturales construidos por prestación del trabajo mismo de los indios. Así aparecieron edificios muebles y material escolar adquirido por cotización de los vecindarios y por la del fundador de esta obra realmente asombrosa. Hasta el año 1936 ella pesó exclusivamente sobre los sillares del sacrificio particular....

Hay una divergencia de criterio completa: para el Oficial Mayor Reyeros, el Congreso es algo así como una exposición o muestra pública en la que cada país iba a presentar lo que había hecho; ya no era, pues, un congreso, sino un concurso. Para Montenegro, el Congreso es la discusión de lo que se va a hacer “para dar una solución integral al problema”, que era justamente el objetivo que nos proponíamos. Montenegro, además se mostraba orgulloso de la obra realizada en Bolivia, la misma que le avergonzaba a Reyeros.
“El Diario” de La Paz, alineando también en contra nuestra, decía el 30 de marzo de 1938 que:

...lejos de ufanamos del esfuerzo realizado hasta hoy, debemos acobardarnos de él, pues no prueba siquiera la buena inversión de los muchos millones que el gobierno ha invertido.

No cabe duda de que las opiniones de nuestros enemigos nacían en el seno de la Sociedad Rural Boliviana, potencia económica capaz de adormecer a más de una conciencia. Al menos, el lenguaje de Reyeros y de “El Diario” ofrece una asombrosa similitud con el de los terratenientes. En cuanto a los profesores del Consejo Nacional de Educación, habían variado de estrategia: ya no se trataba únicamente de desprestigiamos, sino de apoderarse de las escuelas levantadas por nosotros, y no ciertamente para darles impulso, sino para destrozarlas con más furia.

2.- LA DELEGACIÓN INDIGENISTA DE BOLIVIA.
Yo tenía entonces, y desde hacía un año, una invitación personal de Lázaro Cárdenas para visitar México. No me había decidido a viajar todavía, ocupado como estaba en responder golpe por golpe a todos los ataques, con ayuda de mis amigos. Pero la muerte de Busch me hizo ver la necesidad de hacer una realidad el Congreso Indigenista, único campo donde aún podíamos defendemos. De lo contrario, se corría el riesgo de que fuéramos expulsados de educación indigenal sin que hubiéramos sometido nuestra obra a la crítica continental, con lo que Warisata se hubiera extinguido fácilmente, sin hacer trascendente su hasta entonces fecunda actividad. A fines de septiembre de 1939 emprendí viaje junto con mi esposa, Jael Oropeza, dejando en mi lugar a mi hermano Raúl, lo que según nuestros enemigos fue otra prueba de nuestros tenebrosos manejos “familiares” en educación indigenal. Pero, dejándome de prejuicios, yo sabía que Raúl Pérez era el hombre indicado para sustituirme, y que lo haría con inteligencia y valor.

De este modo pude intervenir activamente en la preparación y realización del Congreso, en el que pondríamos a prueba la seriedad de nuestra ideología indigenista.

La Delegación de Bolivia estaba integrada por Enrique Finot, Embajador en México, como Presidente; y como delegados, Antonio Díaz Villamil, entonces Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, el Director de Educación Indigenal, Jael Oropeza de Pérez, Alipio Valencia y Eduardo Arze Loureiro, estos dos últimos como invitados especiales. Jael Oropeza, que fue Directora de la Sección Normal de Warisata, Valencia, Arze Loureiro y yo, estábamos ligados a la educación del indio, y si fuimos como representantes, es porque el Consejo Nacional se abstuvo de ayudarnos en forma alguna -todo lo contrario!- esperando hasta el final que fracasara nuestra asistencia al Congreso. Cuando vio que, a pesar de todo, nos hacíamos presentes en Pátzcuaro, delegó a última hora a su Vicepresidente, pero sin haber preparado proyecto ni ponencia alguna (¿es que acaso sabían algo acerca de la educación del indio?) y tan precipitadamente, que Díaz Villamil llegó con atraso de cuatro días limitándose su actuación a discutir en las asambleas, sin haber intervenido en los trabajos preliminares de la Delegación.

Finot era ahora representante del gobierno del General Quintanilla, el que a su vez había sucedido en el mando al Presidente Busch y cuya actitud principal, o única, fue liquidar todos los avances sociales y económicos dispuestos por el extinto mandatario. A nadie extrañará, pues, que el nuevo régimen no hubiera visto con buenos ojos la educación del indio, y que su embajador en México se hiciera eco de tal actitud.
Finot fue mi condiscípulo y amigo. He tenido que reflexionar, pues, por escrúpulo de conciencia, para relatar la conversación que tuvimos poco antes de inaugurarse el Congreso. Me decido a contarla, porque revela una posición ya clásica entre ciertos círculos intelectuales bolivianos con respecto al problema del indio. En realidad, lo que dijo Finot ya lo anoté páginas atrás, aunque sin nombrarlo; y como una referencia de esta clase, es de suyo grave, pongo por testigo de ella al doctor Enmanuel Palacios, más tarde Subdirector del Departamento de Asuntos Indígenas de México, en cuya presencia hablamos.

- Lo que es yo no creo en estos indigenismos -dijo el representante de los indios de Bolivia ante el Congreso Indigenista- educar al indio es inútil. El indio es un ser inferior. ¿Acaso no ves cómo un imperio como el de Atahuallpa se derrumbó ante no más de veinte hombres? Eso demuestra que los inkas eran un pueblo de gentes inferiores.

Yo me creí obligado a argumentar que eso era, por lo menos, anticientífico, puesto que el indio como individuo biológico está sujeto a las mismas leyes que condicionan el progreso o atraso de todos los grupos humanos, los cuales se desarrollan o se desenvuelven de acuerdo a los medios y condiciones que se les brinda. El doctor Palacios intervino en la conversación para darme la razón.
Al poco tiempo, Finot pronunciaba un brillante discurso en pro del indio, y pude ver, no sin cierta melancolía, cómo esa pieza magistral, falaz e insincera, fue puesta en una urna y enterrada en suelo mexicano, juntamente con la de ese grande y ardiente luchador indigenista que es Lázaro Cárdenas. ¡Ironías del destino! Lo que no llegué a saber es lo que pensaría el doctor Palacios...

Continuará...

Fuente: Elizardo Pérez, "Warisata - La Escuela Ayllu", Editorial Burillo, La Paz - Bolivia, 1962.

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