lunes, 20 de agosto de 2012

Géneros y movimientos literarios – Parte 1 de 4


Resumen sencillo explicando los conceptos esenciales de las diversas modalidades creativas literarias y las corrientes o escuelas que influyeron en su historia.

El trabajo que sigue ofrece al alumno, al maestro y al lector en general un resumen práctico de las ideas fundamentales de la preceptiva literaria, así como algunas indicaciones sobre la evolución de la literatura a través de los géneros, las formas y los estilos que han adquirido mayor importancia en el mundo occidental.
Para poder apreciar debidamente las manifestaciones artísticas y literarias es preciso poseer un conocimiento apropiado de su evolución a través de la historia, a la vez que saber manejar un conjunto de conceptos y categorías que permita evaluar sus cualidades.
La historia de la literatura y del arte proporciona al interesado una visión organizada del desarrollo histórico de estas expresiones. En cambio, las categorías elaboradas en torno a la estructura y contenido de las obras de arte han sido el objeto de estudio de la estética.

LA ESTÉTICA.
La estética es el estudio del arte, de sus características, tareas y categorías fundamentales, una de las cuales es la belleza.
Aunque desde Platón los filósofos se han preocupado por investigar diversos problemas relativos al arte, sólo en los dos últimos siglos la estética ha adquirido carácter específico, sistemático e independiente como investigación conjunta de lo artístico y lo bello.
El primero en usar el término fue el filósofo alemán Alejandro Teófilo Baumgarten, a mediados del siglo XVIII, para denominarla doctrina del conocimiento sensorial. Éste, en su opinión, opera al nivel de las representaciones confusas, aunque completas, de la realidad, mientras el conocimiento racional utiliza conceptos, o sea, representaciones definidas, aunque abstractas, de las cosas. El arte, según Baumgarten, es una clase importante de conocimiento sensible.
Lo bello, cualquiera que sea su origen y su forma, presenta siempre dos dimensiones: una, que proviene de las cosas; otra, introducida por el espíritu humano. Incluso cuando un orden de cosas parece espontáneo y objetivamente bello, como un paisaje, hay un aporte efectuado por la actividad misma del espíritu que observa. En último análisis, siempre interviene un artista que transforma de alguna manera un material determinado en objeto estético. Esta transformación adquiere un sentido eminente en la llamada creación estética, actividad por la que el ser humano moviliza lo mejor de su imaginación, la finura de su sensibilidad y su acervo cultural.
Uno de los aspectos más importantes de la creación es la originalidad. Aunque todo hombre recibe una tradición cultural, el artista la conforma y la adapta para darle expresión propia. Esta interpretación personal del material recibido es ya una forma original de ver y de transmitir los valores adquiridos. El creador puede inspirarse en la tradición culta o en la popular. Según su actitud ante lo que llama su atención, la obra podrá clasificarse siguiendo las formas genéricas establecidas dentro de la creación literaria.

LA CREACIÓN LITERARIA.
La creación literaria es un fenómeno que se produce en todas las culturas. En algunas sólo se ha dado de manera oral, mientras que en otras se ha manifestado en forma escrita. Desde la antigüedad, el hombre se ha preocupado por descubrir los hilos que sostienen la obra artística. El primer cuerpo de reflexiones que analizó y discutió el concepto de la creación, y que describió los diversos géneros fue la “Poética” de Aristóteles.
Existen otros tratados de este tipo como la “Epístola a los Pisones”, de Horacio, dirigida a los jóvenes hijos del noble Pisón que se iniciaban como escritores. Aunque ni Aristóteles ni Horacio pretendían dictar reglas para la creación, sino meramente indagar la naturaleza de la misma, las interpretaciones posteriores les adjudicaron dicha intención. Y así surgieron las preceptivas inspiradas en las ideas clásicas, como la de Boileau, del último cuarto del siglo XVII en Francia, o como la de Luzán, en el siglo XVIII en España.
Este tipo de tratado ya no se acepta hoy como la única interpretación posible de las realizaciones literarias. Las letras modernas registran un fenómeno expresivo muy peculiar: prácticamente cada autor crea sus propias reglas para configurar su universo artístico.
Hay, sin duda, tendencias y gustos que agrupan bajo un mismo espíritu a los escritores de una época, pero ni siquiera estos movimientos o escuelas los ciñen a preceptos o regulaciones. De ahí la dificultad que notan algunos lectores al enfrentarse con las obras actuales y al tratar de interpretarlas. La literatura moderna exige del lector un deslinde de los elementos que el autor maneja, con el objeto de descubrir los principios en que éste se apoya para sostener su creación. El lector tiene que ser también creador.
El crítico catalán José María Castellet señala muy claramente, en el título de uno de sus libros de ensayos, lo que caracteriza la literatura contemporánea: se vive “La hora del lector”.
A pesar de esta individualidad de los autores modernos, en cuanto a los moldes, existen clasificaciones para orientarse frente al fenómeno literario. Y éstas resultan aún válidas, tanto para aplicarlas a las obras de la antigüedad, como a las del presente. Sin embargo, debe recordarse que la obra literaria de calidad es un universo en sí misma, y como tal, contiene una variedad de combinaciones.
De ahí que estas categorías sólo tengan un propósito orientador que no debe considerarse definitivo. Hay múltiples ejemplos de combinaciones, en una misma obra, de las tres actitudes básicas del creador: la lírica, la épica o narrativa y la dramática. Si una de estas actitudes predomina sobre las demás, es fácil determinar a qué genero pertenece la obra; pero si no fuera así, la tarea se hace complicada, y en algunos casos, casi imposible.
Aquí hay que mencionar dos actividades estrechamente vinculadas a la literatura: el ensayo y la oratoria. Tanto el planteamiento razonado de ideas alrededor de un tema como el discurso para convencer a un auditorio o para conmoverlo por medio de la palabra, son susceptibles de caer bajo las categorías y reglas del arte literario.
Para someter un material al juicio estético es necesario observar las funciones del lenguaje. De estas funciones, la primordial es la comunicación, cuyo propósito más inmediato es servir de instrumento para expresar las necesidades humanas en su nivel utilitario.
Cuando el lenguaje se emplea para expresar las concepciones del mundo interno o externo del hombre, ocurre un cambio de nivel. Aunque los moldes utilizados para estructurar el idioma son básicamente idénticos, la diferencia radica en el cuidadoso celo con que un creador eleva la expresión para sacarle el mejor partido a la palabra. El producto de este quehacer es lo que se conoce como literatura. Y la manera singular que tiene cada autor de combinar los elementos del lenguaje y de utilizar sus posibilidades expresivas es lo que se conoce con el nombre de estilo.
Tanto la expresión cuita como la popular pueden manifestarse en prosa o en verso. En la culta, objeto directo de los estudios literarios, el uso de un medio expresivo u otro no puede asociarse exclusivamente con un género determinado; en la popular, es más frecuente el verso, como en la poesía lírica tradicional, las canciones del folklore o los romances épico-líricos tradicionales.
En el siglo XX, por sólo mencionar un par de casos en la narrativa, que comúnmente se hermana con la prosa, se tiene a “El Platero y yo”, de Juan Ramón Jiménez, y a “Alfan...” de Rafael Sánchez Ferlosio, ambas novelas poemáticas.
También hay, en épocas anteriores, teatro en verso, como el escrito durante el Siglo de Oro o en el romanticismo, mientras que en el momento actual, se escribe generalmente en prosa.

LOS GÉNEROS LITERARIOS.
Se llaman así las formas fundamentales adoptadas por los autores para expresar sus ideas estéticas mediante la palabra. La actitud del creador ante lo que va convertir en material artístico determina su modo de manifestarse. Si hace énfasis en las vivencias del autor frente al mundo que lo rodea, recurrirá a la lírica. Cuando el artista relata una serie de sucesos que describen las acciones de un personaje o de una colectividad humana, utiliza la épica o narrativa. Si el creador estructura las acciones para representar su desarrollo frente a un público, entonces producirá una obra dramática.

LA POESÍA LÍRICA.
La poesía lírica es la forma más subjetiva de exposición. Se caracteriza por su poder de síntesis. Aun en las composiciones de mayor longitud, se puede observar la misma concentración, ya que en este tipo de poemas cada palabra lleva una gran carga expresiva. La lírica se amolda, por su flexibilidad, mucho mejor que otro tipo de poesía para exteriorizar lo que conmueve al poeta.
En la antigua Grecia, este tipo de poesía la cantaban los poetas acompañados por una lira; de esta costumbre proviene el nombre. Esta poesía era popular, pero a medida que se hizo más íntima y adquirió mayor complejidad expresiva, se dejó de cantar y se empezó a leer o a recitar.
Hay muchos tipos de poemas líricos. Entre los llamados mayores se pueden mencionar la oda, la canción, el himno, la elegía y la égloga; entre los conocidos como menores, el soneto, el madrigal, las rimas, la sátira, la epístola y el epigrama.

POEMAS LÍRICOS MAYORES.

LA ODA.
La palabra “oda”, en la lengua griega, significa canto. Era una composición muy favorecida en el mundo griego.
El tono de una oda es exaltado, y sus temas son muy variados. Hay odas sagradas, como las escritas por San Juan de la Cruz en el siglo XVI; odas heroicas, como las dedicadas por Píndaro a los vencedores de las olimpíadas; odas filosóficas, como las de Fray Luis de León; odas anacreónticas, como las del propio Anacreonte (del cual se ha tomado el nombre), dedicadas a celebrar los placeres, el amor erótico y la vida regalada.
En la literatura hispanoamericana del siglo XX hay una serie de odas escritas por Pablo Neruda, en las que el poeta le cantó a cosas tan disímiles como a un vegetal: “Oda de la alcachofa”, o a un libro: “Oda al diccionario”. El poeta español Federico García Lorca cultivó esta forma con un tono muy especial en su poemario “Poeta en Nueva York”, “La Oda al Rey de Harlem” y las dos odas, “Grito hacia Roma” y “Oda a Walt Whitman”, son ejemplos de este tipo de poema en la obra lorquiana.

LA CANCIÓN.
Es un poema de cierta extensión que, por su temática e intención, se parece mucho a la oda. En Italia se consolidó como composición dividida en estancias; el “Cancionero de Tetrarca” contiene buenos ejemplos de esta clase de poema. En España la canción fue introducida por Boscán y Garcilaso, pero el término no se utilizó con precisión, pues lo mismo se designaba como tal a una oda, a una elegía, o a cualquier poema en que se combinen los versos endecasílabos con los heptasílabos. Actualmente el carácter de esta composición lírica es aun menos definido.

EL HIMNO.
El himno es una composición para ser cantada, en que el creador exalta ideales religiosos, patrióticos, políticos, militares, o de otro tipo, de una nación o colectividad. Los cantos religiosos atribuidos a Homero en la Grecia clásica, y el “Carmen Saeculare” de Horacio en el mundo latino, son ejemplos de este tipo de composición en la antigüedad. En el himnario de la Iglesia Católica también hay inspiradas muestras de estos cantos, tanto para solistas como para coros.

LA ELEGÍA.
La elegía es una composición lírica que expresa dolor por la pérdida de alguien amado o por alguna catástrofe que afecta dolorosamente al poeta. Fernando de Herrera escribió dentro de esta categoría la “Canción por la pérdida del Rey don Sebastián”, en el siglo XVI; en el siglo XX, Federico García Lorca compuso su “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejía”, una de las más altas expresiones elegiacas de la lengua castellana.

LA ÉGLOGA.
Es un tipo poético que tuvo su origen en la antigua Grecia, en las composiciones bucólicas de Teócrito. Virgilio le dio forma definitiva en sus Églogas. En España, Juan de la Encina compuso églogas, entre las cuales la de “Plácida y Victoriano” es una de las más logradas. Garcilaso, en el Renacimiento, llegó a perfeccionar el modelo en España, y sus tres églogas son cumbres poéticas del período.

COMPOSICIONES LÍRICAS MENORES.

EL SONETO.
En su combinación clásica tiene dos cuartetos y dos tercetos, usualmente de versos endecasílabos. Pero existen sonetos con dodecasílabos y con alejandrinos. El soneto es una de las formas poéticas más ceñidas y se presta para expresar conceptos profundos por lo estricto del marco métrico. El soneto es de origen italiano, y llegó a España con el marqués de Santillana en sus sonetos hechos al itálico modo. Más tarde Boscán, y luego Garcilaso, lo cultivaron, pero este último lo perfeccionó. Este tipo de poema es siempre un reto a la habilidad expresiva del poeta.

EL MADRIGAL.
El madrigal es un poema breve de tema amoroso que se originó en Italia. El poeta siempre elogia a una dama. El ejemplo clásico en la literatura española es el de Gutierre de Cetina (1520-1554).

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados, ¿por qué si me miráis, miráis airados?
Si cuando más piadosos,
más belios parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

LAS RIMAS.
Son poemas breves de trazado leve que permiten una presentación más sugestiva e íntima de los sentimientos. Las más conocidas son las de Gustavo Adolfo Bécquer; también las han cultivado con éxito la poetisa gallega Rosalía de Castro, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

LA SÁTIRA.
Este tipo de poesía censura, en tono burlesco o mordaz, los vicios, las debilidades y las extravagancias. Los latinos crearon los diversos tipos de sátira. Se distinguieron, por el estilo severo, Persio; por su sequedad, Juvenal, y por su humor, Horacio. En España, el Arcipreste de Hita fue el gran humorista medieval, mientras que el canciller Pero López de Ayala tiene un tono serio. En el Siglo de Oro los hermanos Argensola, Góngora y Quevedo se destacaron con sus sátiras.

LA EPÍSTOLA.
La epístola es una carta en verso y, aunque en algunos casos conserva el tono de este tipo de composición, en la mayoría de los ejemplos su carácter es reflexivo y los temas reflejan las preocupaciones filosóficas, morales o literarias del autor. Hay también epístolas satírico-humorísticas. De tono íntimo y familiar, Antonio Machado dejó un bello ejemplo, en su epístola “A José María Palacio”. De tono moral, en el siglo XVII, la “Epístola moral a Fabio” es una de las más notables expresiones poéticas del barroco literario español.

EL EPIGRAMA.
Es un poema brevísimo que se deriva de las inscripciones utilizadas en las placas conmemorativas o en los epitafios de la antigüedad. Marcial creó las versiones satírico-burlescas. Lo que caracteriza al epigrama es su ingeniosidad, su precisión y lo limitado de su extensión. En la lengua española se distinguieron como epigramistas Baltasar de Alcázar, Góngora y Quevedo, en el siglo XVII; Nicolás y Leandro Fernández de Moratín, y el padre José Iglesias de la Casa, en el siglo XVIII y, en el siglo XX, Antonio Machado con sus Proverbios y cantares.
Del padre José Iglesias de la Casa es la siguiente composición, titulada “Un peinado”:

Yo vi en París un peinado
de tanta sublimidad
que llegó a hacer vecindad
con el ala del tejado.
Dos gatos que allí reñían,
luego que el peinado vieron,
a reñir sobre él se fueron,
y abajo, ¡no lo sintieron!

Fuente: Icarito. Editorial Andina. Santiago. 1987.

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